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“Hay 4288 páginas publicadas por el Che y solo se conoce el diario de Bolivia”

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delacalle Ninguno 28 septiembre, 2017 - 1:52 pm en Argentina, Entrevista, Locales, Mundo, Noticias, Política

Juan Martín Guevara está en Bahía Blanca para humanizar y cargar de contenido al mito del Che, su hermano mayor, fusilado hace cincuenta años en la selva boliviana. Invitado por la Comisión de Homenaje a Ernesto Guevara se presentará a las 18:30 en Luiggi 63.

“Mi hermano el Che” es el nombre del libro que servirá de excusa para reflexionar acerca del pensamiento político y la vigencia de la lucha del comandante de la Revolución Cubana.

En diálogo con FM De la Calle, Juan Martín comentó en la última emisión de El Mejor Equipo que “a pesar de que no era una familia proletaria, obrera, en el sentido de clase”, la suya no tenía “nada que ver con la oligarquía o con la aristocracia” como refieren muchas biografías.

“Primero porque no había un mando en la casa y segundo porque eran lo más rupturista y anticonservadores que te puedas imaginar, tanto mi viejo como mi vieja. Iglesia y militares no cabían, sonaba alarma en la casa. Política sí, todo entraba en la bolsa, que también era bastante diversa, nada que ver con algo que viniera de arriba, o una especie de mandato o que tuvieras que pensar de alguna manera. De ahí fuimos surgiendo”.

“De una familia no normal salió un tipo muy poco normal”, dijo Guevara y recordó la frase de Galeano sobre su hermano: “El más nacedor de todos, el que cada vez crece más”.

Comentó los viajes de “Ernestito” a dedo por las sierra de Córdoba, en buques petroleros desde sur hasta el Caribe, en bicicleta a motor hasta Santiago del Estero, con La Poderosa junto a Granados por Latinoamérica y el último camino que lo convertiría en el Che.

“Era muy lindo cuando estaba”, dijo Juan Martín y explicó que cuando partía llegaban las cartas enviadas sin costo desde los consulados argentinos. Primero las de “un viajero social” y luego “más profundas y políticamente comprometidas”.

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El cambio se produjo durante la visita a la Guatemala de Jacobo Árbenz, quien “había hecho una reforma agraria y gobernaba bajo un frente en el cual había sectores del Partido Comunista, marxistas y distintos sectores”.

Tras la caída de Árbenz, Ernesto se fue a México. “Las primeras cartas son más o menos pero de pronto empiezan a ser light de nuevo, de nuevo viajero. Evidentemente en ese momento estaba metido en el tema con el 26 de Julio, con los cubanos y ya no escribía lo que hacía pero recién cuando caen presos Fidel y los compañeros cubanos más él salta la cosa”.

“Cuando sale de la cárcel se va a meter en la casa de un guatemalteco. El acuerdo era que salía para volver a la Argentina, pero se mete en esa casa y a los dos días se embarca con los compañeros en el Granma”.

Luego de los combates de Sierra Maestra y la victoria de la Revolución la familia Guevara se reencontró en La Habana. “Era dejar a Ernestito y encontrar al Comandante, un poco distinta la cosa. (…) Cuba era un revoltijo, una situación compleja, muy complicada. El gobierno de Batista era muy sanguinario, mucha gente exiliada, y el 26 de Julio iba creciendo en todos lados”.

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Juan Martín era por entonces un militante popular porteño, fundador del centro de estudiantes de Avellaneda y ya contaba con los primeros palos de la policía sobre sus espaldas. “Llego a una revolución que viene a hacer un antes y un después en toda América Latina, era impresionante. Y que mi hermano fuera comandante era una cosa doblemente impresionante, indescriptible transcribir aquello”.

“Todo estaba revolucionado, todo era ebullición, movilización, encontrarse con la gente del Ejército Rebelde. Fuimos a parar al comando general que era el Hotel Habana Hilton, estábamos en enero, ahí nomás del triunfo y al mismo tiempo te encontrabas con turistas. Era una mezcla increíble, conocerlo a Camilo, a Almeida, al coronel Bayo, al que era presidente en ese momento. Una serie de cosas que, para quince años de venir de jugar a la pelota en el barrio a encontrarte con eso, era algo realmente de novela”.

El mito y la conciencia

En cuanto a la apropiación de la figura de Ernesto Guevara por parte del capitalismo, Juan Martín opinó que el mercado “obviamente hace negocio con todo, todo es mercadería, todo es producto y el producto Che vende y entonces se usa. Por otro lado vulgarizarlo, banalizarlo, mercantilizarlo, de alguna manera le quita el valor revulsivo, revolucionario, de pensamiento o de referente”.

“¿Por qué crece este mito? Porque los mitos son siempre producción de las sociedades, no vienen de cualquier lado, las propias sociedades van elevando cada vez más un personaje a nivel de mito. Hay una necesidad de ese referente y son las desigualdades que cada vez crecen más, las injusticias que cada vez están más al día, la mercantilización de todo. Los valores están deshumanizados absolutamente”.

CHE CUBA EN NACIONES UNIDAS

Guevara manifestó que “los personajes históricos revolucionarios más intragables y digeribles por el imperialismo y el capitalismo han sido Lenin y el Che. Lenin está callado, el Che no. El Che sigue hablando, sigue presente, en cualquier lugar del mundo uno ve una bandera del Che, que suele ser una bandera de protesta, una bandera de jóvenes. Entonces ese es el fondo real de la cuestión. Sigue siendo referente por lo que el peleó, luchó, enfrentó. Sigue estando presente”.

“La ventaja es que el mito existe. Entonces no tenés que generarlo, tenés meterle contenido y humanizarlo. Esa es un poco la militancia mía hoy. (…) Hay 4288 páginas publicadas de él y solo se conoce el diario del Che en Bolivia y alguna biografía”.

“El capitalismo está en crisis y ya no genera nuevas posibilidades. A medida que la tecnología avanza genera nueva gente sin trabajo y una acumulación cada vez mayor a partir de esa misma tecnología en cada vez menos grupos económicos y más poder militar, etcétera. Siempre se habla del Che y lo identifican con la guerrilla, con la lucha armada, no con el pensamiento político”, aseguró Juan Martín.

Para el “Tín”, hay que dar vuelta la situación y “solo la historia va a decir cómo”. “Nadie pudo imaginarse cómo fue el 17 en Rusia, ni como fue Vietnam, ni China, ni en Cuba, ni el Cordobazo, nadie imaginó el 2001. Los pueblos en un momento dado responden”.

“Ahora, en su pensamiento hay una cosa que es la cuestión del estudio profundo de cómo y cuáles son las crisis. Dos, que los actores sociales que están perjudicados, estén consientes o no de que son perjudicados, se aglutinen y enfrenten esa situación. La tercera es la conciencia. Hay que ser conscientes de que esa situación es así y hay que cambiarla”, concluyó.

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