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Reivindicaciones históricas en un nuevo aniversario de la ciudad

delacalle Ninguno 13 abril, 2021 - 1:57 pm en Cultura, Locales, Noticias, Política

Con motivo del 193° aniversario de la fundación de Bahía Blanca, FM De la Calle invitó a su audiencia y a tres historiadoras a reflexionar sobre procesos y protagonistas de la actualidad y del pasado que permitan pensar un futuro diferente.

Del debate participaron Fabiana Tolcachier, docente e investigadora del Departamento de Humanidades (UNS); la escritora Lucía Bianco, directora del Museo del Puerto e integrante del grupo organizador del Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca; y Julia Giménez, licenciada en Historia, doctoranda en la Universidad Estadual de Campinas y colaboradora de nuestra emisora.

El primer eje propuesto fue: ¿qué aspectos, luchas o procesos históricos reivindican de la ciudad?

Tolcachier señaló «las tradiciones críticas, artísticas, intelectuales, en línea con espacios emancipatorios de democratización de derechos. Reivindico tradiciones omitidas como los viejos teatros racionalistas, medios gráficos, como pudo ser el periódico anarquista ‘Brazo y Cerebro’, que tuvo su edición en White y trasladó su imprenta a Villa Mitre. También existió una mujer corresponsal local del diario anarquista La Protesta, ni que hablar la trayectoria de Nuevos Tiempos con Agustín De Arrieta, intendente socialista por poco tiempo. Hubo una movida cultural, periodística y artística sumamente interesante. Para no nombrar a los lugares comunes como Martínez Estrada o la Casa del Pueblo de White».

«En tiempos más recientes el hecho de haber sostenido un medio como el de ustedes, centros culturales como La Pana, el Festival de Poesía, en el Festival de Teatro.  Ni que hablar de nuestros escritores y espacios artísticos que tratan con mucha dificultad de sostenerse».

Bianco dijo que piensa a Bahía Blanca «aprendiendo de ciertas características del ambiente que ocupa, en el que creció y se desarrolla la ciudad. Es un lugar de transición de ecosistema, de espinal de monte, de zona patagónica, todo en tensión, en mezcla, el estuario como un método de pensamiento. Actualmente hay un sistema de bollas, para no perderse, para llegar al puerto. Históricamente ha sido un espacio de laberintos para los navegantes que llegaban».

La directora del Museo del Puerto afirmó que «había un formato de pensamiento muy opuesto, del que se suele hablar cuando se habla del 11 de abril, que son las grandes fundaciones. La fundación originaria, que nos dice que una ciudad se forma en pocos días con necesidad de urgencia, que es militar, que va por intereses previos. Grandes fundaciones siempre ligadas a inversiones de capital externo, a ciertos intereses que no se problematizan cuando se mira al pasado, qué y quiénes quedan afuera».

Propuso «pensar mucho más a través de las experiencias colectivas, las resistencias y los modos de organización, qué pasa con las construcciones que tienen que ver con quienes habitan Bahía, con los intereses nacionales e internacionales, qué pasa con la sociedad, con lo que hace o no llega a hacer».

Por su parte, Giménez destacó que «hay dos puntos que dialogan con lo que decían Fabiana y Lucía. Pensar a Bahía como un espacio de llegada, de estar, que es un punto geoestratégico, nos explica tanto ese proceso de acumulación, el espacio de violencias que hace el proceso fundacional que está bautizado a partir de la sangre de nuestros pueblos originarios, atravesado por la llegada del ferrocarril, con una integración desigual».

«Es un lugar de tránsito muy anterior a la llegada de ese capital extranjero pero si una se pone a pensar en las formas violentas en las que se van imponiendo las lógicas del capital en el Sur-Sur, también están las resistencias que van desde las más tradicionales, a la llegada de ese ejército blanco en conformación, al del movimiento obrero, y hasta el día de hoy con las resistencias culturales».

«Bahía tiene artistas con formación crítica y con capacidad de acción y medios de comunicación, ahí podría pensarse la FM De la Calle como un proyecto de resistencia. Bahía está en el punto geoestratégico que lo hace un lugar conflictivo, un lugar de saqueos y violencias pero, al mismo tiempo, un lugar de resistencia de un pueblo».

Si tuvieran que destacar un momento o hito histórico de nuestra ciudad, ¿cuál recordarían?

Tolcachier mencionó que «se suele pensar en el modo de representación de la construcción identitaria hegemónica de la ciudad a partir de los hitos del capital. Hay que tratar de disputar esos sentidos y usos del pasado y evidenciar que hay políticas de la memoria en función de proyectos políticos y económicos, y es el presente -y las luchas del presente- el que activa estos sedimentos y estas tradiciones».

«Me preocupa pensar eso como si fuera el Billiken o los libros de texto. Lo que se evidencia es que la tradición histórica y la política de memoria son selectivas y entrañan una disputa», afirmó.

Por ejemplo, en tiempos de corrección política el Municipio impulsa el cambio de nombre del Parque Campaña del Desierto y el intendente propone el nombre de César Milstein. «Recuerdo haberlo escuchado diciendo que le parecía bárbaro porque no generaba controversias. Es espantoso, lo interesante de pensar nombres y procesos históricos es develarlas. ¿Con qué Milstein nos vamos a quedar? ¿Con el del Premio Nobel o con el que se tuvo que rajar en el ’62 por la dictadura de Onganía porque adhería a una ideología libertaria?», se preguntó.  

