Educación en Bahía Blanca: “3 de cada 10 adultos no terminaron la secundaría”
El último censo educativo realizado en Bahía Blanca reveló, por un lado, avances en el acceso a la educación, pero también profundas desigualdades territoriales, dificultades en la continuidad escolar y un escenario de creciente fragmentación educativa.
A partir de un relevamiento realizado en 1.400 hogares de Bahía Blanca —que representa a unas 4.000 personas— se construyó un diagnóstico actualizado sobre la situación educativa de la ciudad. Uno de los datos más relevantes indica que casi 3 de cada 10 adultos no terminaron la escuela secundaria, una cifra que, si bien no es elevada en comparación con otras regiones del país o de América Latina, sigue siendo preocupante.
Natalia Krüger es doctora en Economía de la Educación e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS–CONICET/UNS).
“Si miramos a los jóvenes de entre 18 y 24 años, ese porcentaje baja al 20%, pero sigue siendo significativo, porque uno de cada cinco jóvenes ingresa al mercado laboral sin el título secundario”, explicó. Esto impacta directamente en las posibilidades de acceso a derechos, empleo formal y condiciones de vida dignas.
El informe muestra que el acceso a la educación inicial y primaria está prácticamente garantizado y que la secundaria mantiene altos niveles de cobertura. Sin embargo, persisten dificultades vinculadas a la permanencia y finalización de los estudios. “La repitencia y el rezago siguen siendo problemas importantes, especialmente en el nivel secundario” y remarcó que muchos estudiantes terminan sus trayectorias con varios años de demora.
A esto se suma una preocupación por la calidad de los aprendizajes: “Se avanzó mucho en el acceso, pero no necesariamente en los aprendizajes. Hay una especie de devaluación del título: se llega, pero no siempre con los saberes esperados”, afirmó.
Uno de los ejes centrales del estudio es la fuerte desigualdad territorial. “La ciudad está cada vez más fragmentada y eso se refleja en las trayectorias educativas. Las condiciones de vida, la infraestructura, el transporte y los recursos disponibles inciden directamente en las oportunidades educativas”, señaló Kruger.
El informe también muestra que muchos jóvenes que abandonan la escuela lo hacen porque necesitan trabajar. “Gran parte de quienes no están en el sistema educativo están económicamente activos. El costo de estudiar es alto cuando hay necesidades básicas insatisfechas”, dijo.
Además, aclaró que el grupo de jóvenes que no estudia ni trabaja es reducido y que, en muchos casos, se trata de mujeres que realizan tareas de cuidado no remuneradas.
Las desigualdades también atraviesan a las propias escuelas. “Hay diferencias muy grandes según el barrio en el que están ubicadas. Los recursos, el acompañamiento familiar y las condiciones de trabajo docente influyen mucho en los resultados”, sostuvo.
Aun así, destacó que existen escuelas que, incluso en contextos adversos, logran buenos desempeños gracias a la construcción de comunidad, el liderazgo institucional y el compromiso de los equipos docentes.
Respecto del proyecto de “libertad educativa” del gobierno nacional, Krüger advirtió que la educación “no está siendo una prioridad en términos de financiamiento” e hizo hincapié en los riesgos de profundizar la desigualdad si el Estado se retira de su rol garante. “Si no hay recursos suficientes, infraestructura y docentes con tiempo para acompañar trayectorias, las políticas terminan generando cuellos de botella”, manifestó.
En relación con propuestas como los vouchers o una mayor privatización del sistema, sostuvo que “la evidencia muestra que no mejoran la calidad educativa y tienden a aumentar la fragmentación”.
En ese sentido, mencionó el caso chileno como un ejemplo donde la libre elección escolar profundizó la segregación. “La supuesta libertad de elección está muy condicionada por el nivel socioeconómico. No todas las familias tienen las mismas herramientas para elegir”, advirtió.
También cuestionó la idea de trasladar mayores responsabilidades a las familias: “Cuando el Estado se corre, se profundizan las desigualdades. La escuela sigue siendo un espacio central de socialización, de encuentro entre distintos, y eso se pierde cuando se fragmenta el sistema”.
Finalmente, subrayó que el desafío es estructural: “Si no hay una intervención que corte estas dinámicas, se consolidan las trampas de pobreza. El nivel educativo condiciona las oportunidades laborales y eso vuelve a impactar en las condiciones de vida de las próximas generaciones”.






