“La idea de fascismo cosplay es la idea de un fascismo de la posverdad”
Luis Ignacio García es investigador del CONICET, doctor en Filosofía y autor de “Fascismo Cosplay: crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino”. En diálogo con FM De la Calle analizó el avance de las ultraderechas, las transformaciones de la comunicación política y los desafíos de las resistencias democráticas, a 50 años de la última dictadura cívico-militar.
Para el investigador, el crecimiento de las ultraderechas no puede comprenderse únicamente a partir de las categorías con las que se analizaron los fascismos del siglo XX.
Explicó que el término “fascismo cosplay” no busca zanjar una discusión académica sino ofrecer una herramienta para pensar un fenómeno político atravesado por la ironía, las redes sociales y la posverdad. “El libro no pretende instalar la idea de fascismo cosplay como un concepto de sociología política, sino como un personaje conceptual que permite mover inercias”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que se trata de un autoritarismo que “juega a ser fascista y al hacerlo te desconcierta” porque utiliza símbolos y estéticas asociadas al fascismo para luego desactivar cualquier crítica bajo el argumento de que “era un chiste”.
Según García, una de las principales novedades es que estas derechas lograron apropiarse de estrategias culturales históricamente vinculadas a los movimientos populares.
“Ellos son los gramscianos”, ironizó al referirse a la llamada “batalla cultural”, y señaló que la ultraderecha consiguió disputar sentidos comunes mediante la apropiación de consignas, identidades y lenguajes nacidos desde el feminismo y otras luchas emancipatorias. “Había un montón de cosas que creíamos que eran nuestras y empezaban a ser apropiadas por ellos de una manera muy astuta, muy dinámica y muy eficaz”, sostuvo. A su entender, ese desplazamiento obliga a revisar las formas tradicionales de intervención política y cultural.
El filósofo también fue crítico de las respuestas que ensayó el campo progresista frente a ese escenario. Si bien consideró que el debate sobre los discursos de odio permitió advertir tempranamente la emergencia de nuevas formas de violencia política, terminó convirtiéndose en una estrategia contraproducente. “Hablar de discursos de odio se convirtió en una manera muy rápida de colocar a quien los denunciaba en el pedestal de la corrección política”, explicó. Frente a ello, propuso abandonar la indignación permanente y construir formas de intervención capaces de disputar el humor, la ironía y la provocación: “La época es más pícara que nosotros”.
Esa necesidad de revisar las formas de construcción política también atraviesa su lectura sobre el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner y la escasa reacción social que generó. Para García, el hecho puso en evidencia una crisis más profunda de representación. “Que no pasara nada y que siga sin pasar nada es un termómetro respecto de la crisis de ese liderazgo”, afirmó, y a su vez advirtió que el peronismo aparece “completamente separado de cualquier tipo de demanda” y enfrascado en disputas internas mientras amplios sectores sociales sienten que sus problemas cotidianos no encuentran representación política.
En ese punto, el investigador planteó que la ultraderecha logró instalarse como intérprete de preocupaciones materiales que durante años quedaron desatendidas por sectores progresistas. Retomando el caso estadounidense, explicó que discursos centrados exclusivamente en determinadas agendas identitarias dejaron espacio para que las derechas hablaran en nombre de trabajadores y sectores populares que se sintieron relegados. Para el investigador, esa disputa también atraviesa a la Argentina, donde las ultraderechas buscan enfrentar las demandas de las mayorías con las luchas feministas, ambientales, de derechos humanos o de los pueblos originarios, presentándolas como intereses particulares y no como conquistas democráticas.
A 50 años del golpe de Estado de 1976, García advirtió que uno de los objetivos de La Libertad Avanza es cuestionar buena parte de las conquistas construidas durante las últimas cuatro décadas de democracia.
“Lo que ellos están englobando bajo la idea de lo woke es el conjunto de creatividad y potencia política que supimos construir en estos 40 años”, señaló, en referencia a los movimientos de derechos humanos, el feminismo, el ambientalismo y las luchas de los pueblos originarios.
Para el autor de Fascismo Cosplay, el desafío de las resistencias pasa por defender ese legado sin perder de vista las demandas materiales de la sociedad, recuperando la capacidad de construir mayorías y disputar, también, el sentido común de la época.






