¿Cuál será el impacto ambiental de profundizar el canal de acceso al puerto?
El Estudio de Impacto Ambiental concluye que la mayoría de los efectos del dragado serán temporarios y mitigables. Sin embargo, el propio documento reconoce un aumento de la turbidez del agua, alteraciones en los sedimentos y el fondo del estuario, y efectos sobre distintas comunidades biológicas.
La profundización del canal implica intervenir un ecosistema donde las corrientes, las mareas y el transporte natural de arena sostienen el funcionamiento de marismas, planicies intermareales, cangrejales, bancos de moluscos, áreas de alimentación de aves y zonas utilizadas por peces para reproducirse y alimentarse.
La principal alteración prevista es el aumento de la turbidez del agua. Cada vez que las dragas remuevan el fondo o descarguen sedimentos en los sitios de disposición, partículas finas quedarán suspendidas en la columna de agua y reducirán temporalmente la penetración de la luz. Según el estudio, ese fenómeno será localizado y disminuirá una vez finalizadas las operaciones, aunque reconoce que durante ese período puede modificar las condiciones del ambiente para distintas especies.
La disminución de la transparencia afecta principalmente a los organismos que dependen de la luz para realizar fotosíntesis y también puede alterar, de manera transitoria, la alimentación de peces y aves que capturan sus presas mediante la visión. El EIA sostiene que el aumento de la turbidez será transitorio porque las corrientes dispersarán las partículas en suspensión. Sin embargo, esa situación volverá a producirse durante cada campaña de dragado y el propio estudio prevé monitoreos permanentes para evaluar la evolución de los sedimentos y del ecosistema.
Cabe recordar que se trata de un estuario con una largo historial de incidentes vinculados a la actividad hidrocarburífera. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2024 se registraron al menos seis derrames de petróleo en las monoboyas operadas por Oiltanking en Puerto Rosales, algunos de ellos con afectación sobre la reserva natural y la fauna del estuario.
Investigadores y organizaciones ambientales cuestionaron la demora en la activación del Plan de Contingencias (PLANACON), advirtieron sobre la persistencia de manchas de hidrocarburos y reclamaron una investigación judicial por los episodios. En ese contexto, el EIA reconoce que el dragado puede resuspender sedimentos que contengan contaminantes adsorbidos (como metales pesados e hidrocarburos) y favorecer su incorporación a la columna de agua.
Otra de las consecuencias analizadas ocurre sobre el fondo del estuario. La extracción de sedimentos modifica el hábitat donde viven organismos bentónicos, es decir, pequeños invertebrados como gusanos, moluscos y crustáceos que habitan enterrados en el sedimento y constituyen la base de numerosas cadenas alimentarias.
El estudio reconoce que esas comunidades serán removidas en las zonas directamente dragadas y en los sitios de disposición del material extraído. Aunque sostiene que el fondo tenderá a recolonizarse una vez concluidas las tareas, ese proceso convivirá con futuros dragados de mantenimiento, que volverán a intervenir las áreas del canal.
Los peces también aparecen entre los componentes analizados. El documento plantea que el incremento de la turbidez, el ruido generado por las embarcaciones y la modificación temporal del fondo pueden producir desplazamientos puntuales de algunas especies durante las obras. No obstante, concluye que esos efectos no comprometerían las poblaciones presentes en el estuario debido a la movilidad de los peces y a la limitada extensión espacial de las intervenciones.
El mismo criterio se aplica al análisis de las aves. El estuario de Bahía Blanca constituye un sitio de alimentación, descanso y reproducción para numerosas especies residentes y migratorias. El EIA identifica posibles molestias por el aumento del tránsito de embarcaciones y el ruido asociado al dragado, aunque considera que no se producirán modificaciones significativas sobre las áreas de uso más importantes para la avifauna.
Una parte importante del análisis también se concentra en el destino del material dragado. Los sedimentos serán transportados hacia los vaciaderos Alfa, Bravo, Eco y el nuevo sitio Foxtrot. La ubicación de esas áreas fue definida a partir de estudios hidrodinámicos que buscaron minimizar tanto el retorno del material al canal como las alteraciones sobre el funcionamiento general del estuario.
Aun así, el propio documento reconoce que esos sectores requerirán un seguimiento específico. Entre las medidas propuestas figuran monitoreos periódicos de la turbidez, la calidad del agua, la evolución de los fondos, las comunidades bentónicas, los peces, la vegetación y las aves, además del comportamiento de los sedimentos una vez depositados.
El estudio clasifica la mayor parte de los impactos identificados como temporarios, reversibles y compatibles con la capacidad de recuperación del estuario. Sin embargo, también admite que existen incertidumbres difíciles de despejar antes de ejecutar la obra.
Por eso, una de las conclusiones del propio EIA es que la evaluación no termina con la aprobación del proyecto. Si la profundización avanza, será el monitoreo ambiental el que permitirá comprobar si las predicciones realizadas por el estudio coinciden con el comportamiento real del ecosistema que cambia todos los días y cuya dinámica constituye, al mismo tiempo, uno de sus principales valores ambientales.







