Fondos rotativos solidarios: una alternativa que permite mejorar viviendas y multiplicar la ayuda en los barrios de Bahía Blanca
Un estudio del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS) analizó el funcionamiento de los fondos rotativos solidarios de materiales que Cáritas y Ser Comunidad sostienen desde hace más de 25 años. Santiago Cornou y Sofía Carbone, estudiantes de Economía y de Derecho, respectivamente, y Zulema Epuñán, del área de Vivienda de Cáritas, comentaron los resultados sobre la herramienta destinada a familias que quedan fuera del sistema bancario y destacaron su impacto habitacional y comunitario.
Los fondos rotativos solidarios de materiales surgieron como una respuesta a la problemática habitacional y funcionan con una lógica diferente a la del crédito tradicional. El dinero no se entrega directamente a las familias: el crédito se otorga en materiales de construcción destinados a una mejora concreta, que son adquiridos por los equipos técnicos a partir de presupuestos y abonados por las organizaciones. El primer monto es de $250.000 y, una vez cumplido el proceso de devolución y verificado el uso de los materiales, las familias pueden acceder a montos mayores y solicitar nuevos créditos.
Uno de los aspectos centrales es que el programa busca llegar a personas que no pueden acceder a préstamos convencionales. “No se pide recibo sueldo, no se pide garantía”, explicó Epuñán, quien remarcó que la palabra y el compromiso tienen un papel fundamental: quien devuelve sus cuotas permite que otra familia pueda acceder al fondo. En las entrevistas realizadas por el equipo del IIESS también apareció una demanda concreta: Santiago Cornou contó que, durante una reunión informativa en 9 de Noviembre, encontraron “una cola de espera” de familias interesadas en acceder al programa, muchas de ellas con trabajos informales, ingresos inestables y sin posibilidades de obtener financiamiento tradicional.
Los testimonios recogidos muestran que el crédito no se limita a una obra puntual, sino que puede acompañar procesos habitacionales de largo plazo. Entre los casos mencionados aparecen una vecina que construyó un gabinete donde actualmente trabaja haciendo masajes y otra que pudo ampliar una habitación. “Hay gente que va por su crédito número 14 en Cáritas. O sea, es impresionante”, destacaron. Los principales destinos identificados por el estudio fueron la construcción y terminación de viviendas, las reparaciones posteriores a las inundaciones y otras refacciones destinadas a mejorar las condiciones de habitabilidad, como solucionar goteras o aislar las casas durante el invierno.
Para Sofía Carbone, uno de los aspectos más significativos del mecanismo es su capacidad de multiplicar la ayuda: “Vos al tener esta oportunidad podés hacer que esa ayuda que le diste también ayude a otro vecino y que se vaya fomentando en el barrio”. La devolución hace que el dinero permanezca dentro del territorio y vuelva a estar disponible para otras familias. A esa lógica comunitaria se suma el acompañamiento presencial: reuniones informativas, visitas técnicas y el vínculo permanente con promotores y equipos de las organizaciones. Carbone resumió esa diferencia frente a otros sistemas de acceso al crédito: “No es que es una oficina, una computadora que te dice sí o no, sino que es una persona que te escucha”.
El acceso, de todos modos, está condicionado por la cobertura territorial del programa y por la capacidad de los equipos técnicos. Las organizaciones trabajan en determinados barrios establecidos dentro del marco de una ordenanza municipal y, según explicaron, uno de los requisitos básicos es contar con seguridad sobre la tierra o el terreno donde se realizará la mejora.
El estudio sostiene que “el fondo no resuelve la problemática de fondo, pero es como un sustento para aquellas familias que por ahí quedan excluidas del circuito formal, bancario o de crédito”. Para Epuñán, la experiencia también demuestra que el modelo puede sostenerse porque existe un compromiso entre vecinos: “Uno se da cuenta de que este círculo funciona”.
El sistema de microcréditos funciona desde 2001 financiando mejoras habitacionales en más de 40 barrios vulnerables sin exigir garantías patrimoniales ni recibo de sueldo. En el caso de Cáritas, su equipo técnico y de promotores y promotoras tiene presencia en Noroeste, Bajo Rondeau, Colón, Caracol I y II, Obrero Sur, Villa Nocito, Pampa Central, 1 de Mayo, Vista Alegre I y II, Maldonado, Costa Blanca, Miramar, 9 de Noviembre, Cabré More, Stella Maris, San Jorge, Don Bosco y Gral. Cerri.
El informe calculó que desde su inicio el Fondo atendió más de 4.500 demandas habitacionales. Lo logró con una alta tasa de devolución, cobrando tasas de interés muy por debajo del mercado. Los fondos aportados por la Municipalidad tuvieron un efecto multiplicado que permitió atender más demandas, haciendo además partícipes a los propios vecinos.
«En definitiva, la trayectoria de los FRS confirma que las finanzas solidarias no son una medida de emergencia provisoria, sino una estructura robusta, adaptable y sostenible para poder atender las necesidades habitacionales de la ciudad. La ampliación estatal de este programa, asignando mayores recursos no sólo a los fondos sino también para el sostenimiento de los equipos promotores permitirá multiplicar las mejoras en la calidad de vida de los sectores vulnerables en Bahía Blanca, creando así, una política habitacional eficiente y solidaria».





