“¿Y a mí, qué mierda me importa?”
Todas las semanas, Astor Vitali intercambia correos electrónicos con un amigo que acaba de irse al exterior. “Querido amigo” es una columna que ofrece lecturas del mundo a través del prisma de la amistad y la palabra.
Querido amigo:
Así que te rajaron, loco. Qué cagada. ¿Sindicato ni ahí, no? Pensar que la socialdemocracia europea en algún momento fue considerada el centro del progreso y del mundo. Claro, siempre se puede ir todo al carajo, por más sólido que parezca. Por eso conviene que las dirigencias tracen nuevas tácticas no cuando la cosa se quiebra sino cuando todo parece andar muy bien; antes de que comience la caída libre.
Bueno ya ni los marxistas leen a Marx, pero este buen hombre –junto al Engels– había previsto: “todo lo sólido se desvanece en el aire”.
Escuchame a vos no te gusta pero acéptalo: estamos haciendo una vaquita acá y te vamos a mandar fondos por no sé qué plataforma. Ya tengo tus datos así que esa guita te va a entrar. No te enojes, hace un bollito de buñuelos con ese orgullo talle universo que tenés y ¡pare de sufrir! Al menos hasta que dure el vento.
Espero que puedas encontrar algún laburo rápido. ¿Samanta no conoce gente? Creo que ya te lo pregunté. Respecto del retraso que me contás… Leo que aunque vaya todo muy rápido la idea no te disguta. Bueno, en ese caso, esperemos que traiga un pan bajo del brazo ¿así se decía, no? Ya sé que a vos esa frase te irritaba y me decías que era un consuelo de esos tantos con tufo religioso. Pero bueno, hay que ponerle voluntad a la cosa. Deprimirse es espantoso (y además es muy costoso, con versito y todo).
Hablando de voluntad, pero en otro sentido, estuve pensando en aquello que suele llamarse voluntad política. ¿Qué es? Cualquiera que analice seriamente algún proceso histórico concreto se dará cuenta de que aquello que llamamos condiciones objetivas puede poner límites a la mera voluntad. Es cierto. Indiscutible. Pero también es cierto que sin voluntad política no hay tu tía. No hay cosa que funcione bien hoy en este mundo que no se deba a la voluntad política de algún colectivo que actuó con cierto desdén por lo que se consideraba “posible” en un contexto político determinado.
Yo pienso que la idea de que hay más poder latente en el pueblo y no en el estado (o sea que cuando el pueblo le recuerda al estado que sus facultades para ejercer el poder son meramente delegadas, pero que la fuente de ese poder reside en el pueblo) solo puede trasmitirse mediante la experiencia concreta de las personas concretas.
Vos podés leer las obras completas de Dussel al respecto (por caso, Para una política de la liberación, que está muy bien) pero si, por poner un ejemplo, un día tenés la experiencia concreta de participar de un conflicto y ver el poder que envuelve con los fantasmas de la historia a un delegado gremial que le para el carro a un jefe o a un dueño o patrón, lo que te atraviesa la tripa es la dimensión mítica tomando un cuerpo y otorgándole un poder que desconocía que podía convocar. No solo tiene el poder de sus compañeros; está conjurando en ese acto la memoria (si querés ponerle, los espíritus) de todos los muertos de los explotados de todos los tiempos. Tiene un ejército de fantasmas sobre sus espaldas y te puedo asegurar que el patrón no lo sabe… pero los ve (si el delegado sabe moverse). La teatralidad es parte de la lucha (yo diría fundamental: hay que saber poner en escena un conflicto; no se trata de enunciar cosas con tono de contador).
Ayer encontré una carpeta que me recordó esto mismo. Vos sabés, lo hemos conversado, que siempre que uno quiere producir un efecto psíquico en otro o en uno mismo finalmente termina produciendo otro. Piglia recordaba que Estela Canto lo mandó a Borges al psicólogo para que solucionara algunos problemas y que efectivamente no los solucionó pero que, como consecuencia den análisis, perdió el temor a hablar en público y esa circunstancia nos regaló a un gran conferencista.
Bueno, acá pasa algo parecido. A mí me pusieron Astor por admiración a un músico (cosa que ocurre) pero lo que aprendí de ese llamamiento fue otra cosa de orden político, y sin mediar la palabra hablada.
La carpeta es naranja gastado de tiempo y tiene por leyenda mi nombre en su portada. Figura mi partida de nacimiento. Resulta que está firmada por la autoridad pertinente el 26 de septiembre de 1989. Pero yo nací un 13 de diciembre de 1985. ¿Qué pasó?.
