Daniel Feierstein: “Se está definiendo qué dirección va a tener este nuevo ciclo en la disputa por el sentido”

El sociólogo, especialista en estudios sobre genocidio y memoria, dialogó con FM De la Calle y advirtió que la Argentina atraviesa un cambio de ciclo en la disputa por el sentido sobre los hechos de la década del 70, atravesado por las nuevas generaciones y un contexto político que redefine los debates sobre derechos humanos. “Comprender el terror te explica parte de tu vida”, afirmó.

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En este 50 aniversario del golpe y en el contexto político en el cual ocurre, en una de las últimas notas que publicabas ponías la atención en el 24 de marzo, con expectativas respecto de lo que podía significar la definición de un nuevo ciclo en esta batalla contra la impunidad. Respecto de lo que fue la movilización y la repercusión que generó, ¿qué balances hacés?

Sí, más que de la batalla contra la impunidad, aunque la incluye, yo planteaba que un nuevo ciclo, sobre todo en la disputa por el sentido, y lo llamaba ciclo en el sentido de decir que la realidad va cambiando a lo largo del tiempo y esos cambios tienen que ver con que hay gente que nos abandona por su edad y hay gente que se suma. Esto tiene que ver con que uno a veces cree que la sociedad es siempre lo mismo, pero no es siempre lo mismo y esas transformaciones van ocurriendo de modo cíclico, más o menos cuando se analiza una generación, que es lo que le da un cariz a ese cambio, uno está hablando de un periodo de alrededor de 15 años, pueden ser 10, pueden ser 20, pero más o menos ese es el proceso.

Y lo que vemos en el caso argentino es que tuvimos tres ciclos. Caracterizo como que hubo dos ciclos ascendentes, uno que tenía que ver con la generación que vivió la dictadura y otro que tuvo que ver con la generación de sus hijos, pero que ese proceso comienza a estancarse y hacia 2010, 11, 12, empieza lo que yo caractericé como un ciclo descendente en esa disputa por el sentido.

Y por qué me parecía importante este aniversario, más allá de los números redondos de la cantidad de tiempo que pasa, porque más o menos y con justamente la asunción de un nuevo gobierno, con características muy particulares y el hecho de que hay sectores más jóvenes que empiezan a como entrar a la vida política ya con Milei presidente y Villarruel, vicepresidente, todo eso yo creo que va configurando y como se viene agotando ese tercer ciclo, el nacimiento de un cuarto ciclo en esa disputa por el sentido y que quizás lo que se está definiendo es qué dirección va a tener.

Y en relación a tu pregunta de cómo veía lo del 24, creo que fue interesante que muestra que ese límite todavía está activo en la sociedad argentina, no sabemos qué más significa, qué tan profundo es, pero que si sigue habiendo en todos los sectores de edad, en todos los sectores generacionales, que es lo que se vio en las marchas en todo el país, la comprensión de la necesidad de un repudio a lo que fue la experiencia dictatorial.

¿Y qué sabemos, si es que podemos sacar alguna conclusión a esta altura, de ese sector de pibes y pibas que están entrando a lo político bajo el gobierno de Milei, Villarruel y compañía, respecto de lo que pueda ser su intervención en esos ciclos, o en este nuevo ciclo?

Creo que ahí la gran pregunta es si van a continuar en esta interpelación tan tan complicada que han hecho a los sectores más jóvenes, lo que podríamos decir hoy, 18 a 30 años, a todo ese proceso de construcción de sentido y que tuvo que ver con el cansancio, sobre todo ante una cantidad de cuestiones, la partidización de las políticas de derechos humanos, podría decir incluso el abandono de la lógica testimonial que había sido tan importante en la primera década o década y media, en relación a los modos de relación con lo que ocurrió en la dictadura y sobre todo la percepción de que es algo que está muy lejano de la propia experiencia, 50 años es mucho tiempo, y entonces una cosa es 50 años en la vida de una persona que vivió esos 50 años, otra cosa es 50 años en la vida de una persona que tiene 15 o que tiene 20, entonces es algo que aparece muy atrás en el tiempo y conectado casi con la experiencia vital, ya no ni siquiera de sus padres, sino de sus abuelos.

