(Por Enrique Gandolfo*) Como si la pandemia fuera un factor de unidad para intereses contrapuestos los dirigentes de las dos fracciones de la CGT han recibido en la sede sindical al nuevo presidente de la UIA Gustavo Elías (dueño de la Nueva y La Brújula), al intendente de Bahía Blanca y otros de la región y al presidente del Consorcio de Gestión del Puerto Federico Susbielles.

Vale mencionar especialmente la presencia del intendente de Villarino Carlos Bevilacqua, el hombre que reclamaba que se investigara a Facundo Astudillo Castro por narcotráfico.

Ante ello decimos:

*Los dos dirigentes de las dos fracciones de la CGT reciben en la sede sindical al presidente de las cámaras patronales sin haber dicho una palabra de solidaridad con la huelga nacional aceitera que con ejemplar firmeza reclaman desde hace 15 días por un salario digno que se atenga al principio constitucional que define el mínimo vital y móvil. Y lo hacen frente a patronales que este primer semestre del 2020 han exportado por 14 mil millones de dólares y han ingresado 9 mil millones.

Es decir, han dejado en los paraísos fiscales donde tienen sus casas matrices uno de cada tres dólares.La Federación Aceitera dice con razón que las empresas provocan el conflicto para presionar al gobierno con desgravaciones impositivas, baja de retenciones y devaluación de la moneda.

La explotación del trabajo descansa en la competencia entre trabajadores, en la desunión. Quien desde la dirigencia sindical mira para otro lado frente a un conflicto así favorece a los dueños del capital por más que hable de “equidad y oportunidades de progreso”.

*En el documento se habla de “fomentar el empleo”. Se olvidan que Gustavo Elías al frente de la Nueva ha producido despidos de trabajadores gráficos. El año pasado fueron 15 los compañeros gráficos despedidos que se agregan a los 26 del 2016 cuando Massot tenía la propiedad del diario.

*¿Cuántas son las patronales que han desconocido las condiciones de resguardo en los lugares de trabajo frente al corona virus?

*En medio de la pandemia hemos visto como se aprueban proyectos inmobiliarios de lujo como el Sarmiento al 1300 o se pretende destruir una plaza para construir cocheras, al tiempo que cientos de familias buscan tierra y vivienda para dignificar sus vidas. ¿Hay algún interés común entre los grandes inversionistas en busca del máximo lucro y quienes ya no pueden pagar un alquiler?

*El documento firmado habla de “armar una agenda de acciones conjuntas para velar por la seguridad en el trabajo, mientras todos los indicadores hablan de como en el período de pandemia hay decenas de empresas que han aprovechado para flexibilizar las condiciones de trabajo (algunas valiéndose del teletrabajo), para producir reducciones salariales o propiciar formas aberrantes de explotación como las empresas multinacionales de cadetería.

La precarización laboral se extiende por todas las áreas del trabajo público (con despido incluído de trabajadora municipal precarizada) y privado. Todos y todas recordamos las muertes de Juan Cruz Manfredini y tantos otros jóvenes que trabajaban en las empresas de la industria, el puerto o en la construcción. La mayoría de esas pérdidas de vida son consecuencias de la desidia y la desinversión de las empresas para garantizar las condiciones de seguridad.

¿Hay intereses comunes entre empresarios que “ahorran en seguridad para bajar los costos laborales” y quienes tienen que vender su fuerza de trabajo en estas condiciones?

*En medio de un empobrecimiento generalizado del pueblo trabajador un puñado de grandes empresas han abultado sus ya muy considerables ganancias. Los grandes bancos, las empresas tecnológicas, las mineras y las del complejo agro exportador y petroquímico van a la cabeza.

*Desde un punto de vista de clase decimos que el funcionamiento “normal” del capitalismo es el gran productor de injusticias y que la pandemia opera como una oportunidad para agravar las desigualdades e incrementar la opresión sobre la clase trabajadora.

*Quienes desde un puesto sindical enarbolan un discurso de equidad e igualdad de oportunidades entre quienes ejercen el poder económico y quienes vivimos de un salario no hacen otra cosa que ocultar su rol de contenedores de la protesta y favorecedores de intereses ajenos a la clase que dicen representar.

*La organización sindical de los y las trabajadores y trabajadores sólo con democracia de base y la más plena autonomía frente a las patronales, el Estado y los partidos políticos puede defender cabalmente los intereses de su clase y al mismo tiempo proyectar una salida alternativa a la crisis que se oriente por intereses comunes para una vida digna y no por el imperativo de la ganancia como motor de la economía. Hay otro país posible por el que vale la pena luchar.

*Secretario General CTA Bahía Blanca.

Foto: UIBB.