Pescados

Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que acaba de irse al exterior. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.

Querido amigo:

Gracias por aguantarme la semana pasada. Con el tema del feriado se me hizo difícil sentarme porque, para quienes trabajamos juntando los recursos día a día, se nos complican estas coyunturas. Ahora sí, acá estamos.

Bueno, en el primer correo afirmé que no te iba a extrañar porque siento que estás acá. Y si bien esto es cierto simbólicamente, lo contrario también es cierto concretamente: no estás acá y entonces a veces se me da por ir a buscarte en cosas tuyas. Por ejemplo, libros.

Ayer encontré una antología poética de Héctor Yánover que me dejaste. Linda antología. Cuestión que en la aclaración que el autor introduce a la primera edición, dice: “Lleva tiempo entrar en el lenguaje y el clima de un poeta, por eso poesía, más que lectura, es re-lectura. Volver”.

Y a mí se me da por pensar que está pasando algo parecido con la escritura no poética, con la escritura acerca de realidad. Con la crónica, digamos. Vos y yo ya cumplimos cuarenta y hay eventos que pasan y pasan y pasan pero lo que vuelve (o no) a ocurrir no es el hecho (que es parecido al anterior pero no es igual) sino los significados asignados en las lecturas y las relecturas.

Al final los posmo a veces parecen tener razón: lecturas, todo está hecho de lecturas (al menos en este mundo tan falto de sustancia).

Me fui a otro libro que te dejaste (o que yo “me olvidé” de devolverte, je). Las lecturas reponen información que no están en los textos, explica Piglia en el prólogo a los cuentos completos de Walsh, editados por De la Flor. “Una lectura capaz de reponer el contexto y descifrar los sobrentendidos de la historia”.

Ahí vamos. Tenemos entonces: en la realidad ocurren cosas repetidas que conllevan relecturas que deben ser elaboradas con la capacidad crítica de reponer contextos para descifrar cosas que no están publicadas en la historia.

Claro, esto lo proponía P para analizar la obra de ficción de W porque W era claro y preciso en su obra de no ficción. Pero ¿qué pasa cuando lo publicado en materia de no ficción carece de claridad, esconde los sobrentendidos y retira contexto para imponer un texto determinado? ¿Qué texto? En este caso, el texto no es otra cosa que una pobre redacción publicitaria de los patrones.

Si en medio del despelote que tenés para sobrevivir allá en tu nueva patria (no te enojes, es chiste) te hiciste el tiempo necesario como para ver aunque sea a vuelo de página las publinotas que la prensa local editó (casi sin distinciones) por estos días sabés que me estoy refiriendo a la Fiesta de Camarón y el Langostino. El Camaleón y el Langosfino, como le decíamos en chiste. Cuestión: todo el mundo disciplinado reproduciendo sin matices la línea construida bajo la prístina política de “responsabilidad social empresaria” del emporio portuario.

Texto: una fiesta nacional en la que se come camarón y langostino porque es localidad portuaria y hay música para festejar (alguien dijo por ahí “resistir” ¿resistir qué si se trata de hacer la venia al polo y su política?) y “acercar la cultura al pueblo” (puf-patapúfete-plim-plum-pam-gluc).

Contexto: fiesta nacional de carácter neoliberal en la que el estado hace contrataciones a productos musicales elaborados por el mercado concentrado, paga de manera desigual a los artistas de la localidad (y los programa en horarios inadecuados). Es como Scioli con los Pimpinela no más que no es Scioli y los productos son otros porque el mercado renueva su oferta.

Tengo que decirte algo acá que me da mucha tristeza. El problema no es tanto arriba sino abajo. Los de arriba siempre fueron los turros explotadores, contaminadores, oportunistas de siempre. Los de arriba hacen lo que hacen los de arriba. Pero abajo hemos cambiado: hace quince años se armaban bandas de música para denunciar la contaminación. Se cantaba “¿qué pasa en Bahía, qué pasa en Bahía?” y otras cosas. Ahora se arman bandas para encajar en los requerimientos del mercado y obedecer al patrón, chito la boca.

Quiere decir esto que el deseo que movía las voluntades, hasta hace poco, eran expresiones artísticas verdaderamente críticas. En cambio, hoy, el deseo (preñado de impotencia ética y estética) es trabajar para convertirse en los nuevos Pimpinela. ¿Qué triste, amigo, no? A mí por momentos me da bronca y revoleo cosas contra las paredes en mi soledad de casa vacía, y por momentos las lágrimas me empujan los ojos.

“Pop para divertirse”, hacen. Y es lógico porque vivimos la era Vainilla.

Dejame que agregue que no habría que dejar de decir que mientras toda esa guita la invierten en (ojito, ponete de pie que el término te encanta) “Industrias culturales” la política oficial del municipio insiste en precarizar a la Serenata Municipal (esto es destratar a nuestros artistas), no recomponer los talleres cerrados por el macrismo, destratar a quienes se organizan sindical y política, etc. Es decir, continuidad de la línea Casali por otros medios (por algo el rostro de Susbielles va a adoptando esa forma rodriguezlaretizada).

La fiesta del Camaleón nos dice pornográficamente “plata hay”; simplemente se cagan en nuestros derechos y argumentan como liberales (incluso abogados otrora “del movimiento obrero”, machitos para ir a descalificar gremios de la cultura, cagones con los patrones; más mojarrita que tiburón).