Ahí es la pregunta de que cómo se va a situar en una diferencia que no es menor, que es que una cosa era esa generación de jóvenes que hoy ya se están acercando a otras edades, por eso digo a 20 y pico, a 30 años, que vivieron todo ese proceso de la pandemia, del gobierno de Alberto, incluso del propio macrismo, de esta estructura tan partidizada en el modo de pensar la disputa y los planteos en términos de la defensa de derechos humanos, y qué pasa con pibes que se asoman a la vida política en un contexto de un gobierno negacionista, de formas revisionistas, de esta negación tanto desde el número de desaparecidos hasta de la gravedad de los hechos ocurridos en dictadura, entonces me es lo mismo cuando esto pasaba por un panelista televisivo o en un contexto de una campaña de tweets, que cuando esto es político oficial, y entonces acá está la duda, la verdad que no lo sabemos, creo que no lo sabe nadie, pero que es mi expectativa de bueno, qué podemos hacer para poder interpelar a esos pibes, y creo que lo más fuerte es lo que puedan hacer los propios pibes.

Por eso me parece que hay un desafío enorme, incluso en la interpelación generacional dentro del propio movimiento de derechos humanos, y se me ocurren las organizaciones de nietes, que han surgido hace muy poco y que las conforman exactamente los miembros de esa generación.

En los ciclos de construcción de sentido, para cuando arranca el descendente 2011-2012, desde una mirada local, estábamos iniciando el primer juicio de lesa humanidad, incluso con una apertura con un gran acto unitario de los distintos sectores del movimiento de derechos humanos, del campo popular. ¿Qué fue lo que a partir de allí generó  esa pérdida de potencia del movimiento?

Yo planteo tres o cuatro cosas, y sería interesante porque yo las planteo a nivel nacional, y me parece que está buenísimo el planteo que hacés, de ver cómo se fue dando eso en Bahía, porque cada lugar tiene sus especificidades y todos estamos muy afectados por los ciclos nacionales, pero a veces hay como ciertos desfasajes y esto ocurrió mucho en distintos lugares del país.

Tres o cuatro cosas te diría que cambiaron la dirección del ciclo. La primera era que parte de la potencia del movimiento de derechos humanos tuvo que ver con su carácter plural en términos políticos, que abarca un arco muy amplio de identidades políticas en el acuerdo con respecto a la condena de la dictadura, la lucha contra la impunidad, incluso la propia construcción de sentido de que ocurrió. Esto hacia 2005, 2006, 2007 se va a quebrar, por parte de los propios organismos, no tanto ni solo por parte del gobierno, entonces los organismos van a quedar casi como fragmentados en aquellos que se consideran y se definen como una especie de rama de un gobierno, y organismos que de pronto participan de lanzamientos de campaña y se identifican como organismo con el gobierno kirchnerista, y aquellos miembros de los organismos derechos humanos, organizaciones que quedaron en el lado contrario. Y entonces empiezan a identificar como anti kirchneristas, o se van del movimiento derechos humanos, y entonces por lo menos en Buenos Aires, cuando vos comenzás a tener dos marchas, ves que las consignas son exageradamente dogmáticas en ambas marchas, en una marcha se reniega de todo el proceso de lucha contra la impunidad y la consigna central va a ser gracias Néstor y Cristina, y en la otra marcha se va a renegar de ese mismo proceso de lucha, porque la principal consigna va a ser la misma impunidad ayer y hoy, y uno diría ninguna de las dos cosas, no era la misma impunidad y no fueron Néstor y Cristina quienes se encargaron de poder avanzar por sobre la impunidad, sino un proceso de lucha que nos involucró a todos y que hizo eso viable, me parece que ahí voy con un primer punto.

