La Primavera post punk: a 40 años de Sumo en Monte Hermoso y La SOBR∑CARGÄ en Sierra de la Ventana
A 130 kilómetros de distancia y con apenas un día de diferencia, Sumo y La SOBR∑CARGÄ llevaron el pulso del rock a Monte Hermoso y Sierra de la Ventana en la primavera de 1986. Pasen y lean esta nota hecha a cuatro manos con el amigo montehermoseño Matías Rico, ideólogo del ciclo “Historias en Vinilo”, para reconstruir dos recitales que dejaron su huella en la memoria rockera del sudoeste bonaerense. (Por Javier Tucci y Matías Rico para FM De la Calle)
El año del Mundial de México fue muy bueno para el rock zonal, en una época en la que todo se hacía a través del boca en boca y los discos importados llegaban -cuando llegaban- con traducciones al castellano que muchas veces rozaban lo bizarro. Por entonces, el gobierno de Ricardo Alfonsín atravesaba el desgaste del Plan Austral, con paros generales de la CGT y fuertes debates políticos en torno a reformas como el divorcio vincular y el proyecto para trasladar la capital a Viedma.
En ese contexto, dos bandas que ya se habían ganado un nombre en la escena under porteña llegaron a estas tierras para sacudir a la juventud costera y serrana con una música novedosa, registrada en discos publicados ese mismo año.
Hablamos de Llegando los monos, el segundo álbum de Sumo, publicado el 22 de mayo de 1986 por CBS, y de Sentidos Congelados, el debut de La Sobrecarga, editado el 17 de abril de ese mismo año, también por CBS.
Ambas bandas eran amigas, compartían género, discográfica y los mismos caminos que conducían a Manchester, más precisamente a Joy Division. De hecho, la portada de Sentidos Congelados funciona como un tributo a Unknown Pleasures, el disco debut de la banda inglesa.
Durante ese año, La Sobrecarga emprendió una extensa gira junto a Sumo para promocionar su álbum Sentidos Congelados, bajo la conducción de su mánager, Poppy Manzanedo. Sin embargo, el vínculo entre ambas bandas venía de mucho antes: sus integrantes se habían conocido a finales de 1982 durante un festival en Olavarría, cuando los trenquelauquenses todavía se presentaban bajo el nombre de Igoagrio. Desde entonces, los de Hurlingham fueron una suerte de hermanos mayores para ellos en su llegada a la escena porteña.
Es verdad que se nos pasaron un par de semanas para el cumplimiento exacto de la efeméride, pero… ¿qué importa? Lo relevante aquí, es que insistimos en recordar, en reconstruir nuestra historia reciente.
Estallando desde el océano: Sumo en Monte Hermoso
Foto aportada por Matías Rico, autoría de Javier López.
Por Matías Rico.
Por aquellos días, el intendente Rodolfo Majluf, afirmaba en una nota periodística que la inversión artística total había ascendido a ₳ 50.000 (para quienes no sepan, el símbolo ₳ corresponde a la moneda de la época denominada como Australes).
Ese monto incluía los cachés de Sumo, Las Primas, Sergio Denis, Adriana Brodsky y Roberto Pugliese.
En la misma publicación, el entonces director de Turismo, Carlos Bertone, aportaba algunos detalles que hoy resultan casi increíbles sobre los precios de los fogones de las cooperadoras: “El kilo de carne asada se vende a 5 australes, la gaseosa a 30 centavos y las empanadas a 60”.
Parte del material de este collage pertenece al archivo Diario LNP. La instantánea de la playa, es del archivo de Pepe Sellés-Martínez.
Alrededor de las 21 horas del 20 de septiembre, la banda subió al recién inaugurado escenario del anfiteatro de la entonces Plaza Parque. Según las crónicas y los recuerdos de quienes estuvieron allí, 8.000 personas formaron parte de aquella noche.
Sobre el show del “conjunto de música moderna”, como lo definió la crónica del diario La Nueva Provincia, existe una anécdota que se repite entre quienes estuvieron presentes aquella noche. En un momento, Luca sacó un papel de su bolsillo. Todo hacía pensar que se trataba de la lista de canciones que iban a tocar. ¡Pero no! Era una lista de supermercado que decía: “2kg de papas, 1kg de cebolla y 2 morrones rojos…”. Luca la leyó frente al público y, como era de esperar, largó una carcajada. Una escena absurda, irreverente y muy propia de él.
