Bombardeen Buenos Aires
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que emigró a principios de año. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
¡Qué quilombito que te está tocando vivir en la península, eh! ¿Europa es ahora lo que ellos llamaban “tercer mundo”? ¿Europa olvida que ya no es eje de la economía mundial -y por eso tiene los problemas que tenemos los países que no somos motores de la economía mundial-?
Leo en los medios: “protestas por corrupción, desigualdad, imposibilidad de acceder a la vivienda, deterioro de los sistemas de educación y salud”… Esta enumeración no habla de un lugar geográfico en el mundo ni de un continente particular sino de cualquier economía que va sufriendo en degradé el abandono de las políticas estatales de bienestar (producto de la posguerra) y se ahogan lentamente bajo los criterios de la internacional neoliberal cuyas lógicas de alianza corporativa supranacional dejan con poco poder de fuego a la maquinaria estatal para cuando llega la hora pilotear las sucesivas crisis que el sistema provoca y que los que menos tienen pagan (para los bancos sí hay socialismo: el estado se hace cargo de sus descubiertos). El músculo famélico del estado bajo el agua –ya acalambrado– no puede dejar de hundirse. Lo único que puede hacer este carnaval de los angurrientos que lleva el ritmo de la economía es quemar al rey momo, para reemplazarlo por otro en el período siguiente… pero la economía sigue estructuralmente igual. Para eso hay elecciones; sale un figurín, entra otro.
Salvo que alguna rebelión se ocupe realmente del asunto del poder; cosa que no está en puesta en juego actualmente.
Bueno, loco, la cosa es que cuídate. Yo sé que por temperamento a vos se te va a dar por tirar piedras. Pero acordate que no estás encuadrado en ninguna organización, estás desprotegido y sobre todo sos sudaca.
Comete los mocos. Qué va a ser. La lucha de clases en España puede prescindir de tu toscazo. Yo no quiero prescindir de mi amigo.
Bueno, en realidad, me sorprendo a mí mismo diciendo esto; vos y yo nunca hablamos de recular. Es probable que avance la edad y uno se ponga más cuidadoso o tal vez sea más probable que decir esa formalidad medio careta (“cuidate”) intente algún efecto de preservación… No sé, hacé lo que quieras; tiene más sentido padecer hambre en la cárcel por luchar que padecer hambre en la calle por trabajar en las condiciones en que lo hacés.
Hacé lo que te parezca pero hacelo con ganas.
Lo que sí quiero es que me cuentes con detalle qué es lo que estás viendo. Yo no alcanzo a darme cuenta porque informarse a través de medios implica cierta distancia entre la percepción y la cosa (de eso se trata la mediación). Pero a este elemento tenemos que sumar un problema más: los informativistas europeos no tienen estilo; parecen hechos por eso que llaman inteligencia artificial.
Bueno, no sé si tuviste tiempo para leer pero tanto es así que pasó realmente en la realidad real que acaba de descubrirse que la novela ganadora del premio internacional Almadía Ventosa-Arrufat fue escrita por lo que llaman inteligencia artificial (y pensar que yo mandé una novelita ahí, ¡qué esperanza en los jurados, señor!). La novela se llama “Donde el agua trabaja”. Estaba dicho.
Vuelvo. Periodismo hecho como por una máquina. Es por eso que uno no termina de entender qué ocurre, sin conocer la afectación que le produce a la persona que lo narra, de algún modo, no hay índice humano que dé cuenta de qué cuerpo tiene el texto que se dice, qué temperatura, qué rugosidad. Ojo: acá me refiero al género periodístico, en el que el tipo que habla no puede ser objetivo porque es parte del mundo que narra.
En otros géneros literarios se es subjetivo respecto de un mundo otro, objetivado, dado que hablamos de creaciones; nadie del mundo de los vivos se ve materialmente afectado por lo que ocurre en el universo de las criaturas literarias (dicen).
En Buenos Aires hay, en cambio, todavía, periodismo con estilo. Sí, es cierto lo que me vas a contestar (ya me lo has dicho): a veces más estilo que periodismo.
Estuve estos días por la capital. Fui a ver Más de lo mismo, una función con tres breves obras de teatro. En una actúa nuestro común amigo Lucas Sebastián Sánchez. Fueron escritas y dirigidas por Julio Chávez.
Fue un placer poder estar presente y ver a este gran actor actuar y al amigo que sostiene al actor disfrutar.
Las obras fueron escritas durante la descomposición social de los 2000. Se ve que la Argentina actual tiene algo en común.
Eso fue el domingo. Permanecí cabalgando sobre la cabeza de Goliat hasta el miércoles. ¿Te acordás del libro de don Martínez Estrada sobre la gran urbe? Lo voy a releer esta semana. Pero está claro que el problema no es nuevo; lo único que se renueva en las calles porteñas son las fachadas de las cosas; los comercios, las casas, las esquinas, los rostros desgraciados de los niños invisibles que duermen en la calle.
El resto de los días estuve intentando ser recibido por periodistas, “gente de la cultura”, y demás excentricidades y forúnculos del ambiente con el objetivo de difundir mi libro de cuentos Oficios Subterráneos y otras tareas de la obra Walsh que te conté que estamos haciendo (cosas burocráticas).
