La entrega del Paraná: Jan de Nul estará a cargo por los próximos 25 años
Álvaro Álvarez, doctor en Geografía, investigador del CONICET y especialista en infraestructura y disputas territoriales habló acerca de la adjudicación del manejo de la vía navegable troncal a la empresa belga Jan de Nul y advirtió sobre los impactos ambientales, económicos y geopolíticos que implica la continuidad del actual esquema de gestión del Río Paraná.
La reciente adjudicación del dragado, balizamiento y mantenimiento de la Hidrovía Paraná-Paraguay a la firma belga Jan de Nul reavivó el debate sobre el control de una de las principales rutas comerciales de Sudamérica.
Para Álvaro Álvarez, la decisión consolida un proceso de “reprivatización” de una infraestructura estratégica por donde sale cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas. “Jean de Nul es la gran aliada de las corporaciones del agro, es la empresa que nunca debería haberse ido para ellos”, sostuvo.
El investigador señaló que la continuidad de la concesión favorece a un esquema altamente concentrado, dominado por grandes exportadoras internacionales.
“Cuando hablamos de la hidrovía Paraguay-Paraná, hablamos de una ruta comercial que funciona con características de enclave, con muy poca participación de otros actores”, afirmó. El corredor está fuertemente vinculado a intereses de empresas transnacionales como ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus, que concentran buena parte del comercio agroexportador del país.
Álvarez también cuestionó que el proceso haya dejado afuera a empresas estatales extranjeras, particularmente chinas, en un contexto atravesado por la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China. “La Argentina cada vez le va dando más lugar a Estados Unidos en el control de las rutas comerciales y de la infraestructura, y la hidrovía no es una excepción”, advirtió. En ese sentido, consideró que la licitación estuvo alineada con intereses económicos y políticos vinculados al norte global.
Además, sostuvo que existen capacidades técnicas y empresariales en el país para avanzar hacia un esquema con mayor participación nacional. “Argentina tiene capacidad operativa, hay mano de obra formada, capacidad técnica y empresas que podrían generar un encadenamiento más soberano que entregar nuevamente el dragado a una empresa extranjera”, remarcó. Para el especialista, la decisión desaprovecha la posibilidad de fortalecer la industria naval y los astilleros locales.
Respecto de los impactos ambientales, insistió en que la profundización proyectada del canal navegable requiere una discusión más amplia. “No tenemos que de ninguna manera sobredragar el Paraná”, afirmó y reclamó la realización de estudios de impacto ambiental integrales.
Distintas universidades y grupos de investigación vienen documentando efectos sobre humedales, flora, fauna y comunidades de pescadores a lo largo de los últimos 25 años.
Para Álvarez, el debate excede la adjudicación de una obra específica y obliga a revisar el modelo de desarrollo asociado a la hidrovía. “Discutir la hidrovía Paraguay-Paraná nos lleva a algo mucho más amplio, que es discutir el modelo de inserción de las economías nacionales en el mercado internacional”, concluyó, planteando interrogantes sobre quiénes se benefician de las grandes obras de infraestructura y cuáles son sus costos sociales y ambientales.





