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(Por Astor Vitali) Hablar de “reapertura” implica, necesariamente, un cierre. ¿Por qué estuvo cerrado el teatro y qué significa la reapertura? Más allá de las paredes, de la acústica, de sus imprescindibles técnicos, de su mística ¿para qué y por qué se reabre? ¿Cuál es el proyecto que se pone en juego? ¿Qué significan están preguntas para la comunidad?

Este domingo a las 20 en el Centro Cultural La Panadería se llevará a cabo el Festival del Laboratorio, un espacio de intercambio y aprendizaje sobre el lenguaje audiovisual. Durante esta primera proyección se compartirán algunos proyectos terminados, otros en construcción y se abrirá a quienes asistan la experiencia de exploración y debate.

(Por Astor Vitali) Es el tercero de canciones propias. Fue grabado junto a Demian Pozzo en guitarra eléctrica, Bruno Milano en bajo y Lucas Trosman en batería. Te presentamos una obra que llena de preguntas, estímulos e ideas.

Suenan a “tangos nuevos para cuarteto de cuerdas”, según sintetizó Katharina Deissler, directora y violinista del grupo, en diálogo con FM De la Calle. Visitarán la ciudad de Bahía Blanca para tocar y compartir saberes. Tienen disco y personalidad musical. Tienen propuesta audiovisual y deseo. Tienen propuesta.

(Por Astor Vitali) Ayer, sectores representativos de la cultura en Bahía Blanca volvieron a movilizarse. Fue frente al intento del oficialismo de disminuir a la mitad la tasa que nutre el Fondo Municipal de las Artes, a través de un proyecto de reforma de la ordena impositiva. ¿Por qué se impulsó esta reforma y por qué es rechazada?

Tiene 22 años. Su objetivo es registrar y propagar las propuestas musicales que no tienen difusión masiva, en un país en el que los radares no toman las señales que no se emiten desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Una placa de sonido, dos micrófonos, una cámara, un maestro y muchas ideas son suficientes para dejar en la retina de las audiencias las marcas de artistas que suenan y sueñan.

(Por Astor Vitali) Acaba de cumplir 84 años y, luego de bajarse del escenario en la anterior función, uno de los músicos que trabaja con él le dijo: “hoy te escuché cantar mejor que en el ´83”. Llega a Bahía Blanca con Piazzolla Inmortal. En diálogo con FM De la Calle, el maestro explica cómo construyó este espectáculo durante el 2020, mientras no se podían llevar adelante actividades presenciales. Pero además, en esta conversación, exploramos sus ideas acerca de la cultura argentina contemporánea, el machismo, el trabajo de la voz como instrumento y la reivindicación del libro como herramienta para la libertad.

Fue ayer, durante la sesión ordinaria del senado bonaerense. El proyecto fue presentado por la Red de Salas Teatrales. Ahora deberán adherir los municipios.

Alberto Rodríguez, quien integra la red, explicó en FM De la Calle que “si bien en Bahía Blanca tenemos una ordenanza que nos permite funcionar, no nos habilita. Tenés que inscribirte como un comercio. Es la única forma de tener una habilitación para que ante cualquier circunstancia un seguro te reconozca”.

De esta forma, la ordenanza de Espacios Culturales Independientes les “ayuda a estar en el marco de la municipalidad, habilitados. Pero si vas a una organización nacional o provincial y pedís un subsidio te dicen: no, para participar tiene que estar habilitada”.

El actor sostuvo que “tuvo la aprobación a través del Frente de Todos en diputados y a través de Cambiemos en senadores. O sea, que no tendría que tener dificultades en ningún municipio para adherir a esta ley”.

Hasta ahora, “siempre estás dependiendo de que la mirada de los funcionaros sea benéfica y no tiene que ser así. Porque el trabajo de los centros culturales no solo es contención sino semillero de los futuros artistas de las ciudades, de la provincia y del país. Entonces, tenemos que estar tranquilos desde el punto de vista legal, para poder proyectar a crecer, saber que nadie nos puede venir y poner una franja de clausurado”.

La normativa regula la habilitación de salas de teatro independiente, centros culturales y espacios culturales alternativos, definiendo las características de cada uno de ellos y categorizándolos según funciones y cantidad de personas, con un máximo de 300.

La ley prevé que: la actividad de las salas debe ser permanente y su programación debe contemplar la promoción y la difusión del teatro independiente de carácter local; debe contar con infraestructura básica de iluminación y sonido de acuerdo al espacio; reunir condiciones de seguridad, salubridad e higiene, atendiendo a las particularidades y posibilidades edilicias de cada caso, a determinar por el área municipal competente, entre otros requisitos.

Además se permiten los usos accesorios de café, bar, buffet, librería, disquería, sala de exposiciones y todos aquellos comercios minoristas de artículos relacionados con la actividad principal.

(Por Astor Vitali) Las decisiones simbólicas en los actos públicos pueden ser solo ceremonial y protocolo o pueden constituir mensajes potentes que apelen a fuentes culturales que mueven elementos del inconsciente colectivo de los pueblos. Nos parece que las elecciones rituales concretadas durante el acto que encabezó el presidente Alberto Fernández el domingo pasado merecen una mirada detenida y la indagación respecto de las posibles implicancias simbólicas –positivas, a nuestro entender–  que se derivan del repaso de la actividad.

Más allá de la elección de representantes religiosos, pueblos originarios y centralmente trabajadores y trabajadoras “esenciales”, que representan lo mejor de la actividad humana ante el terror que implica una situación de catástrofe, en contrapartida con las acciones desesperadas de seres humanos que bien podían evitar actividades superfluas y, con ello, salvaguardar la salud del prójimo, más allá, decía, de las simbólicas flores como ritual vital ante los muertos y las muertas, y del contenido estrictamente político del discurso presidencial, nos detendremos en lo que aconteció sobre el escenario.

El criterio de selección no se basó en modas, estereotipos prefijados por medios masivos de comunicación, que articulan con la industria cultural, cuyos intereses no siempre –o casi nunca- coinciden con los de la cultura de los pueblos; no se basó en un “quedar bien” ante determinado sector. Podría argüirse que el contenido artístico del acto constituye un guiño hacia la mirada cultural progresista. Sin embargo, esta postura soslayaría que tal cosa, el progresismo, no se puede pensar como una masa homogénea que defiende valores culturales estancos. Por el contrario, la progresía capitalina post dictadura, excluyendo excepciones, se ha caracterizado por asimilarse a la cultura de mercado, cediendo terreno en el ámbito cultural, de sus fuentes y tradiciones populares. Terreno que no ha cedido, por ejemplo, en el campo de los derechos humanos. Por lo que, la defensa de la tradición popular se encuentra en un fragmento minoritario de la progresía rioplatense. Pervive, en general, en las acciones culturales de trabajadores del sector y en espacios de resistencia y memoria cultural que se extienden por todo el país.

Retomando, la selección de lo que se puso en escena se articuló en base a diferentes tradiciones culturales constituyentes de la identidad cultural del pueblo argentino –no todas, claramente- en un gesto de construcción simbólica que no merece soslayo.

Comenzó con la interpretación de Erbarme dich, mein Gott de Johann Sebastian Bach en la voz de Susana Moncayo. Allí se encendieron 24 velas en honor a las personas muertas por COVID-19, en cada provincia. Aparece la apelación a la tradición cristiana y europea en la música sacra, que ha acompañado, durante siglos, rituales de estas características. Pero también aparece en la idea del estado, de lo público, una ruptura de la división entre la llamada “música culta” y “música popular”. Sobre todo, por lo que vino después.

Laura Novoa leyó La meta nada menos que de Hamlet Lima Quintana, trabajador de la palabra del pueblo, y luego un músico que representa tanto la erudición como lo telúrico, Juan Falú, interpretó junto a la cantante Nadia Szachniuk, del mismo autor, Zamba para no morir que, fuera de la literalidad de la posibilidad de pervivir en los hijos e hijas, supone la concreción del proyecto de un pueblo en las generaciones posteriores.

Más tarde, la actriz interpretó el poema La canción resuena siempre de Diana Bellessi, docente de filosofía y poeta, quien ha trabajado en los márgenes sociales de las cárceles y desde alguna corriente feminista.

Posteriormente, Nos veremos otra vez de Serú Girán fue interpretada por un grupo de artistas y la cantante Patricia Sosa, incorporando la corriente del rock argentino –que no nacional– a las corrientes anteriormente mencionadas.

También se introdujo Océanos de Juan Gelman, un poeta del pueblo, inscrito en la tradición revolucionaria argentina.

Después de este set, el presidente, Alberto Fernández, hizo uso de la palabra en su carácter institucional. En este artículo no nos centraremos en ello, de lo que hay largo papeleo impreso, aunque podemos mencionar que el tono fue de rito popular en búsqueda de la trascendencia de quienes han caído en medio de una catástrofe.

La ofrenda floral se hizo bajo otra música de sentida despedida: Adiós Nonino  de Astor Piazzolla. Que, aunque no fue anunciado, resonó como una música envolvente de pérdida de lo querido y, su elección, apeló a otra de las tradiciones musicales revolucionarias de la Argentina.

Visto así, puede decirse que el acto tuvo una propuesta cultural meditada, un esbozo de mensaje que apeló a diferentes tradiciones culturales. Esto no ocurre normalmente.