El segundo punto tuvo que ver con el abandono, yo siempre planteo que el sentido se construye siempre de abajo hacia arriba, el movimiento de derechos humanos fue muy original en ese proceso, desde los siluetazos, desde la discusión y la implementación de lo que fue la consigna aparición con vida, desde las propias marchas a Plaza de Mayo, desde la política de las mesas de escrache popular, hubo todo un proceso de enorme riqueza de construcción de sentido por abajo. Eso a partir de la asunción de un gobierno que por primera vez acompañaba un conjunto de reclamos, se invierte y entonces se empieza a confiar más en resoluciones oficiales, placas, la gestión de sitios de memoria, programas educativos, todo lo que tiene que ver con medidas de gobierno, pero por otro lado se vacían las salas del juicio, por ejemplo, que era un espacio fundamental de militancia, de articulación, después de cinco o seis años comienzan a vaciarse, y esto es interesante, porque esto es un proceso muy fuerte en Buenos Aires en 2010, 2011, en otros lugares del país, y es rico esto que decís, que en Bahía Blanca se da el proceso con cierta transformación temporal, porque es justo el momento en que se está dando, se está iniciando ese proceso que había iniciado en 2004, 2005.

Y después la tercera, entre muchas, te menciono las más principales, es que se quebró esa relación tan potente entre producción teórica académica, universidad y movimiento popular, todo esto quedó fragmentado. Lo que en los 80 y los 90 era un proceso de producción conjunta, porque además era difícil de separar, uno piensa en los profesores fundamentales en la universidad de los 80, 90, todos con distintas posiciones, otra vez con mucha pluralidad, todos tenían una historia y un presente de articulación política, podía ser con el Club Socialista más cercano a Alfonsín, podía ser con los partidos de izquierda, podía ser dentro de distintos sectores del peronismo, pero era difícil que en el campo, ya no solo ciencias sociales y humanidades, sino incluso en el campo académico de las ciencias exactas, naturales, biológicas, era difícil encontrar profesores que no tuvieran una articulación y una participación política concreta, y esto también se va a quebrar, nos encontramos hoy con la situación contraria, en donde esto es rarísimo y es hasta acusado, como que pareciera que la seriedad académica vendría de la mano, entre comillas, cierta neutralidad. Y por otro lado, en el movimiento popular, una falta de preocupación por esa producción teórico-conceptual, y entonces viene muy de la mano de esta idea de la universidad de la calle, como que todo sería lo mismo y la actuación política no requeriría pensar en profundidad, y esto creo que se vio en ciertas decisiones, que es que la batalla por el sentido tiene mucho que ver con los conceptos, y en Argentina hubo mucha discusión sobre cada consigna, sobre cada concepto, por poner un ejemplo, y para nosotros una consigna básica del movimiento de derechos humanos, “aparición con vida”, pero aparición con vida se discutió durante dos años, había muchos desacuerdos, hubo mucha explicación de por qué era relevante, había sectores que no estaban de acuerdo y tenían argumentos legítimos, toda esa discusión fue dejando en claro y fue logrando el acuerdo en esa consigna, y de pronto yo siempre tiro otra, porque es la más utilizada hoy, “terrorismo de Estado”, no fue discutido de esa manera, y fue casi como que impuesto desde el aparato gubernamental, del conjunto de organismos, sin mucha discusión, y creo que fue uno de los conceptos más fallidos, porque incluso la “dictadura cívico-militar” son los utilizados por el revisionismo, son los utilizados por los organismos de derechos humanos, pero fueron retomados por los revisionismos, porque han sido muy fallidos, porque cuando uno califica la situación centralmente como modalidades de terrorismo, conduce automáticamente a reinstalar la lógica de los dos demonios, porque la primera pregunta ante la idea de terrorismo de Estado es, bueno, y entonces qué pasó con el otro terrorismo, y esa discusión ya queda caracterizada de ese modo, a partir del propio concepto que uno introduce. Esto no es que fue discutido y hubo un acuerdo, esto fue como, bueno, este es el concepto que usamos y se acabó, y se empieza a usar por este quiebre entre lo que era el campo de la producción teórica y el campo de la producción política.

