“Manal toca para 50.000 o 50 personas”
La frase corresponde a Alejandro Medina, bajista del legendario trío integrado junto a Javier Martínez (voz y batería) y Claudio Gabis (guitarra), y tuvo lugar en el casi vacío estadio Norberto Tomás del Club Olimpo de Bahía Blanca, durante el invierno de 1980. Pónganse cómodos y entérense de las idas y vueltas de una jornada que se demoró más de lo previsto y de los entretelones de uno de los retornos más esperados del rock argentino. (Por Javier Tucci)
Hacia fines de 1979 y principios de 1980, el rock argentino se topó nuevamente con dos bandas que se habían separado diez años atrás: hablamos del regreso de Almendra y Manal, en medio de un clima que todavía perseguía, desaparecía y asesinaba.
Mientras la escena musical internacional comenzaba a girar hacia la new wave, el post punk y el rock de estadios, Argentina todavía transitaba buena parte de los caminos trazados durante la década anterior: blues rock, folk rock y jazz rock.
Tras la repercusión que tuvo el regreso de Almendra en 1980, Manal decidió reunirse nuevamente ese mismo año. El grupo realizó una serie de presentaciones en el Estadio Obras Sanitarias los días 9, 10, 16, 17 y 24 de mayo, que convocaron a unos veinte mil espectadores. Paralelamente, el trío firmó un nuevo contrato discográfico con CBS y comenzó a trabajar en la grabación de Reunión, su tercer álbum de estudio. El disco fue registrado y editado en 1981, poco antes de que el grupo volviera a separarse.
Durante ese año, Manal también llevó adelante una serie de conciertos en distintas ciudades importantes del interior del país, y Bahía Blanca no fue la excepción.
Bahía Blanca Blues, un trozo de este siglo
Es sabido que el movimiento del rock, tanto en la Argentina como en el mundo, estuvo marcado por grupos como The Jimi Hendrix Experience y Cream, dos de los power tríos más influyentes de la segunda mitad de los años sesenta. En ellos -así como en el soul y el blues de Otis Redding, B.B. King y Albert King- se encuentran las bases de bandas como Manal, La Pesada y Pappo’s Blues, y de los innumerables grupos que nacieron después a lo largo y ancho del país. Entre estos últimos destacan Levque en Bahía Blanca y Alacrán en Punta Alta, pioneros en animarse a componer canciones propias y en castellano en sus respectivas ciudades.
Pero los ochenta abrieron otra puerta. El rock más pesado, heredero del blues que mencionamos anteriormente, empezaba a cobrar fuerza por estos lares, sobre todo en Punta Alta de la mano de bandas como Enola Gay y Trilogía. Al mismo tiempo, en Bahía Blanca, subsistían algunas ligadas al rock progresivo como Origen, Identidad y Alquimia y otras como Satwa que iban del rock sinfónico al rock fusión (gracias Pedro Giorlandini, Néstor Iencenella y Eduardo Del Gobbo por su memoria y aporte). Al año siguiente, la escena sumaría a las bahienses Aykerha’s, La Cumbre y Mate, esta última con Ramiro Musotto entre sus filas, mientras que en Punta Alta comenzaban a despuntar el rock sinfónico de Cuerdas y el hard rock de Neurus.
Atrás quedaban las presentaciones del folk y el rock progresivo que habían producido los amigos Roberto Ricci, Néstor Sánchez y Roberto “Tucho” Bortnik, para allanar nuevos caminos a otros productores como Daniel Randazzo, quien a principios de ese año se animó a coordinar la llegada de Serú Girán, tanto a Bahía como a Punta Alta.
Es menester destacar que aquel año inaugural fue súper formativo para el movimiento rock de la zona. Vox Dei y Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre fueron los encargados de abrir el grifo cultural del segundo semestre en la capital del básquet, con un mega recital que tuvo lugar el sábado 5 de julio en el Club Olimpo, en el marco de la 1° Fiesta del Rock Nacional. Una movida organizada por alumnos de 6to año de la ENET N°1 (con el acompañamiento y los contactos de Daniel Randazzo) para recaudar fondos destinados a su viaje de egresados. Al mes siguiente, el sábado 2 de agosto, Spinetta Jade hizo lo suyo en el mismo escenario, en el marco de la 2° Fiesta del Rock Nacional, para un público un poco más selecto.
