“En el corazón de Vaca Muerta, con todo el dinero que fluye, recién ahora llegó el gas a las viviendas”
La socióloga, doctora en Ciencias Sociales e investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional de General Sarmiento, dialogó con FM De la Calle sobre los principales desafíos de la transición energética, el avance de Vaca Muerta y las tensiones entre el modelo extractivo y la crisis climática. Presentó el libro “El latido del subsuelo: consensos y resistencias desde Vaca Muerta hasta el mar”, escrito junto a Juan Antonio Acacio.
“La Argentina apuesta a un perfil fosilista”, afirmó Gabriela Wyczykier al analizar el lugar que ocupa el país en el proceso global de transición energética. Si bien reconoció que el gas es considerado internacionalmente como un “combustible puente”, advirtió que “la transición debe ser pensada como algo más que un cambio de fuentes” y sostuvo que es necesario transformar el sistema energético en su conjunto, incorporando debates sobre políticas públicas, conflictos sociales y el acceso a la energía como un derecho.
La investigadora explicó que el desarrollo de Vaca Muerta logró consolidar un “consenso fósil” difícil de cuestionar porque la actividad genera empleo, ingresos fiscales y dinamiza economías regionales. “Todos consumimos energía. La realidad es que todos consumimos gas y petróleo”, señaló, y remarcó que esa dependencia cotidiana diferencia al sector hidrocarburífero de otras actividades extractivas como la megaminería.
Sin embargo, consideró que ese crecimiento económico convive con fuertes impactos sociales y laborales. Por ejemplo, el desarrollo del fracking incrementó los accidentes de trabajo y de tránsito, además de profundizar problemas de salud mental y adicciones entre los trabajadores. “El no convencional no para de producir”, resumió, al explicar que la lógica de explotación exige una perforación constante para sostener la rentabilidad de los pozos.
Wyczykier describió que el modelo extractivo produce desigualdades territoriales. Aunque Neuquén multiplicó sus ingresos por regalías y aumentó el empleo privado vinculado a los hidrocarburos, el caso de localidades como Añelo siguen padeciendo déficits de infraestructura y servicios básicos. “En el corazón de Vaca Muerta, con todo el dinero que fluye, recién ahora llegó el gas a las viviendas”, ejemplificó, al tiempo que mencionó problemas de contaminación, falta de transporte público y dificultades para acceder a la salud.
En ese contexto, destacó el rol de las comunidades mapuches y de organizaciones socioambientales que continúan denunciando los efectos del fracking sobre los territorios y las fuentes de agua. Mencionó derrames cercanos al lago Mari Menuco, la aparición de sismos y las sospechas de contaminación de napas como algunas de las principales preocupaciones.
Aunque consideró que “el fracking llegó para quedarse”, aclaró que las resistencias persisten para visibilizar los impactos ambientales de la actividad.
Respecto de la expansión de la frontera fósil hacia la costa rionegrina, la investigadora sostuvo que los proyectos vinculados al transporte y exportación de hidrocarburos ya cuentan con una importante licencia social impulsada por gobiernos y empresas.
Aun así, planteó que el desafío continúa siendo discutir “para qué y para quién” se produce la energía, en un escenario donde la transición energética deberá resolver no solo el cambio tecnológico, sino también las profundas desigualdades que atraviesan al sistema energético actual.







