Arriba (de) los pobres del mundo
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que acaba de irse al exterior. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
Bueno, lavar copas al menos ayuda a pensar. Pero durante un tiempo, después ayuda a no pensar. Te convierte en autómata. Ojalá puedas encontrar algo mejor.
¿Samanta conoce gente? Estoy muy contento con lo que me contás acerca del desarrollo de ese amor. Que se cuiden mutuamente y que la conversación (aún en las diferencias) prevalezca a los arrebatos de la torpeza enamorada, me parece una cosa enorme.
Amigo otra vez pasamos un primero de mayo. ¡A rriiii ba los po bres del muuun do! ¡De pieee los es cla vos sin pan! Día internacional de los trabajadores y de las trabajadoras. ¡Venceremos! Me cago bien en la mierda, mirá. Como el culo la pasamos por acá (te voy a hablar otra vez de Bahía Blanca, perdón).
En el correo anterior te comentaba cómo a un fiscal se le había ocurrido salir a cazar sindicalistas, cómo allanaron Empleados de Comercio y encanaron gente. Bueno, uno de ellos pasó el primero de mayo en cana.
Sí, ya sé, vos me vas a decir que en un país como este, con la tradición de clase obrera organizada sólida que tenemos seguramente todo el mundo movilizó a la comisaría primera en la que estaba engrillado el susodicho para exigir su liberación, que se armó un gran frente político sindical y movilizó hacia la fiscalía para denunciar el atropello.
Pues no. El primero de mayo cada organización hizo actito o su no actito, o su festejito, pero se soslayó la circunstancia con rigor (salvo en algún que otro discurso aislado en el que se mencionó la cosa pero ya sabes que mejor que decir es realizar).
Ese mismo día, feriado, a la Justicia se le dio por trabajar y lo trasladaron a la cárcel local. ¡Qué laboriosos!
A los pocos días, lo que saca de la cárcel al dirigente sindical no es ni el movimiento obrero, ni un desarrollo simbólico a través de una campaña, ni la solidaridad internacionalista. No. ¿Qué fue? Fue ni más ni menos que el símbolo del poder: el billetón. Garparon la fianza de (contá los ceros) $30.000.000 y ya. Arafue.
Vos siempre me decías lo mismo respecto de quienes ejercen el poder: Astitor, van a avanzar hasta que puedan, o sea que van a probar correr límites; si los dejamos, estamos al horno.
Querido amigo: estamos al horno. Le hicimos sabe a esta fiscalía –que nos amenaza con arrebatarnos la libertad persiguiendo con delitos penales acciones gremiales– que no somos capaces de oponer ningún tipo de acción político-gremial en nuestra defensa.
Ahora, la cuestión de fondo, lo que sería la noticia, quedó sepultada bajo las ruinas de este circo: la pelea gremial se hizo porque el gremio sostuvo que apretaban a trabajadores para ir a laburar en un día en que se había conveniado legalmente no hacerlo, con documento firmado y todo. Este paquete, los medios, no lo compraron.
De más está decir que el trabajador sigue procesado, puede ir en cana por 10 años y la fiscalía se rasca su pelambre de lomo plateado con regocijo, sobándose el poder. Ellos sí pueden.
A esto le sumamos un suceso que para qué te voy a contar. Un grupo musical iba a tocar en una sala. El mileismo denuncia el contenido del flyer que anunciaba la fecha y ¡la policía! va a la sala a intervenir. ¿Lo qué? Si. No un inspector del Instituto Cultural. No, no. La policía. El grupo decide no tocar. No están hablando con los medios porque se asesoran legalmente.
Bueno al menos frente a esto hay dos convocatorias (una gremial y otra partidaria). ¿Quién habrá sido en el Poder Judicial el que dijo “avancemos con esto”? Yo me pregunto ¿por qué para cierta izquierda es más fácil tomar este tema que el de un sindicato con el que no se acuerda? Yo me respondo: el sectarismo hace muy mal.
Volviendo: este domingo toco a las 20:30 en el Café Cultural Don Osvaldo (te lo perdés) ¿te imaginás si va la policía a interrogar qué estamos haciendo ahí? Por supuesto se empieza por denunciar al milico que se atreve a hacer eso pasando por todos los eslabones hasta llegar al funcionario de más alto rango que ejerce persecución autoritaria sobre una expresión artística.
Ahora, cuidado, no están locos: están viendo hasta dónde pueden ir.
Claro que sí, eso que vos decías: hasta donde pueden es: hasta dónde los dejamos. Así que algo de esto tenemos que ver cada quien. No me rompas los quinotos con que se me sube el nivel de Sartre en sangre por eso de que todos somos en alguna medida responsables por todo lo que ocurre. Un poco mucho, sí. Pero un poco, algo de eso hay. SI no no se explica el siglo XX. Aunque ahora hayamos desarrollado una capacidad extraordinaria para generar la hipérbole contraria y manifestar una absoluta indiferencia ante todo lo que ocurre.
Volviendo al primero de mayo: cada vez más gente laburando más horas y en peores condiciones. Y además enloquecida con unos estrezasos y ataques de pánico y estas mierdas de época que si no estalla el melón estalla el zurdo. ¡Feliz día, tu abuelo! Es el día en que la clase obrera organizada habría definido como un modo de articulación de una política internacional común de liberación. Eso, pero en moto trasladando una empanada o arriba de un Uber.
O sea que este primero de mayo más bien fue arriba (de) los pobres del mundo, porque están los ricos más o menos en el mundo que el neoliberalismo tachereano había impulsado. Están los ricos en el mundo de sus sueños. Sí, ya sabemos, tienen mal gusto: es un mundo horrible.
¿Vos trabajaste? ¿Fuiste a algún acto? ¿Cómo son allá? A mí no me caen bien los europeos pero algunas cosas les salieron bien… qué se yo, la Comuna, ponele, algún que otro músico y Carlito, nuestro Carlito, por supuesto. Yo no fui a ningún acto. Me dio vergüenza ir a escuchar discursos clasistas mientras un dirigente gremial está preso.
Che, hace rato no te pregunto ¿qué estás leyendo? Yo te voy a mandar un libro maravilloso que lo lees en un franco (¿tenés franco, no?) de corrido. Es una belleza de una colección que se llama Historia Social de la Canción de editorial Mil Campanas. El autor es Mariano Suárez: Exilio y dictadura: música para la liberación.
Yo me cagué emocionando pero de esas emociones lindas que, por un rato, hacen que uno pueda volver a creer en que el ser humano sea capaz de recuperar sus mejores sueños para elevar la vigilia al sendero siniestrado de la dignidad.
Bueno, bueno. Como decía don Alfredo “¡Sin trajediarse!”. Ja matane. Sayōnara. Me puse a chusmear el japonés. Así se escribe con sus dibujitos, mirá: さようなら .
Te mando un abrazo internacionalista y un besito en la barricada.