Es una deformación de “Estado terrorista”…

Claro, se toma la idea de (Eduardo Luis) Duhalde, de Estado terrorista, pero en Duhalde había dos diferencias fundamentales, más allá de que igual yo creo que en Duhalde era problemático también, pero había tres diferencias fundamentales. La primera era que ese Estado terrorista era la forma que asumía el genocidio, esto está muy claro en el libro de Duhalde, donde hay como 500 referencias al genocidio argentino, y Duhalde era el que escribió el informe de la CADHU de enero del 77, que se llama “Argentina: Proceso al Genocidio”, entonces en el Estado terrorista la lógica era en Argentina hubo un genocidio, el Estado en ese genocidio asumió una faz terrorista. Para mí el concepto de terrorista es problemático, pero el concepto central era Estado, cuando vos decís Estado terrorista estás calificando formas de Estado, usted puede tener un Estado autoritario, puede tener un Estado democrático, puede tener un Estado terrorista, cuando lo das vuelta lo que estás calificando son formas de terrorismo.

La tercera diferencia, la primera sería el acompañamiento del genocidio, la segunda esto de que no es lo mismo calificar Estados que calificar terrorismos, pero la tercera además es el paso del tiempo, cuando Duhalde escribe esto en los años 80 -en el medio tuvimos el atentado a la Embajada de Israel y a la Mutual judía en el 94, a la AMIA, y tuvimos el atentado a las dos torres y por lo tanto todo el concepto de terrorismo y de antiterrorismo se transforma en el concepto central de construcción de sentido- podríamos decir de un nuevo momento de hegemonía neocolonial, en esa clave introducir nosotros el concepto de terrorismo es infinitamente más problemático que haberlo introducido en los 80. Entonces me parece que esas tres diferencias hicieron que fuera una forma de denominación tremendamente fallida, sobre todo cuando somos nosotros las que la instalamos, una cosa es que la instalara otro y uno tuviera que lidiar con eso y otra cosa que seamos nosotros los que traemos la discusión sobre el terrorismo a la palestra.

Y en el caso de genocidio, más allá de evitar entrar en esta lógica de los dos demonios, ¿qué otras cosas te permite identificar del proceso ocurrido en Argentina?

Yo creo que hay dos potencias fundamentales, una es esta que decía, quiebra la dualidad, cuando uno introduce la discusión sobre el genocidio no hay nadie, ni siquiera Pando o Villarruel que hablen de otro genocidio, no estamos hablando de dos, estamos hablando de uno, entonces toda la discusión es si lo que ocurrió amerita o no amerita ser definido como genocidio, una cosa es que esa sea la discusión y entonces algunos dirán no, no es genocidio porque el grupo fue político, no, no es genocidio porque el número no llega, pero esa discusión que obviamente puede ser una discusión, es mucho más potente para el campo popular que la discusión sobre qué pasa con el otro terrorismo. Eso por un lado, y por otro lado lo que tiene la discusión sobre genocidio tal como se dio en Argentina, es que cuando uno entra a discutir si hubo o no hubo un genocidio, lo que está discutiendo es cuál es el grupo que fue aniquilado, porque está toda esa discusión de que los grupos políticos fueron excluidos de la convención y que por lo tanto si hubiesen sido grupos meramente políticos estaría en cuestión si jurídicamente se puede utilizar o no ese término. Y entonces la respuesta que se dio ante eso era plantear que lo que hubo en la Argentina fue un intento de destrucción del grupo nacional argentino, un intento parcial de destrucción y transformación del grupo nacional argentino, e incluso el título que le ponen los militares a su dictadura, Proceso de Reorganización Nacional, busca exactamente eso, dice nosotros pretendemos transformar la identidad y la moral del pueblo argentino, esto está en muchos de los documentos de la dictadura, entonces esa discusión es muy potente porque es la discusión sobre si la dictadura nos afectó a todos o no. Esto es, si afectó a determinados grupos políticos la dictadura fue contra una parte de la población, si buscó transformar la identidad nacional del pueblo argentino, entonces todos somos, todos fuimos afectados por lo que hizo la dictadura, esa discusión es muy potente.