Como siempre, caben las críticas. Había presencia de pueblos originarios entre quienes se sentaron junto al presidente pero no hubo presencia en la expresión estética, de esos pueblos originarios. El grupo que asesora al presidente que dio asilo político a Evo Morales, luego del golpe de estado, debe meditar si a la Argentina no le cabe también el sayo de plurinacional, más allá de enorgullecerse de las tradiciones populares posteriores a la Revolución de Mayo.

Concluyendo, en este acto se ha establecido una propuesta cultural que ha sido muy rica y oportuna, sobre todo en el contenido de las letras y las músicas. Éste fue estrictamente pensado para afrontar las pérdidas, para buscar la trascendencia de dichas pérdidas y para otorgar un sentido a todo aquello, tan doloroso. En ese contexto, si la política del Estado argentino contempla a los pueblos originarios como parte integrante y sustancial de su existencia (y no como un mero relato de corrección política), y teniendo en cuenta que dichos pueblos originarios tienen sus prácticas artísticas, esas prácticas culturales deberían ser tomadas en cuenta como parte del relato cultural que el Estado argentino lleve adelante en sus actos públicos.

(Por Astor Vitali) Cuando murió David Viñas, muchos intelectuales se ocuparon de decir que se había ido un tipo de intelectual que ya no sería posible. Un argentino de corte sartreano propio del siglo XX, en esta América convulsa. Pero ¿Viñas buscaba, con su obra y con su trabajo, convertirse en una pieza de museo (como querían esos intelectuales) o en motor del pensamiento crítico que pueda encarnar en otres pensadores que le vayan sucediendo? Murió Horacio González y, al margen de la partida de un pensado original y único en tanto su obra es suya y su mirada propia, rechazo las posiciones que despiden a un tipo de intelectual que ya no será posible. Que haya vivido Horacio González es motivo suficiente para desear más pensadores de corte gonzalezco.

¿Qué es rendir homenaje? Depende del legado. En el caso de una persona que se dedicó al pensamiento crítico, parado en su tierra y posicionándose en su tiempo, esta pregunta es de fácil resolución: se espera personas inspiradas en el pensamiento crítico que se paren sobre su tierra y se posicionen en su tiempo, a modo de homenaje.

Este es nuestro punto de partida: nada de homenajes que hablen de González con el lamento de la añoranza, con la mirada del atardecer perdido que jamás vuelve. Sí, es cierto: su voz en un espacio público, no vuelve. Pero la voz es un hecho misterioso constituido de muchos más elementos que cuerdas. ¿No está su voz en los libros escritos, en las cátedras dadas, en centenares de alumnos y de alumnas que acudían a sus clases deseosos de saberes, empujados por articulaciones del lenguaje, siempre provocativas y con textura? Podemos encontrar su voz en los miles de escenarios en el espacio público, instituciones, organizaciones en las que el eco de sus pensamientos resuena y resonarán.

Se ha destacado por estas horas, también, su honestidad. Decir que alguien es honesto porque no robó es decir poca cosa. La configuración de los delitos es establecida por quienes tienen algo que perder y, en contrapartida, es interés de los y las intelectuales críticos la política de los desesperados –a quienes todo les fue ya arrebatado, inicialmente. La honestidad intelectual –que González tenía– es una honestidad de otro tipo; es una que cuesta en recursos económicos (altos costos económicos paga quien se atreve a los matices, en ámbitos de pensamientos conscriptos a una causa cerrada), cuesta juzgamientos apresurados de quienes leen hasta el título y prefieren la rápida reacción (que debería ser siempre de derecha) a la profunda reflexión, y por supuesto, se pagan altos costos en el ámbito de la circulación de ideas en un contexto en el que la industria cultural padece el grado de concentración vigente.

Estas horas son, para Horacio González, de enorme reconocimiento y afecto: amigos y enemigos saludan a un pensador crítico, con el que se pudo acordar o disentir pero a quien se puede eludir.

Ayer me dijo alguien: escribía medio críptico, difícil de entender. Hay allí, en el uso del lenguaje (del pensamiento) de González, algo que reivindicar: alguien que piensa complejo, enuncia complejo y al hacerlo, al brindar sus pensamientos a la comunidad, no hace otra cosa más que estar a su servicio, y sobre todo, no subestimar a sus interlocutores.

Hay otros dos modelos de intelectuales: el que “habla difícil” pero su decir no resuena (orador vacuo) y aquel que “se le entiende” pero su diatriba constituye una estafa (el chanta de masas).

Horacio González buscó la profundidad del pensamiento, la complejidad de las ideas, las imbricaciones de las ideologías contrapuestas. Hay una pregunta de verdaderas implicancias políticas: ¿qué hay de verdad en el pensamiento del enemigo?

Me dijo esta persona que, además de sentir que González “hablaba difícil”, de igual modo, cada vez que lo leía sentía que no entendía pero que había algo importante allí en su palabra, y que esto lo llevaba a interiorizarse en su pensamiento hasta comprender. Bravo, Horacio. González seducía con su pensamiento, entonces, podemos decir. González hacía, con palabras y con ideas complejas, que las personas se internaran en la complejidad, en lugar de quedarse en la llanura de la imagen en la era de los likes. ¿Puede haber algo más contrahegemónico que generar en los otros y en las otras una actitud vedada por el mercado, una acción exactamente contraria a la esperada o generada por la maquinaria del poder?

Retomar el asunto de su vínculo con el campo de lo enemigo, en su discurso de despedida de la Biblioteca Nacional (2015), González habló del respeto de los legados como una “pequeña astucia de la historia”. Es decir, estudiar a los conservadores, tanto o más que a los propios. En otras palabras, adentrarse en el pensamiento milenario, dado que los conservadores basan sus sistemas con anclaje helénico, latino, etc.  

“La idea de best seller la conocemos; nos produce el placer que elegimos, bueno o malo. La idea de leer aquello que sostiene nuestro espíritu, también la conocemos, es una idea formidable, la lectura es una lectura amiga, que intercala con nuestros pensamientos otros de los que podemos aprender. Y después hay un ejercicio lectural, que es un ejercicio atrevido, porque invierte esta relación lineal y afectiva de lo que leemos, y se trata de sacar experiencias de lo que no nos gusta o de lo que consideramos demencial o inapropiado, siempre que esté sostenido por un espíritu que nos intereses. Ese espíritu que nos interesa no necesariamente puede decir las cosas interesantes para nuestra vida, y no obsta que lo condenemos, también. Pero, para el lector, condenable o no condenable, nunca cesa la soberanía que lleva hasta las últimas consecuencias de la lectura. Es el lector que lleva hasta las últimas consecuencias de su no gusto, de su no acuerdo, la capacidad de explorar un texto enemigo.

Hay algo en la lectura que al enemigo lo convierte en algo donde cesa la hostilidad, y en un único segundo, en un chasquido, se muestra de alguna manera un mundo asombroso, donde reina a veces casi soberana una palabra, una idea, una forma del genio” (Facultad Libre).

Saber que es preciso reconocer cómo piensa quién me piensa. Porque un enemigo se piensa y piensa al otro. Hay, en rigor, una actitud vanidosa o religiosa en quien se queda con su librito de verdades, únicamente, y no intenta indagar sobre lo diferente. Lo que nos constituye es la otredad: ¿cómo desconocerla, entonces, si nos constituye? Estoy delimitado, y mis límites participan de lo externo, se tocan con lo otro, necesariamente, lo reconozca o no.

Y, como somos pensados, es preciso también, pensar. “Un proceso popular como el que encabezaron Néstor Kirchner y Cristina Kirchner, necesitaban pensamiento”, dijo en la mencionada despedida de su cargo de director de la biblioteca.

Defender el pensamiento es una actitud eminentemente contracultural en el contexto actual, por ende, crítica y revolucionaria.   

Borges y Horacio González compartieron mucho: la pasión por el ser de esta tierra, la Biblioteca Nacional, el amor por la literatura, los deslizamientos de lo que parece fijo y las implicancias concretas y metafísicas de lo que nos es dado. El González maduro estuvo al frente de lo que llamó “una de las viejas maestras de la Historia de la nación argentina” que “no es una única historia”, debiendo considerar además que “nos hace a todos mucho más libres saberse parte de una comunidad”.

Desde posturas ideológicas irreconciliables, el pensamiento puede discurrir en el ámbito de las profundidades de la indagación filosófica y ética: y esto constituye un aporte invaluable a su pueblo. Para en el medio de su pueblo. No arriba: entre.

Por supuesto, es una vida muy larga y este artículo muy corto. Datos biográficos, anécdotas, emociones y saberes se escribieron estos días por doquier. Aquí quisimos dejar sentado que Horacio González es un pensador ubicado en su pueblo, indagando milenios, abriendo puertas entre lo que no quiere verse, tal vez, por temor a reconocerse.

(Por Astor Vitali) Se trata de un tango de autoría propia disponible en todas las tiendas digitales. La obra está arreglada con guitarra y guitarrón. Canta: Susana Matilla. Se publica en el contexto del centenario del Club Bella Vista, de Bahía Blanca.

“Por distintos inconvenientes técnicos no pudo lanzarse en los días previos al centenario al club Bella Vista que fue el 18 abril. Pero se llegó a hacer dentro del mes, afortunadamente”, dijo el autor a FM De la Calle.  

¿Quién es Rosendo?

Es mi abuelo paterno. No tuve la fortuna de conocerlo pero sí lo conozco a través de los vecinos que me cuentan cómo era, compañeros de su trabajo también. Mi abuelo fue trabajador de correos y telégrafos toda su vida. Tuvo una parte activa en la entidad gremial que los nuclea, que es AATRAC. Laburante común y laburante para su comunidad.