La banda de Punta Alta en los días de la Primavera Modelo 86. Entre ellos, Javier López, quien aportó la foto de Luca con el pullover verde que ilustra la nota.
Después llegó la música. Ricardo Mollo y Germán Daffunchio se aferraron a sus guitarras; Diego Arnedo se preparó en el bajo; Superman Troglio ocupó su lugar detrás de la batería y Roberto Pettinato ajustó su saxo. Y en medio de todo ese despelote, apareció Luca.
Los primeros acordes comenzaron a sacudir la noche con “Disco Baby Disco”, a bordo de ese sonido crudo, intenso y difícil de encasillar que Sumo había construido en aquellos años: una música que conectaba permanentemente con el público y recorría distintos climas, desde el rock, el reggae, post punk y hasta momentos más oscuros y otros directamente explosivos.
Uno de los puntos más altos llegó con “Los Viejos Vinagres”, ya convertido en uno de los grandes hits de la banda. Para ese momento del show, el público literalmente estallaba desde el océano.
Hacia el final, comenzaron a sonar los primeros acordes de “Fuck You”. La canción desbordaba esa energía cruda y la marcada influencia del punk londinense que Luca había traído consigo. El tema terminó funcionando como el epílogo perfecto para la noche.
Cuando cayó la última nota, quedó la ovación. Después, el silencio. Las luces
bajaron y Sumo dejó el escenario.
Lo que seguramente nadie podía imaginar aquella noche era que faltaban apenas quince meses para la muerte de Luca Prodan. Por eso, con el paso del tiempo, el show adquirió otra dimensión.
Testimonios de una noche inolvidable junto al mar
Una publicación del portal bahiense BHInfo, permitió recuperar recuerdos y anécdotas de la jornada. A partir de la búsqueda que emprendimos en el marco de la efeméride, con el puente tendido por el colega Rubén García, afloraron testimonios que reconstruyen tanto el detrás de escena como algunos momentos inolvidables junto a Luca Prodan y el resto de la banda.
Hernán Todisco, que estaba en el Hotel Americano en el mismo piso que la banda, tuvo la oportunidad de conversar con Luca durante los dos días que el grupo permaneció en la ciudad. Haber vivido en Hurlingham antes de mudarse a Bahía Blanca, le permitió estrechar ese vínculo y hasta llevar a sus amigos a la habitación del músico para conseguir autógrafos.
Foto aportada por Matías Rico, autoría de Gastón Barker.
Pero la anécdota más grosa ocurrió la noche del recital. “Al salir del hotel, vi a Luca tomando ginebra en el lobby. Me acerqué a saludarlo y me preguntó: ‘¿Dónde está el mar? ¿Queda lejos?’. Le contesté que estaba a dos cuadras y me pidió que lo llevara a verlo. Le dije que en un rato comenzaba el show, pero me respondió: ‘Vamos igual’ ”.
De esta manera, Todisco y dos amigos acompañaron a Luca hasta la playa, donde, según él narrador, compartieron una hora de charla sentados en la arena frente al mar. Allí, el cantante le regaló una reflexión tan insólita como inolvidable: “Le tengo miedo al mar porque un día va a salir un pulpo gigante que nos va a llevar a todos hacia adentro del agua. Por eso amo la montaña, que está más cerca de Dios*”.
La ansiedad por la actuación de Sumo también dejó escenas particulares entre el público. Durante la elección de la reina de la fiesta, que contó con la presencia de Adriana Brodsky, algunos asistentes se hicieron sentir arrojándoles “cajas de chocolate con maní llenas de arena, para que se fueran y llegaran los Sumo”, recordó @vita.calma, una de las personas que participó de aquella jornada.
Para un músico de la zona como @capelli.w, el recital quedó asociado a gestos de camaradería. Ricardo Mollo, guitarrista de la banda, protagonizó uno de esos episodios al terminar el show: “Me regaló el encordado de repuesto porque necesitábamos la primera cuerda de guitarra (mi) para tocar después en La Cueva”, contó Capelli. A ese recuerdo se sumó el de @fabropaciarotti, quien todavía tiene presente un detalle de la actuación: “Yo me acuerdo del solo de guitarra que hizo Mollo en un tema con una botella de Quilmes”.
