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Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que emigró a principios de año. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
Tenés razón. Es muy difícil informarse hoy. Estoy de acuerdo en casi todo lo que planteás en tu correo. Discrepo respecto de esa cuestión de que de alguna manera “hay que adaptarse”. Si bien te había prometido otra cosa, voy a dejar el tema de cómo me está yendo con el libro Oficios Subterráneos, que presentamos la semana pasada, para la semana que viene, así no hablamos de todo junto y le damos tiempo a este tema.
“El siglo XX ha constituido el período más extraordinario de la historia de la humanidad”, comienza afirmando el mejor vendido Eric Hobsbawn en la edición de bolsillo de Guerra y Paz en el Siglo XXI. ¿Esto parece un buen tema de conversación, no?
Incluso, para quien no haya leído de historia, este asunto le resultaría una novedad. Se estará anoticiando de algo nuevo.
Yo por ejemplo no estoy al tanto de la mayor parte de las noticias en materia de física y química de los últimos cincuenta años.
Martín Caparrós dice que lo que intentó inventar durante toda su vida, en cuanto a su propuesta estética narrativa, es en rigor algo que había leído hace muchos años atrás cuando por primera vez tocó las hojas del 18 Brumario de Luis Bonaparte.
Esto nos trae la siguiente noticia: cuando hemos trabajado años para inventar algo y lo logramos, podemos llegar a sorprendernos de que nuestra creación es, sin embargo y a su vez, nada menos que un recuerdo. Y no hablamos aquí del río del olvido de la mitología griega; no es un recuerdo en el sentido de que “conocer es recordar” sino simplemente de cómo se constituye nuestra psique y nuestra materia que constituye la fuente de deseo de la que sacamos vida para crear.
Construimos futuro con barro que recogimos del pasado y en ese presente en el que lo hacemos se da lo que llamamos vida.
“Lo que creemos que estamos inventando –y que vale la pena– en general ya fue inventado y vale la pena buscar en esa fuente la inspiración para hacerlo mejor”, dice Caparrós, esta semana en un fragmento de entrevista que anda circulando. Y se refiere a la mezcla de géneros entre crónica y ensayo que había logrado Marx.
Lo interesante de esta cosa íntima que nos cuenta este escritor es que a menudo olvidamos y otras veces no sabemos cosas, sucesos, cuestiones de verdadero interés público, humano y sapiencial para cualquiera que quiera vivir en este mundo. Hay que estar atentos a lo que se nos escapa o desconocemos, para vivir (mejor).
Yo propongo: una biblioteca está llena de noticias. Diríamos con mayor precisión: una biblioteca tiene más noticias que el informativo de hoy.
Acá uno se pone pedante y tiene que andar diciendo “tendríamos que definir qué es una noticia bla bla bli blu trin pú”. Bueno, capaz que no queda de otra.
A mí siempre me causó mucha gracia (me cagaba de risa mientras hacía mis primeras lecturas sobre periodismo) el Manual de Estilo de Clarín publicado en 1997. Decía: “Son noticias los sucesos que la opinión pública necesita (sic) conocer por su significación e impacto sobre: la actualidad cotidiana, la paz externa o interna, la vida social, la convivencia, las costumbres; o porque marcan tendencias que deben ser detectadas o investigadas”.
A cada aspecto de esto se le podría cuestionar ¿para quién? Necesita saber ¿según quién? Cotidiano ¿según quién? Paz ¿según quién? Convivencias ¿según quién? Costumbres ¿según quién? ¿Por qué marcan tendencias? ¿Qué tendencias? ¿Deben ser investigadas? ¿Según quién?
Bueno, pero más allá de este delirio vayamos a algo más clásico como el Manual de Periodismo de Leñero y Marín: “El periodismo es una forma de comunicación social a través de la cual se dan a conocer y se analizan los hechos de interés público“. O sea que es la estética de los periodistas. La forma (los géneros) a través de los cuáles la notica se dio, da y dará a conocer.
Tomá mate. Ta bien reconocer que no hay nada en esta práctica que tenga que ver con la verdad ni nada por el estilo sino con una construcción social y un modo de producción.
Sigue: “la información periodística responde a las preguntas esenciales de qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué respecto del acontecimiento social”.
Y acá ya cagamos porque la verdad es que en lo que se publica actualmente como “periodístico” ya casi nadie responde a estas preguntas.
En las escuelas de periodismo (que no sé por qué se estudia en universidades cosas como teorías de comunicación y otras que nada tienen que ver con el oficio del periodismo –ahí los tenés de columnistas de la nada con incapacidad de articular oraciones de corrido a los licenciados y doctores y posgraduados–) se ejercita la respuesta a estas preguntas con el fin de redactar noticias y de esta manera ir internalizando una forma de comprender el mundo y de transmitirlo a través de relatos.
