“Exigir aparición con vida permitió a las familias hacer el duelo por sus desaparecidos”

La psiquiatra Diana Kordon, una de las fundadoras del equipo de asistencia psicológica de Madres de Plaza de Mayo, visitó la ciudad para participar de una charla por los 50 años del golpe de Estado. En diálogo con FM De la Calle repasó su experiencia en el acompañamiento a familiares de desaparecidos durante la dictadura, los efectos psicosociales de la impunidad y reflexionó sobre los desafíos actuales de la memoria.

Kordon es médica psiquiatra, psicoterapeuta e investigadora en salud mental y derechos humanos. Durante la dictadura integró el equipo que brindó asistencia psicológica a Madres de Plaza de Mayo y posteriormente investigó los efectos multigeneracionales de la represión estatal. Su trabajo comenzó en los primeros años del terrorismo de Estado, acompañando a compañeras que tenían familiares desaparecidos.

“Lo primero siempre fue el compromiso político”, recordó. Con el tiempo, las propias madres comenzaron a pedirle ayuda profesional, aunque al principio ni siquiera sabían cuál era su profesión. A partir de esa demanda surgió la necesidad de organizar un equipo especializado de acompañamiento psicológico. Así convocó a Darío Lagos, Lucila Edelman, Elena Nicoletti y Esther Candel para conformar uno de los primeros espacios de asistencia para familiares de desaparecidos.

Uno de los debates centrales de aquellos años fue la consigna que luego se volvería histórica: “Aparición con vida”. “Hubo una discusión muy grande sobre si había que exigir aparición con vida o pedir esclarecimiento”, contó. Incluso algunos profesionales sostenían que ese reclamo impediría a las familias elaborar el duelo. Sin embargo, la experiencia mostró lo contrario.

“El hecho de poder demandar al Estado, que era el responsable de la desaparición fue lo que generó la condición para poder hacer el duelo”, explicó. Desde esa perspectiva, reclamar la aparición con vida permitía a las familias no asumir como propia la muerte de sus hijos: “Ellas no tenían por qué hacerse cargo de la muerte de sus hijos”.

Otro problema frecuente era cómo hablar con los niños y niñas cuyos padres habían sido secuestrados. Muchas familias intentaban protegerlos ocultando la verdad: “Era común que les dijeran que los padres se habían ido a trabajar a otro lado”. Pero, según la especialista, esa estrategia “generaba una vivencia de abandono en los pibes”.

Por ese motivo comenzaron a trabajar colectivamente con madres y familiares para transmitir la verdad de forma gradual, respetando la capacidad de comprensión de cada niño.

Junto con la vuelta de la democracia, Kordon y su equipo también investigaron los efectos sociales y psicológicos de las políticas de impunidad: “La impunidad era un factor de retraumatización”, afirmó. Si bien el castigo judicial no podía reparar la pérdida, tenía un valor simbólico fundamental: “El castigo a los culpables tiene un carácter reparatorio”, dijo Kordon.

Para la psiquiatra, la lucha colectiva contra la impunidad también cumplió un rol de elaboración social del trauma. “Estar en la calle y pelear contra la impunidad fue un factor muy importante de preservación”.

A 50 años del golpe, la psicoterapeuta  se refirió al debate sobre la memoria que vuelve a estar presente en la sociedad argentina. “No es un problema de olvido, es un problema de qué interpretación tenés de la historia”, señaló en referencia a los discursos que relativizan o reivindican el accionar de la dictadura.

En ese contexto, sostuvo que la memoria se construye también en la experiencia colectiva. Y recordó que algo similar ocurrió con las Madres de Plaza de Mayo: “Eran amas de casa que nunca habían salido a la calle a nada”.

Para Kordon, la vigencia de las luchas por memoria, verdad y justicia depende de sostener esa experiencia colectiva. Por eso insiste en que, frente al contexto actual “más que nunca es imprescindible la unidad de todos los sectores del campo popular”.

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