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Siervas Trinitarias: otra forma de trata

delacalle Ninguno 10 junio, 2015 - 3:45 pm en Derechos Humanos, Locales, Noticias, Radio

“Éramos como soldaditos”, dijo la periodista Yanina Lofvall en diálogo con FM De la Calle al recordar los más de siete años que fue cautiva de la secta católica Servi Trinitatis. El proceso de captación, el robo de la identidad, la reducción a la servidumbre y el secuestro, los malos tratos, las estafas, la causa judicial y la reconstrucción de su vida son algunos de los ejes del libro que presentará el próximo sábado a las 18:30 en la sede de ADUNS (Pasaje Tres Arroyos 538).

La justicia pampeana investigó a los sacerdotes españoles Antonio Martínez Racionero y Ricardo Latorre Cañizarez aunque dictó falta de mérito porque si se cuestionase la actividad de reclutamiento y adoctrinamiento “entraríamos en una intolerancia religiosa que no pararía hasta la indagatoria al mismo Papa”. Años después la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas pidió reabrir la causa y las víctimas denunciaron al Estado argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos “por no haberle retirado la autorización a esta secta”.

“Siervas Trinitarias (Secta Católica)” fue editado por la Cooperativa Visión 7 y declarado de interés provincial porque “además de ser una obra literaria pampeana, es un documento histórico” que retrata un hecho que “conmocionó a la sociedad santarroseña” y “describe cómo operan los movimientos sectarios”.

A días de su presentación en Bahía Blanca, compartimos la transcripción de la entrevista realizada a Yanina Lofvall en el programa En Eso Estamos semanas atrás.

-¿Qué es Servi Trinitatis?

Servi Trinitatis es un instituto secular, llamado así dentro de la Iglesia Católica, que llegó en los noventa a Argentina. Primero a Santa Rosa, La Pampa, y luego a Lomas de Zamora. Es una institución que empezó a trabajar en la Catedral de Santa Rosa a través de Acción Católica y a partir de ahí empezó a captar chicas y chicos, de entre 12 y 18 años en su mayoría, para ser miembros de la institución con votos de castidad, pobreza y obediencia sin con el consentimiento de los padres. Se trata de un instituto secular, por lo tanto no había hábito o algunas cosas visibles que los padres pudieran entender que se estaba tratando de una consagración.

Aclaro esto porque es una de las primeras cosas que la gente no entiende, se habla de cómo hacían para ocultarlo, ¿no? En el año 2007 fue denunciada por reducción a la servidumbre, por estafas y varias carátulas más en una causa que empezó en La Pampa y se cerró acá  lamentablemente aunque fue presentada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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Yanina Lofvall. El Tranvía.

Lo que es un trabajo de manipulación mental con personas muy chicas, a una edad muy temprana, en la que logran hacer un quiebre de la voluntad donde uno termina siendo miembro en contra de lo que desea, creyendo esto del mensaje divino que ellos traían y uno debería obedecer. La manera de manipulación que ellos utilizan es la de las sectas, logrando el corte de los vínculos sociales nuestros, perdíamos a nuestros amigos, nuestros vínculos familiares, es un mecanismo muy complejo y sutil que se dio y por eso la necesidad de un libro, de poder contar lo que nos pasó a muchas jóvenes de La Pampa, de Lomas de Zamora, pero también dar a conocer una manera de trata de personas que todavía sigue funcionando en Santa Rosa como en Lomas como en otros lugares del mundo.

-¿En qué prácticas consistía la reducción a la servidumbre?

El caso más grave que tuvimos fue el de una joven que entró a la institución a los 16 años y durante casi diez la hicieron pasar por enferma. La hacían dejar de comer, por eso parecía enferma, y estar escondida en Buenos Aires porque ellos decían que le estaban haciendo unas intervenciones gravísimas para lo cual se hacían grandes colectas de dinero.

Después de ocho años de esto y de hacer colectas tanto en Santa Rosa, como en Lomas de Zamora, como en Venezuela y España se descubrió que esa chica nunca estuvo enferma y que en realidad era una miembro que había sido obligada por ellos a permanecer encerrada y haciendo determinados tipos de dietas para estar delgada y parecer enferma y promover esas colectas.

Otra de las cuestiones es que al tener votos de pobreza nosotros entregábamos todo a la institución, ellos manejaban nuestros sueldos, nuestras tarjetas de cobro, nosotros si queríamos algo teníamos que pedir permiso y si se nos autorizaba lo podíamos comprar. Teníamos una dependencia total de lo que ellos decidían.

