De cómo Susbielles provocará nuestra calvicie
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que emigró a principios de año. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
Loco, tenés que ser un poco menos orgulloso y aceptar la “ayuda” que te mandamos tus amigos desde acá. ¡Cómo vas a devolver la transferencia! Gana el capital con sus comisiones, boludo. ¡Qué chabón! Bueno, cada cual decide su cada qué.
Esta semana las cosas que tengo para contarte rondan en el deleite de nuevos episodios locales de la “fiesta de la democracia”; lo que Alejandro Horowicz llamó hace largo tiempo “la democracia de la derrota”.
Si tuviera que decirlo medio en chiste y medio en serio, encontraría una palabra para sintetizar la cosa: pelados. Susbielles nos va a dejar pelados. No sé si hubo algún otro dirigente que nos haya tomado el pelo utilizando el mismo mecanismo durante tantos años. ¿Cuál mecanismo? Ahí te lo explico. ¿A quiénes? A todos los sectores (cultura, salud, niñez, organizaciones que atienden el drama social) del que emergen referencias.
Se trata de una desagradable nueva experiencia de los sucesivos episodios que la caricatura de proyecto pseudo progre que padecemos por política en la ciudad nos volvió a ofrecer. Capaz que no debía haber ido porque siempre ocurre la misma pavada.
Con cuatro días de anticipación, el señor intendente de la ciudad de Bahía Blanca, Federico Susbielles me invita a una “mesa de trabajo” (no, no pagan por esto, es una forma de llamar a la cosa que les encanta porque copia los términos de las empresas privadas y los traslada al sector público; después tienen resúmenes en powerpoints y fotos y todo eso; incluso a veces esas tablitas pelotudas de FODA).
Sigo. La Mesa de trabajo (con perdón) fue denominada: “Bahía Blanca en su arte representaciones de la ciudad”. Muy bien.
Me dicen que esto forma parte de un programa de comisiones y mesas de trabajo “hacia el Bicentenario”. Tomá mate.
¿A qué nos invitan? Bueno “a compartir ideas, debatir propuestas y conversar sobre los modos en que Bahía Blanca aparece en su arte, y en acciones posibles para la conmemoración del Bicentenario”.
La invitación oficial dice: “No hay una sola Bahía Blanca, hay muchas, dependiendo de quién la mencione, en qué época, desde qué punto de vista. Bahía Blanca está en Mercedes, folletín publicado por entregas, escrito por el General Daniel Cerri, primera novela bahiense. Está en los tangos de Di Sarli y de Cobián, en las zambas de los Visconti, y en los paisajes sonoros de Ricardo de Armas. Está en el Woyzeck de Büchner que la Comedia de la Escuela de Teatro llevó a Ingeniero White y en White 1907 y en la ópera rock Crecer Rock. Hay una Bahía de Mallea y otra de Amalia Jamilis. Hay Bahía en los salitrales que pintó Filoteo Di Renzo y en los murales de Guardianes del estuario”.
“Hay Bahía en su danza, en su poesía, en su historieta, en su cine”
“En todo caso Bahía Blanca es la suma de sus representaciones y es también lo que se lee en una pintada en el Puente Negro: Todo lo que no pasa también es la ciudad”.
Nos piden que pensemos en torno a las preguntas: ¿Qué Bahías aparecen en su producción artística? ¿Nos reconocemos en ellas? ¿Qué Bahías futuras imaginamos?
Durante el encuentro (una gran mesa con unas cuarenta personas que teníamos que hacer los deberes) nos dan dos papelitos (del tipo ficha) y unas lapiceras para llenar. Parecíamos alumnos del primario entusiasmados con la tarea que nos daba la señorita.
Algunos funcionarios abrieron el encuentro y la directora del Instituto Cultural desplegó su característico galimatías con esa admirable destreza que ha conseguido durante el sistemático ejercicio de cargos públicos de hablar durante minutos girando en torno de palabras que se van moviendo hacia algún lugar al que uno no termina distinguir.
A esta altura del correo ya te imaginás de qué va mi molestia ¿no? He participado de varias instancias así (mesas de trabajo) desde que Susbielles salía del ARI (de cuya matriz ideológica jamás se despegó). Primero con el Instituto del Bicentenario. Después desde el Consorcio de Gestión del Puerto. Después en la UNS desde “grupos de trabajo” durante la última campaña electoral para “pensar la cultura” y así “encuentro” tras “encuentro” de esto y lo otro.
Se ve que el formato le resulta porque lo repite y no muchos se quejan. Algunos se sienten honrados en la convocatoria profiláctica. ¡Me han convocado, me han convocado! Está barato ingresar al mercado de los prestigios.
Te ponen a hablar dos minutos (porque no vaya a ser que se extienda el pensamiento; rapidito y liviano todo). Después arman un grupo (con perdón de las palabras) o una serie de “lluvia de ideas” y aparece pelotudamente un grafiquito que dice “democracia, diálogo, amor, ciudadanía” y todas cosas por el estilo. Esto ocurrió de una manera muy bizarra durante la pandemia.
