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Otra educación es posible

delacalle Ninguno 27 julio, 2018 - 9:10 am en Educación, Entrevista, Política

(Por Giuliana Crucianelli) Gabriela, adolescente de 14 años, fue a rendir geografía en diciembre del 2016 y le dijo a la profe que “no sabía nada”. “¿De las frutillas sabés algo?”, le preguntó la docente. Sí, le contestó asombrada. En ese momento la evaluación se transformó en un ensayo de la actividad en los campos de frutillas en los alrededores de Mar del Plata y la vida de Gabriela en Bolivia antes de llegar a Argentina.

“Los bolivianos pueden soportar más el campo que los argentinos porque los bolivianos tienen el trabajo más pesado y los argentinos están en las oficinas. O será porque ellos sí pudieron estudiar. Yo pregunto en mi casa porqué no estudian. Porque no hay tiempo, es la misma respuesta que me dan todos los días”.

Lucía Gorricho es la profesora que tomó el examen y la autora del libro “Frutillas: un libro sobre educación y trabajo”.

“Cuando tomé esa evaluación me parecía que era importante que no quedara en mí, lo levantaron todos los medios, yo sentía que siempre me quedaba corta. Frutillas es la síntesis de mi laburo de 13 años como docente, también dentro de la educación popular y dentro de la comunicación” dijo.

La escuela y el trabajo

En los frutillares que componen el cordón frutihortícola de la zona de Mar del Plata habitan muchos pibxs que, al igual que Gabriela, no tienen como primera preocupación ir a la escuela sino que además tienen que trabajar. En este caso, la frutilla es una excusa porque lo mismo ocurre con adolescentes y niñxs en los campos de yerba mate, tabaco, algodón, uva. La lista es larga.

“La escuela está pensada para hacer la tarea en el tiempo libre, no para trabajar. No se está teniendo en cuenta que hay muchos chicos que no solamente trabajan sino que no tienen la estructura, no hay bibliotecas en las casas, no hay conexión a internet como para hacer o pedir la tarea. No se están alimentando como deberían. En esa escuela detecté ocho estudiantes con problemas graves de aprendizaje, con eso me refiero a que no pueden interpretar las consignas o que no saben escribir estando en un segundo año de secundario. Eso es porque hay deficiencias de la alimentación y se necesita una orientación particular que en las escuelas no las tenemos”, comentó la docente.

Un sistema obsoleto

Unicef presentó el “posicionamiento sobre adolescencia en el país”. Es un documento que analiza la realidad de chicos y chicas de entre 10 y 18 años. Los resultados arrojaron que la mitad de ellxs no termina el secundario y que uno de cada seis trabaja.  Además, señaló que el abandono escolar está muy relacionado con la inserción temprana al mercado del trabajo, entre los varones, y con el embarazo adolescente en las mujeres.

Gorricho argumentó que  la mayor deserción es porque “no se entienden los contenidos, no hay una relación entre la realidad concreta y lo que se enseña en la escuela. Eso tiene que ver el nuevo paradigma educativo, aprender en función de las necesidades que tenemos y no del contenido que ya están desgastado, que ya están caducos”.

Habló del rol docente, del desgaste, de los salarios bajos y de las condiciones laborales que no fomentan una buena enseñanza y un buen aprendizaje.

“La frustración es muy grande, los docentes que van a la escuela y no pueden cumplir con las expectativas y se frustran en su trabajo. Hay una sobre explotación, demasiadas horas, demasiados estudiantes, para que el sueldo sirva para poder vivir, por eso es que es tan importante que los salarios docentes sean dignos como para mejorar la calidad educativa, porque cuanto menos cobramos, más trabajamos y se nota en el peor rendimiento. Porque cuando estás cansada, cuando te duele la garganta es muy difícil enseñar algo porque no hay alegría, no hay disfrute en ese trabajo”.

Según el sistema actual, Lucía debería haber supuesto que su alumna no sabía nada de geografía. Lo dijo Gabriel. Ante esa premisa, un uno y nos vemos en marzo. Sin embargo, docente y estudiante, lograron trascender, romper, usar el sistema a su favor. Vos no sabés nada, pero no sabés nada de lo que yo te pregunto. Cambiemos la pregunta y veamos qué pasa. Enseñame con tu respuesta sobre las frutillas. Enseñame como es tener 14 años y laburar en el campo de sol a sol para sobrevivir. Después, si querés, hablamos de las capitales.

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