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En Bahía los números tampoco cierran

delacalle Ninguno 11 mayo, 2019 - 7:43 pm en Editorial

(Por Astor Vitali) Se sabe que la imagen presidencial ha caído en picada producto de la situación económica y los simulacros de planes económicos reducidos a un simple acuerdo de precios con un puñado de terceras marcas elaborado luego de haber remarcado los precios. Sin embargo, las imágenes de los gobiernos provinciales y municipales muchas veces no son arrastradas por la mochila de plomo de la presidencia.

En Bahía Blanca, la idea de que hay un grupo que acuerda un destino de desarrollo y crecimiento basado en el tres o cuatro actores económicos fuertes parece haber calado hondo. Al menos en el discurso oficial que levantan gran parte de los medios.

Demás está decir que estos supuestos motores de la economía no representan el sector que genera más empleo sino más bien el que más ganancias genera… y se las lleva.

Ingresando en el mundo económico local desde una mirada global, en abril, el Índice de precios al Consumidor (IPC) CREEBBA difundió que “la inflación acumulada en la ciudad al finalizar el primer cuatrimestre del año alcanza el 13,1% mientras que la variación interanual ascendió al 50,7% con respecto a abril de 2018, convirtiéndose en la más elevada desde que el CREEBBA comenzó sus mediciones de precios en 1996”.

Siempre es necesario, para poner en contexto el número general de tasa inflacionaria, comparar con la situación de los ingresos. “En el mes de marzo, el Indice de Salarios (ISAL) registró un crecimiento del 2,7% respecto del mes anterior, mientras que en el mismo período el costo de vida medido por el IPC-CREEBBA avanzó un 3,4%”. En los últimos doce meses “se puede observar con mayor frecuencia meses en los que el salario creció por debajo de la tasa de inflación como contrapartida a la aceleración de precios que tuvo lugar a partir de la segunda mitad de 2018”.

Según el centro de estudios, “la tendencia muestra un decrecimiento del salario en Bahía Blanca, lo cual es consistente con el contexto inflacionario que se está atravesando. En concreto, en marzo el Salario Real se contrajo un 0,7% en relación al mes anterior y un 8,2% respecto al mismo mes del año pasado”.

Bajo la promesa del progreso y la “ciudad pujante”, Bahía Blanca no sólo no escapa a la realidad general sino que además no genera políticas económicas activas para estimular a los sectores que podrían abonar al impulso del círculo virtuoso del trabajo y el consumo.

Los sectores del comercio han solicitado ayudas y fomento. Se les ha respondido con que “las ventas online” crecen y entonces “hay que adaptarse”. Las PyMES atraviesan una grave situación, sumándose al concierto de despidos y achique general. Y, por supuesto, el sector cooperativo intenta aguantar pero tampoco es sujeto de políticas públicas que le permitan crecer y actuar de manera contra cíclica en un contexto que requiere de la mayor agudeza y mejor creatividad para, desde lo local, aportar a que no todo se derrumbe.

Por algún motivo, frente a todas estas evidencias, la ciudadanía bahiense aún guarda estima por un plan de gobierno que ha beneficiado a pocos actores y que no tiene proyecto alguno en carpeta que redunde en beneficio para todas las voluntades que desean trabajar, aportar y crecer.

En Bahía Blanca los números tampoco cierran. Sin embargo, pocos parecen dar con los responsables de la aplicación de políticas nefastas para las mayorías.

Eso sí: hay quienes ganan. Me pregunto por qué será tan difícil para muchas agendas periodísticas ponerle nombre y apellido a los beneficiarios de estas políticas cuyas víctimas están a la vista.

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