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Cambiemos al límite

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delacalle Ninguno 15 diciembre, 2017 - 6:02 pm en Argentina, Entrevista, Política

(Por Mauro Llaneza) El sociólogo Gabriel Vommaro presentó su último libro “La larga marcha de Cambiemos” en diálogo con FM De la Calle.

El coautor de Mundo Pro advirtió que “Cambiemos fue depositario de la demanda republicana por presión de la agenda opositora a nivel social” y que tiene “una especie de reflejo de aprovechar al límite del reglamento todos los recursos que le da una régimen sumamente presidencialista, por un lado, y una justicia muy permeable a intereses políticos”.

Durante la entrevista, realizada semanas antes de la represión desatada ayer alrededor del Congreso mientras se pretendía forzar la falta de quórum para imponer el ajuste a jubiladxs, pensionadxs y familias que reciben la asignación por hijx, Vommaro adelantó que en un clima de tensión permanente “vamos a seguir viendo varios intentos de usar recursos institucionales al límite con tal de obtener beneficios políticos o ventajas más coyunturales”.

-¿Qué etapas reconocés en “la larga marcha de Cambiemos” para llegar al gobierno?

Hay dos momentos críticos fundamentales. Uno, como ya hemos visto antes, es 2001, cuando uno puede decir que hay una especie de convencimiento de diferentes sectores sociales, económicos, políticos, vinculados precisamente con el centroderecha en bases diferentes que entiende que ya no es posible confiar en las élites políticas tradicionales, que los partidos tradicionales no son confiables para hacer los cambios que hacen falta y, por tanto, se requiere fundar un partido nuevo, autónomo, independiente de esos partidos, que incorpore cuadros pero que lo haga en forma subordinada. Un partido autónomo de los “lastres” de esas experiencias anteriores.

Y hay un segundo momento que se da entre 2011-2012 y 2015 que tiene que ver con la intensificación de una polarización social y política y con el convencimiento de otros grupos, que no se habían interesado fuertemente por la actividad política hasta entonces, de que era necesario hacer algo, participar, porque sentían que estaba en riesgo el país y que había algunas cuestiones del manejo de la cosa pública que despertaba temor en ellos.

Es el segundo momento de la politización de los CEOs, los managers, que ingresan a la actividad política y se comprometen con lo que sería luego, en 2015, esta gran fuerza Cambiemos.

-Ahí ya está el partido pero también una serie de organizaciones o fundaciones parapartidarias que fueron una herramienta fundamental para acercar a la política a esos CEOs o managers, a ese sector más refractario a la política…

Exacto, uno puede decir que en parte el impulso a la actividad política tiene que ver con el temor, con la idea de que Argentina estaba yendo hacia una venezualización o algo así pero fue posible capitalizarlo porque el PRO, en ese momento, contaba con estas organizaciones, ONGs parapartidarias, que son parte de lo que diría los márgenes, los entornos del partido, y que estaban muy adaptadas a los modos de comprender la política de estos actores económicos que no se veían haciendo una actividad partidaria común, que no se veían en una actividad de proselitismo clásico, participando de un comité, de una unidad básica o de alguna actividad electoral más convencional sino que encontraron en estas ONG una especie de hogar amigable para hacer política de otro modo.

Vommaro. Cambiemos [tapa]

-¿Y eso permitió –primero en Capital Federal- acercarlos al gobierno, a la función ejecutiva?

Claro, para los hombres de negocios vinculados con la acción lo más importante es encontrar un puesto ejecutivo, encontrar una función de acción en la política. En la Ciudad eso se dio a cuenta gotas, algunas decenas de casos, que no son pocos, de CEOs que ingresaron a la actividad política pero fueron más bien las experiencias que sirvieron como testimonio para luego hacer esta inclusión masiva que se dio en 2015 con el acceso a un gobierno mucho más grande y con muchas más posibilidades de incorporación.

-Mencionás el rol fundamental que tuvieron dirigentes como Bullrich o Dietrich. Bullrich no pareció ser el mejor candidato a senador pero viendo su trayectoria en Cambiemos se comprende porqué llegó a ese lugar.

Exacto, ellos dos son actores claves porque ellos mismos son actores del mundo económico, CEOs que dan el salto más tempranamente a la política y marcan camino, son como una especie de testimonio vivo de que era posible salir de la actividad económica privada, pasar a la actividad política y no morir en el intento, tener un paso exitoso de un lado a otro y encontrar sobre todo un partido amable que los recibía como ellos creían que debía ser su actividad y su rol.