Bianco agregó desde Ing. White que respecto a «conflictos y momentos olvidados, no puedo dejar de mencionar la huelga de remachadores de julio de 1907 que tenía que ver con cosas muy básicas. Una etapa de las más fuertes en términos de representación. Esa etapa de la Bahía en que se extiende con el ferrocarril al puerto, insertándose en el mercado mundial, basada en la presencia de muchísimos inmigrantes que llegaban en muy poco tiempo y vivían en condiciones tremendas».

«El conflicto que irradia este puerto llega a escalas que no son solo locales, luego una represión en Casa del Pueblo que lleva, posteriormente, a la muerte de algunos de los obreros, a una huelga general de gremios en Rosario, La Plata, Buenos Aires. Se invierte esta lógica de una necesidad que viene de afuera y nos modifica y, en este caso, cómo la organización de los más oprimidos llega a desbordar la ciudad y a unirse en un clima de época que tenía que ver con la articulación de acciones de trabajadores en distintas zonas del país. (…) Hay algo ahí que hace a la posterior organización obrera de la ciudad».

Giménez rescató el contexto de la primera sentencia de los juicios de lesa humanidad de septiembre del 2012. «Las calles de alguna forma nos unificaron en un proceso por el que veníamos tirando varios de los sectores críticos al modelo de desarrollo como al sistema político tal como está enredado en la ciudad y la región, y también se junta con el procesos de movilizaciones en torno al dragado y que tiene que ver con ocupar las calles de forma creativa, donde hubo un proceso intergeneracional de rescates de memoria, de lucha, de aprendizajes. Esta lucha es un punto importante de partida para seguir discutiendo la ciudad».

Y si tuvieran que pensar en una figura o persona que podría destacarse en la historia bahiense.

Tolcachier apostó por «una construcción participativa desde una política de la memoria». Destacó al barrio Noroeste y su memoria ferroviaria «de tantos luchadores como los hermanos Mandolesi, el propio José Magnani que es recordado por la cuestión de los jubilados pero fue un militante comunista que propició una huelga tremenda porque en la década del ’30 querían poner una patente a las bicicletas y todos los obreros las usaban. A veces me preocupa achatar la historia y no abrirla».

«Reivindicaría a militantes por la memoria la verdad y justicia, no solamente Watu que tiene una calle en el Campus de Palihue, la fecha del 3 de abril como Día de los Derechos Humanos en la UNS, pero también  a los luchadores como Ernesto Malisia, Eduardo Hidalgo, Celia Korsunsky. Fue un laburo de décadas en el peor contexto de dictadura y los primeros años post dictatoriales».

«Y también tenemos una deuda enorme con los pueblos originarios, no hay sitios de memoria que abran e interpelen estos relatos hegemónicos del malón, Campaña del Desierto, calle Roca, 11 de abril, 19 de mayo, ese perfil de ciudad milica. Cómo pensar que Bahía tuvo otra cuestión cultural, enriquecer esta historia, interpelar este modelo civilizatorio como relato único, haría una convocatoria de abajo hacia arriba para disputar y que ellos propongan los nombres». Por otro lado, en cuanto a la representación de las diversidades recordó a la figura de María Eva Rossi.

Bianco buscó «un nombre que lograra condensar algo de invisibilidad y de experiencias colectivas en contextos de época. ¿Se puede pensar a alguien y haya ocupado un lugar en el Estado, que haya condensado propuestas anteriores y haya abierto algo a futuro en cuanto a posibilidad de pensar diferente?».

Eligió a Isabel Barros Taramasco, responsable del área cultural del gobierno de Juan Carlos Cabirón. «Tuvo que ver con la apertura democrática después de siete años de terrorismo de Estado. No me refiero a las consecuencias desastrosas que tuvieron sino también a los sistemas de representación que habilitaron esos 7 años y cómo se modificaron con la democracia. Algo de lo que se empezaba a armar en ese clima, no solo dentro del Estado sino en las calles y localidades como White, lo planteo más como una pregunta que podría ser un modo de pensar políticas públicas, culturales, que tengan que ver con una mirada ampliada a sectores sociales que por lo general están excluidos de una mirada de la historia».

Julia Giménez eligió al ex fiscal Hugo Omar Cañón: «Pensé en Celia, en Marcela (García), en Susana Matzkin, y entre esos nombres Cañón es una figura que reúne esa lucha. Nos trae ese apoyo que dio por una reparación integral a las víctimas y familiares (…) una figura que se preocupó por hacer estos vínculos intergeneracionales, la solidaridad y apoyo a la lucha. Además, fue el traidor a la patria de La Nueva Provincia y eso lo reivindica como una figura que nos ha enseñado mucho».

¿Cómo les gustaría que fuera la Bahía del futuro?

«Sueño con una ciudad donde haya movida participativa, donde se expandan democráticamente espacios, voces, medios de comunicación, donde se democraticen las instituciones, nuestras propias aulas, hay carreras como la de trabajo social que no se han podido gestar. Sueño con una ciudad que no afecte la naturaleza, fueron muy interesantes las audiencias públicas por el dragado, donde se pueda interpelar esos intereses de destrucción, con una visión más integral. Sueño con que estas audiencias públicas sean más cotidianas. Las disputas seguirán permaneciendo, es una lucha bastante desigual donde los intereses están muy aglutinados y los sectores de resistencia nos dispersamos».

Bianco deseó «una ciudad que nos pueda interpelar y aglutinar, algo que interpele a intervenirla y no a dejarse llevar por estas olas de proyectos de fundación futura o de sueños de una salvación de algo de afuera, que haya algo de clima y viento local».

Por último, Giménez imaginó una Bahía «que pueda resignificar su vínculo con la idea de progreso, que pueda generar un proyecto, una Bahía que se mire desde otro lugar, no tanto hacia Buenos Aires. Sueño con una ciudad más participativa».

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