Reynaldo Sietecase visitó Bahía Blanca y aprovechó la oportunidad para contactar a sus lectores y lectoras en una breve presentación de Periodismo, instrucciones de uso, un libro que prologó, compiló y para el cual escribió un ensayo. De la publicación participan Martín Caparrós, María O´Donnell, Hugo Alconada Mon, Ezequiel Fernández Moores, Cristina Alarcón, Martín Becerra, Leila Guerriero, Graciela Mochkofsky, Noelia Barral Grigera y Natalí Schejtman.

Entrevistado por Mauro Llaneza y Astor Vitali, el conductor de La inmensa minoría comentó en FM De la Calle los “ensayos sobre una profesión en crisis”.

Cansado de escucharme protestar contra algunas maneras en las que se hace el periodismo argentino, Raúl Carioli, director de Prometeo, me propuso escribir un libro. Lo pensé un poco y decidí convocar a una decena de periodistas a los que yo respeto, más allá de que con algunos tengo diferencias ideológicas pero los respeto por su trabajo riguroso. Y, además, elegí gente que hubiese escrito sobre periodismo. Creo que funciona como disparador para el debate. Hay textos que tienen que ver con la precarización laboral, con la concentración mediática, con la independencia, con el periodismo digital, el cliqueo, muchos aspectos. La idea es generar una especie de plataforma para la discusión con el eje central de que este laburo se puede hacer bien.

ML: En tu texto, y obviamente en la actividad cotidiana, hay mucha preocupación por el valor de la verdad, cómo se fue desfigurando el concepto y el rol de las audiencias. ¿Cuál es tu interpretación?

También lo toca Ezequiel Fernández Moores en el libro. Creo que se entró en una suerte de lógica bélica y, como dicen los corresponsales de guerra, cuando empieza una guerra la primera víctima es la verdad. En la Argentina pasó esto. Si bien no es un fenómeno local, eso termina afectando los contenidos periodísticos. Si uno deja de valorar la información solamente para afectar al otro, creo que hay una afectación de los contenidos. Y también del otro lado porque si se puede decir que la manera de comunicar está llena de mala praxis, hay una audiencia que en realidad no está muy preocupada por la calidad de la información que recibe sino porque esa información de alguna manera ratifique sus prejuicios y sus posiciones.

ML: ¿Por qué creés que esto es así? Comparando con otros momentos, ¿existía esa sanción al momento de cambiar de canal o de elegir otro diario cuando el producto periodístico perdía calidad?

Yo creo que se profundizó. Quizás existía antes pero no con este nivel de virulencia. Yo siempre recuerdo que Tomás Eloy Martínez cuando escribió su decálogo para periodistas, hace treinta años o más, en el primer punto decía que cuando un periodista trabaja mal él mismo es el principal afectado por eso porque pierde credibilidad, porque su nombre queda desprestigiado. Uno puede comprobar en los últimos años que no es así. Hay quien utiliza la información con algún objetivo político espurio, que informa más por su vinculación con gobiernos o empresas y les va bien. Tienen rating, ganan mucho dinero. Y logran eso, creo que con alguna complicidad de la audiencia.

Hay un sector de la audiencia que no le importa que le mientan, en este caso porque sus mensajes coinciden con lo que piensan. Es como un periodismo para la hinchada, son periodistas que trabajan para la hinchada, no la desafían.

Creo que cuando Tomás planteaba eso, en ese momento, un periodista que mentía no la pasaba tan fácil. Es un proceso que con el avance de las nuevas tecnologías se fue consolidando.

ML: Saliendo de los medios, ¿qué impacto ves en el propio debate público o democrático?

Una cosa es que un político trabaje para su hinchada o para fidelizar a un sector de su electorado, eso es totalmente válido. A mí me hace un poco de ruido cuando en nombre de mi ideología, de pronto miento. Hay una falta ética. Yo no creo que un periodista sea mejor o peor que un albañil o un maestro. Sí tiene un compromiso ético mayor porque está trabajando con información que hace mejor o peor el sistema democrático.

ML: Mencionabas el tema de la precarización, que está muy bien planteado en el artículo de Noelia Barral Grigera, y es interesante cruzarlo con el de Natalí Schejtman y ver cómo impacta en esta nueva modalidad el periodismo digital, que a su vez viene con una gran cuota de precarización en cuanto a lo laboral. Ahí se habla del periodismo de escritorio, de otras formas de trabajo que también precarizan los contenidos. ¿Qué mirada tenés sobre eso?

Cuando armé la lista de nombres y de temas me di cuenta, charlando con Martín Becerra, especialista en medios de comunicación, que nos estaban faltando dos temas que ninguno de los periodistas que estábamos llamando podía tratar bien. Uno es el de la precarización laboral: acá necesitamos a alguien más joven que, además, haya vivido este proceso donde, de pronto para poder sobrevivir, para ganar un sueldo digno tenés que trabajar en tres lados, si tenés suerte de trabajar en tres lados. Eso implica trabajar mal en tres lados: no tener tiempo, que te sobrexploten, etc. Entonces se nos ocurrió llamar a Noe.

Y a Natalí porque también nos interesó mucho las redacciones digitales que en principio van lentamente remplazando las redacciones tradicionales, pero para mí con muchos vicios. Si vos me pedís que en una tarde escriba diez notas, es muy difícil que pueda ir a la calle. Entonces, termina escribiendo lo que lee en otros portales. Si hay una toma de una fábrica o un corte de ruta, no sé si lo va a contar por lo que lee o ve en la tele, por ejemplo. Ni siquiera llama a alguien y habla con un dirigente o con los afectados. Creo que es una situación muy delicada la que está pasando con la información de la redacción. Los periodistas ya no salen a la calle, no hablan con nadie.

