Ernesto Bohoslavsky, historiador e investigador del CONICET y del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, es especialista en la historia transnacional y comparada de las derechas del Cono Sur. En diálogo con FM De la Calle, analizó “Historias de las Derechas en Argentina: de fines del siglo XIX a Milei”, libro escrito junto a Sergio Morresi.
“En el 23 y el 25 una porción mayoritaria votó opciones de derecha. Si esa identificación se va a mantener lo sabremos con el tiempo. Creo que una parte de quienes votaron a Milei, lo votaron pese a Milei, pese a sus discursos sobre dictadura, pese a sus modos. Que es un voto relacional, para que no ocurra otra cosa. No sé si ese pueblo va a construir formas de sociabilidad, de identificación, sólidas con la extrema derecha o si buscará otras opciones. Es posible prever que las identidades políticas van a ir en un camino de creciente volatilidad”, afirmó Bohoslavsky.
En el libro editado por Fondo de Cultura Económica, los autores proponen pensar a las derechas argentinas como un espacio atravesado por distintas tradiciones y no como un bloque homogéneo. Identifican dos grandes familias: la liberal-conservadora, surgida a fines del siglo XIX y más vinculada con la tradición republicana, y la nacionalista-reaccionaria, de carácter más hispano-católico y crítica del liberalismo.
“Son dos sensibilidades de derecha que en general han tenido una relación difícil”, explicó el historiador. Las diferencias también alcanzaron a la economía: mientras la primera defendía una mayor libertad para los actores privados, la segunda proponía una organización más dirigida por el Estado y cercana a la doctrina social de la Iglesia.
A lo largo del siglo XX, esas tradiciones se enfrentaron, se acercaron y también se dividieron frente a acontecimientos centrales de la política argentina. El peronismo, por ejemplo, produjo una fractura dentro del nacionalismo reaccionario entre quienes entendieron que el nuevo movimiento recogía parte de sus banderas y quienes se mantuvieron fuertemente antiperonistas. Durante la última dictadura, por otra parte, ambas familias convivieron dentro del gobierno, aunque sin una verdadera convergencia: “Los gabinetes conviven, pero conviven mal”.
Para Bohoslavsky, además, la dictadura buscó algo que excedía un triunfo electoral: “Argentina no necesita un triunfo electoral de la derecha, sino un triunfo en el alma. Lo que efectivamente Martínez de Hoz ha llamado un cambio de mentalidad”.
Ese proceso implicó, según el historiador, un desplazamiento de la idea de un Estado central en la distribución de bienes y servicios y en la regulación de los conflictos hacia una concepción basada en la responsabilidad individual y la meritocracia. En paralelo, tras el retorno democrático, las derechas quedaron debilitadas a nivel nacional por su asociación con la dictadura, pero conservaron espacios de poder en distintas provincias y municipios. Esa presencia territorial sería, para Bohoslavsky, fundamental para su posterior reconstrucción nacional: “Esa serie de supervivencias a nivel local y provincial es lo que le permitió a la derecha finalmente articular propuestas electoralmente sólidas a nivel nacional”.
El recorrido también se detiene en el menemismo, al que el autor definió como una combinación inesperada entre un programa económico neoliberal y una forma de dominación política tradicional vinculada al peronismo. El menemismo logró apropiarse de “las consignas, de las demandas, de las banderas, de la derecha liberal conservadora” sin abandonar su identidad peronista ni su vínculo con el electorado tradicional del movimiento.
Más adelante, el historiador ubicó otro momento decisivo en la pandemia, cuando distintas corrientes de derecha encontraron un punto de articulación alrededor de la idea de libertad: “La libertad funciona como un articulador que permite que estén juntos tipos que hasta entonces se odiaban”.
En ese proceso de articulación aparece también una pregunta por las identidades políticas actuales.
Bohoslavbsky planteó que junto a grupos con identificaciones muy consolidadas existe una parte del electorado más volátil y consideró que esas identidades están cada vez más mediadas por las pantallas. “La definición de las identidades políticas se produce cada vez menos en la relación con seres humanos concretos. Y cada vez más está mediada por pantalla”, sostuvo.
En ese marco, señaló como un fenómeno particularmente significativo el hecho de que algunas personas comiencen a definir su voto a partir de conversaciones con inteligencia artificial, aunque remarca que todavía no es posible saber si las actuales identificaciones con las derechas se consolidarán de manera duradera.
Finalmente, abordó una de las preguntas centrales sobre el presente: qué puede significar una posible “impronta iliberal” dentro del liberalismo libertario. Su definición apunta a la tensión entre la defensa de la libertad económica y las instituciones políticas: “Significa esencialmente que en nombre de garantizar la libertad económica puedan vulnerarse las formas republicanas de organizar la vida política. Esto es permisos para derivas autoritarias en nombre de la libertad económica. Permiso para incrementar los niveles de represión o incluso la letalidad de la represión, silenciamiento de las voces opositoras, persecución a la prensa”.
Historias de las Derechas en Argentina. De fines del siglo XIX a Milei, escrito junto a Sergio Morresi y editado por el Fondo de Cultura Económica, propone así una mirada histórica sobre las distintas tradiciones de la derecha argentina y sus transformaciones hasta el presente.






