Bum

Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que acaba de irse al exterior. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.

Querido amigo: 

Estoy entusiasmado con esta idea que propusiste antes de tomarte el palo. Has decidido irte del país; sobrevivir en otro lado. Cosa charlada. Pero también has decidido mantener viva nuestra amistad proponiendo que intercambiemos correos semanalmente. Y sí, tenés razón, es una manera de seguir nuestras conversaciones por otra vía. Pienso que en una amistad, si las conversaciones están vivas, se mantienen los latidos de la querencia. 

Lo primero que tengo para decirte es que teníamos razón con esta cuestión que siempre peloteábamos: occidente tiene demasiada fe en la palabra. Hasta el momento (y ¿desde la guerra fría, no?) se viene diciendo que la paz legal conseguida por el capitalismo iba a mantener un equilibrio en el que nadie se animaría a producir un ataque verdaderamente grave sobre otro país (potencia o aliado a una potencia) porque todos ya cuentan con armas letales a escala y a “nadie le convendría” que esto sucediera ya que todos saldríamos perdiendo porque la destrucción sería total. 

El razonamiento está bien desde un punto de vista lógico abstracto. Pero ¡ahí tenés la fe occidental en la palabra! ¿Desde cuándo la lógica carece de cuerpo? No hay lógica sin seres humanos. Los que bombardean son los seres humanos que sí, está bien, piensan, gozan del dudoso beneficio de la razón, pero además se calientan, envidian, aman, gozan, padecen. 

Hagamos un piripipí de esa lógica que tanto gusta desde hace un par de siglos a los que ofician de sabios: 

  1. las potencias tienen armas masivas; 
  2. usarlas provocaría destrucción total; 
  3. la destrucción total no es conveniente para los actores; 
  4. los actores no las utilizarán porque afectará su propia subsistencia. 

Esto sería, digamos así, “razonable”. Y es más o menos lo que se viene diciendo durante este último suspiro del tiempo. 

Pero a este razonamiento le falta una premisa: las decisiones humanas (incluso las de estrategia política) se toman a lo humano, es decir, no sólo con la razón, también con lo irracional, lo temperamental, digamos spinozeanamente, con la materia de las pasiones. 

Este elemento nada desdeñable es el agujero negro de las ciencias sociales. 

Si solo oficiara la razón, tamos bien, no pasa nada más que intereses particulares intercambiando movimientos tácticos de ajedrez. Sería algo prácticamente inofensivo. Pero como esto no es así (de otro modo la paz mundial estaría ligada a la alfabetización; y no ha ocurrido –más bien ha ocurrido lo contrario: engordó la vocación de invasión imperialista) a partir del choque que producen los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, me parece (y creo que estarás de acuerdo conmigo) que tenemos que prepararnos para lo peor. 

No sé si estamos suspendidos en el abismo, por caer en la nada o si ya estamos en caída libre sumergiéndonos en la oscuridad del tiempo para siempre. 

Lo peor tal vez haya sido imaginado. No lo sabemos. Leer se convierte en otro terror, si se lee desde otra perspectiva. Es difícil encontrar un lugar de la atención que no resulte una amenaza. Te propongo que pensemos qué hacer con respecto a esto. Yo no lo sé. 

Las cosas por acá siguen más o menos igual: empeorando. 

Pero eso lo dejo para la próxima; no te quiero embolar en este inicio de intercambio. 

¡Ah! ¿Leíste el libro de Sztulwark? Se llama El temblor de las ideas. Te lo recomiendo ampliamente. Avisame si se consigue allá. Si no te lo mando con algo de yerba. No lo leas en tableta que te vas a distraer. Te conozco, mascarita. El chabón retoma la lectura crítica de nuestra realidad recuperando las mejores tradiciones argentinas: David Viñas y León Rozitchner. Vas a ver. Para mí es eso: aguda lectura de lo literario (Kafka) para entender el mundo real y gordura filosófica para abrazar lo inasible de este mundo en una esquina del ring, hasta que suene la campana. 

Otra cosa. El martes se cumplen noventa años del nacimiento de Zitarrosa. Estos días se me va la mano a la guitarra y canto un poco tristón y existencial. Todo duele. 

“Fruto maduro / del árbol del Pueblo, / la canción mía / siempre porfía”. ¿Te acordás? Las canciones están. ¿Y el pueblo? Ese con mayúsculas que escribió la pluma de don Alfredo. ¿Dónde está el pueblo? ¿Dónde? Dónde. Donde había tablas ahora hay yopings. “¿Dónde estarás?”. ¿Ahí está el pueblo? ¿De compras? 

Lo dejo acá antes de amargarte más de la cuenta. 

No pienso extrañarte; estás aquí, aunque estés allá. 

Abrazo y no te olvides de romper las pelotas siempre a donde sea que vayas. 

Te quiero

Abrazos

Astor

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