¿La letra surge a partir de un texto que él había dejado escrito?

Imagino yo que durante los últimos años de su vida trabajó en el turno nocturno. En un formulario a dirección general de telecomunicaciones dejó impreso, en las tiras con los que se imprimían los telegramas, un texto en el que hablaba del barrio y firmaba con sus iniciales, con una leyenda que decía “inspirada por este poeta bellavistentence en una noche de ocio”.

Con el tiempo descubrí que en realidad él lo que había hecho era -sin tan simplemente- agregarle a ese texto, que era un poema de Héctor Gagliardi, algunos enunciados que tenían que ver con el barrio y con su propia experiencia de vida.

¿Ahí reelaboraste la letra?

Exactamente, tratando de mantener esos agregados que él había hecho, modifiqué todo el resto del texto que es original.

El verso “se te dio por progresar” condensa un intercambio generacional que también se da con la invitada, Susana Matilla…

Creo que un poco la identificación que pudo haber tenido mi abuelo hace unos 50 años de ese texto, y estamos hablando ya de la instauración a través de la violencia del neoliberalismo en nuestro país a través de la dictadura cívico militar, cómo se empieza a evidenciar esto que después podemos observar en distintas entidades intermedias de distintos barrios, cómo se han ido desmembrando o bien pasado a ser sociedad con representación empresarial, ya más lejanos a la comunidad.

Por más que siempre queda un componente telúrico muy fuerte que está arraigado en la comunidad de los barrios, también sucede esto de que la gente pasa de largo cunado pasa adelante del club o de la sociedad de fomento, que podía ser su lugar de encentro en otro momento. En el sentido de que no lo siente como un espacio de pertenencia como lo era en otro momento en el que, al dejar sus trabajos asalariados, vecinos y vecinas destinaban el resto de la vida.

En la arquitectura y en la vida social de algunos barrios no totalmente asfaltados por la dinámica del progreso puede verse una suerte de vida en dos dimensiones, como si hubiera distintos tiempos corriendo en el mismo tiempo. Por ejemplo, una persona joven como vos, comprometida emocionalmente además de políticamente con las instituciones de su barrio; por otro, otras personas pensando más bien en términos de cultura consumista a lo yanqui, totalmente desvinculados de su entorno. Si bien puede generar angustia la presencia de los segundo también significa que permanece viva cierta cultura popular que no por nada ha venido luchando por subsistir, en la que no sólo está la cuestión de la tradición sino valores populares –del pueblo- contra valores de mercado u otra índole. Yo veo en esta canción esa angustia por la topadora del progreso y a su vez cierta latencia de habitar el barrio y la ciudad de manera popular y solidaria.

Sí. Por eso es necesario rescatarla, decirla, transmitirla. Porque el problema que observamos en distintas culturales, más allá del barrio, es cómo trasmitir estas cosas, cómo construir memoria. En ese sentido ese tipo de transmisión se da con las personas vivas. Con el recambio que puede haber en función de las familias que habitan el barrio, por ejemplo, en el caso de la familia de mi padre, se instala en el barrio mi bisabuelo, el papá de Rosendo. Con lo cual estamos hablando de principios del siglo veinte. Las distintas generaciones seguimos habitando el barrio.

La forma de dar batalla contra esa topadora del progreso es por lo menos transmitiendo la memoria viva de las personas que lo habita y tratar de practicar ese sentido comunitario.

La foto de portada de la canción es significativa: están muchos de sus amigos que también eran vecinos del barrio que viven en un radio de cuatro cuadras de donde vivo yo y de donde vivía mi abuelo. Quienes están en esa foto, celebrando alguna cosa con unas guitarras, participaban activamente de la vida del barrio de alguna manera.

Susana Matilla: Cuando Nico me invita a participar de este proyecto no dudé un instante porque Los sueños de Rosendo son los sueños de Nico y son los sueños míos. Ese sentimiento de cariño de pertenencia a este diminuto lugar, a este pequeño terruño que es el barrio, que te ve nacer y crecer.

Tanto Rosendo, como Nico, como yo durante toda nuestra vida trabajamos en las distintas organizaciones sociales del barrio. Es más, con los años nos encuentra a Nico y a mí trabando juntos en la comisión de la Biblioteca (Bella Vista).

Este tema une tres generaciones. Rosendo podría haber sido mi papá y yo podría haber sido la mamá de Nico. Por otro lado, los dos nacimos y elegimos seguir viviendo en Bella Vista. La casa de Nicolás queda en la misma calle de su papá, al igual que yo vivo en la misma vereda que la casa de mi mamá. Son muchas coincidencias que nos van hilando en esta historia de barrio, con Nicolás.

Por ejemplo, yo fui a la Escuela Nacional número siete, que después tiene su continuidad en la escuela nacional sesenta y dos. Queda casa de por medio de dónde hoy vive Nicolás. Y donde fue Nicolás queda casa de por medio con la mía.

Haber hecho este tema y más en el centenario de nuestro querido club que lleva el mismo nombre que el barrio, para finalizar este proyecto y haberme hecho partícipe me da mucha felicidad.

Yo no puedo hablar de Nicolás porque es como si hablara la mamá. Es un chico creativo, talentoso, inteligente, coherente, de muy fuertes convicciones. Así que yo deseo que esto sea el principio de una larga carrera musical llena de muy buenos momentos. Te quiero mucho, Nico. Te quiero, chiquitín.

Alguna vez dijimos que “el canto de Susana Matilla es un conjuro contra la muerte; es el tiempo detenido en ese instante en que el sentido nos tocó la tripa y aprendimos a llorar”. ¿Qué significa  tocar con ella?

Nicolás Fernández Vicente: Fue algo muy lindo desde la preparación del tema hasta la concreción efectiva. Ella mencionaba que es una idea que tengo hace bastante tiempo y que pudimos concretar ahora e hice algunas modificaciones de aquella idea original. Traté de que lo construyéramos un poco conjuntamente y no condicionar su interpretación para que fluyera esa gran capacidad de comunicación que tiene Susana en la interpretación. Pese a que ella misma se reconoce como una cantante folclórica y de zambas, especialmente, tiene una enorme capacidad interpretativa para el tango. Por eso los grandes maestros de esta ciudad la han elegido para sus formaciones, como Mario Grossi y Lucio Passarelli.

En ese sentido, el arreglo de guitarra está hecho en función de su interpretación vocal. Registré de manera informal, con un celular, yéndonos a visitar durante las casas del barrio durante este verano y así fuimos trabajando la grabación.

Para mí es un gran placer y un gran regalo haber podido grabar esta canción con ella. Tenía grabado el tango a Villa Mitre y yo le decía: Susi hay que grabar el tango a Bella vista ¿no? Más allá del chiste, además de lo que significa en la escena del tango también todo este vínculo que nos une y que ella perfectamente describía, todo eso está impreso, grabado en la canción.

(Por Astor Vitali) Es el el primer disco de la cantautora y guitarrista Natalia Freibrun. Participan de esta producción Florencia Ruiz, Carlos Michelini, Claudio Turica, Cesar Silva, Patricio Pietreck, Tomás Babjackuk y Nina Freibrun. El EP contiene seis canciones propias compuestas y grabadas en tiempos de pandemia.

Según reza la difusión del material, “su estética sonora se acerca a la canción urbana y algo del pop, aunque también refleja ciertos aires de folklore y de jazz, por lo que resulta una propuesta difícil de encasillar. Son composiciones surgidas a partir de la guitarra y la voz que, al ir tomando vuelo, dieron un lugar valioso a la improvisación, destacada en los solos de los grandes músicos que participan del álbum”.

“Natalia Freibrun nos propone un viaje colorido a través de 6 músicas con perfume a jazz, folklore y canción de rock y de ese modo nos envuelve para hacernos entrar en su mundo. Cada track es una invitación al placer, un punto de encuentro de la palabra con la melodía y todo lo que ahí se construye. Jaula y delirio tiene todo lo que me gusta encontrar en un disco: ideas, profundidad, corazón, sutilezas, matices y mucho sentimiento. No se pierdan de escucharla y de compartirla”, sostiene Florencia Ruiz, acerca del disco.

A su vez, Raúl Delgado, sostuvo: “como si con un puñado de trazos un cuadro nos contara una vida entera, las seis canciones de Jaula y delirio resumen una trayectoria musical, un recorrido vasto y enriquecedor y, a la vez, un rumbo nuevo a seguir, un camino a explorar. Es PRESENTE, punto de encuentro entre todo lo vivido y esa puerta que se abre a lo por venir. Es foto y es retrato, en cuanto nace en lo tangible y se proyecta en el deseo. Es carta de presentación, carta de navegación, carta astral, de una artista en búsqueda permanente. Natalia Freibrun libera sus canciones para que nos cuenten, nos canten, nos digan cómo se deshacen las jaulas, cómo se apaciguan los delirios”.

Es curioso cómo a partir de la escucha de la producción las sensaciones fueron coincidentes con los comentarios anteriores: este disco, sin duda, es un viaje. Un viaje por sentidos, imágenes, sabores y sensaciones ligadas a lo esencialmente humano. Las guitarras que cantan y las voces que cuentan recuperan lo mejor de la canción rioplatense y del rock argentino. Los vientos juguetean y los bajos dialogan. Los arreglos no son artificio de destreza individual sino conjuro a las entrañas de la música de la autora. Reminiscencias del jazz y ecos de las sonoridades originarias, es decir, de la primera vez que cantamos por amor. Por amor a un otre que nos conmueve y que nos moviliza, por amor al arte que nos expresa y por amor al devenir que nos mece a veces como la música de Natalia y nos atorbellina otras veces como las emociones de las cuales nace la música.

