“La clase trabajadora sigue existiendo, aunque ya no sea la del siglo XX”
La licenciada en Filosofía e investigadora Clara Aldea, especializada en filosofía marxista, sociología del trabajo y estudio crítico de las tecnologías aplicadas a los procesos productivos, es una de las autoras de Trabajar, resistir y organizarse. Experiencias del mundo obrero en Bahía Blanca, el libro colaborativo impulsado por Pablo Becher y Juan Soria. En su capítulo, analiza cómo las transformaciones del capitalismo, la automatización y la precarización reconfiguran la noción de clase trabajadora y los desafíos de la organización colectiva.
“La clase trabajadora arranca en el siglo XXI un poco pasada de moda como categoría para describir la realidad. Pero lo que quería mostrar es que todavía está vigente”, sostiene Aldea al presentar el eje de su investigación. Si bien reconoce que desapareció la figura tradicional del trabajador industrial, sindicalizado y con empleo estable, afirma que hoy existe una clase “más heterogénea, más feminizada y más precarizada” que sigue compartiendo una característica central: “Todos esos trabajadores siguen dependiendo, básicamente, de su fuerza de trabajo para vivir”.
La investigadora también cuestiona la idea de que las nuevas tecnologías implican necesariamente una reducción del trabajo humano. “La automatización no elimina el trabajo, sino que lo reorganiza”, explicó, y advirtió que, pese a los avances tecnológicos, “seguimos teniendo la jornada laboral de hace 100 años”. En ese marco, sostuvo que la disputa por el tiempo continúa siendo uno de los principales conflictos del capitalismo actual: “La huelga frena, establece un corte, muestra que los trabajadores tenemos la capacidad de apropiarnos de ese tiempo”.
En su capítulo, Aldea recupera además el valor de la memoria de las luchas obreras para pensar el presente y el futuro. “Las luchas obreras generan su propia temporalidad”, señaló y destacó que métodos como la asamblea, consignas históricas y fechas de movilización siguen funcionando como herramientas políticas. A esa mirada se suma una reflexión sobre el trabajo de cuidados y la reproducción social, una tarea que continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres y que resulta indispensable para sostener el funcionamiento del sistema productivo.
Respecto de las formas de organización, planteó que la creciente precarización dejó a gran parte de los trabajadores fuera de los sindicatos, pero considera que aún esos espacios siguen siendo fundamentales. “La desafiliación no es una opción”, afirmó. “Hay que volver a utilizar los sindicatos como espacios de organización, como el mejor espacio de organización que históricamente logró construir la clase obrera y que son espacios para dar las peleas del presente”. También identificó a las escuelas y los hospitales como ámbitos estratégicos de organización por su fuerte inserción territorial y comunitaria.
Al trasladar el análisis a Bahía Blanca, Aldea consideró que la ciudad ocupa un lugar clave por la centralidad del puerto y el polo petroquímico en la economía nacional. “Bahía Blanca es una ciudad que es una radiografía de la desigualdad”, resumió.
En ese sentido, afirmó que los trabajadores de esos sectores ocupan “posiciones claves” porque “pueden paralizar la producción no solamente de Bahía Blanca, sino de todo el país”, una capacidad que representa “el gran poder invisible que tiene la clase”.






