(Por Astor Vitali) Cien años de radio. En muchos aniversarios redondos, cuando se hace referencia a la radio, se habla del pasado de la radio. Se la evoca por lo que fue. Sin embargo, cien años en el aire, la vigencia de este medio y la vitalidad que manifiesta por todos los rincones del país, nos sugiere que sería más atinado hablar de la radio en tiempo presente.

Muchos de los contenidos informativos que leemos a diario en portales web tienen como fuente de origen entrevistas y producciones elaboradas en la radio. Muchas de las ideas, investigaciones y creaciones que luego se ven en canales de televisión tienen su origen en el seguimiento informativo diario que se elabora en la radio. Es decir, desde el punto de vista del volumen de información que se maneja, un alto porcentaje del mismo es elaborado a través de la radio. La radio está viva y sigue siendo la que actualiza las noticias.

En tanto práctica cultural, si bien es cierto que la pantalla gana casi todo, no es menos cierto que en las ciudades de grandes dimensiones la radio sigue encendida en miles de lugares de trabajo y en todo tipo de transporte. En las poblaciones rurales, la radio sigue cumpliendo un rol fundamental.

También es la radio el medio en el que se educan cívicamente miles de jóvenes a lo largo y a lo ancho del país, a través de radios promovidas por profes con conciencia o centros de estudiantes con anhelo.

También es la radio uno de los medios más accesibles para que puedan expresarse las organizaciones de la comunidad, a través de radios populares, alternativas y comunitarias que toman en su forma el contenido de lo que expresan. Para el sector privado, se trata de radios truchas. Para nuestro ámbito, las radios denominadas “truchas” son más legítimas por el hecho de quiénes las hacemos –la propia comunidad- que las radios privadas que se dedican al contrabando de influencias.

La actualidad de la radio en nuestra ciudad registra algunos cambios y otras continuidades. El sistema de gestión privado más importante ya no responde al esquema que representaba la familia Massot. Como es lógico, pertenece a quienes son las caras visibles del actual esquema de poder. Aquí, lamentablemente, no se puede hablar de la radio como un medio de comunicación social sino como un instrumento de poder. Es así que, primero a través de La Brújula, a partir de 2016 la radio de La Nueva provincia, LU2, está en manos del vicepresidente de la Unión Industrial de Bahía Blanca, Gustavo Elías. Por lo demás, hay tres o cuatro empresarios que tienen varias radios repetidoras de las principales -en volumen económico- de Buenos Aires. En un país que nunca culminó su proceso de federalización. Otras pequeñas y medianas intentan sostener o sobrevivir como pueden. Pocas buscan sostener una radio para conformar un esquema de carácter local en su estructura, sin necesidad de depender de las presiones de los sectores con capacidad de lobby.

En cuanto al ámbito de lo público, como en todo, son los propios trabajadores y trabajadoras las que dan vida a la radio y la han sostenido bajo direcciones impugnables de todo punto de vista. Algunas direcciones que han vaciado, maltratado y suprimido el carácter creativo de los profesionales y de las profesionales de la comunicación que allí se desenvuelvan. La Radio Pública de Bahía Blanca nunca logra una gestión capaz de dotar de un equipo de profesionales no precarizados que consigan una programación capaz de representar la importancia cultural y el volumen que tiene la región. Hace falta desplegar un verdadero modelo federal con presupuesto adecuado. ¿Por qué? Porque el estado no termina de garantizar el derecho a la información de la comunidad teniendo en cuenta los recursos que sí despliega el sector privado para el desarrollo de sus intereses. Por eso hace falta que las radios públicas de cada lugar tengan un presupuesto acorde a sus necesidades.

El desarrollo de las radios universitarias ha sido un salto cualitativo importante por la autonomía que representa la práctica de su trabajo. Sin embargo, también cabe la necesidad de dotar de una planta y recursos publicitarios de sus producciones que pongan en valor el trabajo realizado. En este caso también, lo que se sostiene y lo que se hace tiene que ver con la iniciativa de los y las laburantes.  

En términos comunitarios, FM De la Calle acaba de cumplir 31 años en los que ha dado una serie de batallas ligadas al concepto de comunicación como derecho humano. Han pasado y pasan por aquí una infinidad de colectivos. Esta radio es la herramienta con la que la población cuenta en términos de comunicación sin mediación de intereses privados. Ha dado una batalla en materia de capacitación y de disputa de sentido de nuevos comunicadores y de nuevas comunicadoras, para que no nazcan a la vida profesional con la penosa idea de que hacer radio es decir al aire lo que el patrón quiere que uno diga. Que la libertad se ejerce.

Ninguna radio es independiente. Nuestra radio depende de su audiencia, centralmente. Las suscripciones de la audiencia constituyen una de las principales fuentes de financiación de nuestro medio. Luego algunos aportes publicitarios de organizaciones gremiales, ocasionalmente recursos de carácter público y aportes de particulares. Sumado a esto iniciativas extra comunicacionales como los dichosos locros de FM De la Calle. “Cambiar el aire depende de vos”, dice nuestro lema, y en este breve comentario queremos agradecer a todas las personas que han reflexionado sobre lo importante que puede ser para este proyecto ese aporte individual, que refleja una conciencia política.

