Salir de la contrarevolución
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que emigró a principios de año. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
Bueno, está bien: el desgano es razón válida para no escribir. Entre amigos no hace falta justificar nada. De otro modo, se trataría de un vínculo regido por las normas de civilidad y, como hemos comentado más de una vez, la amistad es del orden de contracultural.
Allí donde la cultura (en un sentido freudiano) impone moral y represión, la amistad juzga pero acompaña. Así que retiro el reclamo con el que comnecé mi último correo.
Y gracias por decirme simplemente: “no tenía ganas” y por no bolacearme.
Me alegra que las cosas vayan bien con Samanta. Che, ¿no estaré por ser tío, no? Casi no me atrevo a decirte tanto pero.. te conozco, mascarita. Vislumbro algo entre líneas en tu correo y eso que vislumbro parece gatear.
Escuchame, de las cosas que me contás que leíste, me pereció muy acertado tu comentario sobre el capítulo 4 o 5 de ese libraco que escribió Padura (que está de moda parece -ahora que es piola ser crítico de Cuba-): El hombre que amaba a los perros.
Vos tenés razón, no hay ningún elemento estético ni argumentativo en ningún lugar de esa novela, en la que se nos acerca los padecimientos y creaciones del perseguido Trotski, que justifique injertar (y cuando se injerta algo se rompe el contorno en el que se agrega la cosa; y queda a la vista la cicatriz del encastre) semejante bajada de línea que corresponde más bien al género de comentario editorial de un períodico que al de cualquier otro de carácter narrativo.
¿Para qué? ¿Por qué hizo semejante cosa tan fea? ¿No alcanza con la descripción del estalisimo (por demás, muy efectiva, que hace Padura en el relato de la propia persecuión nada menos que a uno de los jefes de la revolución de Octubre, para describir con precisión de qué se trata la cosa cuestionable?
No. Ahí está ese capítulo que se parece más a una propaganda contemporánea que a las artes del buen escritor que por muchos momentos (son 800 páginas) logra don Padura.
Queda dicho: es mucho más efectiva la buena literartura que la propaganda. Por derecha y por izquierda. En esto estamos de acuerdo vos y yo (o estábamos, al menos, hasta que te rajaste). Por eso decimos: Meyerhold, sí; Tinelli, no.
Ahora, es un gran tema realmente el que toma y cómo lo trata (sacando esta crítica que hacés y que comparto). Trotski es un gran tema, por empezar. Pero el tema es ¿qué hacemos con la contrarevolución que viene al toque de la revolución?
Porque esto pasa recurrentemente. ¿Es un efecto o un decurso evitable? Lo que irrumpe como proceso revolucionario presenta derivas de reacción, sea en el bando de enfrente o sea en la conducción de las propias filas antes revolucionarias. Clavado que viene pasando así.
Nuevamente ¿una cosa es causante de la otra o se trata de derivas accidentales?
Y esto no es un problema meramente del marxismo (en el marxismo es más evidente porque hay más documentos y tecnologías que documentan la cuestión tales como videos, fotos, audios, etc., por una cuestión de época): por ahí tenés, por ejémplo, anteriormente a la revolución burguesa (que no ha terminado aún) y vimos cómo la libertad, la igualdad y la fraternindad terminaron en libertad de empresa, igualdad ante la ley de elementos desiguales ante la materia y fraternidad formal entre los principales accionistas de los principales conglomerados. Ahí lo tenés a don Napoleón, tachado en las partituras de Beethoven.
Ahora, este es el tema del momento me parece. ¿No hay revolución que aguante, viejo? Vos fijate que ahora estamos con todo este proceso que lleva como cuarenta años en el que la población se ha alejado de las formas de organización popular clásicas. Ahora vuelvo a hablar de Argentina.
Primero aparecieron los partidos en tanto aparatos vacíos, esqueletos de lo que alguna vez tuvo participación popular. Hablamos de los ochenta y noventa. Y ahora directamente aparecen estos monigotes ya sin partido ni nada.
Yo pienso lo siguiente, a ver qué te parece. Desde que dejamos (dejamos es, pongámosle, esta cosa que llamábamos “pueblo” -sí, capítulo aparte definir qué diablos es dios-) de pensar en términos revolucionarios lo único que ocurre es pensar en términos administrativos de un modelo que se instauró en el 75.
Fenómeno. Hasta ahí vamos todos y está todo el análisis sociozarasazológico de acuerdo.
¿Y ahora que fachamos? Ponele que hay lío de vuelta cuando se rompa al carajo esta ficción de gobernaliblidad neoliberal (que según el país tiene su presidente y nombre y caracterización determinada). ¿Quién gobierna? ¿Qué asamblea? ¿Qué poder militar? ¿Qué estructura? ¿Nos intervienen con capitales? Bueno eso en Bahía Blanca ya ocurre porque acá gobierno Dow.
Digo yo, además del tema de la discusión del problema del poder está el tema de qué hacer con el poder en tanto qué es lo que la población está dispuesta a hacer en un modelo político distributivo. Porque bien sabemos que en todas las revoluciones socialistas hubo que recular o llevarse puesta gente del pueblo para avanzar.
Tonces, el libro de Padura nos ayuda a pensar. La literatura ayuda a pensar en la política (en Argentina lo sabamos por la larga tradición ensayística) y particularmente, yo retomo la misma pregunta que vos hiciste hace algunos años cuando militábamos en la juventud comunista: ¿por qué los mejores militantes están en las bases y los más mediocres logran lugares centrales en las conducciónes?
Esta es una pregunta seria. Cosa golda.
Yo arriesgo esta tesis: hace más de un siglo que vivimos el coletazo de la cola del dragón contrarevolucionario.
Sí, sí, sí. Es más complejo, me vas a decir y yo te voy a decir que sí pero también te voy a pedir que te detengas un momento en esto: cuando la revolución social echa sus brazas en la caldera política todo hierve y los oportunistas se queman junto a los chantas y los ladrones.
Ahora, cuando en el ámbito social no hay ni memoria de la ceniza moviendo ninguna locomotora de ninguna Historia… Ahí estás listo porque las herramientas que el pueblo fervoroso construyó son ocupadas luego por el detritus de lo que otrora fue una dirigencia popular.
Y acá estamos.
¿Por qué más de un siglo? Porque después del 17 hubo que recular y porque después de Lenin, Stalin. La burguesía tomó la posta internacionalista y constituyó esta verdadera internacional de clase (de la de ellos) que es el mercado global; el proletariado se quebró en mil pedazos y fue debilitando sus herramientas. Tanto tanto que ahora “hacer cosas” o “militar” se trata de asuntos como publicar cosas en redes, votar cada dos años y cuidar la alimentación. Con eso estamos bien para convertirnos en un ciudadano bienpensante. Ya nisiquera hay que leer Página 12.
El tema es: salir de la contrarevolución. Porque es ahí en el lugar en el que estamos y del que no hemos salido.
¿Cómo?
Y bueno, por ahí tu próximo correo puede empezar por ahí, y me facilitás la tarea.
Que estés bien, chirifilo.
Abrazos reformistas y besitos en el centralismo democrático.