Informe de un día
Pero lo de Manal el 9 de agosto era otra cosa, se trataba de una operación retorno a una ciudad que nunca habían visitado. Fue el reencuentro de una de las bandas precursoras del blues rock en castellano con la generación de veinteañeros de finales de los sesentas y principios de los setentas -que pisaban los 30 en 1980-, y también con los jovencitos de aquella incipiente década que no habían tenido la posibilidad de verlos jamás.
Diario La Nueva Provincia, sábado 9 de agosto de 1980. Material cedido por la Hemeroteca de la Biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca.
Al recordar aquella jornada, Claudio Gabis contó que viajaron en tren y se alojaron en el hotel Muñiz, donde también estaba circunstancialmente Alberto Castillo, quien quizá se estaría presentando en Bahía ese fin de semana.
Otro dato es que la entrada costaba $10.000 Pesos Ley, y sin caer en una conversión monetaria engañosa, diremos que según datos del INDEC “hacia comienzos de 1980, un salario básico de laburante rondaba en los $500.000 mensuales”. Por lo tanto, $10.000 equivalían aproximadamente al 2% de un salario medio mensual.
En el ámbito político nacional, durante la jornada de aquel sábado se ultimaron los detalles del armado de un documento que, apenas tres días después, sería publicado en el diario Clarín en forma de solicitada bajo el título “Por la recuperación de los Derechos Humanos”, donde referentes de la política de distintas fuerzas, entre ellos Raúl Alfonsín, junto a intelectuales, religiosos y deportistas, desafiaron la censura de la dictadura para reclamar por la aparición con vida de los detenidos desaparecidos.
En lo que respecta al nicho musical, Back in Black, canción del séptimo álbum homónimo de la banda australiana AC/DC, alcanzaba por primera vez el número uno en las listas del Reino Unido. Y si hablamos de deportes, Los Pumas derrotaron 36-22 al combinado Resto del Mundo en Ferro, en el último partido de Héctor “Pochola” Silva con la selección. Pero la gran noticia para los argentinos fue la consagración de Sergio Víctor Palma como campeón mundial supergallo de la AMB (Asociación Mundial de Boxeo), tras vencer por nocaut al estadounidense Leo Randolph en la ciudad de Spokane, en Washington.
Sobre la existencia de una banda telonera que actuó esa noche, Pepe Ortega, un rockero de la troupe setentista de Punta Alta, nos contó que se trató de El Tren. Un quinteto integrado por músicos porteños y bahienses, entre los que se encontraban Roberto Bertora (ex guitarrista de grupos de Bahía Blanca de la década del sesenta como Las Cuatro Monedas y Arena); Guillermo Yonas (ex baterista de Levque); Guillermo Trapani (teclados); María Inés Solá (voz y nieta del compositor, bandoneonista y guitarrista salteño de folclore Gustavo Adolfo “El Payo” Solá); y Rubén Ferrari (ex bajista de Alacrán y Turborock, dos de las primeras bandas del movimiento rock de los años setenta en Punta Alta).
El Tren en acción en CABA, año 1980. Fotos aparecidas en el Facebook de Guillermo Yonas.
Nada podía salir mal… pero pasaron cosas
La idea, como en cada reconstrucción que llevamos adelante, es revisitar la historia del rock del sudoeste bonaerense. A través de estas notas, rescatamos anécdotas de primera mano que retratan el antes, el durante y el después de los hitos elegidos. Algunos relatos reflejan el vuelo de las bandas y la voracidad juvenil frente al hecho artístico; otros revelan los entretelones que rodearon cada momento. El objetivo siempre es el mismo: arrimar el bochín lo más cerca posible de la realidad.
En lo que respecta a esta historia, sólo pudimos dar con el testimonio de uno de los músicos protagonistas, el de Claudio Gabis, que siempre nos atiende el teléfono muy cariñosamente desde Madrid. Pero resulta que Gabis sólo recordaba lo compartido más arriba. También nos comunicamos con Ale Medina, pero el Negro no pudo sacar nada de su memoria sobre aquella tocata.
Las anécdotas que compartimos a continuación pueden resultar invasivas para algunos. Quizá otros se pregunten por qué pongo la lupa en cuestiones íntimas que, en teoría, debieron quedar puertas adentro. La posta es que desde hace muchos años me pregunto qué sucedió realmente y cuáles fueron los motivos por los que se demoró el show.
Había que escarbar un poco para sacar a la luz esta historia. Vale hacer una aclaración: nadie viene a levantar el dedo acusador. Organizar una movida de estas características implica asumir riesgos económicos y de todo tipo. A veces las cosas salen bien, otras no tanto, y una convocatoria menor a la esperada puede cambiar por completo los planes. Lo que sigue son, justamente, distintas voces que intentan reconstruir qué ocurrió aquella noche.