La vía periodística, entonces: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. Por supuesto, se puede cambiar el orden de las preguntas según convenga al criterio de la redacción o qué tenga más peso en el relato pero no se puede soslayar la respuesta de ninguna de ellas.
Un conductor chocó frontalmente ayer en la Corrientes y Esmeralda. Alberto Hernández (34) dio positivo al test de alcoholemia.
Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué.
Si aplico esta visión periodística a lo que lea (si me pongo lentes de periodista) observaré el mundo de una manera menos obtusa que con los lentes de consumidor de lo que otros procesaron, separando cosa que pasó ahora de noticia o de noción de novedad.
Por ejemplo: los egipcios (digo los que estaban dominando antes que los griegos antes que los cristianos) utilizaban lo que hoy llamaríamos “magia” para transmitir conocimientos médicos en rituales y ceremonias porque no poseían los medios para dejar registros precisos escritos y resultaba éste (el suceso “mágico”, la ceremonia) el evento más efectivo para la preservación de esa información, de este conocimiento.
Si yo tengo esta noticia de hace cinco siglos, cuando leo que alguien (sin el conocimiento médico) hace un ritual que llama mágico para “curar” a otro alguien en la actualidad me daré cuenta de que eso no solo sería un retroceso (ahora se puede pasar la info a través métodos más efectivos y precisos) sino que es lisa y llana estupidez o engaño (porque no hay conocimiento en la “magia” sino mímica de algo que no tiene aplicación ni efectos en el estado de salud de la persona).
“Un estúpido hace movimientos sin sentido estafando a una persona enferma” sería la noticia en lugar de “se utiliza un viejo ritual para intentar curar a paciente”: Lo segundo es falso, por los motivos ya explicados (en el ritual no se ejecutan conocimientos terapéuticos).
(Podríamos no editorializar con la palabra “estúpido” y cambiarla por “sujeto”, pero se me escapó). Igual… estúpido.
Estar informado sirve para ver que donde veíamos “magia” estamos viendo “método egipcio de hace cinco siglos para transmitir tratamiento terapéutico”. Donde veíamos metafísica, por ignorantes (de un aspecto de una cultura), ahora observamos método de aplicación práctica.
¿Interesante, no?
¿Se podría hablar de esto en los medios de comunicación social en lugar de dar aire a terraplanistas? Se podría.
Tiré esto por tirar cualquier tema.
Pero, como decís, está difícil informarse. Los mismos recortes de audio que usa el programa de la mañana luego los escuchamos en todos los medios y los temas son cosas que dijo gente (ya ni eventos o sucesos).
Vamos a ponerlo así: si en el siglo XX la aparición de periódicos primero y radio después suponía la alfabetización y el crecimiento del coeficiente intelectual global (Efecto Flynn) y que ya nadie quedaría afuera del derecho a la información, a escuchar las mejores y últimas composiciones, a enterarse de los últimos avances científicos; en el siglo XXI (transitando en picada el Efecto Flynn Inverso); la aparición de las redes (anti) sociales y la agenda mediática generalizada que busca clic para cobrar -y no para informar-, para mostrar la necesidad de periodismo como vía pública de información, es la garantía de convertirnos en seres más estúpidos y en ciudadanos de menor categoría.
En estas condiciones de nulo ejercicio democrático, tres pitos importa la pelotudez que diga el concejal pirulo (que no sabe nada), el diputrucho paparulo (que no sabe nada) o el bestial Trump (que sabe qué quiere pero no sabe nada que nos interese para ser mejores).
Pero las agendas están hechas de estas cosas. Está bien: en vez de “tres pitos” podríamos citar a Noé Jitrick y decir: “son de escasa relevancia” (queda mejor, pero estoy seguro de que en la sobremesa él también decía “tres pitos”).
Si el zapping representaba una manera de estupidización más o menos reconocida por el estúpido que hacía zapping porque y que qué querés llego cansado y me quiero distraer (del mundo y de su responsabilidad para que el mundo sea este mundo) el escroleo resulta la práctica fantasmalmente orgasmática de la dominación de la subjetividad mundial. Zapping y escloleo son reflejos de dos momentos (comienzo del decaimiento del coeficiente intelectual global –años 70– y estado actual).
Por eso, yendo a la discrepancia, vos decís que hay que adaptarse. ¿A qué? El modo de producción es el molde que genera la cosa misma. Y si yo me “adapto”, pienso desde el modo sistémico; creo con las reglas del modo sistémico. ¿Qué querés? ¿Escroleo marxista? ¿Y qué revolución se hace con eso? Es como una cosa que vi el otro día: “aplicaciones para citas de gente de izquierda”. ¿Se puede ser más contradictorio? No hay cosa más de derecha que vincularse a partir de lo que se dice de las personas (y lo que dicen de sí mismas) en lugar de vincularse a partir de la práctica concreta y material de lo que se produce en cada vínculo que es único y genera una cosa original en sí misma, diferente a todo lo demás. Eso sí que es “claro y distinto”; como le gustaba decir a loco este de Descartes (que tan loco estaba que se perdía en su mente y hasta reafirmaba sus propias derivas mentales).