Esto es lo rico de las disputas por el sentido, fíjate que la cuestión no es que un término está bien y otro término está mal, no es un término de maestra ciruela que le dice usted le tiene que decir así, sino que los términos habilitan o no determinadas discusiones y esa es su potencia política, esto es, el tema no es decir terrorismo de Estado o no decir, sino qué discutimos cuando decimos terrorismo de estado y qué discutimos cuando decimos genocidio, lo aceptemos o no, como que la discusión queda configurada de manera distinta.

Hablabas de la lejanía para la generación de los pibes de hoy, de estos hechos de hace 50 años, incluso en otra nota lo comparabas con algún otro golpe de estado o el Cordobazo. Ahora, el hecho de que sea un genocidio implica consecuencias distintas a muchos de esos episodios, ¿qué le dirías a un pibe o piba hoy respecto de la vigencia de los efectos de ese genocidio?

Es que justamente si pensamos que un genocidio busca destruir, transformar la identidad de un pueblo, y si a partir de eso entendemos que afecta a todos los que vivieron ese proceso, yo creo que lo más interesante para un pibe actual es tratar de entender qué le pasó a sus padres y a sus abuelos, pero no qué le pasó en el sentido de lo tenemos que conocer, porque eso es hasta aburrido, es difícil que conecte, porque pasaron muchas cosas en el pasado, entonces por qué alguna sería más importante que la otra, yo creo que es más importante porque buscó transformar a tu padre o a tu abuelo a través del terror, explica muchas de las cosas que tu padre o tu abuelo puede o no puede hacer con vos, en qué medida pudo o no pudo ser padre, en qué medida pudo o no pudo ser padre de tu padre. A mí me parece que ahí hay algo muy potente, porque explica parte de tu vida, explica lo que pudiste o lo que no pudiste, lo que siempre te diste cuenta que estaba ahí en tu padre o en tu abuelo o en la relación de tu padre con tu abuelo y que no podías entender, y que de pronto poder comprender el efecto del terror  te habilita a poder entender otro montón de cosas, por qué no hablaba de esto, por qué le daba miedo tal otra cosa, por qué nunca pudo habilitar de esto lo otro, la generación de los hijos de quienes vivieron el genocidio, vivieron centralmente esta lógica de padres que les pedían que por favor que no participaran de ninguna experiencia política, que incluso les resultaba más terrible eso que que se drogaran o se emborracharan o hicieran cualquier otra cosa que los pudiera afectar, pero por favor que no participaban, porque eran parte de ese terror, bueno es interesante ver cómo esos padres criaron a sus hijos en función de qué lógicas, que no fueron esas, fueron otras, pero cómo se articuló eso, cómo el terror sigue afectando a las generaciones de modos distintos, me parece que ahí radica una potencia fuerte, pero insisto, necesitamos ser sacudidos por esa generación, necesitamos, yo sé que le tiro una carga muy fuerte a Nietes, necesitamos que Nietes se plante ante el movimiento de derechos humanos y pueda plantear justamente las necesidades de este momento.

