(C)o(R)posición (I)responsable

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(Por Astor Vitali) Ayer se llevó a cabo la ceremonia de asunción de los y las flamantes concejales en Bahía Blanca. Y digo ceremonia con consciente uso del término porque fue un trago concentrado de puro ceremonial. La verdadera función estuvo en la sesión anterior, en la que se dieron claras señales de cuál será el rol de una oposición predispuesta al co gobierno.

Hace pocas horas, fue re electo como presidente del cuerpo Nicolás Vitalini, a quien se lo calificó como destacado. Sí, ya sé, es una formalidad. Pero, vamos, si algo no tuvo la envestidura de presidencia del cuerpo durante su gestión fue presencia y destaque en ningún momento de la lucha política, con excepción de las denuncias de abuso despótico a raíz del nombramiento en cargo público de su hermano, letrado él, quien supuestamente cumplía funciones en un órgano municipal cuyo director tuvo que ocuparse de desmentir. Por eso se lo conoce a Vitalini. Por eso y por su antipática disposición para atender los reclamos que la sociedad civil eleva al órgano legislativo.

Bajo su presidencia tuvo lugar uno de los más pobres períodos de debate político de la historia democrática de Bahía Blanca –con el consecuente detrimento institucional-. Claro que no es pura responsabilidad suya el bajo nivel de cuadros políticos en los cargos pero sí es claro que fue él quien mejor representó dicha chatura. Otra señal: el cuerpo honró simbólicamente la chatura como jefatura.

Mientras ayer podían verse las caras de feliz cumpleaños y el baile de disfraces habitual, el discurso de Vitalini hacia la comunidad en general no logró superar el minuto de duración y no fue más allá de la lista de boberas del discurso de la “fiesta de la democracia” y de los lugares comunes.

O sea que al oficialismo ya lo conocemos. Perezoso y “apolítico”. La oposición en cambio representa un halo de esperanza para ciertos sectores que se identifican con el peronismo, con el movimiento obrero y con el progresismo. O simplemente para las víctimas directas, más temprano que tarde, de cualquier modelo de ajuste.

Ahí está la cuestión. Ahí está. La función de ayer fue la puesta en escena de una obra protocolar archiconocida. La obra en serio, la que hay que ver, la que no te podés perder para presumir el rol que la oposición está dispuesta a jugar: esa actuación subió a las tablas deliberativas el jueves pasado.

¿Sabés de qué hablo? ¡Claro que sí! Me estoy refiriendo a la ópera bufa de pobre pluma que pudo verse el jueves pasado en el órgano que debería representar al pueblo bahiense. Nunca mejor dicho: a la gente de a pie. Vamos a simplificar. Uno de los concejales oficialistas tiene intereses empresariales con el transporte público de pasajeros. Se vota el aumento del boleto. Con atino, no asiste. No arbitra su reemplazo (a diferencia de otros años en los que otro votaba en su lugar en favor de los aumentos). La principal fuerza (en número) de la oposición decide que –por motivos fundados- una de sus ediles no participará pero –prestá atención- no llama al concejal suplente para que cumpla con el mandato del voto que los llevó ahí: ser oposición. Arguyen razones técnicas que habrían imposibilitado el rápido llamado. La escena terminó con el desempate del reconocido Vitalini.

Todo esto lo hacen antes de que asuma el probo legislador de buen colegio y fé católica, Marcelo Feliú. Pero el jefe político del espacio es Feliú, asumido o no. Cualquier novato en materia política comprenderá fácilmente que el acuerdo que encabezó Marcelo Feliú en su rol de ¿opositor? fue el de permitir que pase el aumento en ese momento. Aumento que jode a un casi un tercio de la población local y que representará ahora casi un diez por ciento del salario mínimo para los usuarios y las usuarias.

Salvando la actitud política del bloque de Unidad Ciudadana que denunció la cuestión: ¿a quién en esta ciudad puede inspirar confianza una oposición que antes de asumir transa en el mismo escenario de corporativismo y co gobierno que se denunció tantas veces en la ciudad como con el pacto Tunessi-Breiteinstein y otros?

Vamos a ponerlo en términos más claros aún. Hoy la oposición que se ha teñido de diferentes identidades peronistas tiene la mitad de las bancas, con lo cual, puede aspirar a frenar o al menos dificultar el tratamiento exprés de las medidas de corte antipopular. Si fácilmente pasan el cuerpo será porque alguna de sus facciones por los motivos que fueran (repito, por los motivos que fueran) pacta co gobernabilidad. Lo que ocurra de aquí en más será también responsabilidad de ellos.

Viene el debate de presupuesto. ¿Cuál será su rol?

Hay muchas personas que cobijaron su esperanza dentro de una urnita con la expectativa de que se les respete al menos la voluntad general y que la oposición esté a la altura mínima de su responsabilidad. Algún crédulo considerará esta votación como un error y mantendrá un poquito su esperanza.

Seré un incrédulo y ojalá un futuro equivocado. Pero a la luz del perfil del buen alumno del Don Bosco y de la historia de pactos entre legislativo y ejecutivo en Bahía Blanca, a uno le huele un tanto más a adelanto de lo que harán que a error de cálculos. Más que tropezón, semeja los pies en la mierda.

Ojalá me equivoque.