Astor era considerado nombre extranjero por las leyes vigentes. Qué lo tiró de las patas. Pero Astor iba a ser mi nombre, según habían resuelto mi madre y mi padre, indistintamente de que cualquier instancia estatal, entidad divina o ente universal emitirá dictamen u opinión disidente. A Aldo Oscar Vitali y a Laura Delia Fabiani le importaban tres pirinchos cualquier asunto ajeno a su voluntad común: yo, su hijo, iba a ser Astor.
Pero bueno, hacen falta documentos de identidad y esas cosas para funcionar en un estado moderno así que, cuando recibieron la noticia de que no se me permitiría el nombramiento, tuvieron que armarse de paciencia, argumentos, tácticas y estrategia para enfrentar y vencer a la maquinaria estatal. Y sabemos que el registro de las personas toma(ba) sus tareas con kafkiana severidad.
Dentro de la carpeta, encontré parte del proceso de trabajo y unas notas tomadas de puño y letra de mi padre que resultan mejor crónica de la que yo puedo elaborar. Te la transcribo, un poco entre el escalofrío y la emoción.
Buenos Aires 28/11/86
10:10 Escucho por LR6 Radio Mitre. Estoy en casa de Alcides. Mareco abre el programa hablando de Piazzolla. Se escucha “Adiós Nonino” y palabras de Julián Centella.
Voy hasta la emisora. Mansilla 2668. El portero me dice que Mareco no recibe a nadie. Le hago llegar una nota en la que le consulto el significado del nombre Astor.
Me contesta el productor del programa Anselmo Morini (por teléfono a portería). Me dice que no tienen idea y que consulte en una Biblioteca. En ese momento entra a la radio el Doctor Rascovsky, otro señor que decía llamarse Francis Lauris (director de cine que llegaba de California) intentaba ser recibido por Mareco.
Mientras esperaba el colectivo para ir la biblioteca del congreso, me cruzo con el tal Francis Lauris (zapatos blancos, pantalón blanco, saco azul, portafolios y setentón con “viaba”). Llego a Congreso. El policía que hace guardia me dice que vaya a la biblioteca que está en la Caja de Ahorro (en frente).
Consulto diccionarios. Nada. Voy a la Biblioteca del Congreso (calle Alsina). En un diccionario decía: sustantivo masculino del siglo XIV y XV. AZOR. J. Ruíz: Libro del buen amor. Edición Pucamin, 801.
Voy a la Biblioteca Nacional (Mexico al 500). En Referencias me orientan. Me facilitan 3 diccionarios de los nombres y no encuentro nada. Al salir le comento a un señor el cual me dice que busque en Espasa-Calpe. Vuelvo a la sala y una señora muy atenta que hablaba muy bien italiano me dijo el significado sin consultar ningún texto. Le pido que me lo confirme.
Busca material del cual hacemos fotocopias. Me comenta: “a su señora no le va a gustar por algunas acepciones pero póngaselo igual porque es un lindo nombre de un gran músico argentino y no olvide que el pobre búho que parece tan feo y detestable es el pájaro de la sabiduría”-
Salgo de la biblioteca. Ya casi son las 17.
Ese era el comienzo del trabajo de búsqueda de argumentos para rellenar textos, peticiones y reclamos a los tan señores magistrados con el fin de lograr que el estado argentino reconociera con el nombre del músico argentino que había cambiado la música argentina en el mundo a un recién nacido en suelo argentino.
Llevaría varios años más lograr su cometido.
En el día de mi tercer cumpleaños, Aldo y Laura ingresan por mesa de entrada, con un sello que costó 15.000 australes, una nota dirigida al Señor Director del Registro Provincial de las Personas de la Provincia de Buenos Aires en el solicitaban tenga a bien disponer lo necesario para que se autorice la imposición del nombre ASTOR a nuestro hijo, consideraban la exclusión del nombre (o la no inclusión de un nuevo nombre en el listado oficial) una medida arbitraria de la Administración. Citaban el inciso 1 del artículo 3 de la ley 18.248 que dispone que podrán imponerse los nombres de pila que no sean extravagante, ridículos, contrarios a nuestras costumbres, etc. y demás salvedades que no constituyen el caso en cuestión.