Hemos dicho en otras oportunidades que el hacer es una manera de decir y de posicionarse: hacer música en medio de esta circunstancia tan particular, pandémica, hacer esta música, seguramente defina a esta artista de manera más precisa que cualquiera de estas líneas.

(Por Astor Vitali – Foto: Gustavo Pirola) Ayer murió un hombre importante de la cultura en Bahía Blanca: Omar Morán. Podría haber dicho que se fue un fotógrafo, pero no sería la lente adecuada para describir lo que representa su figura y lo que significa en el acervo local.

¿Qué es un fotógrafo? Un artista, un laburante y una persona con oficio. Pero también un periodista de lenguaje contundente y discurso infalible: una imagen vale más que mil volantas. Se pueden decir muchas cosas de las fotografías de Morán y hay mil anécdotas publicadas y no publicadas, conversadas con este personaje que podías cruzarte en la calle. Pero en otro momento daremos lugar al anecdotario, nos interesa ahora hablar de su mirada.

La voz tibia de Morán en medio de la calle -que es la inmensa casa de los fotógrafos-, era reveladora: era una actitud consciente que responde a una elección de discurso. ¿Por qué se es fotógrafo? Tal vez para otorgar menos importancia a la opinión propia que a lo que ocurre. El registro de lo que pasa es un testimonio cargado de subjetividad porque es el fotógrafo quien elige qué registra y cómo lo hace. Pero es a su vez la elección de un discurso de altura filosófica y ética: elijo hablar a través de terceras cosas, a través de expresiones de otros. Por eso hablaba cálido y amistoso: lo que quería decir estaba dicho y revelado.

Un fotógrafo es un artista, un laburante y una persona con oficio que elige hablar a través del registro de lo que ocurre, mostrando su mirada del mundo a través del mundo. Morán tenía una mirada del mundo. La mirada y la lente. La conciencia y el papel de foto. La mano es el trípode y el dedo un gatillo que en cada relámpago ilumina y castiga; alumbra el mundo una imagen que rebelada y fustiga al consorcio de los injustos el efecto de una imagen verdadera.

Un fotógrafo de Villa Mitre y peronista es un artista, un laburante, un hombre de oficio que elige hablar a través de sus imágenes. Las imágenes son iguales a los hechos consumados. Más que palabras; más que lo que puede significar que Omar Morán es un fotógrafo de Villa Mitre y peronista con oficio y arte que habla iluminando cosas y disparando centellazos; capturando instantes, fragmentos del alma de las cosas.

Sí, las imágenes son hechos consumados. No se trata del registro de lo que es sino de cómo se es y cómo se está siendo. Hay maneras de ser fotógrafo y maneras de ser peronista. Morán fue del pueblo. Podríamos decir más: ser fotógrafo es una manifestación de la conciencia de un pueblo. Aquí nos vamos acercando.

Ser fotógrafo en Bahía Blanca y ser peronista y amigo de la revolución cubana y de la Casa de Amistad Argentino Cubana y del cooperativismo y registrar desde esa perspectiva del mundo implica una decisión ética fundamental: se está concretamente en un sitio, mirando desde ese sitio a otros sitios. Hacia el poder, hacia los que pagan bien, pero no quieren fotógrafos. Porque un fotógrafo no es una máquina, no es el dedo del patrón enviado a gatillar a cualquier sitio.

Los patrones actuales prefieren selfies porque no quieren fotógrafos. Sí, claro: hay una cuestión económica, pero no es sólo eso: un fotógrafo (si hablamos de Morán, de ese fotógrafo) es, como vamos viendo, la conciencia de un pueblo que camina por las calles con mirada atenta, capturando señales para avanzar de la mano de su pueblo hacia un lugar mejor, archivando registros necesarios para saber qué nos fue pasando, qué nos hacen quienes no nos dejan hacer y qué hacemos desde aquí, con todo ese acervo. ¿Qué hacemos?

No ha muerto un fotógrafo: porque no ha muerto –sigue vivo en su obra- y porque hablamos de un fotógrafo pero de un artista pero de un amigo de muchos pero de un compañero pero de un caminador por otros pero de un hincha pero de un pedazo de nuestro pueblo y este párrafo podría ser completado por cientos de bahienses con muchos aspectos de todo lo que significa Omar Morán.

Pero además hay otras que cosas que hay que decir de las elecciones de este artista, amigo, compañero, laburante y fotógrafo. Morán era un caminante con la mirada en alto y perfil bajo. Hay mucha sabiduría en la posición del fotógrafo. Camina, piensa, analiza, busca, captura momentos, conmueve. En todo esto siempre destaca a otra cosa o a otras personas. Este es un mundo en el que se nos enseña a exteriorizar y a expresar lo que pensamos; en las redes, en las conversaciones, en los vínculos hay que hablar de uno y desde uno. Mucha cháchara y poca escuchar.

Fotografiar es parecido a escuchar: es la atención puesta en el mensaje que está en un lugar diferente a mí, es poner los sentidos al servicio del otro. Omar Morán era también, entonces, un gran escucha. Un gran observador es un gran escuchador.

¿Cuál es el pensamiento de un fotógrafo? Hay algo en aquello de que una fotografía se queda con parte del alma de su objeto, que puede ayudarnos a pensar. Pero no es la máquina la que retiene, es la persona: lo que se absorbe no queda guardado en el aparato sino en la retina del fotógrafo. El pensamiento del fotógrafo está hecho de todo lo que vio, es decir, de los pensamientos de todos aquellos a los que escuchó en imágenes. Por eso habla poco, el fotógrafo, porque conoce mucho, y la cautela es sabiduría frente a la verborrea que proviene de la estupidez.

Quien ha visto cosas admiradas, conoce su propia dimensión.

Omar Morán es muchas cosas y sobre todo es alguien cuyo pensamiento –pensamiento de pensamientos- nos acompañará siempre porque ya estamos afectados en nuestras retinas, en nuestros oídos y en nuestras memorias por su mensaje que parecía silencioso y era cauto y sereno: Omar Morán es un lugar de la conciencia del pueblo, revelada, publicada y archivada, para siempre.

Está en nosotros.

Desde la columna cultural de En Eso Estamos definimos oponer reflexión contra la reacción que genera la violencia organizada. Por eso, FM De la Calle invitó a debatir al escritor, poeta y docente Mario Ortiz, a la actriz y delegada general de la Asociación Argentina de Actrices y Actores Belén López, y al actor, director, integrante del Centro Cultural La Panadería y militante por los derechos humanos Alberto Rodríguez.

¿Qué análisis hacen a partir del atentado?

Belén López: Es algo que conmueve, o debería conmover, esto que sucedió, a lo que le doy el nombre de atentado. No cualquier atentado, porque por ahí hay chicos o chicas que salen o atentan contra la propiedad privada y escriben un grafiti… sino que esto tiene un tinte político más ligado a lo terrorista porque está estrechamente vinculado con un partido político, hacia un sector político y casualmente es el que está gobernando, al menos a nivel nacional y provincial. Y que acá en Bahía Blanca tendrá su trabajo en torno a la política.

Levantarme a la mañana y escuchar esta noticia me dejó perpleja. Es algo que no se puede permitir en democracia y no hay que minimizarlo diciendo fue un grupo de dos o tres loquitos que no saben en qué ocupar el tiempo y están enojados con la cuarentena. Hay que tomarlo con la seriedad que esto amerita porque vivimos en democracia, porque las ideas no se deben imponer mediante la violencia, porque para eso están las urnas: para decidir qué rumbos tome el gobierno que fuere.

Me dejó perpleja y a la vez con este estado de alerta que se expresa en el cuerpo; ponerse la piel de gallina, quedarte anonada. Nosotros conocemos del terrorismo de Estado, no queremos repetir. Estamos atravesando un nuevo período de juicios en Bahía Blanca y pensar en la posibilidad de que puede haber este tipo de atentados nos ubica en un lugar en que hay que tener mucho cuidado, hay que ser muy cauteloso y sobre todo no minimizar la situación.

En un contexto, además, de pandemia donde seguramente se tomen medidas que no son agradables para nadie pero que tenemos que poner por delante, preservar la vida de la gente. Sabiendo que la situación económica se viene atravesando y se arrastra hace más de cuatro años. Es una situación muy compleja en términos económicos y laborales, nadie lo discute, pero la salud y la vida de las personas tienen que estar por encima de cualquier mezquindad política, personal de algún sector. Creo que lo ocurrido tiene que estar profundamente analizado y que la sociedad tiene que tomar conciencia de que estas cosas no pueden ocurrir. Esto tiene un tinte mucho más político y profundo que no podemos naturalizar.

Mario Ortiz: Ante todo, coincido con Belén. Lo que hemos sentido, en primer lugar, ha pasado por el orden de lo corporal. Por esa sensación de escalofrío, de angustia. Porque, para los que ya peinamos algunas canas, esto nos hace retrotraer a viejas épocas. Yo lo primero que sentí es estamos retrocediendo cuarenta casilleros. Porque es pasar ya a la política por el hecho, a la política por el acto, a la acción directa.