“¡Digan lo primero que se les venga a la cabeza sin pensar mucho cuando hablamos de Bahía Blanca!”.
Después la puesta en común.
Es decir, la participación política de la comunidad reducida a una fichita para rellenar con lo primero que se nos venga a la cabeza sin pensar demasiado.
Ya no se trata, querido amigo, del mero funcionamiento de la democracia formal, famélica, raquítica que padecemos como país. Aquí se trata de otra cosa: ni más ni menos que la expresión farsesca de un proyecto político que hace “como que” incorpora las opiniones de las personas e instituciones y, sin embargo, entre elección y elección, excluye sistemáticamente los puntos de vista vertidos en cada encuentro.
Sí, nos toman el pelo porque nos invitan a “debatir”. No se debate nada. Sacan flor de foto “representativa” de la cultura en la ciudad, después se cagan en todo lo vertido (ya que hasta la próxima elección eluden las opiniones de todos con renovada elocuencia) y llevan adelante un programa político de continuidad neoliberal basado en el financiamiento de “Proyectos” en el contexto ideológico del infame concepto de industrias culturales.
Tonces vos decís ¿para qué voy? Medio al pedo. ¿No? Tenés razón. Por eso dije algunas de estas cosas y me fui. Tal vez, íntimamente, uno va porque tiene la irracional esperanza de que el milagro de la política ocurra. Y ocurrirá seguramente… pero no será en esos ámbitos.
Por otra parte, estas mesas de trabajo (también hubo en salud –a cuyos trabajadores organizados en CICOP han desoído con coherente vehemencia– y otras yerbas) implican el comienzo de la campaña. Por esas mismas horas, el gobernador Kiciloff hacía lo propio con su espacio político.
Si vas a hacer foto de campaña, democracia representativa y hacer como que participamos (pero después se cagan en lo que decimos), es decir, si vas a hacer actitos de campaña ponele el nombre de campaña y no hagas como que te abrís a la participación democrática; al menos honestidad para que la bufonada nos encuentre con la vestimenta adecuada: nos calzamos el motley y sonreímos al funcionariato.
Algo de bufoneril hay, ya hablando de nosotros como pueblo, debemos reconocer autocríticamente. Porque les sale muy barato no hacer nada. En materia cultural (otro día podría ahondar en este asunto, si querés) el plan general no ha sido mucho más que el desarrollo de una suerte de casalismo light (fiesta de cufalito, precarización total, falta de reconocimiento de los organismos públicos, política para Instagram pero cero construcción social que pueda ser tenida verdaderamente en cuenta como una política transformadora, cargos de gente que está a cargo de cosas que no se sabe qué son, y de fondo el enfoque neoliberal de industrias culturales como motor de la actividad). En algunos casos, Martirena tomó ya no del casalismo sino directamente el ejemplo -sin mediaciones- de la abominable Morena Llanca, que fue la única funcionaria que, en lugar de tomar las decisiones del Consejo Cultural Consultivo respecto de la selección de proyectos del FMA, desoía a ese órgano de participación (nuevamente tomada de pelo) y elegía lo que le venía en gana y de ese modo repartía los recursos públicos. En este aspecto, y estamos hablando de algo descriptivo y constatable, hay plena identidad.
A todo este tipo de cosas nos sometemos nosotros mismos. El tiempo pasa y la memoria es corta, pero sin pretensiones de estirar demasiado el brazo por el curso de la historia, deberíamos señalar por ejemplo que el director del Teatro Municipal (que dirige un teatro inexistente de cuya suerte como ciudadanía estamos absolutamente desinformados) es el responsable político de un incidente laboral ocurrido en el teatro (entonces existente); que llevó a un trabajador de la cultura al hospital con traumatismo de cráneo.
El día siguiente, en conferencia de prensa, Kamerbeek dijo “el protocolo funcionó bien” (se refería al de salud, porque claramente el del teatro no). Se desligó aclarando que “yo no estaba” y relató –como si no tuviera nada que ver y fuera un mero comentarista sin responsabilidad sobre un suceso del cual claramente lo es- que el bailarín “estaba en el escenario bailando y cayó en el foso”. La cosa le pasó al tipo que se cayó. O sea que la culpa del tipo. ¿Che y no será que para que ocurra un accidente tienen que darse las condiciones físicas? Esto es: las condiciones para que no caigas al vacío; esto es: que el foso esté cerrado. Es una obviedad de lo más evidente en cualquier ámbito laboral que hay responsabilidades en esto.
Cuando la prensa le pregunta si fue “un error humano o un mal cálculo” dice que sí pero que no puede afirmarlo.
Luego explica que el foso se puede tapar y destapar, lleva su tiempo de armado y desarmado. “En esta gestión hemos tenido el foso destapado, después se destapó y se volvió a tapar hasta el lunes que se destapó, porque el lunes hay función”.