-El libro está basado en muchas entrevistas a los propios managers o CEOs. Más allá del “peligro de chavización”, ¿cuáles son los motivos por los cuales se volcaron, “saltaron” o se “metieron” en la política y con qué objetivos lo hicieron?

Hay una idea de descreimiento en las élites políticas tradicionales. Hay una especie de desconfianza respecto a lo que el Estado significaba, una especie de mirada muy negativa del Estado argentino y hay también una búsqueda de reconocimiento social detrás, la idea de que en Argentina las élites económicas sienten que no son reconocidas como deben serlo. En parte el gran desafío era construir desde el gobierno, desde la gestión, desde un nuevo proyecto político modernizador, una especie de reforma para que las élites sean reconocidas por la ciudadanía como actores con cierta vocación pública cuyo rol es públicamente relevante y no sirve solamente a sus intereses.

-En ese sentido, ¿el gobierno de los ricos, de los managers, puede pensar más allá de sus propios intereses y contener en su modelo a los sectores populares?

Creo que son dos preguntas un poco diferentes. A pensar más allá de sus propios intereses creo que se vieron obligados al acceder al Estado. Muchos actores descubrieron que el Estado era un mundo complejo con intereses muy contradictorios y que también los intereses de quienes pensaban sus aliados no necesariamente coincidían todo el tiempo, había fricciones y tensiones con los propios empresarios. Cuando vos te transformas en Estado tu rol cambia, tu necesidad de orientar, poner reglas a los actores se vuelve imperiosa y, por tanto, actores que antes eran tus pares se vuelven críticos, personas menos amables que lo que eran en las mesas cuando estaban en un mismo lado.

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La otra pregunta es la de si hay en Cambiemos un potencial proyecto inclusivo socialmente. Personalmente creo que algunas de las recetas económicas del gobierno recuerdan ciertos reflejos ortodoxos vinculados, por ejemplo, con la idea de que poniendo menos protección para la mano de obra genera más empleo, cosa que hasta ahora no ha sido demostrado por los hechos, fuera de las ideas que tiene cada uno y que con esta idea de que lo público siempre supone un gasto excesivo que hace pensar en ciertos riesgos que corre en todo caso un proyecto inclusivo o las dudas que genera respecto a que Cambiemos pueda generar realmente un proyecto inclusivo en un país en el que el Estado tiene un rol fundamental para producir la protección social, la protección laboral y la inclusión de sectores que no encuentran en la economía formal, hasta ahora, te diría por una cuestión más estructural que histórica, menos coyuntural, que no encuentran un lugar en la economía.

A favor del gobierno juega que tiene un reflejo muy claro de no tensar ningún conflicto social, ante la aparición de conflictividad social, ante la aparición de protestas, ante riesgo de la gobernabilidad social y, por otro lado, ante el riesgo de posibles efectos sociales negativos que conspiren contra sus posibilidades electorales el gobierno siempre maniobra para, a través de los recursos del Estado justamente, quizás en contra de sus ideologías más amplias, jugar en un sentido más inclusivo. Uno puede pensar sin duda que no se puede entender la reactivación económica que se dio en los últimos meses sin tener en cuenta que fue el Estado el motor de eso, no fue la inversión privada que aparecía en el imaginario inicial como el gran salvador de esta patria.

-Respecto al republicanismo tan mentado en lo discursivo, después de dos años de gestión, con varios episodios como la intención de meter jueces supremos por la ventana y por decreto, la detención de funcionarios del “régimen” anterior sin condena y demás, ¿cuánto queda en pie?

Dos cosas. Primero que Cambiemos fue depositario de la demanda republicana por presión de la agenda opositora a nivel social. Recordemos, por ejemplo, los cacerolazos de 2011, 2013, que tenían esa idea republicana como una de sus demandas más aglutinantes. No estoy seguro que, en el caso del PRO por lo menos, haya una agenda republicana propia que preceda a esa aceptación de que era un modo de aglutinar la oposición. Sí en cambio en los aliados de PRO hay una tradición más vasta de defensa de las instituciones formales, por así decirlo. Creo que esta misma tensión se ve actualmente y el gobierno tiene una especie de reflejo de aprovechar al límite del reglamento todos los recursos que le da una régimen sumamente presidencialista, por un lado, y una justicia muy permeable a intereses políticos y, al mismo tiempo, aparecer ciertos actores más minoritarios con cierto peso público que pretenden que la agenda republicana sea una especie de modus operandi permanente del gobierno. Esa misma tensión se mantiene todo el tiempo y vamos a seguir viendo varios intentos de usar recursos institucionales al límite con tal de obtener beneficios políticos o ventajas más coyunturales.

Fotos: La Voz y La Política Online.

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