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El duelo imposible

delacalle Ninguno 28 julio, 2020 - 12:32 pm en Argentina, Derechos Humanos

(Por Francisco Tavaglione) Corría el año 1976 cuando a Juani (Juan José Córdoba), de 18 años, lo secuestraron los militares en la esquina de su casa, en Villa Nocito, Bahía Blanca. Se lo llevaron ante la atónita e impotente mirada de vecinos y familiares.

Al poco tiempo salió en algunos medios (Ej: El Popular) la siguiente noticia: “Fueron abatidos tres extremistas durante un enfrentamiento con la policía”. Entre ellos estaba Juani (los otros dos eran Carlovich y López). El hipotético enfrentamiento había ocurrido en Ensenada, a más de 600 km de donde fueron secuestrados. ¡Clarísima prueba de la complicidad de los medios en el blanqueamiento de las desapariciones!

Cielo y tierra removió su madre para que le entreguen el cadáver de su hijo, pero sin obtener más respuestas que risas sarcásticas, neta indiferencia o acusaciones del tipo: se hubiese preocupado antes. Pasaron cuatro décadas desde el día que se lo llevaron hasta que el Equipo Argentino de Antropología Forense halló en el cementerio de La Plata fosas comunes donde quedaban restos humanos sin identificar. Al parecer, cuando los militares se ocuparon de borrar las evidencias, les quedaron algunos cuerpos olvidados.

Un análisis demostró que el ADN de uno de esos restos coincidía en más de un 98% con el de la madre de Juani. Asunción había encontrado el cadáver de su hijo, 41 años después de su desaparición. Aunque la vida de Juani no sería devuelta, no es detalle menor que sus restos sí fueron enviados a Bahía Blanca, para que su familia y allegados le den una sepultura digna.

Un duelo se elabora a partir de ciertas referencias que permiten –dolor mediante- despedirse  del ser querido. Cuando un cuerpo falta, cuando alguien “no está en ninguna parte” –como dijo Videla, entre risas- la elaboración de esa pérdida se torna cuasi imposible. La esperanza de que se haya ido del país, de que aparezca con vida, impide llevar a cabo un duelo con normalidad. Sin duda, desaparecer gente no ha sido un efecto secundario de la dictadura, sino el objetivo principal para conseguir la consecuente devastación social y subjetiva de la población. ¡De este modo se perpetúan en el tiempo los efectos catastróficos de la dictadura, enquistándose hasta lo más profundo del tejido social!

El hallazgo y entierro de Juani permitió a su familia dar un cierre a aquel tormento. Con él, al menos se tuvo la posibilidad de darle un descanso en paz. Pero siguen habiendo desaparecidos, de antaño y de ahora, y es imperante que el aparato democrático reaccione con celeridad y transparencia, para evitar que esto siga ocurriendo. Hoy nos falta Facundo Castro, nos falta Julio López, entre otres tantos y tantas que suman a la enorme lista de quienes tienen una identidad, pero nos faltan sus cuerpos.

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