Como los hijos lo plantearon en los 90, que justamente el planteo de H.I.J.O.S. no fue una lógica de continuidad, fue una lógica de cuestionamiento, los hijos fueron los que se enfrentan a los dos demonios, fueron los que plantean la recuperación de la identidad de los desaparecidos, son los que plantean otras lógicas en la lucha contra la impunidad, la aparición de las mesas de escrache popular y que fueron muy discutidas en el movimiento de derechos humanos, más allá de que después fueron aceptadas. Creo que necesitamos eso, necesitamos una generación que nos diga, así no, yo te digo un tema que escuchaba en una reunión con la regional de Nietes Rosario, y que ellos decían que no los ayudaba para nada, y creo que está muy bien lo que dicen todas estas consignas de “Macri o Milei basura, vos sos la dictadura”, esta homologación de la dictadura con gobiernos de derecha democráticos, y que como consigna podía parecer como muy eficaz, pero que para el diálogo con los miembros de su generación esto no ayudaba, porque aquel que por el motivo que sea ve en estos gobiernos algo que le resulta atractivo, que lo interpela, proyecta eso a la experiencia dictatorial, cuando efectivamente podemos decir muchísimas cosas de esos gobiernos, pero no son una dictadura, han sido avalados por el voto popular, entonces me parece que ahí hay, digo por decir un tema, pero hay cosas que son interesantes, porque en ese sentido es parecido a los planteos que hacía H.I.J.O.S., aunque desde otro lugar y con otras consecuencias y con otras características, de que pueda esa generación salir a la palestra y decir lo que le sirve y lo que no, y aportar su novedad.

Hablabas de Rosario, en estos días participaste del Congreso sobre Historia de la Dictadura, allí estaba la cuestión de la violencia revolucionaria, hablaban de “un vacío semántico” que de alguna manera terminaron aprovechando las derechas. ¿Qué pensás al respecto y sobre el abordaje que corresponde o no hacer sobre esos aspectos de la década del 70?

Yo creo que es un problema que se barrió bajo la alfombra, esto es una de las cosas que la generación que vivió los hechos no ha podido saldar y las generaciones siguientes no se quisieron meter, y me parece que es algo que ha aprovechado esta nueva derecha, porque cuando vos dejás un lugar vacío empieza a ser ocupado, entonces la reinstalación de los dos demonios, esto que yo llamo la versión recargada de los dos demonios, va a tener que ver con ese vacío.

Me parece que sí, que es necesario ponerlo sobre la mesa, está el gran desafío de cómo, porque es un tema particularmente delicado, que se presta mucho a conducir a los dos demonios, y que a su vez no es todo igual, yo planteo lo que veo como problemático en eso, incluso lo he discutido con Vera Carnavale, que es la que lo ha planteado en el congreso, y la que lo viene trabajando hace tiempo, es que el riesgo es plantearlo en clave de violencia versus no violencia, cuando la violencia es parte de nuestra vida política siempre, el tema es qué lógicas, qué tipos de uso de la violencia, y en función de qué contexto, a partir de qué lógica, dirigido contra quién, y explicado de qué manera, entonces yo siempre planteo como la dicotomía, porque me parece que es muy significativo, entre los dos hechos violentos, entre comillas, más allá de que son bastante parecidos, después tenemos hechos muy distintos, pero con cinco años de diferencia, cuatro años de diferencia, que van a plantear una diferencia abismal, que va a ser el secuestro de Aramburu versus el asesinato de Rucci, me parece, porque estamos con hechos bastante parecidos, después podríamos decir que una toma de una fábrica no tiene nada que ver con esos dos hechos, u otros hechos, o la lucha de calles, o el Cordobazo, pero incluso tomando hechos tan similares como el secuestro, asesinato de Aramburu y el asesinato de Rucci, uno diría, bueno, uno se da en un contexto de una dictadura que propone su continuidad permanente, que justamente una de sus expresiones era, las urnas están bien guardadas, y además da cuenta de una figura crucial para entender el bombardeo a la plaza del 55, el golpe militar, el desalojo del peronismo del poder, la construcción de una dictadura que se mantiene en el tiempo, y el otro hecho es, en un contexto de restablecimiento institucional democrático y es el secretario general de la Confederación de Trabajadores, entonces digo, que un movimiento que se autotitula revolucionario, tenga como su víctima central al secretario general de la Central de Trabajadores, te guste o no te guste su posición, habla mucho del nivel de quiebre con el movimiento popular de esa organización.

