La provincia más austral se convirtió en el primer territorio del mundo en legislar contra la cría de salmones, especialmente, en aguas del Canal Beagle. “Esto es bisagra”, dijo a FM De la Calle David López Katz, integrante de Sin Azul No Hay Verde, programa marino de la Fundación Rewilding Argentina.

Dado el “impacto ambiental, el poco beneficio que otorga a la comunidad, porque no genera puestos de trabajo y que encima genera impactos a la salud, hay muy pocas razones para permitir que una industria así opere”.

“Conjuga la opinión del pueblo que se manifestó durante los últimos 2 años y medio que fue cuando se dijo la posibilidad de hacer esta actividad a partir de un convenio que firmó Argentina con Noruega, que es quien promueve esta actividad alrededor del mundo y en Chile durante los últimos años. Solo con contactar a gente de Chile vimos el desastre que significa para el medioambiente y que atenta contra las comunidades, con las culturas locales y los trabajos de calidad”, dijo López.

En relación a la metodología de cultivo explicó que “desde fuera del agua no se ve demasiado, son jaulas que tienen la superficie de una chancha de fútbol y eso para abajo puede tener 80 metros, puede haber de 200 a 800 mil salmones. Es una masa gigante de animales que corren el riesgo de que con cualquier cambio climático brusco una de las jaulas se rompa y se escapen miles de salmones a un hábitat que no les corresponde, porque es una especie introducida del hemisferio norte, y empieza a impactar sobre las especies autóctonas”.

En cuanto a los impactos ambientales, mencionó que “uno de los más importantes es que de todo el alimento que les dan, que es balanceado, se calcula que consumen entre el 30 y 40% y el resto va al lecho marino no permitiendo el ingreso de luz y oxigeno, generando un mar muerto. Como tiene un tiempo límite y las jaulas se van moviendo, por donde van pasando van matando todo”.

López Katz afirmó que la imagen que más se asemeja es la de un criadero de pollos con los animales hacinados en jaulas, hábitat en el que proliferan las enfermedades. “Los antibióticos que se usan son muy fuertes para poder combatir virus que traen estas especies, la mayoría de las enfermedades se generan en lugares con un hacinamiento muy grande”.

“Después uno lo termina consumiendo al salmón y va generando una resistencia a los antimicrobiales y cuando uno necesita de un antibiótico tiene cierta resistencia, a notros mismos nos empieza a generar problemas de salud”.

Respecto a los puestos de trabajo que prometía la explotación de las salmoneras, López Katz argumentó que “trabajamos con economistas de la Universidad de Tierra del Fuego que llevaron adelante un estudio de factibilidad económico y llegaron a la conclusión, ratificada por la industria, que se necesitaban alrededor de 70 personas. Más de la mitad era personal calificado que acá no existe porque esta actividad no se lleva adelante, entonces habría que importarlo, ¿para qué poner en juego nuestro medioambiente, competir con los productos locales, por un producto que no genera derrame a la comunidad?”.

La prohibición es para la cría de salmónidos en aguas territoriales, el ambientalista aclaró que “dentro de los salmónidos están las truchas, que están introducidas en Tierra del Fuego hace más de 30 años y se usa para la gastronomía, para la pesca. Hay productores locales que llevan la actividad de manera sustentable y en sistema de recirculación en tierra. No tiene la misma magnitud de impacto que las jaulas que mencionábamos antes, se permite este tipo de producción a baja escala”.

En cuanto a la persistencia de los intereses empresariales o del rechazo del gobierno nacional a la norma, López Katz aseguró que “la comunidad se expresó determinantemente” al igual que sus legisladores. “Va a ser muy difícil que cambien pero no hay que bajar los brazos y siempre estar pendientes”, concluyó.

Imágenes: Augusto Decamilis, buzo y fotógrafo.

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