76 no, 60

Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que acaba de irse al exterior. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.

Querido amigo:

Por estos días todo el mundo habla de cosas relacionadas con los cincuenta años que pasaron del golpe del 76 aquí en nuestra patria. Bueno, en realidad, todo el mundo más o menos politizado; y por ahí de rebote llega a la población general, ocupada en menesteres de mayor urgencia como la mera circunstancia de sobrevivir. Al menos yo intenté hablar de esto acá con el verdulero y con la del quiosco y me hicieron sentir con cierta contundencia que no estaban muy en tema.

Pero los medios de comunicación tradicionales conservan el rol de fijar agenda y esta fecha resulta insoslayable para cualquier editor más o menos decente. Yo no sé muy bien si por el número redondo (cosa que les encanta –más difícil es pensar propuestas originales–) o por lo que significa. Porque ¿qué significa?

Pienso ¿qué significa para un pibe de 20 años hablar de los cincuenta años del golpe? ¿Qué significa para vos que estás en Madrid y el socialismo europeo resulta poco menos que una copia mal hecha de un curso de administración de empresas públicas? ¿Qué significa para la dirigencia política argentina, que se ha convertido en una suerte de conjunto de atletas compitiendo por cargos, sin más proyecto político que el de conservar el equilibrio del sistema que se instauró durante aquella dictadura?

Y bueno, significa lo que hagamos que signifique. De eso se trata la historia.

Yo pienso que, si queremos entender por qué hubo una dictadura (y vamos a usar el término con el que insiste Horowicz desde hace décadas) burguesa-terrorista, no debemos hablar de los setenta sino de los sesenta.

Es la acumulación política de aquello que otrora llamábamos pueblo lo que explica el disciplinamiento a través de la tortura sistemática y el terror organizado. No se entiende Videla sin Tosco y no se entiende Tosco sin la revolución cubana.

Por eso, esto es para otro correo pero te lo comento al pasar, me está dando asco el nivel de hipocresía de amplísimos sectores que se están haciendo holgadamente los pelotudos con hacer cosas concretas por Cuba ahora que su población realmente lo necesita. Tengo una bronca que me lleva al llanto. Hay más de (como decía el desconcertante Quique) un hato de hijos de puta que se llenaron la boca hablando de Fidel, llorando con sus discursos, blableando sobre lo revolucionarios que eran y ahora se esconden porque ¿por qué? ¿Les da vergüenza ser mal vistos? ¡Qué revolucionarios dietéticos! De estos cagones está hecha la mierda de la historia.

Vuelvo. No se pueden pensar los setenta separados de lo que produjo esa reacción neoliberal armada: la potencia revolucionaria de los sesentas. Si es cierto lo que decía Perón respecto de la necesidad de dar relevancia a la política internacional en lugar de detenerse en las minucias de la politiquería mediocre de los administradores de modelos locales, la dictadura se entiende solo si se comprende que el impacto de la organización popular (con todas sus líneas adentro, sin excluir a ninguna, para dejar de ser tan pavos y creer que se trata de tener razón cuando en rigor se trata de intentar comprender para transformar) puso en jaque el proyecto neoliberal con el que el capitalismo occidental pensaba imponerse en el contexto de la convivencia pacífica con el socialismo lealmente existente.

Si esto es así, quiere decir que la represión se explica centralmente como elemento para frenar con violencia un proyecto político ascendente. Enquilombado, sí… Pero ascendente y existente. Ese proyecto ha sido bautizado de diferentes formas: marxismo, socialismo nacional, justicia social, social cristianismo, etc. Como sea, ese proyecto no era este proyecto (el actual, el neoliberal, el que se impone desde entonces, con las desigualdades estructurales proporcionalmente intactas, con las fortunas fraguadas desde entonces).

La versión tristemente telenovelesca de un pueblo inocente (no culpable, inactivo, pacífico, inofensivo) reprimido de un momento a otro por un grupo de desquiciados ha sido ampliamente difundida durante los oficialismos democráticos y es una versión que sirve para incomprender con perfecta pericia, porque excluye la posibilidad de hacernos la siguiente pregunta: si este proyecto no es el nuestro, el de los sectores populares ¿cuál es el nuestro? ¿Por qué administrar neoliberalismos con políticas sociales? ¿Por qué aceptar aquello de capitalismos “humanos”? ¿Por qué no intentar nuevos proyectos no capitalistas? Socialistas, bah. A vos te lo puedo decir.

Son los sesentas los que nos permiten pensar dos cosas: 1) los por qué de nuestros propios errores; 2) los por qué de semejante represión.