Por su parte, Victor Kozak viajó desde Punta Alta con un amigo para presenciar el recital. Tenía 17 años y venía escuchando a Pet Shop Boys en su walkman cuando llegaron a Monte Hermoso. “El lugar estaba literalmente hasta las pelotas de gente”, recordó. Pero antes de sumergirse en la multitud, se cruzaron cara a cara con los músicos, que caminaban tranquilamente por los alrededores de la plaza. “Me llamó muchísimo la atención Roberto Pettinato, por la barba que llevaba en ese momento”.
La cercanía con la banda no terminó ahí. Con la excusa de colaborar para conseguir un lugar más cerca del escenario, Kozak y su amigo ayudaron a acomodar vallas y bafles pesadísimos. “En medio de los preparativos, Luca circulaba con su botella de ginebra de mal humor, porque faltaba un retorno, mientras los demás integrantes tomaban vino sodeado detrás del anfiteatro”, resumió Kozak cuatro décadas después.
Sobretodos y borcegos en la comarca
Por Javier Tucci
Entre el 19 y el 21 de septiembre, el Municipio de Tornquist organizó un gran festival en el predio de las piletas municipales, del que participaron bandas de Bahía Blanca como Grupo Universitario y el conjunto Los Rebeldes, un rejunte de música popular nacido a mediados de la década del sesenta, que supo estar conformado por músicos bahienses y puntaltenses. Pero la sorpresa de la jornada fue la participación de Neurus de Punta Alta, quienes entraron por la ventana de las circunstancias serranas.
El cierre de la fiesta fue el domingo 21 y estuvo a cargo de La Sobrecarga, banda que comenzaba a expandirse a paso firme -aunque sin negociar jamás su identidad autogestiva y vanguardista- gracias al lanzamiento de Sentidos congelados. Este primer disco incluía temazos como “Viajando hacia el este”, “Sombras españolas” y “Conexión París”. Además, ese mismo año irrumpieron en ciclos de la TV como Badía y compañía o el recordado Feliz domingo para la juventud (un programa hecho con amor), conducido por Silvio Soldán en el viejo Canal 9 Libertad.
Con las ansias de obtener información y anécdotas de primera mano, acudimos a César Dominici, cantante y guitarrista de La Sobrecarga, quien evocó detalles de aquella jornada: “Me acuerdo que después del show comimos en una mesa larga donde estábamos todos, una clásica cena post concierto. También que ese día no había ido Ruffo (Roberto Palezza) y lo reemplazó Raúl Arbelbide (guitarrista de Duna), quien esa noche fría tocó la percusión”.
Sobre la formación actual, agregó: “Nos sentimos muy bien y nos gusta el sonido logrado. Ya tocamos un par de veces en Strummer Bar, en CABA, y nos prometimos salir a tocar un par de veces al año, al igual que buscar lugares en el interior… y Sierra de la Ventana es un lugar adonde me encantaría volver”.
Para profundizar sobre las miradas de aquel fin de semana, conversamos con Luciana “Lucky” Bocchi, quien fuera fotógrafa de La Sobrecarga y es autora del collage que ilustra la portada de esta nota. Su historia con la banda empezó antes, en 1985, cuando la música, la amistad y la fotografía comenzaron a mezclarse.
“Me gustaba muchísimo hacer los collages de fotos en el laboratorio que tenía en mi cuarto. Tenía 15 años y estudiaba en la Escuela Creativa de Andy Goldstein en Palermo y trabajaba escuchando música, especialmente a La Sobrecarga”.
El primer encuentro de Lucky con la banda se produjo arriba del 111 porteño, cuando viajaba a la escuela y se topó con Willy Robles (bajo) y César Dominici (voz y guitarra). “Un día los encontré arriba del bondi medios dormidos. Yo hacía autorretratos, así que me acerqué a César, lo desperté y le di uno mío que atrás decía 8226344, que era el teléfono de mi casa”. A los pocos días, César la llamó y después fue hasta su casa a pedirle permiso a su vieja para que la dejara ir a verlos tocar en Látex, una noche en la que compartieron escenario con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Después llegaron los ensayos, las giras y una amistad que se extendió a otras bandas de la época. “Para mí fueron como grandes hermanos y maestros, amigos mayores”.
