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“Hay que dejar de pensar que estamos ante una criatura vieja”

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delacalle Ninguno 27 octubre, 2017 - 5:55 pm en Argentina, Derechos Humanos, Entrevista, Locales, Noticias, Opinión, Política, Pueblos Originarios

(Por Mauro Llaneza) Luego de la victoria electoral de Cambiemos en los principales distritos del país, el profesor de la Universidad de General Sarmiento e investigador de las derechas latinoamericanas de CLACSO, Ernesto Bohoslavsky, dijo a FM De la Calle que “estamos ante un fenómeno político masivo, ante una maquinaria electoral exitosísima y eso nos abre a una serie de desafíos no solo acerca de cómo pensarlo sino de cómo taclearlo en términos más políticos”.

Desde las ciencias sociales propuso analizar las cabezas de los millones de votantes amarillos antes que las de la dirigencia PRO. “Parece que el nivel de antipatía que recoge el kirchnerismo en la Argentina también está operando. Hay gente que aún a pesar de que los números le dan mucho peor que hace dos años prefiere este camino porque entiende que es el que lleva a la muerte natural del kirchnerismo”.

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-¿Qué características tiene lo nuevo? ¿Cómo se compone esa sintonía con la mayoría de la sociedad?

Cambiemos o el PRO tiene una serie de novedades respecto a lo que habían sido las prácticas de las derechas en la Argentina que normalmente no habían recibido mucha simpatía popular, si uno lo mide en términos de gente que puede colocar en la calle o de votos que puede recibir en las urnas. Hasta la aparición del PRO, las derechas en la Argentina habían recibido escaso apoyo electoral, lo cual no quiere decir poco éxito político porque normalmente conseguían colocar sus hombres en los gabinetes con cierta independencia de quién había ganado las elecciones.

Estamos efectivamente ante una fuerza política electoral que de ninguna manera desdeña el camino de las urnas, va a su encuentro y le va bien. Entonces, como titularon Sergio Morresi y Gabriel Vommaro, el PRO es un partido nacido para ganar, un partido que juega este juego y le va bien y ha tenido la capacidad para sintonizar bastante bien una serie de deseos, de miedos, de antipatías y de expectativas de millones de argentinos.

Estamos ante una fuerza política inteligente y sensible, no es una pantomima, no es una caricatura. Es una fuerza política que llegó con intenciones de quedarse y que tiene una agenda de reformas probablemente más ambiciosa de lo que ha declarado hasta la fecha.

Vengo de las ciencias sociales, me interesa menos tratar de reconstruir qué tienen en la cabeza los dirigentes del PRO y más qué tienen en la cabeza los millones de votantes, cuáles son los miedos, las expectativas. Ese me parece un fenómeno mucho más interesante y mucho más difícil para abordarlo.

-Sobre todo porque un primer análisis suponía que el impacto negativo de las medidas económicas sobre las grandes mayorías iba a afectar futuros resultados electorales y sucedió lo contrario. ¿Qué hay en las cabezas de las y los votantes?

Estamos hablando de algo que hicieron millones de argentinos simultáneamente, por lo tanto, tiene que haber múltiples causas que están operando a la vez. Algunas de naturaleza más provincial o local y otras de orden más nacional. Es una obviedad saber que lo que a uno le ocurre en el bolsillo incide al momento de votar. Ahora, el punto es que no es lo único que incide.

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Ahí tenés, en efecto, un voto a Cambiemos que no tiene que ver con adhesión, ni siquiera con una valoración positiva de la gestión sino porque entiende que es un camino que lleva a eliminar al kirchnerismo como posibilidad política a futuro.

Después tenés un porcentaje de la población que sí adhiere a valores ideológicos que uno podría llamar de derecha o que tiene que ver con una agenda más conservadora. Entiendo, y lo muestran las encuestas, que es un porcentaje relativamente chico. Aquellos que tienen valores más duros de derecha. Digamos, la gente que está dispuesta a hacer una apología explícita de la dictadura en Argentina es una minoría.

En Cambiemos no vas a encontrar una apología de la dictadura, en general vas a encontrar más desinterés sobre el asunto, no van a desarrollar una política explícita contra los derechos humanos, simplemente no van a financiar nada en ese sentido.