Al respecto, hay una cantidad de libros escritos de todos los colores y matices. Algunos ayudan a pensar. Vos me has comentado que te parece un proyecto inacabado, algo así como que no se termina de entender el objetivo final pero yo sigo pensando que leer La Volundad ayuda a entender. Primero por el enfoque: empiezan desde la acumulación popular que va hacia el Cordobazo. Segundo porque desidealiza a una generación que tenía todos los problemas que tienen los seres humanos que intentan algo: contradicciones, visiones políticas acertadas y erradas y –subrayemos– los problemas de dirigencias infladas y mediocres que, desde la comodidad de sus privilegios, a veces hicieron lisa y llanamente cualquiera un poco cagándose en la vida de muchos (y muchos muy pibitos –no inocentes, porque eran luchadores, pero sí pibitos-).

Y bueno, ahí tenés una crítica que hace el liberalismo honesto al marxismo: las experiencias centralistas terminan en un verticalismo acrítico que, cuando hay una línea adecuada funciona debido a los altos niveles de convicción y de organización… Pero cuando la línea es errada el derrape es galáctico. ¿Qué hacemos con esto? ¿Nos hacemos los giles? ¿O buscamos construir mecanismos de democracia popular (propia, no de la formalidad tonta republicana) posibles que verdaderamente funcionen?

¿No hay que preguntarse, al menos preguntarse, por qué generalmente los mediocres terminan al frente de los partidos y no los cuadros más honestos, entregados y brillantes? Si se da como regla ¿no hay algo mal en el modelo de organización? Cuando hay excepciones la cosa coincide con revoluciones que sacuden el mundo (1917, 1959, tal vez otras).

Contra lo que piensa Milei, Maquiavelo no murió un carajo. Pasa que hay que leerlo, che. Hay que leer la lectura de Gramsci sobre El príncipe, también. Y el debate por la construcción de una dirigencia sólida, capaz, incluadicable no es una pavada sino una condición. Dice el italiano: “Se habla de capitanes sin ejército, pero, en realidad, es más fácil formar un ejército que formar capitanes. Lo demuestra el hecho de que un ejército ya formado es destruido si faltan los capitanes, mientras que un grupo de capitanes que estén de acuerdo entre ellos y tengan fines comunes no tardan en forma su ejército, incluso cuando éste es totalmente inexistente”. Pero Gramsci liga esta idea a la de que esos capitanes (estamos hablando de la dirigencia popular, se entiende) tienen que salir de la realidad material concreta: del pueblo (que hoy está excluido de los partidos, salvo excepciones). Eso está en sus notas sobre Maquiavelo. Ahora, los tipos de los cantris que ofician de diputados no me sirven che. Ya no son el pueblo ni laten con él.

Lo vamos a decir simple, tan estúpidamente simple que se hace difícil de refutar: para que exista una organización popular ésta tiene que contener pueblo. Si no es un mero sello que contiene una palabrita que no significa absolutamente nada. ¿No es cierto? Y las organizaciones populares han sido excluidas de las conducciones políticas.

Idealizar a las dirigencias sirve únicamente para no entender las contradicciones y para no resolver los problemas históricos que nos ayudarían a planificar políticas presentes. El sectarismo y la vanguardia autoproclamada de los cristianos hijos de la clase media paridos en Timote ¿no se ve expresado también hoy en el en sectarismo de funcionarios que viven con privilegios en barrios cerrados y hablan en nombre de “los sectores populares”? Pedrito no clavó un clavito.

Pero además no sirve porque niegan a las visiones críticas de la época. ¿O acaso no había la crítica de Walsh a Montoneros por alejarse de una postura que incluyera al pueblo (la salida política contra la militarista) o no había críticas al estalinismo de escritorio, al maoísmo de fotocopia, o no había crítica a la necesidad de pensar el problema de fungir en un militar conservador (Perón) el mote para conducir un proceso socialista.

A veces pienso que la escisión que hoy vemos entre lo social y lo político es herencia de esas prácticas que hablan en nombre del pueblo sin organizar al pueblo. No lo sé. ¿Vos qué pensás? ¿Te acordás cuando militábamos en la juventud y creíamos que la verdad venía escrita en la prensa del partido y con eso ya comprendíamos (repitiendo eso) al mundo? Claro, después entendimos que eso es lo contrario de pensar.

Te confieso lo siguiente, meu caro amigo: tengo mucho miedo de que estemos haciendo las mismas pavadas y caminado por los mismos senderos y repitiendo las mismas cosas que nos han llevado a la derrota, dando la espalda a nuestro pueblo y a su realidad actual. Veo dirigencias que repiten como máquinas una serie de cosas que son elementos con los que se han formado pero que pertenecen a la descripción de otra realidad.