Desde otro punto de vista, es la materialización, la puesta en acto de un estado de violencia que ya está instalado y lamentablemente muy instalado. Lo que pasa es que hasta ahora esa violencia es verbal, es simbólica. Por ahora no ha pasado mucho más allá de las palabras. Sin embargo, hemos estado viendo una escalada de violencia. Efectivamente, lo hemos visto ya en las pintadas del Frente de Todos el año pasado. Pero esto es algo que no se da solamente aquí, es algo nacional e internacional. Lo hemos visto en las pintadas en la escuela hebrea.

Pero esto es algo que estamos viendo cotidianamente en todos lados. En los comentarios de las redes sociales, en los diarios. No nos asombremos que ocurran estas cosas cuando los periódicos, los principales portales de noticias de Bahía Blanca habilitan sus espacios para que los lectores escriban las bestialidades más horrorosas que en otras épocas le hubiese valido la cancelación del diario o la apertura de un juicio por instigación a la violencia. ¿Cuántas veces hemos escuchado o visto carteles qué se muera la yegua o que hay que limpiar el país de kakarulos, etcétera? Esto está. Era cuestión de tiempo para que esto pasase a la acción. Y es lo que hemos visto.

Bahía Blanca lamentablemente siempre es como un laboratorio político del país. No sé si esto va a desaparecer tan rápido. Si en las próximas horas no hay un esclarecimiento completo y absoluto de la justicia eso va a ser una señal de que aquí va a haber un modus operandi al que lamentablemente vamos a seguir viéndolo en el tiempo.

No quiero ser derrotista o dramático con esto. Pero estos son lamentablemente los modos de hacer política que se están instalando en Latinoamérica y en el mundo. Ayer o antes de ayer, en México, mataron a una precandidata a intendente y, en los últimos años, ya llevan cien muertos políticos. Recordemos lo que ha ocurrido en Colombia. Esto es parte de un clima de recalentamiento social.

Alberto Rodríguez: Comienzo por adherir a lo que dijeron les compañeres. Mi solidaridad con los compañeros de La Cámpora. Y siguiendo con las reflexiones que termina de exponer Mario, creo que Bahía Blanca todavía no ha juzgado lo que sucedió hace más de cuarenta y seis años. Cuando la justicia no llega, deja el camino abierto a que esos grupos sigan operando con total libertad.

Acá se ha tratado de pasar al olvido y cuando una sociedad quiere olvidar hechos trágicos como los que nos sucedieron en Bahía, vuelve como un grotesco a reproducirse con los mismos métodos. Para colmo, en una situación donde escucho a políticos decir que ojalá haya sido un loquito. Otros que me sorprendieron diciendo que Bahía Blanca es una ciudad armoniosa, que no ha tenido nunca sectores fascistas. Entonces, si dos políticos de distintos lugares hablan de esta forma, yo ya me estoy preocupando y mucho. Creo que no va a ser con ellos con los que vamos a tener que contar.

Para colmo, la justicia federal, en un primer momento, dice que no tiene nada que hacer. Así que más me preocupo. Quien va a investigar es un fiscal con el cual evidentemente no tengo muchas garantías, un fiscal que ha dejado a los genocidas en libertad.

Y recuerdo que en la época, como decía el amigo Mario hace cuarenta casilleros atrás, voló el Teatro El Tábano, en calle Estomba, le pusieron otra bomba a la Caja de Crédito Bahiense. Hoy toca a La Cámpora. La justicia esperemos que lo resuelva. Todavía no ha resuelto lo de hace cuarenta casilleros atrás, pongámosle fichas para que este casillero lo pueda cubrir.

Yo tengo mis dudas porque esta es una ciudad donde los grandes sectores de poder han tenido mucho que ver con los atentados de otras épocas, han sido los que pusieron plata y pusieron ideas. Es más, yo tengo la certeza de que los alegatos de la defensa de los imputados en el juicio de la Triple A los escribió un ex juez e imputado también por pertenecer a esa organización. Por lo tanto, es muy difícil dar una sensación de seguridad a una sociedad que no ha sabido llevar adelante un hecho de justicia durante cuarenta y seis años, ni ha exigido como sociedad, no digo como organizaciones políticas que sí lo hemos hecho.

Es un llamado de atención a los sectores populares que todavía miramos de reojo a los compañeros que tenemos al lado. Creo que es un momento donde la necesaria unidad de los sectores que vamos a ser atacados estemos juntos.

Creo que hay que tener en cuenta a la Constitución, que dice que como ciudadanos tenemos derecho a defender la democracia frente al ataque que estamos teniendo. No confío en algunos políticos, no confío todavía en la justicia, en lo único que confió es en mis compañeros. Por eso los invito a conformar una unidad férrea para que podamos indicar y señalar dónde están los culpables.

Han señalado en distintas intervenciones la presencia de la violencia con un grado de plafón social. Pensando desde la cultura, que suele ser un lugar en el que se reflexiona con la mente, con el espíritu y con el cuerpo, donde se interviene en lo que va aconteciendo socialmente, una pregunta es recurrente ¿qué hacer con esta cuestión? Porque lo primero que aparece es la bronca ante la violencia y la bronca suele ser fuente de reacción que es el estímulo al que nos están llevando a jugar. A una reproducción de un modo de la política que va en sentido contrario a la necesidad de unirse en la diversidad. El interrogante abierto, una vez que hemos analizado qué significa este atentado es qué hacer en estas circunstancias y, obviamente, en una situación de poder muy dispar, situados en la cultura.

Belén López: Escuchaba lo que decía Mario con respecto a que son situaciones que no son aisladas o que no son privativas de nuestro país. Hay una escalada a nivel mundial de una ultraderecha que está queriendo pedir pista y que en algunos lugares viene aterrizando con efectividad, si lo pensamos en cuánto a lo que ocurrió hace poco en Madrid con la alcaldesa que ganó las elecciones. La ultraderecha hizo un trabajo muy delicado utilizando el discurso de la pandemia.

Yo creo que, como lo hemos venido diciendo desde el sector cultural en Bahía Blanca, la pandemia no es lo que vino a generar la crisis sino que la pandemia fue para muchos la excusa ideal para establecer desde allí un discurso del odio. Agarraron la idea de la pandemia para que estas ideologías de ultra derecha surjan con un discurso acerca de las libertades y de la democracia en estas épocas cuando en realidad ellos nunca fueron proclives justamente a hablar de libertad y a defender las democracias. Esta condición de pandemia es una bandeja de plata que vino para soportar y dar lugar a este tipo de discursos, donde la gente se envalentona y sale a replicar por las libertades individuales: yo en democracia hago lo que quiero.

Me parece que tenemos que pensar que en democracia tampoco es que se puede decir y hacer lo que se me antoja sin consecuencias. Porque lo que no se miden son las consecuencias. Yo hago y digo lo que quiero total no me hago responsable de lo que pueda provocar en el otre. Y ahí me parece que tiene que estar la justicia.

Lo estamos viviendo en la Argentina. Los medios de comunicación hegemónicos salen y dicen lo que se les ocurre. Inventan mentiras sobre las fantasías más impensadas en estas épocas y no hay consecuencias.

Pasamos cuatro años de un gobierno que contrajo la deuda más grande, que generó un quiebre total en la sociedad argentina, desde el punto de vista que lo mires, y no hay consecuencias de todo esto. El tipo que afanó se puede ir y no va a pasar nada. El tipo que quebró un país y se apropió de infinidad recursos y no pasa nada. Personas que salen en los medios a decir barbaridades y no pasa nada. Y este no pasa nada se replica socialmente, se reproduce en las diferentes clases sociales y no se reflexiona.

Entonces, desde el sector de la cultural, desde el sector de la educación tenemos también una fuerte responsabilidad en cuanto a cómo llevamos nuestro mensaje, en este caso a los adolescentes, a los chicos y chicas de las escuelas, a la gente en los espacios culturales. Me parece que en las futuras generaciones es donde tenemos siempre que aportar en la reflexión, en la construcción de un pensamiento crítico.

No podemos pensar que hacemos y decimos lo queremos sin que haya consecuencias. Las consecuencias son gravísimas y las estamos viviendo día a día con ese discurso del odio. No puede ser que pensemos en términos monetarios solamente. Lo que ocurrió con el decreto del presidente hace un tiempo atrás, que se lleva a la justicia, se judicializa la decisión de un presidente que tiene la facultad para definir destinos de su país en situación de catástrofe. Un intendente, viene y dice yo las escuelas las abro igual y me cago en lo que diga un presidente… me parece que estamos mirando de manera muy parcial y no hay responsables de las consecuencias de esas decisiones.

Culturalmente tenemos que llamar permanentemente al diálogo pero también a la firmeza: hasta acá se llega. Si no hay una reflexión desde el conjunto de la sociedad de ponernos a pensar que tiene que haber un límite a esta escalada de violencia y de discursos del odio, me parece que no nos va a alcanzar con que un sector salgamos y tratemos de abrir los ojos.

El individualismo se instaló y muy fuerte. Digo y hago lo que quiero, total yo pago mis impuestos. No puede ser todo gratuito. Hay gente que se está muriendo, que está pasando hambre, hay gente que no tiene trabajo. Hay que cuidar eso y hay que cuidar las fuentes laborales. Tenemos, como sociedad, que empezar a reflexionar que nuestras acciones tienen consecuencia y no podemos salir de esto solos. La salida siempre será colectiva o no será.

