Dragado de la ría: qué implica la profundización proyectada por el Puerto para Vaca Muerta
La profundización del canal de acceso permitirá operar buques petroleros de mayor porte desde Puerto Rosales y acompaña la expansión de la infraestructura para exportar crudo de la cuenca neuquina. La obra prevé remover más de 5,4 millones de metros cúbicos de sedimentos y extender las tareas de dragado sobre distintos sectores del estuario de Bahía Blanca.
Las consecuencias de Vaca Muerta no terminan donde comienza el oleoducto. La expansión de la producción petrolera redefine territorios alejados de los yacimientos y uno de ellos es el estuario de Bahía Blanca, donde el crecimiento de las exportaciones de crudo impulsa nuevas terminales, obras de infraestructura y ahora también una modificación de la principal vía de navegación del sistema portuario.
El Estudio de Impacto Ambiental presentado ante el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires fue elaborado por Reyes y Asociados Consultores para el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca (CGPBB) y detalla la planificación de intervenciones en distintos tramos del canal principal, además de mantener las profundidades en accesos, zonas de maniobra y sitios de atraque de Puerto Galván, Ingeniero White, Puerto Rosales y la Base Naval Puerto Belgrano.
El análisis explica que los actuales buques Aframax pueden operar con las condiciones del canal aunque con limitaciones operativas y dependiendo de las ventanas de marea. La profundización apunta a que también puedan ingresar y egresar buques Suezmax con un calado de hasta 15,7 metros. Esa necesidad aparece directamente vinculada a la expansión de la infraestructura para exportar crudo proveniente de Vaca Muerta desde Puerto Rosales.
La discusión sobre el dragado no es nueva en el estuario de Bahía Blanca. Entre 2011 y 2013, el proyecto para profundizar el canal a 50 pies (15,24 metros) impulsó una fuerte movilización de organizaciones ambientalistas, investigadores y vecinos, que cuestionaron sus posibles impactos sobre la dinámica del estuario y reclamaron una evaluación más amplia de las consecuencias ambientales. Esa campaña, sintetizada en la consigna “No al dragado, sí a la vida”, significó uno de los principales conflictos socioambientales de la región y constituye un antecedente ineludible para entender por qué debería abrirse nuevamente el debate con esta iniciativa.
El canal principal recorre cerca de cien kilómetros desde el océano Atlántico hasta el complejo portuario de Bahía Blanca. En ese trayecto atraviesa la ría que comparten Coronel Rosales, Bahía Blanca y Villarino, un entramado de canales naturales, bancos de arena, marismas e islas donde conviven la actividad portuaria, la pesca artesanal y uno de los humedales costeros de mayor importancia ecológica del país.
Desde el ingreso por el Canal Principal, la navegación bordea sectores como el Banco del Toro y el Banco del Oeste hasta alcanzar la bifurcación hacia el canal de acceso a Puerto Belgrano. Más adelante conecta con Puerto Rosales y continúa hacia Ingeniero White y Puerto Galván, donde se concentran las terminales cerealeras, petroquímicas, plantas de fertilizantes, instalaciones gasíferas y muelles especializados dependientes de mantener un canal con profundidades suficientes para el tránsito de grandes buques.
El documento sostiene que las distintas profundizaciones realizadas a lo largo de los años no alteraron de manera significativa la forma del canal. Esa conclusión se basa en la comparación de relevamientos batimétricos e imágenes aéreas de distintas épocas. Sin embargo, reconoce que el movimiento natural de los sedimentos hace que algunos tramos vuelvan a acumular sedimentos, lo que obliga a realizar dragados de mantenimiento para conservar las condiciones de navegación.
La obra de apertura prevé remover 5.446.673 metros cúbicos de sedimentos. El mayor volumen se concentra entre los kilómetros 39 y 63 del canal, aunque las intervenciones se distribuyen hasta el kilómetro 102. Para ejecutar esas tareas se utilizarán dragas de succión por arrastre (Trail Suction Hopper Dredgers), embarcaciones que aspiran el material del fondo mientras navegan, lo almacenan en una cántara y luego lo trasladan a los sitios de disposición autorizados. Los estudios geotécnicos incorporados al expediente concluyen que no será necesario utilizar dragas con cortador porque no se identificaron materiales de alta dureza en las profundidades proyectadas.
La profundización es solo la primera etapa. El EIA prevé un programa permanente de mantenimiento para conservarla. Según el expediente, esas campañas demandarán la extracción de alrededor de 3.015.917 metros cúbicos de sedimentos cada año, principalmente en el Canal Exterior, el Canal del Toro y los accesos a Puerto Rosales y Puerto Belgrano, además de los sectores interiores de Galván e Ingeniero White donde la sedimentación es constante.
El material dragado no permanecerá en el canal. Será transportado hacia áreas específicas de disposición. A los vaciaderos Alfa, Bravo y Eco, utilizados históricamente por el puerto, el proyecto incorpora un nuevo sitio denominado Foxtrot para absorber el incremento de los volúmenes previstos. La ubicación de esos sectores y el comportamiento posterior de los sedimentos constituyen uno de los aspectos que luego analiza el Estudio de Impacto Ambiental.
La elección de esos sitios, sostiene el docuemento, responde a criterios técnicos vinculados con la dinámica de las corrientes, la profundidad y la distancia respecto de las zonas de dragado. El objetivo es evitar que los sedimentos regresen rápidamente al canal. Aun así, el EIA reconoce que la descarga provocará un aumento temporal de la turbidez del agua y prevé monitoreos para seguir la evolución de los sitios de disposición y sus posibles efectos sobre el estuario.








