Lula Cornejo: “Encontré las respuestas y oportunidades en el arte”

La artista bahiense Lula Cornejo construyó su camino en el arte a partir de una búsqueda personal atravesada por la neurodivergencia, los desafíos físicos y la necesidad de encontrar un modo propio de expresión. En diálogo con FM De la Calle repasó su historia de vida, el rol de su familia y cómo la pintura se convirtió en una herramienta de libertad, identidad y también de memoria.

Durante la pandemia encontró en el arte una salida posible. Hasta entonces, su recorrido había sido incierto: trabajos en talleres protegidos, dificultades motrices que complejizaban tareas cotidianas. “Pensé en mí misma, qué podía seguir haciendo, en qué podía llegar a trabajar o hacer en mi vida, si iba a seguir rompiendo papeles o doblando bolsitas, y ahí encontré las respuestas y oportunidades en el arte”, cuenta Lula.

Ese punto de inflexión la llevó primero al teatro y luego, hacia fines de 2020, a formarse en artes visuales. Allí comenzó a descubrir no solo una vocación, sino también una forma de construir autonomía. Su neurodivergencia —que impacta en la motricidad fina y en su equilibrio— no fue un obstáculo definitivo, sino el punto desde el cual redefinir su lenguaje artístico: pasó de formatos pequeños a grandes telas donde el cuerpo entero entra en juego y la expresión se vuelve más libre.

El arte también se volvió una herramienta vital para atravesar momentos críticos de salud. Lula cuenta que pasó meses sin poder levantarse ni caminar, pero incluso en esas condiciones encontró en la pintura un motor. Llegó a terminar obras desde una silla de ruedas, impulsada por una necesidad interna que transformó la dificultad en movimiento. En su proceso creativo, que considera profundamente intuitivo, los colores responden a su estado de ánimo y la música guía una dinámica corporal.

Un punto de inflexión en su recorrido fue el reconocimiento internacional. A partir de sus viajes a Europa —como su participación en la Bienal de Florencia en 2023 y en los Juegos Paralímpicos en Francia en 2024— Lula comenzó a asumirse como artista plástica. Allí no solo exhibió su obra, sino que encontró una comunidad de pares: artistas con discapacidad de distintas partes del mundo con quienes, incluso sin compartir idioma, logró comunicarse a través del arte. “Nos entendíamos a través de la mirada”, resumió.

Lula y su madre, Gabriela Korsunsky, señalaron la falta de oportunidades laborales y de políticas sostenidas que permitan una inclusión real de las personas con discapacidad. Más allá del arte, reclamaron espacios concretos de trabajo y desarrollo que rompan con la lógica de dependencia y habiliten trayectorias autónomas dentro del entramado social.

Su historia, además, está atravesada por la memoria familiar y colectiva: recientemente participó en una actividad vinculada a los 50 años del golpe, donde junto a su madre, dejó en la sede del Suteba local un pañuelo de su abuela Celia Jinkis de Korsunsky, referente de la lucha por los derechos humanos y el juicio y castigo.

En ese gesto íntimo y político, como en su obra, aparece una constante: la decisión de transformar la experiencia personal en una forma de expresión y de lucha. Con su reciente exposición en 2 Museos, su recorrido habla de algo más profundo: abrir caminos, visibilizar otras voces y demostrar que el arte puede ser también una forma de conquistar derechos.

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