Mario Ortiz: Coincido completamente. Yo creo que a los que somos trabajadores, trabajadores intelectuales, artísticos, los que estamos en el campo de la enseñanza, de la educación, del arte, nos compete una responsabilidad y una tarea muy grandes. Porque precisamente en estos momentos de profunda irracionalidad –y el fascismo es tremendamente irracional, apela a lo peor, a lo más visceral, el odio del ser humano- nos toca la misión de llevar una cuota de racionalidad, de reflexión y de docencia.

Ayer, en las clases que tuve, lo primero que hice fue destinar diez, quince minutos a reflexionar sobre esto. Les decía: chicos, ustedes que son jóvenes tienen que empezar a agudizar el pensamiento crítico y no prenderse en la locura de los adultos porque los adultos están locos, estamos todos locos.

Desde la educación hay una tarea, desde el arte también. Pienso en Alberto que han hecho desde La Panadería obras de Bertolt Brecht, que hacía teatro didáctico, para hacer reflexionar a la clase trabajadora. Ellos hicieron la obra Arturo Ui, sobre como asciende el fascismo. Yo creo que una de nuestras principales tareas en estos momentos es precisamente la de movilizar la reflexión. Como bien se dijo, el primero impulso es de bronca, pero no. Porque eso es entrar en la lógica de ellos, es responder lo que ellos querrían que uno haga, entonces uno reduplica.

Ahora, al mismo tiempo hay que exigir también a la clase política que haga una suerte de pacto. Si no hay entre ellos un pacto de convivencia democrática, si ellos mismos no les hacen bajar los decibeles a sus referentes nacionales, vamos hacia un enfrentamiento cada vez peor. Y estoy pensando en las vociferaciones de los referentes políticos que ya conocemos todos. Basta con las arengas porque si todo sirve para hacer una mínima diferencia de voto, entonces la política está yendo muy mal. ¿Qué es lo que quieren? ¿Qué volvamos a épocas antiguas en donde en la mesa de negociación política poníamos muertos arriba? No. Pongamos argumentos, pongamos intereses en pugna, en liza, pero no pongamos muertos en la mesa de negociación.

Alberto Rodríguez: Es así, partiendo de esto último que decís, entonces, falta decisión política. Pero ellos la tienen. Mencionabas México, Belén a Madrid, yo agrego Colombia. Entonces reflexiono, pienso, y digo Chile. Ese es el camino.

No quedan más caminos que buscar una nueva forma de pensar, no solo el pensamiento en la política sino también en la acción. ¿Cuál va a ser nuestro pensamiento desde lo político para la unidad y la unidad en acción para frenar a esta locura?

A la derecha no le importa: llamarlos a una reflexión, si no es con la gente en la calle no lo veo. La reflexión la podemos hacer en una mesa, en un ámbito de compañeres, donde analicemos y obtengamos cuáles son nuestros errores y cuáles son las virtudes de esta derecha fascista. Ustedes han puesto sobre la mesa las virtudes de ellos. Falta que analicemos cuáles serían nuestras virtudes para frenar esta situación. Creo que eso todavía no lo tenemos claro. Sabemos que somos buena gente, de todos mis compañeres, sé que cuento con excelente gente. Pero lo que nos falta es tener claro por dónde y con qué ideas llevar adelante la acción. Y creo que ahí es donde ellos nos van ganando esta batalla.

Espero que los muertos no aparezcan. Espero que los Facundo tengan justicia. Espero que los Watu tengan justicia. Y espero que aquellos que hoy están avanzando nuevamente, podamos frenarlo, pero que reflexionemos, que analicemos y que luego accionemos. De otra forma vamos a ser muy buena gente en las mesas de diálogo pero no vamos a frenarlos si no es en la movilización y en la unidad.

Les propongo hablar a aquellas personas que no se sienten politizadas, que laburan todo el día, que no están haciendo lecturas de la política, fuera de los microclimas, que están estudiando y no encuentran la vinculación entre su estudio y la política, el que está changuendo y el sonido de las tripas le resulta un sonido más fuerte que el estruendo de esta bomba o las resonancias de la discusión política.

Belén López: Hay que pensar en este juego del hartazgo al que nos están llevando, con esta reproducción constante en los medios. Pero no nos olvidemos que estamos en pandemia y hay que ser muy respetuosos de la vida del otro. Porque el contexto nos está también dando los tiempos para decir cuándo y cómo. Yo creo que el día que sea posible, nuestro pueblo va a salir a la calle. Pero también nuestro pueblo es muy consciente de lo que está pasando.

Creo que también la charla uno a uno, con el vecino, con la escuela, con el familiar, con el amigue, con quien nos vamos cruzando, permitirnos ese debate que a veces nos resulta desgastante.

Y también pensar en que no necesariamente está todo perdido. Quiero ser optimista, porque lo que ocurrió me tiró abajo un montón de estanterías. Me parece que es no bajar la guardia, tener una defensa de nuestros principios ante quien quiera venir a hablar en este contexto de pandemia.

Algo que a mí me sostiene es pensar en la defensa de la alegría. Siempre me queda en la mente tintineando esta frase de defender la alegría como trinchera, como bandera. Le agregamos la democracia, los derechos del pueblo, el arte, la cultura. Defenderlas como un destino que necesitamos, parafraseando a Mario Benedetti. Esta gente viene para instalar en nuestras mentes el cansancio, el hartazgo, la frustración. No nos olvidemos que Mauricio Macri quería crear el Ministerio de la Felicidad. Es muy retorcido lo que dijo. Manejan las emociones y las sensibilidades de la gente con sus manipulaciones.

Coincido plenamente con Alberto y con Mario con la idea de sostener una unidad. Llevarla adelante porque cuando se nos diga, el pueblo va a estar donde tiene que estar. Allí seguramente nos encontraremos, nos abrazaremos porque sabemos que esto es entre todes y no de manera individual.

Mario Ortiz: A mí me parece que es el momento en que hay que hablarle mucho a la juventud, a los adolescentes. Hoy, lamentablemente, lo progresista, lo fashion es ser libertario, es Milei, es Espert. Cuidado con eso. Porque en su momento, no nos olvidemos, los muchachos de las camisas pardas también fueron muy populares en la juventud. No me refiero a los boy scouts: me refiero a las juventudes hitlerianas. Lo que pasó una vez, puede llegar a pasar.

Es decir, que el progresismo pase a la retaguardia, a ser lo conservador, y que lo progresista ahora sea Milei lamentablemente puede ocurrir. Tenemos que estar atentos a esto. Tenemos que hablar. En las juventudes tiene que haber un compromiso muy importante. De todos los partidos, porque todos los partidos tienen sus militancias juveniles. Si no hay un acuerdo político de base, que ellos mismos presionen a sus dirigentes, ahí sí estamos complicados.

Es como decir, bueno, marquemos una cancha, un territorio, los límites. ¿Cuáles son los límites dentro de lo que vamos a jugar y cuáles son los que no tenemos que pasar? Este tiempo he estudiado algunas cuestiones históricas de la masonería y tiene una cosa que se llaman los Landmarks, las reglas, los límites, qué es lo que define qué es masonería y lo que no lo es. Tenemos que definir en qué territorio, en qué cancha vamos a jugar: quien se pase de aquí, listo, este es el límite más allá del cual comenzamos a hablar otras palabras… ya no hablamos palabras sino que empezamos a hablar de acción.

Alberto Rodríguez: Las personas que hoy van cayendo en la acción individual, en el sálvese quien pueda, son el caldo de cultivo de aquel fascismo, del ascenso de Hitler, y también de la dictadura en nuestro país.

Hoy la dictadura no va a llegar a través de las fuerzas armadas, quiero pensar. Pero la metodología con la que se maneja esta gente tiene mucho que ver; endeudaron al país para someterlo económicamente y ahora comienzan pequeñas acciones de eliminación de aquellos que no van por el camino que ellos quieren.

Hoy es una bomba. Está bien, que investiguen, pero no seamos ingenuos. Yo le diría a mi vecino o a los jóvenes, que no seamos ingenuos: ellos no vienen para darte la libertad, ellos vienen justamente para atar tus pensamientos, para hacerte obedecer a aquellos que el poder pretende instaurar, que es un poder económico. No vas a salir beneficiado, monotributista, te vas a cagar de hambre, sos una herramienta de la mano de obra que ellos necesitan tener ahí afuera.

Van a venir por achicar el mundo sindicalizado. Vienen por el fin de los sindicatos, el fin de los trabajadores en relación de dependencia. Todo aquello que le va a dar mayor ganancia a los grupos más concentrados del poder económico.

Lo que pretenden los Milei y los libertarios no es libertad, es sometimiento. Estoy seguro que el freno no va a ser solo charlar sino unidad, con estos límites que planta Mario, en el pensamiento, con esta fuerza que plantea Belén, pero en la acción.

No sé cuánto tenemos que esperar. Yo no estoy loco ni quiero el contagio de mis compañeros pero en algún momento tenemos que decirle a nuestros dirigentes dónde están los límites, qué esperamos de ellos y que no se hagan los tontos en Bahía Blanca, por lo menos.

No se puede mirar al costado: hay que decir nombres, hay que decir de dónde viene esta bomba y qué es lo que pretende. Bahía Blanca no es una ciudad armoniosa, en Bahía Blanca el fascismo ha hecho escuela. Aprendamos, por favor.

Más de un año de vida pandémica introdujo cambios en las prácticas sociales, entre ellas, en el arte. Consultamos al escritor y poeta Marceo Díaz, al actor Lucas Sánchez y al músico Hugo Vitali ¿qué aprendiste de la pandemia? ¿Crees que lo aprendido influye en tu manera de concebir el arte? ¿Cómo?  