En fin, adaptarse, ¡nada! Porque la forma con la que construyo lo que voy a decir determina lo que voy a decir. Ya digamos de una vez: qué y cómo “no es lo mismo pero es igual”.
Estaba bien el título de aquel documental: “la revolución no será transmitida”. Pero ya pasó tanto tiempo de eso. Y tantos fracasos políticos de intentos que se autodefinían revolucionarios, sin luego haber construido balances colectivos que para qué te voy a contar.
Así que yo lo que te propongo es lo siguiente (disculpame que cierre con una propuesta, pero los curas y los comunistas siempre tenemos que terminar con una salida –o la ilusión de– para no enloquecer, porque si no nos deprimimos, nos descuidamos, nos distraemos y Stalin o Sixto IX asumen la conducción… y bueno, no conviene.
Lo que te propongo digo es: infórmate leyendo libros durante un año; si querés agregá “medios” de comunicación, un ratito. Pero infórmate de historia, de arte, de ciencia, de filosofía, de botánica, de la industria del caucho. ¡De economía! De cualquier cosa. Después me contás.
Agarrá el libro que tengas a mano y si no tenés buscá (no es necesario comprar una cosa para hacerse de ella).
Por ejemplo, mirá, acá a la izquierda de mi escritorio voy a manotear el primer libro que toque. La Constitución de la provincia de Buenos Aires. Voy a poner el dedo acá y voy a leer:
“Artículo 2: todo el poder público emana del pueblo, y así éste puede alterar o reformar la presente Constitución, siempre que el bien común lo exija y en la forma que por ella se establece”.
¿Sabías eso? ¿Y para que te sirve? Y para reconocerte como sujeto político, y en una de esas capaz que hasta como parte de la historia. O por ahí se lo contás a alguien cuyo derrotero se oriente en ese sentido. O quién sabe. Seguro es mejor que saber que “esta mañana se produjo un choque en Sarmiento y Zapiola”.
A mí me parece mejor estar al tanto de esto que de la última pelotudez que dijo Adorni. Porque si no a Adorni lo va a reemplazar otro Adorni… y vos vas a seguir leyendo lo que diga el medio que consumas o mirándolo en un short, reel o huevada de turno.
Paréntesis: ¿por qué si hay choques todos los días estos son considerados noticias, en el sentido de hechos que se destacan o salen de la normalidad? ¿No es normal que haya choques? La última noticia acerca de los choques (y ya tiene al menos cinco años) es que la gente es más borracha y más pelotuda y choca ya no entre sí (auto contra auto) sino contra sí topándose postes (auto contra cosas que padecen su condición de inanimadas).
Mirá, veo seguido por ahí la siguiente leyenda “más amor” (no aclara hacia quién ni de qué tipo ni por qué). Me parece bien que haya más amor (casi siempre). Pero yo diría que “más conocimiento” favorecería la posibilidad de mayor insuflación de amor (porque saber cosas básicas como el hecho de que se vive en comunidad y que el ser humano depende de otro desde que nace te hace menos agresivo al menos, cuando no más amoroso).
Sí, ya sé me vas a decir que no hay relación directa entre conocimiento y amor; que ya se ha escrito bastante acerca de cómo el iluminismo y el humanismo terminaron en este capitalismo terrible que no solo hambrea sino que utiliza a las personas como cosas y cuyo motor es la guerra.
Es cierto. Pero yo planteo que es condición necesaria. Al menos hoy… Me quedo pensando si estoy razonando bien y espero tus críticas, que casi siempre me aportan (salvo cuando reaccionás enojado).
Dicho de otra forma, un poco menos de pelotudez en el mundo es una consigna que facilitaría todas las otras cosas buenas que deseamos.
No espero eso de ninguno de los medios de comunicación social que hoy están ocupados en hacer cortes de materiales que ni llegaron a escuchar.
Perdón el ímpetu, es que este tema me crispa. Hace tiempo que no estoy al aire haciendo periodismo porque el aire no permite hacer periodismo. Las reglas de lo que “hay que hacer” para ser visto, escuchado o leído son una invitación a repetir cosas sin pensar; a cierta imbecilidad consuetudinaria.
Te dejo que me extendí, y si sigo me voy a perder el informativo.
Abrazos en la volanta y besitos en la bajada.