Continúan fundamentando que la ley debe interpretarse de forma amplia ya que de lo contraria se corría el riesgo de menoscabar el derecho de elección del nombre y que otro fallo sumaba el argumento de que si se sujetasen los nombres a una lista común y limitada, se impediría el enriquecimiento natural de nuestro acervo idiomático, cercenándose el principio de libertad de elección que consagra el art. 3…
Se suma a la cosa alguna cita al 14 bis in fine y finalmente se exponen los motivos que llevaron a la elección del nombre. Posiblemente el principal de ellos ha sido la admiración por una de las personalidades más destacadas de nuestro acervo cultural, el sr. Astor Piazzolla. De más estaría resaltar en esta carta, por el contenido y por su objeto, la consideración a nivel mundial que tiene este extraordinario música, compositor, y director de orquesta, al que –consideramos– desde ya debía rendirse un homenaje permitiendo sin retaceos el uso de su nombre de pila por los niños del país. También es de destacar que es un nombre que no tiene traducción a nuestro idioma aunque no dudamos que se trata de un nombre de nuestro idioma.
Proviene del apocamiento de la palabra “astore” que –tal como se puede apreciar de la documentación que en fotocopia acompañamos–, se refiere a las aves del orden de los rapaces y, por extensión, se dice así de un hombre astuto, socarrón, pícaro, sagaz, etc. Estos antecedentes han sido tenidos en cuenta en ocasión de imponerle el nombre a nuestro hijo y, habiendo cumplido ya tres años, es con el que se lo conoce, obvio resulta destacar que esta cuestión constituye un objeto de fundamental interés para nosotros.
En la carpeta, hay dos copias hechas a máquina, con alguna corrección y diferencias entre ellas. La original, firmada, está un poco más amarillenta.
Un puñado de fotocopias completa esta documentación. Son efectivamente, las copias de los diccionarios y hay notas en letra cursiva a pie de página.
Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa Calpe. Vocabulario degli. Academia della Crusca. Nuevo Dizionario Spagnolo Italiano. Enciclopedia Italiana Treccani.
Astuto, taimado, cazurro, zorro, socarrón, truhan, pícaro, perillón, camastrón, tunante, avisado, discreto, cuerdo, sagaz. Sinónimo: saltro, volpone, sagace, malizioso, abile, prudente.
En resumen, mi madre se ocupaba de insistir recurrentemente con llamados telefónicos a las delegaciones local y central de la entidad pertinente y en una de esas una funcionaria dice “sí, quédese tranquila que ya salió”. Con esta información se acercó a insistir en la delegación local hasta que logró retirarse con la partida que me reconoce como Astor recién en 1989, casi cuatro años después de que yo sin duda ya era Astor.
Tonces, pienso que este concepto de voluntad política yo lo aprendí a través de la vía del lenguaje materno, del balbuceo en la cuna cuando decían que aca tá y que astor esto y que astorcito lo otro. Yo era Astor y punto. Yo conocía que la voluntad soberana era la de mis padres (que aquí serían el pueblo) y no la del estado (el cual me tenía muy sin cuidado a esa edad –y a esta, tendría que pensarlo–).
¿Por qué te digo todo eso? Porque me parece que todas nuestras organizaciones populares deberían dejar de lado un poco la fe en que la palabra cambia la materia, en que con decir cosas se cambian realidades, y tomar lo mejor de nuestras tradiciones de lucha y poner en marcha experiencias en las que las bases de los movimientos sociales y políticos atraviesen experiencias propias de lucha que les constituyan la subjetividad en el recordatorio de que el poder está delegado en entes a los que llamamos estado, comisiones directivas, contrato social, etcétera, pero que, en rigor, es nuestro y está en nosotros constituirnos en pueblo, para recuperarlo y ejercerlo.
Claro que constituirse en pueblo implica caminar por sendas propias y lastimarse las patas. Hay que estar dispuesto. Siempre es más fácil ser arrastrado por las cadenas que atravesar el dolor de construir músculo propio.
Bueno, no sé. Te quería compartir esta historia. ¿Ta bien o es medio rebuscado? Para mí, está bien. Algo parecido (pero diferente) explicaba el politólogo Guillermo O´Donnel en su libro “¿Y a mí, qué mierda me importa?”, en el que sostenía que en la Argentina no funcionaba el “¿vos sabés quien soy yo” con que los poderosos humillan en países de otros países, porque la inventiva popular logró un proceso político a mediados de siglo que recordó al pueblo que el poder es del pueblo.
Sin duda, cuando un juez dijo “no”, Aldo y Laura pensaron (o sintieron): ¿y a mí, qué mierda me importa? Fueron hasta mi cuna y me llamaron Astor.
En unos días te llega la biyuya cibernética. Espero que mejores el ánimo.
Te quiero y otros te queremos.
Abrazo de otoño y besitos en el plexo normativo.