En medio de todo esto (que es neoliberalismo cultural puro y duro) se publica que la fiesta se hace en honor a… ¡los pescadores! Te juro que me dolió el hígado por varios días cuando leí esto. Podríamos ponerlo así, diplomáticamente: es al menos contradictorio enunciar que la fiesta se hace en honor a los pescadores dado que es organizada ni más ni menos que por sus victimarios.

Entendeme, cuando digo es organizada por no me refiero a la fachada de un club o algún alma vecinalista que llena los papeles: me refiero a quienes diagraman y financian la actividad con los objetivos que hemos descripto. Muy bien.

Porque salvo que estés tan desinformado como para pensar que vivís en otra ciudad, lo que hace a esta ciudad cuenta con una historia trágica y violenta (reponemos contexto) en la que el bloque gobierno, Consorcio de Gestión del Puerto y empresas del polo arremetieron contra la pesca artesanal de White, destruyeron un modo de vida comunitario (después digamos algo de esta palabrita) los persiguieron judicialmente (el mismo Susbielles les corrió la cara cada vez que reclaman) y, claro está, les contaminaron la ría ¿dónde pescar si no hay donde pescar?).

Todo es farsa. O casi todo. Lo que no es farsa es la intención original de la sociedad de fomento y de los radicales menemistas de los 90 de tirar una onda para hacer algo acá, en medio del malestar social generado por las empresas. Flouer tu de pipol. Pero de ahí en más, es todo hacer como qué.

Estamos ni más ni menos que bajo el texto elaborado por los dueños de los negocios (los públicos y los ocultos) de este puerto cada vez más oscuro. El contexto, bien gracias.

Ante la idea de que todo es político, Beatriz Sarlo solía declarar que basta con esa pavada porque si todo es político nada lo es y lo cierto es que la política tradicional tiene sus reglas bien concretas y claras, modos de acceso y posicionamientos (la fila de los obsecuentes y alcahuetes desborda).

Lo mismo podemos decir cuando nos referimos a la palabrita “comunitario”. No todo amuchamiento es algo comunitario, del mismo modo que no todo cacerolazo es “popular” del mismo modo que “la gente” no es “el pueblo” del mismo modo que “masivo“ no es “popular”:

¿Qué tiene de comunitaria la fiesta? Las cosas son según cómo fueron hechas. Y esta fiesta es elaborada por esa alianza entre poder político municipal y emporio trasnacional (recordemos que Susbielles, el buen gestor, fue el empleado de las empresas como administrador del Consorcio y ahora el interventor de las empresas en el municipio, hablando claro en términos políticos).

Esos tipos (los de las empresas y su proyecto político que conlleva 30 a 40 por ciento de pobreza estructural en la economía local) que son la desgracia de una ciudad cuyo puerto fue colonizado bajo las más estrictas normas del imperialismo clásico explicado en los manuales que circulan legal y públicamente, elaboran el texto: “fiesta comunitaria”. Los más atrevidos hablan de “resistir” ¿a quién si ha pagado el opresor más evidente toda la fiesta? Estamos bailando para el patrón (gratis, o barato).

Yo sé que te aburro porque todo esto es muy sabido y lo hemos comentado y hemos puteado juntos cuando leíamos las publicaciones del Consorcio. Sí. Pero ahora yo estoy leyendo esto en todos lados, incluso en publicaciones que dicen que son peronistas, progresistas, que hablan de derechos humanos, de justicia social y otras yerbas. Y están todas encolumnadas con estos criminales.

Yo no lo puedo creer. Me sigue doliendo el hígado.

Ahora, te digo una cosa. ¿Te acordás del escape de cloro del 2000 y de la pueblada? De entonces a esta parte estos miserables no hicieron otra cosa que fortificar su política de propaganda y se expandió a tal punto que el punto de partida de esa política publicitaria se olvidó: y el punto de partida es que casi nos matan y que son enemigos del pueblo, son contaminantes y destruyeron a los pescadores. Mierda los hicieron. Igual que a la ría.

Desde entonces, pusieron guita en publicidad y elaboraron esta estrategia y claro que tiraron la caña con un pesito por aquí y otro por allá (y lo digo en diminutivo porque la verdad que el alcahuetismo periodístico parece más vocacional que lucrativo ya que se trata de tan poca plata que da pena y ánimo de limosna).

Quiero decir, esto es el resultado de años de tirar la caña de pescar, por parte de ellos.

Hasta hace pocos, esa caña de pescar se tiraba y había un par de “comunicadores” que mordían el anzuelo porque comen lo que les tires (mierda o risotto). Pero de lo que estoy verdaderamente sorprendido es de la cantidad de pescados que se ha llevado esta política durante esta edición.

Pescados que, por inocencia, ignorancia o simple intercambio comercial han reproducido el texto del patrón olvidando el contexto y elaborando una lectura ahistórica que deja de lado todas las relecturas populares que se han hecho desde las organizaciones que han levantado la voz.

Además, lo hacen en nombre de lo comunitario. Tomá mate, decía tu nota. ¡Cómo la extraño! Y a sus flanes con doce huevos.

Hablando de morfi, la verdad es que si vos me invitás, capaz que allá te acepto. Pero acá, te juro que no como más. El olor a podrido que viene de la ría me cierra el apetito.

Socialmente, en este correo no encuentro elementos para decir algo que dé ánimos. Parece que la organización social se ha retirado y solo podríamos esperar la intervención mágica del Hombre Cangrejo, que es insobornable, porque es la ría misma.

Por lo demás, mediáticamente, ya no tenemos peces nadando en mares de información que salgan a la superficie a contarnos lo que han visto en las oscuras profundidades. Apenas contamos con un par de pescados.

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