Las fotografías de Sierra de la Ventana nacieron de esa cercanía con la banda y de las horas que Luciana pasaba experimentando en su laboratorio. Retratar recitales de noche y en blanco y negro suponía un desafío: había poca luz, los músicos se movían constantemente y cada rollo tenía un costo. “Para mí era una tela, tal vez me resguardaba esa explicación de que para sacar una foto con cierta alma, tenías que disparar una o dos fotos, tres, como si fuera una tela de un pintor”, recuerda.
Aquellas condiciones también dejaron su huella en el resultado. La escasez de información en los negativos, las caras sobreexpuestas y los rostros apenas reconocibles no siempre eran errores que había que corregir. “A veces nos gustaba, era parte de unas fotos difusas. Los recortes y las figuras desdibujadas terminaron de darle forma a una estética propia, en sintonía con la música y el espíritu dark de aquellos años”, explicó.
La mirada de Lucky también quedó ligada a la escena underground porteña, particularmente a su vertiente post punk y alternativa. Entre otros trabajos, realizó fotografías durante la primera etapa de Todos Tus Muertos, algunas de las cuales forman parte del compilado Demos 1985-1989 y de la reedición de Noches agitadas en el Parakultural, de 1986. También participó en la revista Cerdos & Peces.
Estruendos zonales: entre el hard rock de temas propios y los covers
Los Rebeldes (en los 70 y 80), Grupo Universitario (mediados de los 80) y Neurus (modelo 86).
Como ya mencionamos, la organización del festival también apostó por bandas de la zona como Los Rebeldes -la única agrupación local anunciada en cartel- y el Grupo Universitario, ambas de Bahía Blanca, que desplegaron un repertorio de covers nacionales e internacionales de distintas épocas.
Surgidos a mediados de los años sesenta, Los Rebeldes eran una referencia de la música popular bahiense y regional. Por sus filas habían pasado numerosos músicos de Bahía Blanca y Punta Alta, en una trayectoria que, para 1986, ya formaba parte de la historia musical del sudoeste bonaerense.
En tanto, el Grupo Universitario (no aparecen anunciados en el afiche) se había formado un año antes tras la disolución de Satwa, una reconocida agrupación de rock sinfónico que llegó a grabar un disco -escuchar acá:
De sus filas surgieron músicos como Daniel Arrúa (guitarra y voz) y Duilio Mambor (teclados), a quienes luego se les sumaron María Itatí Rial (voz) y Mario Jarque (batería, percusión y voz).
Pero lo impensado de aquella jornada fue la participación de Neurus, la banda de Punta Alta que tampoco figuraba en el cartel y terminó protagonizando uno de los momentos más recordados de la fiesta de la primavera serrana.
El grupo del profesor, que cultivaba un hard rock con inclinaciones hacia el heavy metal, tocaba sus propias composiciones desde 1983. Sus integrantes habían viajado a las sierras como espectadores, aunque -dicen- algo olfateaban y por las dudas llevaron el bajo y la guitarra. La formación estaba integrada por Gustavo “Polaco” Porlay (bajo), Carlos de la Vega (primera guitarra), Luis “Kappy” Sánchez (voz), Ernesto “Indio” Paredes (batería) y Luis “Bambino” Ostertag (segunda guitarra). “No sé si había una posibilidad de tocar algunos temas si se cumplían los tiempos entre banda y banda, o sí así lo sentíamos y deseábamos… porque la verdad es que éramos re locales. Sierra de la Ventana era más el lugar adonde iban los puntaltenses, mientras que Monte Hermoso convocaba a los chicos y chicas de Bahía Blanca”, recordó Bambino. La aventura había comenzado en la estación de Bahía Blanca, con un tren repleto de rockeros que viajaban hacia las sierras. Así lo recordó Luis “Kappy” Sánchez, histórico cantante de Neurus: “Tengo grabado a fuego ese viaje, fuimos un montón de amigos que eran miembros de bandas de Bahía como Súper Sport, Bajo Cero, Los Excrementos y Bloody Mary para hacer el aguante. Y no era solo por el recital, fuimos a vivir una fiesta que, sin saberlo, iba a resultar inolvidable”.
