“No tenemos gas, no tenemos luz y tenemos dos monstruos gigantes enfrente”
Evangelina Lasala fue directora del Centro de Educación Agraria de Cerri, es técnica en Medio Ambiente de la Universidad Nacional del Sur y vecina de General Daniel Cerri. En diálogo con FM De la Calle, se refirió al avance industrial sobre el estuario y advirtió sobre el abandono estatal, la falta de información pública y las consecuencias cotidianas que deja el modelo extractivo en la comunidad.
Por momentos, Evangelina Lasala habla como técnica ambiental. En otros, como investigadora. Pero sobre todo habla como vecina de General Daniel Cerri. Desde ese lugar describe una comunidad atravesada por el avance industrial, las inundaciones recurrentes y la sensación permanente de que las decisiones importantes se toman lejos del territorio y sin consultar a quienes viven ahí.
“Es ilógico pensar en empresas millonarias en frente tuyo que tienen que ver con la energía y en Cerri, primero y principal, no tenemos gas, debe tener gas el 10% de la población, y segundo, que siempre se corta la luz. Entonces, no tenemos gas, no tenemos luz y tenemos dos monstruos gigantes enfrente”.
La investigadora integra un proyecto impulsado por docentes y especialistas que analiza el impacto territorial de Vaca Muerta y del modelo extractivo sobre Bahía Blanca y Coronel Rosales. Desde su formación en gestión ambiental y agroecología, intenta aportar otra mirada sobre el territorio: no sólo la de los pasivos ambientales, sino también la de las alternativas productivas y comunitarias que siguen existiendo alrededor del estuario.
“A la vez que Vaca Muerta, extractivismo y agronegocio, también pasan otras cosas”, planteó.
El pueblo que crece “en armonía con la naturaleza”
Lasala recordó las movilizaciones contra el dragado del estuario y una bandera colocada en el acceso a la localidad durante aquellas protestas: “Cerri crece en armonía con la naturaleza”.
Para ella, esa frase todavía expresa una identidad comunitaria que persiste pese al avance industrial. Habla de un pueblo ligado históricamente a la producción primaria, al puerto, a las quintas y también a las industrias que marcaron generaciones enteras, como la CAP o la lanera. “Cualquier persona a la que le hablás laburó ahí”, dice sobre ese pasado que todavía estructura buena parte de la memoria colectiva local.
Sin embargo, sostuvo que el cierre de industrias durante los años noventa dejó a la localidad en una especie de estancamiento. Desde entonces, distintos proyectos energéticos y portuarios fueron apareciendo bajo la promesa de recuperar empleo, infraestructura y crecimiento.
Pero la experiencia concreta de los vecinos no parece confirmar esas promesas: “Ni siquiera generan fuentes de trabajo directas a General Daniel Cerri”, afirmó. Y agregó que muchas veces las empresas terminan construyendo legitimidad a través del financiamiento de instituciones locales, especialmente educativas, mientras los problemas estructurales permanecen intactos.
Lasala insistió en una preocupación: la falta de información pública respecto a las industrias instaladas en la zona y sus posibles ampliaciones: “No tenemos información de lo que está pasando ni de lo que va a pasar”.
La percepción extendida en parte de la comunidad es que las plantas ubicadas en Cerri serían “más limpias” que las del polo petroquímico de Ingeniero White. Pero detrás de esa idea persiste un desconocimiento profundo sobre emisiones, riesgos ambientales y efectos acumulativos. “Vemos una llama, una chimenea, algo que estamos viendo, a veces sale el humo negro y ahí nos extrañamos, y sin embargo, más allá de todo eso que a veces vemos, no entendemos lo que es”, explicó.
La preocupación no se limita a la contaminación atmosférica. Lasala mencionó también conflictos vinculados al uso del suelo, el avance inmobiliario y la pérdida de espacios productivos históricos.
Desde la propia comunidad surgieron proyectos para proteger el sector de quintas y evitar subdivisiones destinadas a negocios inmobiliarios. “Que se siga sosteniendo la producción, que se incentive volver a producir”, enumeró sobre algunas de las propuestas que circulan en la localidad. “Hay un montón de ideas y salen de la propia comunidad”, dijo.
Por eso, la discusión sobre contaminación o emisiones de metano aparece apenas como una parte de un problema más amplio. Lo que la técnica ambiental describe es una disputa territorial sobre el futuro de Cerri: qué tipo de desarrollo se impulsa, quién toma las decisiones y qué lugar ocupan quienes viven junto al estuario.
La vieja bandera que todavía recuerda —“Cerri crece en armonía con la naturaleza”— deja de ser una consigna nostálgica para convertirse en una pregunta abierta sobre el destino de la comunidad.