Hay un conjunto de expresiones políticas que no tienen que ver con identificarse con valores de derecha sino identificarse con la antipatía por el kirchnerismo. Y esa identificación es tan fuerte al punto de que permite despreciar el impacto de las políticas públicas. Gente que te dice a mí me va mal pero prefiero esto porque el país va bien. Es algo que para muchos nos resulta esquizofrénico o absurdo pero que les funciona efectivamente a los votantes, a millones de personas.

¿Dejarán de votarlo? Es difícil de saber si un empeoramiento muy notable de sus condiciones de vida termina llevándolos a un comportamiento electoral alternativo.

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-¿Cuánto hay de individualismo o de aceptar la idea de la meritocracia o de la igualdad de oportunidades?

Todo eso pesa, pero yo no creo que el PRO lo haya inventado. Buena parte del problema de que nos estemos desayunando con estos resultados y con los de 2015 creo que tienen que ver con el hecho de que muchos teníamos una imagen de la sociedad argentina que no coincidía con lo que la sociedad argentina era en efecto. Creo que suponíamos que estaban mucho más consensuados y generalizados una serie de valores y la sopa que nos estamos tomando tiene que ver con que no era así.

En efecto, hay un peso del individualismo, una cierta convicción de que si se deja a los hombres librados a su suerte en el mercado terminarán triunfando aquellos que más se esfuerzan, aquellos que tienen más méritos, aquellos que saben aprovechar sus oportunidades. Es un poco lo que está detrás del discurso del emprendedorismo.

Me parece que estos valores estaban extendidos en la Argentina antes pero pertenecían al mundo de la experiencia más privada. Pertenecían a discursos más íntimos no al mundo de los discursos públicos. Hoy eso se ha modificado en muchos aspectos, qué se puede decir y qué no en público.

Hay una porción significativa de los argentinos que tienen unos valores, una serie de valoraciones morales que confluyen muy bien con la exaltación del individualismo, con la idea que en el mercado te va según se merece y no según tu lugar de origen. Ahí hay un punto duro de roer. ¿Cómo romper esa convicción de que si sos pobre es porque efectivamente no hiciste todo el esfuerzo que corresponde?

La Patagonia como laboratorio

Entre los estudios de Bohoslavsky se destaca su mirada sobre la realidad de la Patagonia. Al ser consultado sobre el escenario de las reivindicaciones territoriales mapuches y la desaparición forzada y muerte de Santiago Maldonado, brindó su impresión como historiador.

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“Toda la serie de discursos que se hicieron públicos o semipúblicos a través de redes sociales y de comentarios en los diarios sobre la desaparición de Santiago Maldonado, son un excelente laboratorio para medir cuáles son los sentidos comunes que están operando sobre qué es nación, qué es territorio, quiénes somos los argentinos, etcétera”.

“Es interesante también pensar cuántas de las reacciones sobre la desaparición durante casi 80 días de Santiago Maldonado nos ayudan a entender cómo es que nos imaginamos, quiénes nos imaginamos que somos los argentinos y también pensar cómo fue posible la dictadura del 76. Me parece que ahí hay una cantidad de elementos, desde psicológicos a culturales, que tenemos que revisarlos en algún momento para ver aquello que también somos. Aquel conjunto de sujetos que también forman la patria, aquellos sujetos que están en las antípodas en términos morales e ideológicos, por lo menos en mi caso, pero que son compatriotas que tienen una perspectiva muy conservadora”, agregó.

Bohoslavsky destacó que, “en esa perspectiva, la historia de los argentinos es una historia sin indígenas. Y cualquier percepción de reconocerles preexistencia a la Nación, incluso cuando esté consagrada en la Constitución, les parece que es definitivamente no solo antojadiza sino, además, inmerecida”.

“Volviendo a la idea de que a cada uno le va según su cantidad de esfuerzo y no según el punto de partida, está presente la idea de que si las comunidades de pueblos originarios son pobres es porque efectivamente son borrachos, vagos y mal entretenidos como se hablaba hace mucho tiempo”.

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