Mariana Arruti: “Los silencios relacionados con estas ausencias se tramitan en lo colectivo”
La antropóloga, cineasta y documentalista Mariana Arruti dialogó con FM De la Calle en el marco del ciclo Resistencias, Voces y Silencios, organizado por Producciones Audiovisuales de Bahía Blanca y la Región a 50 años del golpe. A partir de la proyección de El Padre, su película sobre la reconstrucción de la historia de su padre, Arruti reflexionó sobre los silencios familiares, la memoria colectiva, la militancia política y la necesidad de volver a vincular aquel pasado con los conflictos del presente.
La historia personal atraviesa El Padre, película que Arruti dirigió y protagonizó a partir de la búsqueda de respuestas sobre la muerte de su padre, ocurrida cuando ella tenía cuatro años y medio. Durante su infancia recibió la versión de que había muerto en un accidente ferroviario, pero con el tiempo comenzó a reconstruir una historia diferente y a buscar quién había sido ese hombre más allá de las circunstancias de su muerte. “Entonces fue empezar a tirar del hilo más por el lado de lo vital. Es decir, ¿quién era ese padre?”, explicó. La investigación la llevó a recuperar testimonios de familiares y compañeros de militancia, además de documentación de inteligencia que reconstruía su actividad política en Bahía Blanca y la región.
Ese proceso de búsqueda también implicó reconstruir una memoria que no existía en forma de recuerdos propios. Arruti explicó que la ausencia temprana había dejado un vacío que el cine le permitió abordar mediante escenas ficcionadas y materiales audiovisuales. “Hacer la película, desde mi lugar de directora, ponerme a pensar, a diseñar escenas de la vida cotidiana con mi papá, fue un modo de construirme una otra memoria”, señaló. La película también aborda los silencios familiares y sus efectos: “El subtítulo, digamos, de la película, Las marcas de un silencio, y yo creo que vivimos con eso, que es muy difícil de procesar”.
Para Arruti, esos silencios no pueden pensarse solamente desde lo individual. La reconstrucción de las historias atravesadas por el terrorismo de Estado requiere una dimensión colectiva y una transmisión entre generaciones. “Los silencios relacionados con estas pérdidas, con estas ausencias, con este dolor, se tramitan en lo colectivo”, sostuvo. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de que se pierda la transmisión de lo ocurrido: “cuando deja de transmitirse de generación en generación lo que pasó, dejamos de pensar lo que está pasando también y entonces es bastante más probable que volvamos a pisar, a tropezar con la misma piedra”.
La conversación también recuperó Trelew, la fuga que fue masacre, documental que Arruti comenzó a proyectar en 1999 y estrenó en 2004. La realizadora destacó el contexto de impunidad en el que comenzó a trabajar y la necesidad de recuperar no solamente a las víctimas sino también la dimensión política de aquella generación. “¿Cómo salir de las víctimas para ponerle carnadura a la agencia política de esa generación?”, planteó. Para Arruti, el documental conserva vigencia porque permite acercar aquel episodio a las generaciones jóvenes: “Es una película que está hecha y pensada para revivir lo que sucedió, no para recordarlo”. Trelew aparece así como un episodio fundamental para comprender el proceso que antecedió al terrorismo de Estado, aunque la cineasta remarcó que las violencias y masacres forman parte de una historia argentina más extensa.
A 50 años del golpe, Arruti planteó también una autocrítica sobre las políticas de memoria y su capacidad para vincular pasado y presente. “Yo creo que se hizo mucho, mucho, pero lo que a veces yo siento es que en la comunicación algo que tal vez faltó fue unir aquel pasado con los presentes que fuimos viviendo”, afirmó. Para la realizadora, los juicios por delitos de lesa humanidad siguen siendo fundamentales no solo por su dimensión judicial sino porque permiten sostener una discusión pública sobre lo ocurrido. Frente a la pregunta sobre cómo continuar esa tarea en un contexto de cambios generacionales y debilitamiento de las políticas públicas de memoria, sintetizó una preocupación que también atraviesa su obra: “¿Cómo salir de esto? Es una pregunta que yo también me hago”.