Natalí también cuenta muy bien cómo se estructuran las noticias. No hay un editor que selecciona las noticias más destacadas del día, lo va decidiendo el cliqueo, que es otro fenómeno muy singular también. Lo cuenta muy bien Martín Caparrós: el periodismo clic. Ya no hay un editor que dice esto es lo importante sino que los algoritmos van decidiendo por palabras u otras cuestiones, van determinando qué es lo importante y qué es lo que encabeza un portal digital.

ML: ¿Sigue siendo periodismo eso o es otra cosa?

Y… a veces es difícil calificarlo así. Pero bueno, tiene ese paraguas de periodismo. Está bueno que lo podamos ver críticamente. Por eso el libro se mete con una mirada crítica sobre estos temas y el intento de debate. Que no pase de largo, tratar de transparentar: esto pasa así. Si uno revisa los portales digitales se da cuenta que la mayoría de las noticias no son las que uno publicaría.

Son desafíos grandes los que se vienen. En ese marco, hay una cantidad de medios alternativos que están generando periodismo de otra manera. Porque no es que el periodismo está en crisis sino que está en crisis una manera de hacer periodismo.

AV: Te suelen presentar como periodista y escritor. Solés decir que preferís pensarte como poeta, escritor y periodista, en ese orden. Por lo tanto, la pregunta no tiene que ver con tu artículo sino con algo que valorás que es la belleza. En el libro, Cristian Alarcón plantea que parte de los desafíos del periodismo están imbricados con en el tema de la belleza, con lo estético. Cada formato tiene su lenguaje y sus herramientas estéticas. ¿Cuánto de eso te preocupa, te ocupa en tu propia práctica y considerás que mejora el producto periodístico?

Eso es muy importante. Incluso en el libro les pedí a todos que estuviera escrito en primera persona –algunos ya lo venían haciendo- y en periodismo narrativo para que los textos, independientemente del interés que puedan generar a algún lector vinculado al tema de la comunicación, también sean atractivos en general.

Para mí el tema del cómo es muy importante, muy trascendente. Ahí la gente de Anfibia está haciendo una búsqueda, incluso una búsqueda perfomática, un laburo realmente muy interesante.

Siempre hay que estar atento a eso, no solamente a la verdad. Un título es importante, el formato. No importa si el compromiso es con la ficción o con algo verdadero. Me parece que nunca hay que descuidar lo estético.

AV: ¿Qué importancia tiene para vos que el periodista, la periodista, más allá de que esté escribiendo ficción o no, tenga al menos a la literatura como insumo? Es decir, que lea, que se provea de una cantidad de herramientas para su propia práctica…

Eso me parece fundamental. Yo recomiendo incluso la lectura de poesía. En principio leer todo, lo que se pueda. Pero la poesía es muy útil para un periodista. No para que se dedique a la poesía pero, por ejemplo, para uso de metáforas, comparaciones. Para mí es muy importante la literatura para cualquier periodista.

El texto de Guerriero habla sobre ese tema. Cómo contar una noticia. Porque si vos arrancás a la mañana contando que hay ciento ochenta y cinco muertos de Covid, no te mueve un pelo ya. Pero si vos contás una historia con nombre y apellido: María Pérez, cuarenta y siete años, estaba sana, salió a trabajar temprano, se empezó a sentir mal a la tarde… cambia la cosa. El tema de cómo narrar también es parte del laburo y es muy importante y trascendente.

Porque además tiene que ver con algo que es ideológico, que es la empatía con la persona que vive el drama: una inundación, un problema, un despido. El otro día leí una nota y me sorprendí. ¿Yo dije esto? Dije que el principal problema del periodismo argentino era el ego. Y está bien porque es lo que dificulta empatizar con la persona que sufre, con la gente que está sufriendo el hecho que se narra.

AV: Hablaste de los medios alternativos en general. ¿Qué mirada tenés de la comunicación comunitaria, de la radio comunitaria que se hace en Argentina?  

Me parece un fenómeno extraordinario. Yo siempre me siento más cerca de la radio que de cualquier otro medio. Me parece que son claves. Por eso cuando ustedes me convocan yo soy el primero en querer participar porque sé que cumplen un rol esencial en general porque están muy involucradas con la comunidad en la que están insertas y además porque en general hay un tipo de mensaje que no aparece en los grandes medios.

Por eso es importante, después que terminó desbarrancando la ley de medios, que se contemple claramente la importancia del tercer sector, de lo que no es ni privado ni público pero que cumple un rol esencial. Yo creo que un tercio de los medios de comunicación tiene que estar en manos de este sector.  

ML: Pensando en lo que fue la ley, había algunos aspectos que tenían que ver con el sostenimiento de los medios. Hay una reestructuración a nivel mundial con la aparición de plataformas y el libro adelanta un debate vinculado a la forma de regular el peso que tienen Google o Facebook en la filtración de estas noticias y también en la pauta y el recurso económico. ¿Estamos muy lejos de esa discusión en Argentina?

Creo que empezó. Me dicen que algunos sindicatos estaban intentando impulsar alguna legislación. Empieza a pasar que en algunos países como Australia, Irlanda, comenzaron a discutir acerca de por qué Google o Facebook u otras plataformas usan los contenidos de todo el mundo sin pagar nada y se quedan con la gran torta publicitaria.

Empieza a aparecer esto de algún tipo de legislación que obligue a que dejen una parte y, en lo posible, que esa parte sea capturada por los medios alternativos que quizá necesitan algún tipo de financiamiento extra para poder seguir funcionando y que eso ayude a la pluralidad de voces.