Se lo acerqué por ejemplo a Guille David que anda por la Biblioteca Nacional hace tiempo. Te acordarás que acá en Bahía tenía la Biblioteca Carlos Astrada y que pasamos muchas tardes de nuestra violenta adolescencia abriendo universos con cada tapa y que hablábamos de un montón de cosas que resultaban misterios levemente develados.
De Kafka a Marx, el conocimiento y el mate y la charla y la amistad nos cambió para siempre. Por eso ahora que la vueltita de la vida hizo que yo tuviera un libro de cuentos para ofrecer, quise ir a agradecer ese efecto que tuvo el trabajo que hizo en la ciudad.
Nunca se sabe el poder que puede desplegar una biblioteca, una charla bien construida, un diálogo de los siglos entre las curiosidades de seres de todos los tiempos (eso es una biblioteca). Ofrecer universos, preguntas e imaginación para soñar nuevos mundos no es poca cosa mi amigo. Y es de buena gente hacerle saber a las personas que han hecho algún bien y agradecer, al margen de coincidencias o disidencias que los diferentes posicionamientos políticos ante las coyunturas puedan alejar o separar a las gentes. Como dijo el pelado soviético: “lo que es verdad, es verdad”.
También aproveché para visitar a Fede Randazzo y dejarle un librito. Gran periodista, director y creador. De la raza de periodistas que además son artistas; saben que la forma es la
cosa. Hablamos un ratito y siempre es una alegría ver a ese tipo creativo, generoso y enérgico con sus ganas de hacer y de que se haga. Un poco de amabilidad en Buenos Aires.
Sacando estas dos excepciones, lo cierto es que no me dio bola nadie; incluso gente a la que he entrevistado como periodista y quienes manifestaron haberse sentido muy satisfechos con el resultado de esas notas, con el hecho de que yo sí haya leído sus libros o escuchado sus discos.
Sin embargo, encontramos allá una situación de poder. Porque estos tipos están en medios nacionales y la gente del “interior” no solo se informa con ellos sino que desarrolla afectos para con ellos.
Sin público, sin audiencia, no existirían.
En cambio, desde el pedestal, no se es nadie si no vas apadrinado por alguno (nuevamente la situación de poder) y entonces el mismo contacto de WhatsApp con el que te habían confirmado sus notas y en el que ellos habían respondido gustosos para acceder a entrevistas en las que difundieron sus cosas, se convierte ahora -cuando uno espera un trato profesional decoroso- en una muralla de silencio infranqueable, hostil.
Políticas del ninguneo.
Te hacen saber -y sentir- que la verticalidad es el medio de acceso a la cultura; subís por un ascensor carísimo.
Hay que desarrollar lengua de gato para soportar la cantidad de culos que hay que predisponerse a chupar, las humillaciones que hay que soportar para “acceder”, si uno se acopla y acepta las reglas del juego (eso está en uno, finalmente).
Tenía razón Marx sobre los medios de producción: quienes los tienen manejan todo. Y en esa capital los tienen un par de engreídos que olvidan que tuvieron suerte (y solo en algunos casos capacidad, además de suerte).
¿Cuál es el medio democrático a partir del cual los artistas no vinculados accedemos a los mecanismos de difusión cultural? Ninguno. No existe.
Como en el resto de las cosas (de la vida) quedamos restringidos al ámbito del mercado y sus reglas de canibalismo de subjetivación.
Para hablar de democracia en este país deberíamos poder referirnos también a un término: democracia cultural. Hoy no existe ninguna herramienta segura (salvo el chupaculeo) en la que el estado garantice el derecho a un circuito de distribución de lo que los hacedores sin padrinos elaboramos en el país.
Está lleno de institutos que hablan de federalismo cultural pero que en rigor no son otra cosa que entidades de fomento sobre las que deciden un puñado de porteños; y lo que hacen es dar guita para que termine ganando el mercado (las industrias culturales, con perdón).
No te la voy a hacer muy larga con esto porque estás en medio del bardo pero te tiro el título y otro día intercambiamos sobre esto si te parece: para que en este país cambie algo en serio en materia cultural es preciso discutir un sistema federal de intercambio cultural.
Sobre esto, las organizaciones populares también tienen un rol principal; primero para ejercerlo (los sindicatos deberían recuperar su tradición de intervenir fuertemente en la cultura para garantizar esa fuerza de abajo hacia arriba); segundo, para impulsar políticas públicas al respecto.
Por lo demás, a la vuelta, estaba algo entre dormido en el bondi y se me apareció el título de una canción… No sé si porque hoy es el cumple de Charly García o por qué traumática experiencia, en la confusión de la duermevela el título de esa canción aparecía alterado, con una palabra menos. Y aparecía, en la manera de sentir el sueño, no sé si como deseo o como solución. Me desperté balbuceando, entre ronquido y suspiro: “bombardeen Buenos Aires”.
Bueno, nene, haceme saber si necesitás algo y si vas a tirar piedras tratá de embocarle y de que no te agarren para el amasijo.
Abrazos federales y besitos en la capital.





