Ángel Cappa: “Hay que pensar y defender un fútbol diferente porque nos hace un poquito más felices”
El exfutbolista y entrenador Ángel Cappa participó de una charla virtual organizada por la CTA Bahía Blanca y FM De la Calle en la cual reflexionó sobre las relaciones entre fútbol, poder e intereses económicos que atraviesan al deporte más popular del mundo. Entre otras cosas, cuestionó el modelo impulsado por la FIFA, el rol de Donald Trump y Gianni Infantino y defendió al fútbol como un bien cultural y social que debe ser protegido.
Para Cappa, esta edición del Mundial sintetiza como pocos eventos la transformación que sufrió el fútbol en las últimas décadas. Lejos de considerar que el torneo fue pensado para mejorar la competencia deportiva, sostuvo que responde principalmente a una lógica comercial. “Es un Mundial del negocio”, resumió, refiriéndose al aumento de equipos y partidos, las pausas destinadas a la publicidad y la sobrecarga física que padecen los futbolistas. A ese escenario sumó una fuerte crítica al contexto político y a la influencia que, según su mirada, ejercen Donald Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
Esa lógica económica, afirmó, no solo afecta al espectáculo sino también a la formación de los jugadores. Cappa consideró que el sistema desalienta el pensamiento crítico y amplió esa idea al conjunto de la sociedad. “Nos educan para ser súbditos, no para pensar”, sostuvo. Se apoyó en conceptos de José Luis Sampedro y Paulo Freire para explicar cómo muchos futbolistas terminan identificándose con los intereses de quienes concentran el poder económico. “Si no educamos para pensar, el oprimido termina pensando como el opresor”, recordó.
En ese sentido, planteó que el fútbol fue perdiendo progresivamente los valores que históricamente lo caracterizaban. Según explicó, el momento en que las grandes élites comprendieron el enorme potencial económico del deporte comenzaron a apropiarse de él y a instalar una lógica empresarial donde el único objetivo pasó a ser ganar. “Le han transferido sus valores empresariales al juego”, afirmó.
Como contraste evocó sus primeros años en Bahía Blanca, cuando jugaba en el baby fútbol en Villa Mitre bajo la conducción de Roberto Cortina Bazán. Recordó que, incluso después de una goleada por 17 a 4, el entrenador les marcó que habían jugado mal porque el resultado nunca debía estar por encima del buen juego. “Esos eran los valores que había en el fútbol”, rememoró.
Las críticas también alcanzaron directamente a la FIFA y a su conducción: “Es una organización que tiene comportamientos mafiosos realmente”. Cappa consideró que Infantino profundizó las prácticas que prometía erradicar cuando asumió la presidencia del organismo.
Frente a ese escenario, el entrenador defendió el carácter social del fútbol y puso el foco sobre los procesos de privatización de los clubes. “Los clubes son nuestros. Y el fútbol es nuestro”, enfatizó. Rescató al fútbol como un deporte nacido desde los barrios, como una creación colectiva de la clase trabajadora, y remarcó que defender a los clubes implica también proteger otros bienes públicos amenazados por la lógica del mercado, como la educación, la salud y los recursos esenciales. Aunque reconoció que resulta difícil imaginar un fútbol diferente dentro del capitalismo, insistió en que la transformación debe formar parte de un proyecto de sociedad más justo.
Para finalizar, el ex entrenador volvió a poner el foco en el sentido profundo del deporte. Afirmó que, mientras para las grandes corporaciones el fútbol representa un negocio multimillonario, para millones de personas sigue siendo un espacio de encuentro, emoción y disfrute.
“¿Para qué sirve el fútbol? Para darnos un momento de alegría”, reflexionó. Por eso llamó a defender un modelo que priorice el juego por encima de la rentabilidad: “Hay que pensar y hay que defender ese fútbol que nos hace un poquito más felices, aunque sea por un rato”.






