(Por Astor Vitali) Cuando el equipo de producción de En Eso Estamos se reunió para intercambiar posturas respecto de qué enfoque debíamos adoptar para producir los contenidos de un programa especial en torno a la fecha que oficialmente se reconoce como aniversario de Bahía Blanca, concluimos que, en esta oportunidad, pondríamos el lente en aquellas cosas que nos enorgullecen de la ciudad.

Se sabe que los poderes político y económico de esta localidad persisten sólidamente imbricados con sectores conservadores en lo ideológico y especuladores en lo económico. Los estigmas de una ciudad que el mundo identifica con sus niveles de fascismo en ambiente constituyen los primeros elementos con los que, quien observa la ciudad, suele construir su caracterización.

Sin embargo, como contrapartida de esta realidad insoslayable, hubo y hay otra calidad de ciudadanes que conforman tejidos entrañables.

En ocasión de realizarse un acto por el inicio de los primeros juicios por delitos de lesa humanidad en Bahía Blanca, el 28 de junio de 2011, el secretario general de la CTA local, Enrique Gandolfo, dijo que, sin olvidarse de los “enemigos del pueblo” quería referirse a “la otra Bahía. Es la Bahía muchas veces invisibilizada pero que viene del fondo de la historia (…). La huelga de los trabajadores de Ing. White en 1907, las luchas heroicas de los cinco mil obreros ferroviarios que había en esta ciudad antes de las privatizaciones”, la Bahía “de los que resistieron al golpe del ’55, de los trabajadores que el 30 de mayo de 1969 paralizaron esta ciudad, el día después del Cordobazo” y de los y las protagonistas de “la huelga de las coordinadoras que tiró abajo a López Rega y a su ministro Rodrigo”, en julio de 1975.

“La Bahía de aquella generación de estudiantes rebeldes, generosos, combativos de la UNS, de la UTN, de la escuela de trabajo social, incluso del Juan XXIII. La Bahía de aquellos compañeros, muchos de ellos están presentes, cristianos de base, compañeros y compañeras de la Pequeña Obra, de Cáritas, de los sacerdotes y las monjas tercermundistas que también hubo en Bahía Blanca. Vivieron, amaron y lucharon acá en Bahía Blanca. No hay que olvidarse de todo eso. La Bahía de Enrique Heinrich y de Miguel Loyola, obreros gráficos de La Nueva Provincia” asesinados por “luchar en contra de esa patronal”. Y la de “un movimiento de los derechos humanos ejemplar”.

También recordó un 24 de marzo de 1994 cuando 50 compañeros advertidos por el entonces estudiante secundario Federico Randazzo, supieron que a 50 metros de ellos estaba el genocida Astiz.

“¿Cuál era el acto del 24 de marzo? Era ir caminando y pararnos como lo hicimos frente al genocida Alfredo Astiz y gritarle en la cara: ‘Astiz cobarde en las Malvinas, asesino en el país’. Y Celia Korsunsky se paró a medio metro de Astiz, y era todo un símbolo de esta ciudad que se atrevía a decirle al genocida en la cara que no nos íbamos a reconciliar, que no los íbamos a perdonar y que íbamos a pedir siempre Juicio y Castigo. Esa Bahía también existe”, sostuvo Gandolfo.

Coincidimos: esa Bahía también existe o, sobre todo, esa Bahía existe.

Lo mismo podemos decir en este contexto en el que se llevan adelante los juicios a la Triple A, que dan cuenta de una memoria que se hace carne en grupos militantes que sostiene valores esenciales para que la democracia no sea un conjunto de frases vacías. En el medio del pensamiento posibilista, de un debate político institucional de calidad ramplona, plantear esta política de la memoria activa da sentido a las luchas de mañana.

Desde el punto de vista de los social, en la actualidad, para cualquiera que observe con atención, está claro que las situaciones dramáticas a las que la desigualdad que nos impone el modelo económico local fueron sobrellevadas por la solidaridad de abajo: comedores, merenderos, campañas de colectas, fondos espontáneos para sortear las desgracias corrientes, organizaciones sociales, gremiales y culturales asistiendo a sus bases, y una larga lista de personas que dedicaron una parte de sus bajos sueldos a inyectar recursos hacia quienes menos tienen.

El gobierno municipal, en cambio, sub ejecutó partidas de todas estas áreas sensibles.

Desde el punto de vista de la salud, cabe recordar que el 147 fue atendido por un grupo de voluntarios ya que el municipio no invirtió recursos para pagar el trabajo de quienes se dedicaron a la ardua tarea de seguimiento.

Huelga señalar que fueron los y las trabajadores de la salud, con bonos mal cobrados y sin reconocimiento salariar acorde, quienes soportaron la crisis sanitaria en una ciudad cuyas autoridades dieron rienda suelta a la idea de que cada uno haga más o menos lo que quiera, cómo y cuando quiera, como si la salud pública no fuera un problema comunitario y como si el estado no fuera el responsable de garantizarla.

En el ámbito cultural, somos unan ciudad con una gran cantidad y calidad de propuestas artísticas y culturales de todo tipo. Además de esa calidad cultural, existe una conciencia de clase de los trabajadores y de las trabajadoras de la cultura que se expresa en un conjunto de normas que supieron instalar a través de la lucha política.

La Comedia Municipal de Bahía Blanca, por ejemplo, no solo implica trabajo para actores y actrices sino que está concebida desde el enfoque de garantizar los derechos culturales de la población, recorriendo barrio a barrio, con plena conciencia de que si el mercado nos busca empobrecer intelectual y espiritualmente pues a través de la lucha política podemos construir herramientas que garanticen dicho acceso al arte y a la cultura.

El Consejo Cultural Consultivo, los Espacios Culturales Independientes, la ordenanza de Eventos con Continuidad en el Tiempo -que garantizan la financiación del entramado de festivales, encuentros y talleres que la propia población construye-, los sindicatos que funcionan como herramientas de lucha y memoria colectiva de peso, y un sinnúmero de colectivos que profundizan los conocimientos y garantizan la participación comunitaria, son elementos particulares de Bahía Blanca.

Desde el punto de vista deportivo, hay un universo de gente con los pies en la tierra que escapa a la lógica cholula de los apóstoles de Ginóbili, universo en que muchas personas construyen techos, redes y arcos para que les pibes tengan un lugar donde el juego no esté ceñido por el peligro y la violencia social, donde se dan talleres, donde perviven los oficios.

Las bibliotecas constituyen una red de inmensa relevancia. En un continente en el que el analfabetismo funcional y el sistema de educación han venido decayendo -pese a la lucha docente-, la existencia de libros a la mano del pueblo, con bibliotecarias profesionales, constituye un entramado imprescindible.

Podríamos seguir enumerando un universo de hacedores y de hacedoras en más ámbitos, como en el trabajo, el cooperativismo, el sindicalismo que no se sienta con esos “enemigos del pueblo” que diseñan un modelo económico local con casi un tercio empobrecido y miles de personas bajo la línea de indigencia. Un modelo centrado en un polo que lo único que derrama es enfermedad.

Hay un Bahía hermosa, luchadora y poética, que a menudo no tiene tanta prensa. Estos micrófonos se hacen eco de ella y, si la calle así nos lo reconoce, busca también resonar junto a su pueblo en ese canto libertario.