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Hablemos del ajuste

delacalle Ninguno 18 septiembre, 2018 - 3:10 pm en Opinión

(Por Facundo Muñoz) Son las seis de la tarde… el sol empieza a caer. El paisaje es el de un barrio de nuestra ciudad… Villa Nocito. Allí se pueden ver casas sin revoque, a medio terminar, en las que viven personas a las que el Estado no toma en cuenta y la sociedad mira con prejuicios.

Ahí, como en tantos otros barrios de la ciudad viven las pibas que se ven forzadas a la maternidad porque no tuvieron acceso a la educación sexual pero que para muchxs es más fácil decir que “se embarazan por un plan”. Ahí también viven los pibes con gorrita que si los ves en el centro te cruzas de calle porque quizás te roba o quizás no, pero más vale prevenir.

También están lxs jubiladxs que cobran la mínima y mes a mes se debaten entre comprar comida o comprar medicamentos; comprar medicamentos o comprar comida. Y a los que, por suerte, PAMI les sigue entregando los bolsones de alimentos, bolsones que cada vez tiene más sabor a poco.

Desde hace un tiempo el paisaje dejó de tener calles de tierra. Ahora, tiene calles de asfalto. Pero lo que llama la atención no es el asfalto, sino que son contadas las esquinas en las que no hay un desborde cloacal.

La novedad este año fue el humo que se ve por las noches. El humo de las salamandras que la gente tuvo que volver a usar porque las boletas del gas son impagables. Y no hablemos de la luz: $14000 y un aviso de corte, $5000 y un aviso de corte, $2800 y un aviso de corte, $900 y un aviso de corte. Y al final la cortan. Y la gente se engancha. Y viene EDES y la vuelve a cortar. Y la gente se vuelve a enganchar. Y un día EDES no la puede cortar más porque, por una falla, la casa se prendió fuego y los que tenían poco, ahora no tienen nada.

Otra novedad son los carteles de “SE VENDE”. Porque sí, la gente en estos barrios vende sus casas pero no para invertir, las venden para comer y se van a vivir a lo de una abuela o una tía y de repente en una casa en la que vivía 2 o 3, ahora viven 10. Porque de esa manera pueden asegurarse de comer una semana de corrido o, por lo menos, asegurarse de que los pibes coman una semanas, mientras los grandes se arreglan a mate y galletitas.

Y así van pasando las horas y los días. Mil… Mil días de gobierno, mil días de ajuste, mil días de hambre… Yo creo que de esto hay que hablar, yo creo que hay que hablar del ajuste. Hablemos del ajuste, pero hablemos del ajuste en serio.

No nos quedemos en el debate de si el dólar sube y por qué sube, que la importación aumenta y la exportación baja, que si el acuerdo con el Fondo es bueno, malo, regular o… porque esta gente el único debate que tiene a diario es si sus hijxs van a poder comer en la casa o van a tener que ir a alguno de los merenderos del barrio. Hablemos del ajuste. Pero hablemos en serio.

Hablemos de lxs pibxs que van a la escuela con hambre o con las zapatillas rotas. Hablemos de los comercios que bajan la persiana para no levantarla más. Hablemos de la gente que se endeuda para comer.

Hablemos de las mujeres que van con la cara reventada a hacer una denuncia y las vuelven a mandar a la casa con el violento porque “no las pueden ayudar”. Hablemos también de la militarización extrema que hay en los barrios con la excusa del combate al narcotráfico y que son esos mismos policías los que cagan a palos a los pibes que están en una esquina tomándose una birra.

Hablemos de esto ya, con urgencia. Y hagámonos caso de la parte que nos toca. Porque quien hoy nos gobierna no se levantó un día y se dio cuenta que era presidente. No, es presidente porque lo votaron. Ustedes lo votaron. Entonces háganse cargo de que ustedes votaron esto. Háganse cargo de que ustedes votaron hambre para el pueblo.

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