Veo asambleas con dirigentes pero sin bases. Puede pasar. Pero veo que se hace imposible señalarlo para corregirlo. Te miran mal. Enajenación y negación de la realidad. Como la realidad no se adapta a la teoría, entonces la realidad no es aceptable. La verdad, querido mío, a veces voy a actos y asambleas y siento que hay niveles de enajenación que son ni más ni menos que la definición de la locura. Ser de izquierda consistía en caracterizar la realidad adecuadamente (de ahí toda la literatura clásica marxista) y organizarse para transformarla. Ahora tengo la impresión de que consiste en negar la realidad e imponer discursos, palabras que representen cosas ajenas al mundo que existe. Vendría a ser la política del caprichoso que no comprende que ya no hay más dulce en el tacho y tiene que ir a buscar otro. Pero los almacenes están cerrados y hace berrinche. Ante el capricho, la realidad dice que no y pone límites, por más fuerza de proyección mental que se intente.

Hablo en general, claro. Siempre hay cuadros brillantes que se destacan. Por ejemplo, no hay persona que no diga “Miriam es otra cosa”. Claro. Y entendeme bien, pichirilo de mi corazón: cuando yo digo “cuadro” no me refiero al que leyó más libros ni al que fue bautizado por el jefe de arriba ni al que habla más fuerte. Cuando yo digo cuadro me refiero lisa y llanamente a cualquier gaucho de cualquier organización capaz de articular un pensamiento crítico, conformar y llevar adelante la línea de su organización. Gente que piensa, organiza y actúa; no gente que no piensa, que repite y que por actuar entiende blablaear cosas (o buscar aprobación en publicaciones virtuales).

Vos sabés, porque en esto pensamos lo mismo, que no me refiero a desechar las herramientas históricas de lucha. Por ejemplo, las asambleas. No. Todo lo contrario, creo que hay que reivindicar todas y cada una de las herramientas de lucha de nuestras tradiciones… Son nuestras y son legado de enseñanzas concretas de luchas concretas. Pero hagamos que una asamblea sea una asamblea, que participen las personas que son parte, que no vayan por cumplir, para poder hacer el paro sin sanción, para hacer como qué, para responder a la línea del partido, solo para no sentirse solo. Y sobre todo ¡que se cumplan los mandatos de asamblea y que se avance en el sentido que fijó la asamblea! Si no ¿para qué la hacemos?

Hay posturas políticas que sostenemos porque son éticas, más allá de si dan resultados o no. Estañamos de acuerdo. Pero hay elementos de la política que son métodos y deben dar cuenta de sus resultados. Cuando las asambleas no funcionan (esto es, cuando no logran imponer la voluntad de abajo hacia arriba) las asambleas se diluyen e imprimen en la memoria popular la idea de que no sirven para nada. Y esto no es cierto: las asambleas sirven, cuando sirven.

“¡Todo el poder a los soviets!” Se dijo alguna vez. Cuando los soviets podían, cuando había táctica y estrategia, no porque sí o porque es un deber ser; porque es un método político popular que funciona cuando el trabajo sobre las subjetividades viene acumulando y cuando hay herramientas concretas (económicas, militares, de cuadros, etc.) capaces de avanzar y sostener una política revolucionaria en un sentido.

Tonces, la verdad, vos me dirás si estoy muy errado o qué, pero me parece que tenemos que hablar en estos 50 años de aniversario del 76 principalmente de los 60. De cómo la épica de la revolución cubana logró la perspectiva revolucionaria para el continente, convirtió a gorilas locales en revolucionarios internacionalistas y puso una perspectiva tan concreta y sólida de avanzar hacia el socialismo que requirió de ese terrorismo de estado que aún pervive en el terror subjetivo de la población, a través de la economía.

A ver si me sale decirlo de otra forma mejor organizada: lo que necesitamos es recuperar la memoria de la potencia de un pueblo en perspectiva revolucionaria en lugar de anquilosarnos en la pasión sensible de la víctima, que inmoviliza y siempre vive bajo la bota imaginaria del vencedor.

Creo que también debemos pensar en las burguesías. Aquellas torturaban para hacer negocios con el estado. Negocios más o menos clásicos. Las actuales no son otra cosa que grupos de narcos, estafadores financieros y delincuentes comunes de alta alcurnia. ¿Cuál es más violenta? La Nueva Provincia y La Nueva ¿qué representan en el espejo del tiempo? Bueno, espero tus comentarios. Tal vez desde la península la memoria toma otra forma.

Avisame si conseguís algo mejor que lavacopas. Supongo que ser poeta ya no garpa como cuando la izquierda tenía una política cultural sólida en Europa. Ahora en general, por lo que se ve, se dedican a bailar pop y aplaudir premios a popes de la industria que han olvidado las raíces de las músicas de sus pueblos.

Abrazos

Perdón el bajón, es que en estos asuntos se nos va la vida… y siento que estamos un poco mirando para otro lado.

Besito en la frente y salú

(No te olvides de mandarme la lista de medios que estás leyendo de allá así yo también voy siguiendo la cosa).

Noticias relacionadas