Marcelo Díaz

La pandemia movilizó muchas cosas en mí porque la vida de uno se desordenó absolutamente. La primera es la ratificación de una convicción: que la sociedad no es una colección de individuos objetivos, prácticas, ideas asilados sino que es más bien una red de fenómenos interconectados e interdependientes. Lo hemos podido ver, particularmente en Bahía Blanca, en cómo las organizaciones han podido sostener la vida pública y la vida de muchas personas que se estaban cayendo de la sociedad, afectados económica y anímicamente.

SI no existe un sujeto colectivo, una conciencia de comunidad es muy difícil la vida en sociedad y eso es algo que está en este momento bajo ataque en el mundo completo, en la Argentina y en Bahía Blanca donde el discurso que tiende a predominar es primero yo, después yo y tercero yo y mis intereses. Pareciera que si mis intereses van primero que cualquier otra cosa, eso por algún motivo que nadie se detiene a explicar, eso sería bueno para la sociedad. Esa idea de que el egoísmo es una especie de virtud, en este momento, para mí es muy difícil de entender.

Otra cosa que la pandemia aceleró es la inmediatez en la circulación de mensajes, sentencias y debates. Una cosa que sí puedo decir que aprendí es a correrme un poco de la inmediatez. A salir de esa situación que nos atrapa a todos en algún momento que es esa especie de tener una suerte de movilero imaginario todo el tiempo al lado que te pone un micrófono y para el cual vos tenés que tener respuestas para todo. A mí me parece sano en este momento no tener respuesta para todo, poder decir: no sé, de esto no sé, no sé no lo pensé lo suficiente. No dar la misma respuesta para todo. Tomarse un tiempo para pensar las cosas porque los cambios son vertiginosos. Y porque también el hecho de poder decir no sé, que creo que es algo que no hace nadie… el que dice no sé es el boludo de la sociedad. Porque todos tienen que tener una respuesta para todo y eso a mí me parece malo porque también decir no sé habilita a que ingrese la voz del otro que es fundamental para poder construir el sujeto colectivo. Poder decir, yo puedo saber de esto… de esto no sé, necesito que otro lo diga y necesito escuchar, no hablar siempre.

En cuanto al arte y a mi manera de concebirlo y practicarlo, si bien a mí me interesa el hecho de decir, tengo más tiempo de sentarme a leer un libro, escuchar música, viendo una pantalla y que el arte ha sido muy importante en sostenernos a cada uno en el desorden que genera la pandemia, también como artista digo que a mí no me termina de interesar el arte como productor terminado: como artista me interesa el proceso. Y si bien la escritura es una actividad más bien solitaria yo creo que de todos modos los procesos son colectivos porque la temperatura del lenguaje la tomás estando en grupo, charlando, escuchando otras voces. Y eso se ha visto afectado, estamos muy mediados a la pantalla y no es lo mismo.

Yo creo que uno de los desafíos del arte es encontrarle una solución a que el proceso creativo vuelva a darse en el centro de la comunidad o encontrar alguna manera de generar una especie de símil de eso en la pantalla que hasta el momento creo que no se consigue. Más allá de experiencias de creación colectiva a través de la pantalla, que es distinto porque lo hacés con gente de distintas partes del mundo, creo que hay algo del proceso de que ingresen otros elementos que no sean solo artísticos… Si yo me pongo a escribir con amigos escritores en el mundo es interesante porque ingresan otros modos de escribir, otras tradiciones, pero no dejo de salir del ámbito de la literatura. En cambio cuando yo me muevo todo el día en la ciudad mi práctica está imbricada con un montón de otras cosas que hoy están o interrumpidas o atenuadas. Creo que eso nos pasa a todos. Me parece que hay que generar una resistencia a la tentación de pasarse totalmente a la pantalla. Tratar de no perder ese contacto con el hacer diario, que en mi caso, es lo que más me interesa en cuanto a la generación de arte.

Hugo Vitali

No tengo conciencia de lo que voy aprendiendo en esta época en que transitamos y voy viviendo el día a día con gran ojo observador y cuidándome lo más posible. De las contingencias que se nos presentan supongo que en algún momento se hará consciente ese aprendizaje que nos dejará.

Sobre el arte, en estos tiempos y cómo lo concibo -acudió a la irónica frase de múltiples interpretaciones- yo cambiaría el artículo que precede a la palabra arte y pondría una h, sería en estos tiempos algo así como como morirse de frio”.

Tengo la esperanza de que el mismo confinamiento de estas manifestaciones podría decir que es como una semilla que puede haber caído de algún lado y en un futuro no sé si cercano, próximo o lejano puede llegar a dar algún fruto nuevo.

Lucas Sánchez

“La pandemia me enseña a valorar mucho más lo construido colectivamente, a reparar en las pequeñas cosas, en lo verdaderamente importante, a asimilar herramientas, conocimiento hasta el momento en que nos tuvimos que aislar, valorar esa caja de herramientas con las que me encontré y tratar de hacer con eso, que nunca es poco, y buscar cómo potenciarlo.

Por sobre todas las cosas creo que no hubiese sido posible sin la red de vínculos y afectos.

En cómo concibo el arte, por supuesto que también influyó. Quizás animarme a hacer eso que tenía muchas ganas de hacer, que nunca había hecho, aunque considere poco es, y tratar de profundizarlo. A valorar eso insipiente y poder desarrollarlo.

El músico y compositor presenta dos discos en las últimas semanas, “Cuartito Eléctrico” con el grupo homónimo y “Tauro” (lanzado el 23 de abril) en trío junto a Hernán Jacinto y Pablo González, editados por Club del Disco.

“Siempre tengo ganas de trabajar, de hacer música. Si tengo tiempo de ocio y un poco de energía, me dan ganas de hacer eso”, dijo el músico a FM De la Calle, en un contexto signado por la situación de pandemia por COVID-19, que a muchos artistas les llevó a producir menos.

 “Los dos grupos son formaciones inusuales. En el caso de Cuartito Azul no hay instrumento armónico. Especialmente en vivo. Trabajamos una serie de composiciones inspiradas en las cartas del tarot, pensando en la simbología que cada una proponía”.

Según la producción del disco, “la sonoridad del grupo mezcla elementos de la improvisación del jazz, el pulso del funk o del rock y diversos elementos texturales de diferentes músicas, incluida la música académica”.

De este proyecto participan Sergio Wagner en trompeta, Ramiro Flores en saxo alto, Barítono, piano y composición, Hernán Segret en bajo eléctrico y Carto Brandán en batería.    

Por otra parte, Tauro es el primer disco de Mapu, el trío integrado por Ramiro Flores, Hernán Jacinto y Pablo González.

“Es un proyecto con el que venimos tocando hace bastante. Con Hernán tocamos juntos desde el 2005. Hicimos muchas cosas en dúo y en otras formaciones. Hace un par de años armamos el trío. Tenemos un repertorio en común muy grande. En este caso revisitamos varios temas y hacemos algunos nuevos. Tiene el espíritu de la tocada en vivo, como una cosa más jazzística y de improvisación”.  

Este disco fue grabado en vivo por streaming. A lo grabado en vivo se le agregaron algunos colores  sonoros para la salida del disco. Además del repertorio mencionado, hay una versión de “Parlante”, de Luis Alberto Spinetta.

Como solista grabó cinco discos: Flores, Son Dos, El Jardín de Ordóñez, Cuartito Eléctrico y Tauro, ampliamente elogiados por la crítica especializada y, algunos de ellos, seleccionados como disco del mes por el Club del Disco. Se presenta en la gran mayoría los festivales de jazz de Argentina, en Lollapalooza 2018, incluyendo giras por Latinoamérica y Europa.

Colaboró en los proyectos y los discos de artistas nacionales e internacionales como Gustavo Santaolalla, Javier Malosetti, Illya Kuryaki and the Valderramas, Hernán Jacinto, Santiago Vázquez, Juan Cruz de Urquiza, Fito Páez,  Francisco Fattoruso, Los Fabulosos Cadillacs, Wos, Lisandro Aristimuño, Loli Molina, Mariano Otero, Akiko Pavolka, Robby Ameen y André Marques, Enrico Pieranunzi,  entre muchos otros.

Como compositor, arreglador y productor compuso y dirigió música para diversas presentaciones de building mapping, entre ellas la obra de cierre por los festejos del Bicentenario Argentino, dirigida por Esteban Sapir.

Produjo discos de jazz de artistas como Mariano Otero y Luis Nacht. Arregló para Illya Kuryaki and the  Valderramas, Mariano Otero, Loli Molina y Los Fabulosos Cadillacs, entre otros.

Recibió el Premio Clarín 2007 como revelación de jazz.

La primera edición del Festival Puntal, el violonchelo en las músicas populares, se lleva a cabo de manera virtual, libre y gratuita desde ayer hasta el sábado. Se realizarán 8 presentaciones de violonchelistas con sus proyectos, 5 participaciones en ronda de canto y chelo, y 3 talleres para violonchelistas.

Su director, Rafael Delgado, dijo a FM De la Calle que quisieron “hacer un festival lo más federal posible, lo más diverso y que además tuviera una perspectiva de género”.

“Para el próximo festival, en el 2022, pensaremos un formato mixto. Es muy difícil, no hay festival que se sostenga, al menos de forma independiente. Muchos artistas se quedan afuera de los circuitos. Trabajamos contra eso”.

