La “gente común” y la dictadura a partir de la toma de “La Industrial” de Bahía Blanca

En diálogo con FM De la Calle, la historiadora Ana Inés Seitz analizó los vínculos entre sociedad y dictadura, y propuso una mirada situada para comprender los consensos y resistencias en aquel momento. El estudio parte del caso de la toma de la ENET N°1 de Bahía Blanca años previos al golpe, e indaga en las tensiones entre memoria, política y experiencias concretas.

Seitz, es licenciada en Historia por la Universidad Nacional del Sur, doctoranda en el Doctorado en Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, e investigadora de la Universidad Nacional del Sur. Coordina el Núcleo sobre Estudios de Memoria Reciente y Derechos Humanos.

A medio siglo del último golpe de Estado en Argentina, una de las preguntas que atraviesa los estudios históricos es cómo fue posible que la dictadura se sostuviera durante casi ocho años.

En ese marco, buscó correr el foco de las miradas más generalizadoras y adentrarse en las experiencias concretas de la “gente común” para analizar los vínculos entre la sociedad y el régimen militar.

Su análisis se organiza en torno a dos categorías clave: consenso y resistencia, que permiten pensar no solo las formas de oposición sino también los grados de aceptación o adaptación social frente al accionar de la dictadura.

Sin embargo, este tipo de abordajes enfrenta dificultades metodológicas. En Argentina hay escasez de fuentes que permitan reconstruir las opiniones y acciones cotidianas de distintos sectores sociales. Por eso, la historia oral se volvió central: “Hay que tener algo muy presente al momento de analizar esas entrevistas: cuánto es realmente lo que las personas pensaban y hacían en ese momento y cuánto está atravesado por todo lo que vivieron después, por quienes son ahora, qué piensan ahora”, advirtió Seitz.

En ese sentido, la investigadora subrayó la necesidad de evitar lecturas simplificadoras sobre el comportamiento social durante la dictadura. “Esta idea de hacer afirmaciones generales, como que la sociedad ignoraba lo que sucedía o que fue cómplice, hay que empezar a desarmarla”. Para esto, estudió casos situados que permiten comprender matices y particularidades.

Uno de ellos es el de la ENET Nº1 de Bahía Blanca, donde Seitz analizó los procesos previos al golpe de 1976. En 1973, tras la asunción de Héctor Cámpora, se produjo una toma estudiantil en el marco de un ciclo de movilización más amplio que incluyó cientos de tomas en distintos puntos del país.

Según reconstruyó a partir de entrevistas y fuentes de época, el objetivo era reemplazar a las autoridades y mejorar las condiciones edilicias, en una práctica que se repetía en otros establecimientos bajo la lógica del “anticontinuismo”, es decir, que no continuaran los funcionarios de la dictadura previa.

En sus trabajos, Seitz recuerda que la ENET fue ocupada por sus alumnos entre el 12 y el 19 de junio de 1973, con fuertes cuestionamientos hacia la directora del colegio, la ingeniera Fenil Echarren. La toma contó, al menos en sus comienzos, con la participación de gran cantidad de estudiantes de los últimos años, con el aval de muchos de los profesores de la escuela, y con el acuerdo de buena parte de los padres. Luego de una sucesión de interventores que fueron proponiendo los jóvenes16 y renunciando, Héctor Herrero quedó designado definitivamente como nuevo director.

En la reconstrucción de esos hechos también se encontró con tensiones y disputas internas del peronismo local referidas a sectores vinculados a la izquierda peronista, como la Juventud Peronista, y a espacios ligados a la conducción sindical más tradicional. “No está claro qué actor es el que interviene”, señaló sobre los intentos de frenar la toma, lo que evidencia la confusión de los propios protagonistas respecto de quiénes impulsaban o desactivaban esas acciones.

Esa dificultad para identificar actores y responsabilidades se proyectó también en los años posteriores, ya bajo la dictadura genocida. La investigadora observó que en los primeros tiempos existía una fuerte confusión sobre el origen de la represión. “Hay esta cuestión respecto de saber o no saber sobre la represión”, y agregó que muchos episodios eran atribuidos inicialmente a la Triple A y no directamente a las Fuerzas Armadas.

“Estamos hablando de un sistema que tenía facetas legales y facetas clandestinas, que se mostraba y no se mostraba”, remarcó. En ese contexto, las personas interpretaban los hechos a partir de marcos previos, construidos en años de creciente violencia política, lo que dificultaba una comprensión clara del funcionamiento del terrorismo de Estado.

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