¿Cómo vino la mano?
Guillermo Yonas, quien actualmente se encuentra radicado en la Patagonia, recordó que fue una súper experiencia tocar esa noche, aunque no había tanto público. “Como anécdota, toqué con la batería de Javier y cuando fui a acomodarla a mi gusto, se falseó una de las roscas. Por suerte no pasó nada porque con Javier nos conocíamos de haber compartido algunas zapadas en el mítico club Jazz & Pop del barrio de San Telmo. Los que produjeron el concierto fueron mi gran amigo Pepe (ya fallecido) y Gucho -preferimos preservar los apellidos de ambos-”, sostuvo.
Manal demoró en salir al escenario. La escasa convocatoria, hizo pensar a más de uno que el recital podía suspenderse. En tanto, la ansiedad del público se hizo sentir cuando la muchachada comenzó a golpear los chapones de publicidad y a corear para que el grupo apareciera.
Sobre aquel desconcierto, Sergio Profili, un rockero de Punta Alta de los setenta, recordó: “El gordo Palacios, locutor bahiense, salió a querer calmar los ánimos y los silbidos e insultos se hicieron notar. Manal al final salió a tocar pasada la medianoche”.
En tanto, Guillermo Yonas, precisó que fueron 600 los tickets cortados y explicó el motivo de la demora de dos horas y media: “El concierto se demoró porque todavía faltaba completar el cachet. Por eso hubo idas y vueltas hasta que mis amigos que lo organizaron consiguieron el dinero. Esa fue la realidad”, agregó.
Finalmente, Alejandro “el Negro” Medina salió al escenario y desde el centro lanzó una frase que quedó en la memoria de muchos: “Manal toca para 50.000 o 50 personas”. Y acto seguido, el trío ofreció un recital de aproximadamente una hora y media.
Claudio Gabis en acción. Fotos cedidas por Miguel Ángel “el Chino” Suárez. Autoría Guti Viejo.
Otro que estuvo esa noche fue Omar Appiolaza, quien en el grupo de Facebook Fotos Antiguas de Punta Alta y la Zona comentó: “Yo estuve allí y recuerdo que Alejandro mostró su bajo, en especial el mástil, y explicó que le había sacado los trastes porque así sonaba mejor. La verdad es que no fueron promocionados convenientemente, por eso fracasó la presentación”.
Asimismo, el ex concejal rosaleño Luis Coca recordó que “la demora fue importante y en un momento subió un organizador o dirigente del club a ofrecer el dinero de las entradas. No nos movimos. ¡No no no, no pibe ehhh! No teníamos jugo de tomate en las venas”.
Otros dos puntaltenses que estuvieron presentes fueron Yogui Díaz, ex guitarrista del grupo Cuerdas, junto a Sergio Méndez. Ambos recuerdan que salieron de la vecina ciudad rumbo a Bahía Blanca en el auto del padre de Sergio. Al respecto, el propio Méndez recordó: “Me acuerdo que habíamos pagado entradas muy populares pero al final, nos pasamos para adelante porque no había mucha gente”.
Mientras tanto, Cuchu Santa María, ex baterista de Alacrán, una de las primeras bandas de rock de los setenta en Punta Alta, aportó desde España: “Me acuerdo que alguno de los chicos organizadores dijo que había tenido que embargar la casa o ponerla de garantía y que probablemente la perdería porque no juntaron la guita. Éramos cuatro gatos locos y se ve que el cachet de Manal era muy alto. Los productores no trabajaron bien el tema, no hicieron la publicidad adecuada y creo que terminó en desastre”.
El mismo Santa María también aportó una anécdota personal vinculada a Javier Martínez, con quien conversó después del recital mientras desarmaba la batería: “De la actuación de Manal no me acuerdo casi nada, pero sí sobre una charla que tuve al final con Javier. Hablamos arriba del escenario y le empecé a sacar datos de su estadía aquí en España. El loco tenía una impresión bastante mala, no me aconsejó para nada que me viniera. Recuerdo que me dijo ‘si querés ir a ver otra civilización, otra cultura, no sé qué, andá, pero si piensas que vas a hacer algo con la música, está jodido’. Al final el tipo se equivocó”.