Y en esta explicación que el propio director de un teatro que no existe desplegó aparece claramente de qué hablamos cuando hablamos de responsabilidad política. ¿Quién es responsable de las decisiones que se toman y se dejan de tomar? ¡Sí, Manolete! El director del teatro.
Lo cierto es que, si en ese momento hubieran estado a cargo de cultura Margo, Morena Llanca (que ahora cuida nuestros derechos en la OMIC por un acuerdo en el HCD) o algún otro secuaz de esa runfla que tanto daño hizo a la organización comunitaria de la cultura en la ciudad no cabe la menor duda de que, ante la rotura de cráneo de un compañero hubiéramos pedido inmediatamente la renuncia del funcionario y de hasta del director de Cultura.
Lo bufonesco en esto aparece en cierta doble vara ante la misma situación: acá nos hicimos los distraídos y aquí no ha pasado nada. Todo le sale muy barato a la actual gestión. Si esto hubiera pasado, por caso, en la universidad, sin duda la institución debería hacerse cargo de la situación de salud, gastos, etc. Se trata de un incidente laboral ¿qué duda cabe? Y por supuesto en este caso no se hicieron cargo totalmente, acercaron alguna ayudita (pero no del modo que corresponde a un incidente laboral) y las propias organizaciones populares hicieron un esfuerzo por juntar la guita.
Pero “el protocolo funcionó bien”. Lo más o menos decente (lo básico y de manual en estos casos) hubiera sido el ofrecimiento de renuncia motu proprio; no la conservación del cargo.
Dicho de otra forma, nos toman el pelo porque nosotros ofrecemos la cabeza.
Después de las declaraciones del director del teatro sin teatro, en la conferencia de prensa, la directora de cultura dijo cosas que no logré comprender.
Los organizadores del festival no levantaron sus armas en defensa de su compañero ante la responsabilidad patronal del incidente que, de nuevo, llevó a un laburante de la cultura al hospital con fractura de cráneo.
Está todo bien y todo sigue funcionando.
A mí me da vergüenza. Porque yo he visto a los mismos compañeros que durante el macrismo levantaban sus tonos y se organizaban contra el oprobio, guardar riguroso silencio ante una situación igualmente oprobiosa. ¿Qué les pasa?
Observación aparte: si lleva mucho trabajo el actual sistema de tapado de foso, pues inviertan en algo mejor. Siempre y en última instancia, por acción u omisión, la responsabilidad política es del estado que administra el teatro y de manera directa de su director.
Bueno, ahí andaba lo más campante por las “mesas de trabajo”.
Memoria, pobre memoria. Selectiva memoria; cosas del diván de la subjetividad política.
El otro día recordaba que en otras épocas sostenía –el director del teatro sin teatro- (cuando él no era parte del gobierno) que el Teatro Municipal de Bahía Blanca debería pagar cachet a los artistas además del borderau. Sostenía que esta debía ser una lucha de los trabajadores de la cultural.
Luego asumió el cargo y la tortilla se dio vuelta. Yo no entiendo cómo es que luego se se sienten parte de una tradición política que comenzó con la premisa: “me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”. La tortilla se dio vuelta.
Por último, paparulo, la invitación es una tomada de pelo porque si quisiéramos discutir verdaderamente cómo se construyen las representaciones culturales y políticas de esta ciudad entonces deberíamos asumir y denunciar que el relato hegemónico de qué es esta “ciudad- puerto” se elabora en ningún otro lugar que no sea el acuerdo entre los partidos de gobierno, la Unión Industrial de Bahía Blanca, Dow y el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca.
Punto.
Ahí está el equivalente a Massot de la burguesía actual con su maquinaria de producción de sentido (los medios que compró y forjó) construyendo la representación de esta ciudad. Ahí están todos los candidatos besando su anillo.
A nosotros solo nos queda llenar papelitos en “mesas de trabajo”.
Esto no es un problema de Martirena y compañía, solamente, debería aclararte. Esta es la política de Federico Susbielles, idéntica a sí misma desde hace unos quince años. Es un programa farsesco del ejercicio de la democracia que permite a los partidarios del oportunismo político conservar cargos y no modificar ninguna de las circunstancias estructurales que generan y sostienen un modelo que excluye a dos tercios de su población.
Lo mismo ocurre en los grupitos “de trabajo” que arman en materia social, infancias, mujeres, diversidad, etc. Pura pantomima. Yo prefiero que me digan que me van a cagar a que me traten como imbécil.
De más está decir que entre Susbielles y Milei no hay diferencias de matriz económica: ahí tenés el rigi, el super rigi y el super super rigi.
Te dejo porque se me están cayendo los últimos pelos que me quedaban y quisiera ocuparme de construir algo.
Abrazos socialdemócratas y besitos en la convención de la UNESCO.





