Llegar a tiempo
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que emigró a principios de año. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra
Querido amigo:
Lo primero que te voy a decir es que más vale que te haya pasado algo con la densidad suficiente como para que no hayas logrado hacerte unos minutos para escribirme un correo esta semana. Aunque sea uno cortito. Esto es de ida y vuelta, viejo. Si no la cosa se va. Espero que estés bien.
Además, acordarte que la idea de este intercambio semanal de correos fue tuya. Así que hacete cargo chipastrúfilo. No nos parezcamos a esa gente que criticábamos que te dice que le importa mucho cómo estás y después se borra o que dice “tendríamos que juntarnos”, mientras apura el paso para alejarse de vos lo más rápido posible.
Las personas de este siglo se desvanecen (pero con “empatía”, eso sí, cosa de que si las mandás a cagar, quedás mal vos).
Hoy te voy a hablar de música porque la política y las cosas del mundo están más o menos igual. Ponele que el hecho de que la Corte Internacional de Justicia de la ONU haya ratificado el derecho a huelga puede ser una noticia en el sentido de que les sirve a muchas entidades gremiales en conflictos internacionales y judiciales.
Vos y yo sabemos que la ONU es la organización que cristaliza la derrota de la estrategia del socialismo internacionalista; pero también sabemos que la política se hace, como el teatro, con máscaras y a veces la legalidad conseguida hasta el momento es la máscara que permite avanzar (casi siempre, al menos, no retroceder).
En Argentina conocemos de esto; desde la máscara de Fernando en el siglo 19 y la de Perón en el 20. Defender una táctica propia en nombre de la política de otro es una idea que a veces sirve. ¿Cuándo? Cuando tenés con qué. Hay que tener abajo para poner algo arriba (si no se cae). En fin.
Bueno, ahora sí. Te cuento lo más significativo de la semana. El sábado me desperté tarde (según dicen… yo nunca supe para qué se hacía tarde si estaba llegando perfectamente a tiempo al medio día). Pero cuando me crucé a comprar algo para comer la cajera me dijo ¿ahora almorzás? Es tarde. Serían eso de las cuatro. Después de esto que te voy a contar.
Dos integrantes del grupo Banda Feliz me habían enviado un link de la empresa Spotify, algunos días atrás, invitándome a escuchar el disco que acaban de editar. Yo había conocido su propuesta hace algunas semanas en un concierto y me había gustado.
El disco abre con la canción Ciertas Magnolias, de Aldana Donofrio, que para mí tiene reminiscencias a la fiesta vital que proponía Hermeto Pascoal en cada gesto suyo. Es una bienvenida amable.
A esta altura del medio día, yo me había clavado mi dosis de clonazepam y pregabalina (a las que ahora debo sumar una nueva sustancia, según me informó el jueves mi psiquiatra, que lleva un nombre parecido al tema que sigue: “Antidepresivos”. Es de Pablo Germán Jaimes.
Me pareció una buena forma de enterarme qué vendrá para mí en las próximas semanas; o sea, a través del lenguaje musical.
Voy percibiendo que el grupo trabaja con unas ideas melódicas que van desarrollando mientras los instrumentos que no llevan las líneas principales van trabajando en sostener armónicamente pero con cantos y ritmos que empujan, mueven lo que pasa. Nada se queda quieto. En lenguaje informar: esta música es un viaje.
La Banda Feliz está integrada por artistas que llevan cada quien sus temas propios y luego arreglan colectivamente. Hay instrumentistas, cancionistas y otros especímenes inclasificables de la fauna musical (como vos siempre decías, de las mezclas sale lo más puro).
La canción aparece como género en la tercera pista y es a través de la pluma y la voz de Julia Isgró, quien se caracteriza por interrogar acerca de ciertos asuntos de la existencia que no tienen respuesta; pero que nos duelen menos cuando llegan en forma de canción. O al menos podemos conjurarlos en el canto.
En esta canción su voz (su emisión) toma un cuerpo más presente en el aire que en otras interpretaciones anteriores, y esa carga interpretativa viaja en el tiempo desde aquel día en que grabó sobre un micrófono hasta este mediodía en que mis auriculares reciben sus sonidos enrulados. Curioso elemento el tiempo (y no te cito la frase porque te gustaba esa canción sino por otra cosa que te gustaba recordarme: “para Borges, el tiempo es el único tema del arte –y de todo conocimiento–“).
Mvraka, de Martín Espinosa, devuelve, en apariencia, el tamiz sonoro de la alegría. Pero a los pocos segundos de presentada alguna idea melódica, el misterio y la duda envuelven la creación con las formas que van tomando los instrumentos que cantan motivos similares. El ritmo podría venir del blanco ciego y enceguecedor desierto siberiano (pýra), o del enjambre neuronal de un artista desplegando sus dedos (sus dudas) en una calle céntrica de Bahía Blanca. Es lo mismo que ocurre en las mañanas, con cada despertar: ¿fiesta de otra promesa de aventura? Sí, pero cuidado que la amenaza de las cosas está latente (en cada una de ellas).