Rafael es chelista desde que tiene “uso  de memoria. Empecé muy chiquito. A los cinco años ya estaba con un chelo en la mano, jugando mucho. Después hice mi carrera. Empecé en Perú y luego en Argentina. Hice toda la carrera clásica pero yo siempre tuve esta inclinación de explorar músicas populares. Siempre quise hacer folclore peruano, jazz, rock”.

“La formación convencional del chelo es tradicional. Hay que tocar muchas obras muy importantes, que son muy hermosas, que hay que aprender a leer e interpretar. Pero es una formación que no implica el desarrollo de la estrategia para improvisar, para leer cifrados. Es tan específico que hoy en día tenemos conservatorios, escuelas de arte donde esto sí se estudia. Ha sido todo un proceso: como toda militancia implica un proceso de lucha hasta consolidar algo y después sostenerlo en el tiempo”.

Según la organización, el encuentro se realiza “con la intención de dar cuenta de la diversidad de músicas populares abordadas desde el violonchelo, en esta oportunidad el festival contará con la participación de violonchelistas locales reconocidos y emergentes: Flor Sur Chelo Trío (Córdoba), el dúo Chechelos (Neuquén, BA), Rafael Delgado Trío (BA), Violeta García (BA), Claudio Peña (BA), Pablo Enelotromundo (BA) , Leila Cherro (Chubut); y como invitados especiales el grupo Viajeros, música y camino (Medellín, Colombia). Además, se realizará una sección a manera de ronda de chelistas-cantantes en formato solista: Lucrecia Carrizo (Córdoba), Sofi Quiroga (BA), Celia Eymann (Neuquén), Nacho Mena (Roma) y Lucía Espeche (Neuquén)”.

Las comunicaciones al público se realizan desde la página de Facebook e Instagram del festival y la transmisión de las presentaciones se realiza de manera libre y gratuita desde el canal de Youtube del festival cada día de 20 a 21 hs (ARG GMT-3).

Para participar de los talleres para violonchelistas se requerirá una inscripción previa al mail [email protected] hasta completar el cupo de 100 participantes.

Este festival forma parte de las actividades organizadas desde las cátedras de Violonchelo Popular de la Carrera de Música Popular Argentina (Tango y Folclore) del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla (BA), a cargo de Rafael Delgado.

*El puntal es la vara metálica que al extenderse desde la parte inferior del violonchelo permite apoyarlo en el piso brindándole la inclinación necesaria para poder tocarlo sentado, a diferencia del resto de los instrumentos de la misma familia (violín, viola o contrabajo).

La Comedia Municipal de Bahía Blanca tiene peso histórico y densidad social. Mariela Asensio asumió la dirección de la obra  El Arrebato, con plena consciencia y valoración de estas características.

Este sábado 3 de abril estrena en El Cultural de Tiro Federal (Newton 1180). La artista habló con FM De la Calle acerca de esta propuesta, el teatro en nuestra ciudad y el arte como herramienta de deconstrucción social.

¿Cuál es tu origen, tu lugar de creación en el teatro?

No puedo evitar nombrar a mi primera maestra de teatro que fue Laura Bove. Creo mucho en la importancia de las y los maestros. Me transmitió la prepotencia de trabajo.

Yo me considero una persona muy abierta en términos teatrales. Puedo circular por distintos espacios, puedo trabajar con gente diferente y eso me enriquece. Puedo dirigir en el ámbito académico, ir al teatro independiente, ir al teatro oficial, incluso estar en el comercial.

Hay algo en mi manera de relacionarme con el teatro que para mí no tiene límites ni fronteras: cuanto más se pueda expandir, mejor. Mi casa es el teatro y el teatro acontece en tanto haya un cuerpo en escena y otro espetando. No es un espacio físico ni conceptual sino el teatro como entidad.

El teatro te atraviesa y vos lo atravesás, en todo caso, según la circunstancia…

Exacto. Es más: a mí me interesa mucho descentralizar la idea del teatro. Por eso soy tan fan de la comunidad teatral de Bahía, porque me parece que es una con mucha capacidad autogestiva, con mucha impronta del hacer y muy asociada a su lugar de residencia. Y eso me encanta porque este es un país muy centralizado donde pareciera que todo pasa por el mismo lugar y para mí eso, desde las políticas públicas, hay que empezar a tratar de cambiarlo para que cada artista desde su lugar de residencia pueda crecer, desarrollarse y vivir del teatro.

Hay mucha expectativa sobre este regreso de la Comedia ya que, en los últimos años, las políticas culturales locales afectaron su funcionamiento negativamente. La comunidad en general –más allá de la teatrista- conoce la comedia, está acostumbrada a que pase por su barrio, por su escuela, por su sociedad de fomento. ¿Esos públicos te desafían como directora?

Es el público al que más me interesa llegar con este espectáculo. El Arrebato es un musical de Hip Hop que tiene un lenguaje absolutamente linqueado con los jóvenes. Todas y todos los jóvenes se van a sentir identificados y van a empatizar con esta obra escrita por Emiliano Dionisi, que además tiene mucho impacto en el público adulto porque retrata un mundo muy crudo con mucha potencia a través de la música.

Hay algo ahí que se genera con el público que para mí está buenísimo. Es una obra recontra abierta, para llegar a todo el público. Es un espectáculo ideal para romper las fronteras de lo que sería el espectador de teatro.

“Somos todos iguales, hijos de una ciudad rota”, dice el texto. Ahí aparece un lenguaje accesible, muy profundo y poético. Y luego una apelación insoslayable: “si hay algo en lo que somos todos buenos, es en hacernos lo giles”…

Sí. La obra cuenta la historia de Mateo que es un niño que nace producto de un embarazo adolescente en un barrio vulnerable en un contexto de absoluta desigualdad y falta de oportunidad. Se va encontrando con todo lo que se encuentra un chico que no tiene ningún tipo de oportunidad de nada. En medio de todo eso también encuentra el rap.

Entonces, te muestra lo que puede pasar con un chico si no tiene ninguna coyuntura favorable, si no hay estructura que lo sostenga pero también cómo el arte puede abrir un camino posible. Lo que tiene de interesante la obra es que problematiza una realidad social muy concreta, que a veces nos pasa por el costado y que es hora de empezar a tener una conciencia social mayor.

Esto que planteás del rol del arte, no aparece mediáticamente como un elemento central para la modificación positiva de en una sociedad cada vez más violenta. No se habla tanto de políticas públicas en este sentido pero sí de más patrulleros. ¿Tiene el arte algo distinto que aportar que otro tipo de herramientas?

Creo que el arte lo que tiene es que nos permite la posibilidad de reflexionar y problematizar determinadas cuestiones que están naturalizadas en términos culturales y sociales. Permite la posibilidad de sensibilizarnos y despertar sentidos que hacen que empecemos a tener otra percepción de todo lo que nos rodea. Eso nos hace personas mucho más conscientes y empáticas.

Y me parece que tiene como valor agregado que no es un bajador de línea el teatro: te entra por lugares mucho más sensoriales, intuitivos, genuinos. Es como una gran máquina deconstructora.

Alguna pregunta va a surgir. Uno no debería irse igual que como entró…

Exactamente. Si yo me pongo a hablarte de la desigualdad social quizá no empatizás pero si ves El Arrebato  seguramente por algún lugar te va a entrar y hay algo que ya no va a ser lo mismo. Eso me parece que es la capacidad que tiene el arte.

¿Qué podés decirnos del autor Emiliano Dionisi y del musicalizador Martín Rodríguez?

Emilano Dioniis es un colega querido alucinante. Yo vi el estreno de El Arrebato  en CABA, y me pareció un espectáculo super potente. Siempre tuve la sensación de que podía hacer algo con eso. Quería hacerla yo y ponerle mi impronta.

Cuando se habría la convocatoria de la Comedia… siempre que cuento que es la tercera vez consecutiva que me presento para dirigirla… dije este es el espectáculo ideal para presentar. Porque no es solo estrenar en un teatro, es todo lo que pasa después, ir por las escuelas, etc.

Martín Rodríguez es un genio. Yo lo conocí en este material. Compuso las músicas y también escribió las letras. Cuando llegué a Bahía lo primero que hice fue llamar a la comunidad del hip hop bahiense. Tenemos a Víctor Fuentes y a Ariez Fresh. Cuando vino este último a ver el ensayo, se emocionó y dijo: cualquier persona del rap se va a estremecer viendo esto. Yo dije: listo, ya gané la batalla. Martín tuvo la capacidad de comprender ese mundo.

Funciones

5 funciones, gratuitas y abiertas

Serán los sábados a las 20hs, y los domingos a las 20:30hs (3, 10,11, 17 y 18 de abril)

Cupo limitado. Concluido este ciclo inicial, la obra se presentará en distintos espacios de la ciudad que serán comunicados oportunamente también gratuitas y abiertas a todo público.

Lugar

El Cultural de Tiro Federal (Newton 1180)

Entrada

Gratuita con inscripción previa

Actúan

Rocío Avondet – Camila Bresciano – Anabella Degásperi – Lucas Sánchez – Santiago Navarrete – Matías Sanders – Damián Cegarra Anze

Asistente de dirección

María Virginia Pezzutti

Asistente técnico

Mauro Oteiza

Coreografía

Cintia Nievas

Breakdance

Victor Fuentes

Arreglos vocales

Gisela Arosteguis

Grafitis

Ariez Fresh

Fotografía

Emilio Orbe