Lo que nadie imaginaba era que Neurus terminaría tocando ese día, y todo a partir de un episodio tan inesperado como caótico. Según rememoró Bambino, los campings estaban abarrotados de gente llegada desde Punta Alta, con banderas que habían llevado los hinchas de Sporting y Rosario que, curiosamente, convivieron sin problemas. Pero en la antesala a la presentación del Grupo Universitario, los ánimos se caldearon y empezaron a volar piedras, botellas y otros objetos mientras los muchachos coreaban pidiendo la presencia de Neurus en el escenario. “La gota que rebalsó el vaso fue cuando una botella pasó de largo por el escenario y rompió un vidrio del sector donde se encontraban los músicos bahienses”, agregó Ostertag.
En medio del desbande, la organización decidió convocar a Neurus para evitar que el conflicto pasara a mayores. La banda pudo subir gracias a la solidaridad de sus colegas de Universitario, que les prestaron los equipos de guitarra y bajo, además de la batería electrónica Simmons que utilizaba Mario Jarque.
Kappy todavía recuerda el desafío que aquel instrumento representó para Ernesto “Indio” Paredes, baterista de Neurus, acostumbrado a tocar con fuerza: “La Simmons era electrónica y apenas la rozabas, sonaba como la gran puta. ¡Lo que debe haber sufrido Mario!”.
Lo que había empezado como una salida de emergencia se convirtió en una sorpresa para los propios músicos. Al subir al imponente escenario de La Hoya, se encontraron con más de 4.000 personas. “Fue el público más grande que tuve en mi vida, que tuvimos todos. La mayoría había llegado para ver a La Sobrecarga, pero entre la multitud también había una numerosa hinchada de Neurus, concentrada junto al alambrado que hacía las veces de valla”, dijo Kappy.
“Había gente de Punta Alta, Bahía Blanca, Ingeniero White, General Cerri, Cabildo y Saavedra. Muchos se vinieron para adelante a alentarnos. No lo podíamos creer”, agregó el cantante.
La banda había logrado llegar a buena parte de la región gracias a sus actuaciones en el programa Barco Azul (escuchar acá), ciclo que por aquellos años conducía Marcelo Marcolini junto a un gran equipo, a través de las frecuencias de AM y FM de Radio Nacional Bahía Blanca. Aquella difusión les permitió trascender el circuito local mucho más de lo que imaginaban. “Nos conocía gente de Tres Arroyos, Coronel Dorrego, Darregueira, Puan y Tornquist. No teníamos ni puta idea de hasta dónde había llegado nuestra música. Éramos una banda de pueblo y no existían internet ni las redes sociales para dimensionarlo”, contó Kappy.
Cada vez que hablamos con Kappy se abre un mundo de historias y anécdotas, como el encuentro con los integrantes de La Sobrecarga, con quienes compartieron choripanes, charlas y risas. “Ellos andaban con pilotos y sobretodos largos, los pantalones metidos en borcegos de infantería y un look muy a lo The Cure. Muy piolas los pibes”, recordó.
Después del festival, los integrantes de Neurus y sus amigos terminaron celebrando en una casona enorme de Villa Arcadia. “Fue una celebración a lo Mötley Crüe. ¡Jajaaa!”, remató.
Cuarenta años después, las historias siguen rodando como aquellos trenes repletos de rockeros que viajaron hasta las sierras, o los autos y colectivos que llevaron a otros a encontrarse con Sumo frente al mar, en Monte Hermoso. Eran tiempos en los que el boca en boca y el cara a cara sostenían la escena, y en los que el under no necesitaba aspirar a ser mainstream para dejar su huella.
Programa Primavera del 86, material cedido por Matias Rico.
EXTRADATA
El 20 de septiembre de 1986 nació Diego Maradona Jr. en Nápoles, fruto de la relación entre Diego Armando Maradona y Cristiana Sinagra.
El 21 de septiembre, en el patio del Colegio Bernardino Rivadavia, en El Palomar, Miguel Ángel “Micky” Rodríguez, Daniel Buira y Daniel “Piti” Fernández se juntaron a tocar y dieron el primer paso de una historia que crecería hasta convertirse en Los Piojos.