Luego llega un tema con estilizamiento del arco spinetteano en la métrica de las melodías, de Facundo Mazzulli. Un poquito de jazz fanqueado por aquí y un poquito de música argentina que se cuela en la sonoridad por allá. Se llama espacio interior.
Y me pareció adecuado el nombre porque el espacio interior (resonancias de lo que ha ingresado del exterior) es un lugar desde el cual salen ideas. Y sí, es cierto lo que vos decís cuando te ponés lacaniano: lo que digan los demás importa poco. Hay que escuchar adentro. La vida, cuando suena, modula y te sacude la concatenación de acordes. Las nuevas melodías no se piensan: se escuchan, directamente.
A todo esto, no dejo de percibir en cada canción a un baterista insistentemente creativo. Si bien la grabación no logra reflejar la potencia que esa creatividad impone en vivo, es notable cómo Nicolás Osses, autor del tema siguiente, va cantando con su instrumento. No se trata de un artista limitado a lo rítmico, sino de un baterista que se escapa de su rol y se pone a cantar los temas (con su instrumento de percusión).
En Desarmado me queda claro que el nombre del grupo es una expresión de deseo: ellos quieren ser felices (tal vez sea su deseo para todo lo que vive) y por eso se encuentran y tocan y comparten sus dudas y sus vacíos de esos que traen a la existencia el mundo al que nos revolean cuando nacemos, sin mayor ayuda que algunas frases tales como “portate bien” o “te vas a caer”.
Pero la verdad es que, tal como ocurre con las criaturas que nacen, en rigor, toda la vida permanecemos desarmados y cuesta tanto pero tanto trabajo aprender algo que nos de alguna herramienta, que generalmente llega tarde o se olvida rápidamente cuando nos acercan las cuentas a pagar o nos volvemos autómatas del teléfono y los servicios y las imágenes y los rils y todas las porquerías de la dependencia contemporánea y funcionamos hasta reventar. Como un lavarropa.
Una de las radicales costumbres que tuvieron las revoluciones que marcaron el destino de este mundo, sobre todo los de la francesa, los de la comuna (que derivará en la soviética y en todo lo que hoy existe), fue el descargo popular de sacarse la bronca decapitando a sus opresores. Tal vez, para terminar de recuperarnos de todos estos estados por lo que hemos pasado sobre las seis pistas anteriores, es que el disco cierra ofreciéndonos La Cabeza del Rey. Es de Claudeta Vul.
¡Sac!
Escuchalo, querido amigo. Acá te dejo el link (hacé clic donde dice “Link” que le puse eso que se llama “hipervínculo”). Este domingo lo presentan en La Panadería así que te lo perdés. Pero al menos te comparto todas estas impresiones y te paso para que escuches virtualmente.
A mí me parece maravilloso que un grupo de artistas se reúna a crear. Hace falta más de esto. Ojalá no se peleen por pavadas como suelen hacer los músicos bahienses y ojalá puedan seguir creciendo colectivamente para ofrecernos al público más música que tiene calidad artística, densidad temática y diversidad de enfoques, a la vez que constituye un sonido propio.
A mí me hizo muy bien y ¿sabés qué? se ve que no me levanté tarde porque llegué a tiempo a escucharlo, y ahora, este sábado en que tomo estas notas que luego irán al nuestro intercambio semanal de correos, está hecho de sonidos que cambiaron las cosas y las partículas del día. ¿Sabés qué? A vos y la cajera, les digo: he viajado por países, emociones y pensamientos a través de estos músicos y de esta música y renové mi vocación socialista antimonárquica. ¿Te parece poco?
Pienso: los músicos deberían cobrar por todo lo que ofrecen…. vivir a partir de lo que dan. Pero ¿para qué entrar en ese tema ahora?
Mientras termino estos apuntes para vos, por debajo de la puerta alguien aprovecha la tierrita que se junta por el viento para deslizar con facilidad una boleta de algo. Sentado al lado de la compu y del parlante, en el escritorio de la entrada, no llego a ver de qué empresa o entidad estatal se trata.
Yo, por mi parte, vuelvo la mirada hacia la pantalla de la computadora y apreto nuevamente play.
Hasta la próxima. No seas chanta y hacete un tiempito. Que las amistades que no se alimentan se mueren por inanición o peor, cobran aire de familia (de la patriarcal).
Abrazo no te mando porque esta vez no te lo merecés.
(Aviasme si te pasó algo, pelotudo, que si no me preocupo al pedo).






