Se agrava la crisis alimentaria en Bahía: “Se está haciendo cada vez más difícil comer”
Referentas de espacios comunitarios y agrupaciones relataron el recrudecimiento de la dificultad de las familias para acceder a alimentos, servicios básicos y vivienda. “Una mamá me dijo que iba a vender la garrafa para poder pagar el alquiler”, contaron.
Rocío Soto, de La Poderosa, contó a FM De la Calle que en Tierras Argentinas y los barrios cercanos “hay mucha más gente pidiendo comida y bolsones porque no llega a fin de mes. Las tarjetas de crédito están explotadas porque la gente las está usando para alimentarse”.

“No solamente las personas que no tienen trabajo, sino las que tienen trabajo, tienen dos trabajos, y aún así no están pudiendo llegar a fin de mes. Nosotros vemos cada vez más en los barrios que o piden fiados al almacenero, o sacan préstamos en mercado pago, o piden prestado plata a alguna persona”.
Desde el Polo Obrero, Pamela Pacheco advirtió que los comedores no dan abasto: “Se está haciendo insostenible sostener tres espacios con la cantidad de familias que vienen, incluso de otros barrios”. En Martín Fierro, Boulevard y Villa Talleres, la demanda crece semana a semana y alcanza a trabajadores precarizados, jubilados y desocupados.
“Hay abuelos que no llegan ni al 10 de cada mes y tienen que venir a comer”, afirmó. Además, vinculó el agravamiento de la situación con la quita de asistencia. “Se retiró la mercadería desde Nación y todo se sostiene con donaciones. Así es muy difícil seguir”, sostuvo.

“La situación económica está muy jodida, está golpeando a toda la clase trabajadora, como también a la clase precarizada y ni hablar a los desocupados. Y lo que vemos muchísimo es la necesidad de alimentos, de mejoramiento habitacional. No nos tenemos que olvidar que en Bahía Blanca pasamos el temporal de viento y después la inundación”.
En Grünbein, Lorena Fuentes, de Cocinando Ilusiones, contó: “Una mamá me dijo que iba a vender la garrafa para poder pagar el alquiler”. El espacio asiste a más de 300 familias registradas, pero recibe a muchas más durante el mes.

“Todos los días se ayuda, si no es a una mamá con los chiquitos, es a un abuelo, es a una persona que ha perdido el trabajo, así que todo el tiempo estamos en contacto con gente que necesita mucho, mucha ayuda, y que bueno, que hay ayuda, pero no alcanza”.
“Cada vez se acerca más gente. Hay jubilados que no tienen para leche, chicos que pasan todo el día sin comer y vienen porque tienen hambre”, señaló. “Si se suspende una feria por la lluvia, ese día no comen”, remarcó acerca del impacto de la caída de ingresos informales.
Las tres referentes coinciden en que la ayuda no alcanza frente a una demanda que no deja de crecer. Con el invierno por delante, la preocupación es aún mayor porque faltan alimentos frescos, abrigo y recursos básicos para sostener la asistencia. “La realidad es muy cruda. Hay gente que no puede comer. Hay familias que llegan al punto de tener que vender lo poco que tienen, incluso una garrafa, para no quedarse en la calle”, resumieron.
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