Son cosas que no hemos puesto sobre la mesa, y que por eso no es solamente, si se puede hacer esto, no se puede hacer esto, que me parece que es el elemento más banal de la discusión, sino cómo entender esas transformaciones en el uso de la violencia y cómo entender la pérdida de apoyo popular que se fue construyendo a partir de esas transformaciones, porque el caso Aramburu tuvo un enorme apoyo dentro de muchos sectores del movimiento popular, y el caso Rucci implicó el quiebre con las organizaciones más importantes que representan a los trabajadores.

Tiene que ver con la discusión actual también, de respuesta hacia las políticas que se van implementando, independientemente de la conveniencia o no, la discusión estratégica sobre el uso de la violencia, como lo plantean por ejemplo desde Crisis con esta idea de “el infiltrado” cada vez que hay algún tipo de reacción en las movilizaciones que son reprimidas por el gobierno.

Exacto, y por eso a mí me parece que Crisis va en una buena dirección, coincida o no con el planteo en términos de decir: esto no es una discusión por sí o por no con respecto a todos los usos y formas de la violencia, porque eso implicaría amputarte una parte de la acción social. La discusión debe ser situada con respecto a qué tipo de práctica, en qué contexto, con respecto a qué lógica, cuál va a ser su efecto, su capacidad de acumulación o sus elementos negativos. Y me parece que hemos dejado de lado esa posibilidad, y lo interesante del planteo de Crisis es ese, porque me parece que se deriva de ese vacío que dejamos con respecto a los 70.

Como no se puede discutir en los 70, no se puede discutir en ningún contexto. A mí me parece que esto sigue un problema.

¿Qué obstáculos o dificultades ves para imaginar y construir nuevos proyectos colectivos?

Creo que hay un problema mucho más de fondo que no tiene que ver solo ni fundamentalmente con la dictadura y que ha sido nuestra mayor derrota, que es la importancia justamente de la construcción colectiva y solidaria de proyectos, esto es la potencia que nos da la cooperación y el laburo colectivo.

Yo creo que esto fue desarmado, fue desmembrado en el conjunto de la sociedad argentina con muchas fuerzas. Eso explica la elección de un individualismo tan feroz como el del que implica esta experiencia política que estamos viviendo. Y creo que hay que hacerse cargo que es, de alguna manera, una tendencia internacional, pero es también en gran parte nuestra responsabilidad, porque ha habido una serie de gobiernos que, al mismo tiempo que planteaban la importancia de lo colectivo, en la práctica concreta se burlaban de la importancia de lo colectivo, y quizás el punto más alto, como la síntesis de todo esto, fue la cena en Olivos y el cumpleaños en Olivos en el contexto de la pandemia.

Pero lo que fue tan grave del cumpleaños en Olivos es que no fue un hecho excepcional. Fue como la síntesis de toda una manera de pensar la política: que yo tengo un discurso de la importancia del Estado, la importancia de lo colectivo, pero después el Estado no te resuelve nada y yo vivo una vida por fuera de eso. Entonces son representantes políticos que no van al hospital público, que no usan la educación pública y que son responsables de su degradación.

Entonces ese doble discurso, esa hipocresía, generó un nihilismo, un cinismo, un enojo muy grande que llevó a muchos sectores de la población a decir que todo eso es un cuento, y entonces cada uno se las arregla como puede, y eso es lo que expresan los Milei y los Sturzenegger. Una sociedad sin regulaciones, sin ley, donde todos nos pisamos la cabeza y cada uno se las arregla como puede. Pero eso es resultado de decir que la sociedad con ley me toma de estúpido porque la ley vale para mí, pero no vale para los representantes políticos, no vale para otros.

Entonces todos nos tenemos que limitar en pandemia, pero hay algunos que no. Todos tenemos que pagar impuestos, pero hay algunos que no. Todos tenemos que hacer la cola para conseguir determinados trámites administrativos, pero hay otros que van por la cola VIP y que no tienen que perder las cinco horas que perdemos todos haciendo.

Entonces, esto creo que fue lo que generó esa reacción y creo que hay que hacerse cargo para construir otra relación de los representantes políticos con la sociedad y poder recuperar la importancia de lo colectivo y del trabajo solidario, de la articulación.

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