Ojalá podamos construir más comunicación popular. Más FM De la Calle. Más radio. Más radio. Más radio.

Radio que luego se expresa en delacalle.org y en un conjunto de columnistas verdaderamente brillantes -cada quien en sus materias-, sean las ciencias sociales, las artísticas, la ficción, el derecho, el conocimiento popular, el conocimiento científico. Los aportes de interpretación de la realidad que hacen los y las columnistas de De la Calle tienen una importancia superlativa para quien busque informarse y formarse como ser humano que vive en sociedad. En esta sociedad. Aquí se dicen cosas necesarias. Aquí manifestamos nuestra admiración y respeto por ese trabajo.

Ojalá vos también te sumes a estas ganas de hace radio. Ojalá este cumpleaños nos sirve para reflexionar sobre la importancia de que la comunicación –en este caso refiriéndonos a la radiofonía- esté en manos de nuestro pueblo y no de quienes buscan su enriquecimiento personal en una ciudad donde hay un grado de pobreza estructural insoportable y un modelo económico que excluye a mayorías en pos de la concentración industrial trasnacional.

Hacer radio para escuchar la música que se hace en la ciudad, para difundir el trabajo de los y las artistas que aquí viven. Enorme y brillante trabajo valorado en todo el mundo y subvalorado por las autoridades municipales. Para conocer la música del mundo que no saca la Sony y que repite en cadena el conjunto de medios privados. La libertad se ejercita y para ejercerla hacen falta escuchar algo más que chatarra musical industrial que nos tiran por la cabeza en cadena desde el sector privado. La vida no suena a esa porquería enlatada. La vida suena de millones de formas creativas que desconocemos porque es censurada en esos medios.

La radio como expresión creativa que permite a cualquiera el juego y la invención. La radio como deseo y como concreción del deseo. La radio como la posibilidad hacer con otros y con otras y de demostrar que sin patrón podemos acordar, madurar y hacer, en un plano horizontal y honesto. Que se puede discutir sin llegar considerar que la otra persona es una enemiga y que las ideas aportan y complementan (entre pares).

La radio como hecho indiscutible de los últimos cien años. Y la radio comunitaria como hecho testigo de que, si lo decidiéramos, podríamos vivir de una manera humana, lejos de la competencia violenta a la que nos introduce el concepto rastrero del sálvese quien pueda y la supervivencia.

Me permito señalar un hecho auto referencial en este comentario editorial. Pero es un hecho auto referencial que creo que puede encontrar reflejo en muchas personas. Tiene que ver con la discusión ideológica de fondo que se está dando por estos días. Por una discusión de modelo civilizatorio. En ocasiones, queridos colegas, tías o amigotes, le dicen a uno: “seguí así que seguramente vas a llegar. Muy bueno lo hacen”. Es como dice nuestro columnista José Elías Mequierenexpropiar. Como si hacer comunicación en un medio fuera el paso previo a buscar un espacio de mayor poder en otro medio más grande hasta llegar… ¿llegar a qué? ¿Llegar a dónde? ¿A un medio donde me vea obligado a autocensurarme porque un anunciante tiene un interés y no pueda decirle a mi comunidad lo que ocurre? ¿Llegar a un medio en el que tenga que decir que en Bahía Blanca los índices de cáncer se deben a que “la gente fuma mucho” en lugar de dar micrófono a diario a las voces que señalan que el modelo industrial petroquímico nos está jodiendo la salud y la economía? ¿Llegar a un lugar en el que tengo que sonreírle al mafioso de turno y meterme las repreguntas en la cajita feliz? ¿A dónde hay que llegar?

El tamaño de nuestro medio tiene el tamaño que hemos logado construir como sociedad en el marco de un proyecto popular que se anime a jugarse el rumbo en un sentido diferente al que venimos. Nuestro tamaño puede crecer si logramos crecer en materia de pensamiento crítico, de mayor fortaleza de las organizaciones populares, más fuerza por abajo. Eso es materia de lucha política y nadie sabe qué será en materia política para lo que queda de siglo. Nadie sabe.

El tamaño representa lo que hemos construido hasta el momento. El rumbo de nuestro medio, tanto en términos editoriales como en las decisiones de cómo queremos organizarnos –en nuestro caso, de manera cooperativa-, es un rumbo que se elige por reflexión y por conciencia. No estamos buscando otro lugar. Nuestra casa la hicimos con nuestras manos y con nuestros planos. Estamos donde queremos estar. Estamos donde debemos estar. Hacemos la radio que tenemos que hacer para llegar al lugar social en el cual queremos vivir. Es del deber ser y es el ser. Estamos donde tenemos que estar impulsados en la búsqueda por anhelo social. Y además, por todo lo que dijimos, estamos donde queremos estar.

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