En Santa Rosa lograron comprarse una casa, un chalet muy importante en el centro de la ciudad, un campo y poner una radio con una de los mejores estudios de la ciudad. En Lomas de Zamora tienen cuatro o cinco casas compradas y en Capital Federal tienen cuatro departamentos.

-¿Lograron transformar tu propia identidad?

Sí, eso es lo complejo. Hay mucha gente que no podía entender lo que nos pasó porque hay una diferencia muy grande entre lo que son movimientos quizás ortodoxos de la Iglesia, donde uno es libre de elegir si quiere o no estar en ese lugar, que este tipo de institución, que yo no he conocido otra de estas características tan perversas dentro de la Iglesia, que lo que hace es eso, robarte la identidad.

Yo cuento en el libro que venía de una familia que no practicaba, teníamos el trámite que hace uno que toma la comunión pero no iba a la Iglesia. Estaba en un movimiento de teatro, de rock nacional, nada tenía que ver con la Iglesia. Caí en un momento en que estaba mal, tenía 17 años, fui a pedir ayuda, consejo, y lamentablemente confié en ellos y me refugié en un momento de crisis. La mayoría de quienes entramos a la institución lo hicimos en un momento de debilidad emocional, familiar, historias muy simples de las crisis de adolescentes que en ese momento y esa edad son tan grandes para uno, todo se hace como inmenso.

Y lo que hacen es robarte la identidad, después de irte tenés que hacer un proceso muy largo de reencontrarte. Porque, como dice la tapa del libro, no nos queríamos dejar llevar por ningún gusto, nada, absolutamente nada de lo que nos gustara lo podíamos hacer porque era dejarnos llevar por el gusto y eso ofendía a dios. Ellos nos decían ‘todo gusto que no sea por la gloria de dios, renúnciese y quédese vacío de él por amor a Jesucristo’. Entonces nadie hacía nada, no podíamos hacer actividades culturales, ni mirar televisión, ni escuchar música, visitar amigos, todo era estar al servicio. Ellos disponían de seis horas de oración diarias, no podíamos hablar con hombres, no podíamos mirar vidrieras, no podíamos vestirnos de ningún tipo de manera provocativa, pantalones y remeras amplias, no podíamos usar aros, perfumes, no podíamos depilarnos. Éramos como soldaditos, quizás esa es la expresión, soldaditos.

-¿Vivían en alguna dependencia de esta organización?

Se llaman cenáculos, tienen una capilla adentro y se celebra misa, recién se hizo público cuando apareció el conflicto mediático, muchas vivíamos en comunidad. Otras no porque imagináte que muchos entraron hace doce o trece años, o sea, toda su actividad religiosa era a escondidas de sus padres pero viviendo con ellos. Se nos enseñaba a mentir de una manera muy sutil, lo que ellos llamaban restricción mental. Nuestros padres veían nuestros cambios muy radicalizados y a veces muchísimos cambios de personalidad porque había chicas que sí eran de la Iglesia pero otras que no teníamos nada que ver y de repente nos la pasábamos en la Iglesia.

Teníamos reunión en el cenáculo, misa en el cenáculo, direcciones espirituales con el sacerdote o hacer cosas que tenían que ver con la institución y nosotras teníamos prohibido decir a dónde íbamos. Entonces, teníamos que decir por ejemplo ‘me voy a juntar con las chicas’ o ‘voy a tomar algo con mis amigas’, y para que no sea mentira, cuando llegábamos al cenáculo tomábamos un vaso de agua y decían que no era una mentira porque habíamos ido a tomar algo.

De esa manera había un montón de mecanismos que hacían que nosotros trabajáramos para la institución sin que nuestros padres supieran lo que nosotros estábamos haciendo aunque éramos menores.

-¿Eran todas mujeres?

Había una rama femenina y una masculina. Lo que pasa es que no teníamos permitido conocer la rama masculina, entonces nunca supe qué cantidad había en la ciudad de Santa Rosa. Sí sé que había miembros porque como era tan visible nuestro cambio, nuestra actitud, en la parroquia nos dábamos cuenta quiénes podían ser los miembros varones. Sí se llevaron gente de Santa Rosa para asistir sacerdotes de la institución.

-¿Entre las mujeres estaba tu hermana?

Entre las mujeres estaba mi hermana que cayó dos años antes que yo y fue uno de mis grandes logros de la causa. Mi hermana estaba muy radicalizada en la institución y cuando fue la causa judicial ella se enojó mucho con nosotros porque decía que los sacerdotes eran santos y que ellos no mentían y que la que los había estafado era esta chica de 16 años, todo ese discurso. Y cuando empieza a salir por los medios, mi familia trabajó muchísimo por esta causa, entonces, de repente, después de once años de estar en la institución los curas le dijeron que se habían dado cuenta que no tenía vocación y la echaron.