Otro de los presentes fue Osvaldo “Oso” Bonini, reconocido percusionista bahiense, quien sobre aquella histórica fecha recordó: “No tengo muchos recuerdos porque no me gustó para nada el show. No me acuerdo si por el sonido o por otra cosa, pero fue todo muy caótico. Lo que sí te puedo decir es que fui testigo de un quilombo que se armó en la boletería cuando los organizadores del show se le acercaron a un tipo importante que acompañaba a la banda para increparlo, e incluso creo que lo cachetearon, porque de afuera se escuchó un bofetón y justo entraba por la puerta principal Alejandro Medina. Y yo ahí pensé ¡Uy, si el animal éste llega a entrar en la boletería, los amasija a los dos juntos!”.
Sobre el show, Bonini recuerda que arrancaron con “No hay tiempo de más” y entraron cruzados, por lo que tuvieron que parar y arrancar otra vez. “Y ahí la gente los aplaudió por su sinceridad artística, no era común en esa época y lo hicieron. Pero económicamente fue todo un caos. Yo conozco a uno de los muchachos que creo que fue el que hipotecó la casa, pero al final me parece que la pudo salvar”.
Para cerrar esta reconstrucción aparece también la reflexión de Roberto Bigi, un reconocido productor bahiense, quien participó de la conversación en redes que acompañó la búsqueda de material para esta nota. Allí, un amigo de los productores recordó que su amigo había sufrido fuertes pérdidas económicas como consecuencia de aquella presentación y cuestionaba duramente la actitud de la banda.
Por su parte, Bigi, desde su propia experiencia como productor, le respondió: “Yo perdí un auto cuando traje a Mc Nally Waters y acá estamos. Las casas y autos van y vienen, pero la experiencia te queda. La fea sensación agridulce de ser productor”.
También me pongo a pensar en la banda, que se vino en tren desde lejos con todo su equipamiento y con un arreglo de cachet que ya estaba pactado de antemano. Y, por sobre todas las cosas, me genera intriga cómo siguió la vida de esos productores que soñaron con traer a su banda preferida y cumplirle el sueño a dos generaciones de rockeros. Porque esos golpes pegan mal y anuncian poco. Uno de ellos vive y sé que no quiere hablar al respecto. Su testimonio hubiera sido una pieza clave en esta historia, sobre todo para saber cómo continuó su vida después de aquella experiencia: si pudo recuperarse, si volvió a producir recitales o si aquella noche marcó un antes y un después.
Quizás las historias del rock también sean eso: noches que terminan, escenarios que se desarman, cuentas que quedan por pagar y recuerdos que, contra todos los pronósticos, se niegan a desaparecer. Porque el tiempo pasa, los protagonistas cambian y hasta las canciones dejan de sonar, pero algunas noches encuentran la manera de quedarse. La de Manal en Bahía Blanca es una de ellas, y parece ser que se ha empeñado en sobrevivir hasta hoy (El viento de los vivos, la despertó). “Porque hoy nací, hoy nací. Hoy recién hoy (…)”.
Extradata
● La foto de portada de la nota corresponde a la publicidad que el Diario La Nueva Provincia publicó en sus páginas durante los días 7, 8 y 9 de agosto de 1980. Fue aportada por la Hemeroteca de la Biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca.
● Rubén Ferrari y Guillermo Yonas, ex miembros de la banda soporte El Tren, luego pasaron a formar parte de BUE, un grupo de jazz rock con el que en 1984 grabaron “Actuando sin disfraz”, disco que figura en el libro Enciclopedia Rock Nacional 30 Años – De La A A La Z (Editorial Mordisco, 1996). Escuchalo acá: https://www.youtube.com/watch?v=jeaUvdWVQMg
● Rubén Ferrari recordó que, hacia 1997, compartió algunos ensayos con Javier Martínez en un bar a puertas cerradas. En ese lugar llegaron a zapar con algunos músicos de James Brown, aprovechando la histórica visita a la Argentina del estandarte del soul y el funk.
● Cuchu Santa María aportó esta joyita por fuera del reci de Manal: “Lo que también me viene a la cabeza es que, nueve años después de ese show en Bahía, yo estaba en un boliche en Madrid, la sala Ya’stá de Many Moure, quien fuera bajista de Los Toreros Muertos, cuando se apareció Claudio Gabis a tocar. Y los hijos de puta que estaban presentes le querían dar un bajo. Así que me levanté, los re puteé, levanté la voz y les dije que estaban haciendo un sacrilegio, que estaban ante una presencia que era muy importante para el rock en castellano y que ese hombre era un virtuoso y que se dejaran de joder, que le dieran una guitarra y lo dejaran tocar”.








