Las raíces económicas de la dictadura genocida
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el análisis económico permite reconstruir no sólo las condiciones previas, sino también los objetivos estructurales que impulsaron a la dictadura. El economista Francisco Cantamutto afirmó que el quiebre institucional no se puede explicar sin atender a la necesidad de reconfigurar el capitalismo argentino y disciplinar a la sociedad para garantizar ese proceso.
A partir de un análisis sobre las transformaciones económicas previas al golpe de Estado, el economista e investigador explicó cómo las tensiones en el modelo de industrialización, el conflicto por la distribución del ingreso y la creciente inestabilidad inflacionaria configuraron el escenario que hizo posible la irrupción de la dictadura de 1976.
En ese escenario, el retorno del peronismo intentó ordenar el conflicto mediante un pacto social que buscaba moderar las demandas salariales.
Según el economista “la idea era: ‘muchachos, paren un poco porque necesitamos acopiar capital para invertir’”, sintetizó.
Pero la organización de la clase trabajadora desbordó ese intento, y el posterior “Rodrigazo” —con devaluación, tarifazos y caída del salario— derivó en una crisis inflacionaria.
Para Cantamutto, el golpe no respondió únicamente a la coyuntura, sino a un proceso más profundo: “En algún momento se dan cuenta que para modernizar el capitalismo argentino no puede oscilar más, se tiene que coligar todo el poder económico concentrado”. Esa convergencia entre grandes sectores del agro y la industria implicó desplazar a la pequeña producción y avanzar en una reconfiguración del entramado productivo.
Ese objetivo económico se articuló con la lógica represiva de las Fuerzas Armadas. “Para modernizar el capitalismo argentino hacía falta disciplinar a la sociedad”, afirmó, “este objetivo es el mismo que señala Rodolfo Walsh en la célebre Carta abierta a la Junta Militar, que dice que más allá de toda la atrocidad cometida, las aberraciones de los crímenes de la lesa humanidad que está cometiendo la dictadura con desapariciones, torturas, asesinatos, etcétera, esto es terrible ahora, pero lo que hay que ver es la miseria planificada”.
Ese disciplinamiento tuvo efectos duraderos: “Nunca más la clase trabajadora volvió a tener la participación que tuvo en 1974”, la cual rondaba el 50% del PBI, recordó.
Lejos de una simple desindustrialización, el economista planteó que se trató de una “reconfiguración de la industria”. “Básicamente hacer pomada a toda la pequeña y mediana industria y que sobrevivan sólo los grandes”, explicó, en un proceso acompañado por políticas estatales que favorecieron la concentración económica y debilitaron a las PYMES.
Otro de los cambios estructurales fue la irrupción de los acreedores externos como actores centrales. “La dictadura multiplicó la deuda y con eso introdujo un actor que disputa la apropiación del ingreso”, sostuvo.
Ese proceso se consolidó con un andamiaje legal que aún persiste. “Hay dos leyes que marcaron el devenir de la economía argentina hasta hoy: la de inversiones extranjeras y la ley de entidades financieras del 77”, señaló.
Estas normas habilitaron la libre circulación de capitales y promovieron la concentración del sistema financiero, afectando especialmente a actores locales.
Pese a la recuperación democrática, esos pilares no fueron revertidos. “En 50 años, la ley de entidades financieras no se modificó”, comentó, y lo mismo ocurrió con la ley de inversiones extranjeras, reforzada incluso por nuevos marcos regulatorios y tratados bilaterales. Sobre estos acuerdos, advirtió que limitan la capacidad del Estado para orientar el desarrollo y exponen al país a litigios internacionales.
En cuanto a las resistencias, Cantamutto destacó que han existido múltiples iniciativas para investigar la deuda y cuestionar sus efectos, aunque sin traducción sostenida en políticas de Estado. “Han sido permanentes, pero no fueron tomadas por el Poder Ejecutivo en ningún momento”. También remarcó la importancia de investigaciones académicas que visibilizaron los privilegios del poder económico concentrado y la necesidad de regularlos.
A nivel local, estos procesos también dejaron huella. “Se puede ver una creciente disociación entre un sector económico altamente productivo, moderno y extranjerizado y el resto de la ciudad”. Mientras el entramado industrial histórico se deterioró, emergieron polos concentrados que funcionan al margen de la dinámica social local.
A medio siglo del golpe, el balance excede la dimensión represiva para poner en foco un proyecto económico de largo alcance. Uno que, como sintetizó el economista, no sólo reorganizó la producción, sino que redefinió las relaciones sociales y “sigue operando hasta hoy” en la vida cotidiana.