Por suerte y aunque sea de esa manera, mi hermana recuperó su libertad y hoy por hoy volvió con su novio, con el que había dejado once años antes para hacerse miembro de la institución. Mi hermana cuando se acercó a la Iglesia se estaba por casar y ellos la convencieron que no tenía vocación para el matrimonio y que tenía que entrar en la institución, y dejó a su novio y se metió a Servi Trinitatis.

-¿Vos cómo pudiste salir?

Durante siete años quise irme. Estuve siete años y dos meses. Pedí varias veces la baja, no me la dieron. Y cuando se descubrió que hacían pasar a estar chicas por enfermas, una era de Santa Rosa y otra de España, dos casos iguales, esto fue dos años y pico antes de la causa judicial que fue un lío interno, no fue público. Se generó una crisis muy grande en el que todas las que cuestionaron, opinaron o hablaron del tema sin autorización del director fueron expulsadas.

En ese momento, luego de una crisis, yo por alguna razón pude como tomar coraje o como un quiebre, yo me quería ir hace siete años y no podía, tenía esa dependencia que ellos me decían que si me iba atentaba contra lo que dios quería, que me iba a condenar, que no iba a ser feliz, que iba a ser una fracasada toda mi vida yo y toda mi familia, y todas las almas que se iban a salvar por mí, si me iba se iban a condenar. Era una carga muy grande sobre la fe.

Pero en algún momento de esa crisis institucional mi cabeza hizo un clic y me pude ir. Me fui como desertora para ellos, sin la autorización, sin la baja. Por lo tanto, por lo que ellos me habían enseñado no pude comulgar durante un año porque tenía votos temporales cuando me fui, después me enteré por otros sacerdotes que eso no era así, que era mentira de ellos y yo podía haber comulgado tranquilamente, ¿no? Era parte de la presión que ellos ejercían sobre uno para que no se vaya, uno estaba desde la fe ahí.

-¿Ellos quiénes son?

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El obispo Poli despide al cura Racionero. Radio Kermés.

En el caso de Santa Rosa, Ricardo Latorre -era mi director espiritual y confesor- y Antonio Martínez Racionero. Pero después en Lomas de Zamora también hubo algunos sacerdotes con mayor perversidad que otros, porque también hay sacerdotes que entraron de buena fe y desconocen algunos mecanismos que tienen las autoridades máximas de la institución. Lamentablemente tenemos dos sacerdotes que salieron de Santa Rosa y creo que ellos son tan víctimas como lo fuimos nosotras.

-Hablando de las autoridades de la Iglesia Católica, ustedes tenían en La Pampa por aquellos años a Mario Poli que está en Capital reemplazando a Bergoglio desde la asunción del papado. ¿Recurriste a ellos? ¿Qué actitud tomaron?   

En principio es interesante el dato, quizás en Bahía no se conoció tanto la causa, no es casual que monseñor Poli vino acá. Poli llega a la ciudad de Santa Rosa en medio del conflicto judicial del cual se abstuvo de emitir cualquier tipo de opinión, ni en favor ni en contra, durante toda la causa. Yo me entero por una persona que estaba dentro de la Curia de la Iglesia que la orden de Bergoglio era sacarlos del país pero después del lío mediático, ellos de ninguna manera querían que la Iglesia se salpique de manera negativa más de lo que estaba aconteciendo. Entonces, monseñor Poli era el pulmón derecho de Bergoglio, el izquierdo era monseñor Lugones. Uno fue enviado a Santa Rosa y el otro a Lomas de Zamora donde estaba la institución. Después del juicio, Poli dio por terminada la misión y los sacerdotes se tuvieron que ir y, un año después, Lugones les dio por terminada la misión en Lomas de Zamora y se tuvieron que ir.

Siempre hago la diferencia de que monseñor Lugones fue un poquito más coherente y no los fue a despedir como hizo sí Poli y les agradeció.

-Respecto de la causa judicial, ¿la actitud fue como en los casos de abuso, correrlos, bajar el tono y no acompañar a las víctimas?

El obispo saliente se negó a ir a declarar y la causa quedó en la instancia de la provincia porque la última apelación no entró en tiempo y forma y se cerró. También hubo algunos manejos extraños ahí que en la conciencia de los que estuvieron participando se sabrá lo que pasó.

-¿Siguen funcionando bajo otros nombres?

Sigue funcionando bajo Servi Trinitatis, también bajo Asociación Sol y Católicos en Acción, están en Remedios de Escalada y en un club de barrio también, siguen trabajando con menores, dando clases de algunas cuestiones culturales, siguen haciendo retiros espirituales y campamentos con jóvenes de 12 a 18 años.

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