Un disparo por la espalda: “Hay vidas obreras que quedaron borradas de la historia”
El joven estibador Elías Galván fue asesinado en 1927 por un integrante de la Asociación del Trabajo, una organización patronal que operaba como estructura de disciplinamiento. El crimen y su contexto fue rescatado por el historiador Juan Soria en un estudio sobre los conflictos laborales que atravesaron el puerto y la ciudad durante la década de 1920.
Soria es profesor de Historia y trabajador del Museo y Archivo Histórico de Bahía Blanca, la investigación que puede leerse acá, fue realizada junto al Museo Ferrowhite. El trabajo reconstruye las luchas laborales, las condiciones de vida, los conflictos políticos y las experiencias cotidianas de trabajadores y trabajadoras en un período clave para la historia social de la región.
La Asociación del Trabajo cumplía un rol central en el control de la mano de obra. Contratada por empresas ferroviarias, exportadoras y portuarias, se encargaba de reclutar trabajadores no sindicalizados —los llamados “trabajadores libres”— para quebrar huelgas y garantizar la continuidad de la producción. En ese entramado, Ingeniero White se consolidaba como un territorio estratégico: un espacio densamente poblado por trabajadores vinculados al puerto, al ferrocarril y a actividades estacionales.
Durante la década del veinte, la localidad concentraba cerca del 10% de la población de Bahía Blanca. En tiempos de cosecha, la circulación de trabajadores transformaba al puerto en una verdadera “colmena humana”. Esa movilidad no sólo sostenía la economía exportadora, sino que también favorecía la circulación de ideas, experiencias y formas de organización. “No traían solamente su fuerza de trabajo, sino también sus experiencias de lucha, sus lecturas, sus debates”.
Las huelgas de 1927 y 1928 condensan ese proceso. En 1928, entre 3.500 y 4.000 trabajadores participaron de medidas de fuerza que paralizaron el puerto y afectaron de manera directa la vida cotidiana de la ciudad. Lejos de tratarse de episodios aislados, estas huelgas formaron parte de un ciclo de conflictividad que articuló lo local con lo nacional y lo internacional. “No se puede entender lo que pasa en Ingeniero White sin pensar en lo que ocurre en Rosario, en Buenos Aires o incluso en el mundo, en un contexto marcado por la posguerra y la Revolución Rusa”, afirmó.
En ese escenario, la cuestión de género adquiere un lugar central. Las mujeres participaron activamente de las huelgas, especialmente en 1928, cuando las trabajadoras de las fábricas de bolsas sostuvieron medidas de fuerza en solidaridad con las obreras rosarinas. “Las trabajadoras muestran una conciencia muy fuerte. Participan de las asambleas, sostienen la huelga y elaboran sus propios reclamos”, explicó Soria. Entre ellos, el cese de los abusos sexuales por parte de capataces y el fin del trabajo infantil.
Sin embargo, su participación fue leída de manera ambivalente. En la prensa obrera aparecen tanto reconocimientos como cuestionamientos. “Se las interpela como madres de los futuros trabajadores, como responsables del hogar, más que como sujetas políticas autónomas”, dijo Soria. Aún así, su presencia fue imprescindible en la construcción de una experiencia colectiva de lucha.
“La experiencia obrera no se explica solo por el salario o el conflicto laboral. También tiene que ver con la vida cotidiana, con la familia, con el barrio, con el género, con la forma en que se construye una identidad colectiva. Y eso es lo que intentamos recuperar con esta investigación: una historia donde la clase trabajadora aparece en toda su complejidad”, concluyó.






