(Por Astor Vitali) La represión sobre las familias que permanecieron en Guernica es un llamado de atención respecto de cuál es el rol de la política a la hora de resolver los problemas de vivienda enmarcados en la figura de toma. Se observan dos posiciones contrapuestas: la criminalización (que pregona la derecha, es decir, es un discurso de derecha) y la defensa del derecho al acceso a la vivienda (como discurso de lo que se denomina la centro izquierda o progresismo). Los intentos de puntos intermedios para adornar a unos y otros pensando en los futuros resultados electorales de próximos comicios llevan a la una encerrona en la que los únicos perjudicados son los sectores populares. ¿Se puede estar más o menos en una o en otra posición?

Unas doscientas familias, de ciudadanos y de ciudadanas de Argentina, entre quienes se encontraban niños y niñas, fueron invadidos por fuerzas de seguridad a cargo de un ministro (un ministro de un sistema democrático, armado) de la provincia de Buenos Aires que, vestido de Rambo hoy –y jugando a las escondidas ayer, cuando se levantaron sus subalternos-. Fue de madrugada. ¿Te vas poniendo en situación y en su lugar? Sufrieron en carne propia un operativo represivo abusivo. Destruyeron sus hogares precarios. Les prendieron fuego las dos o tres chapas que pudieron conseguir. Las imágenes son impactantes.

El ministro Sergio B(ulrich)erni, además, dejó en claro de que no se trata de un hecho aislado ni se trata de que “lo ordenó la justicia” sino de la construcción de un mensaje cuidadosamente emitido hacia las millones de familias sin techo argentinas porque no se privó de subir la cámara nada menos que de TN para transmitir un espectáculo vergonzoso para la tradición democrática Argentina.

El gobierno de Axel Kicillof intenta despegarse arguyendo que “lo ordenó la Justicia”. Hace cien días que venían negociando mediante las gestiones del ministro Larroque. Unas seiscientas familias, dice el gobierno, aceptaron las ofertas. Desde la toma, lo niegan y sostienen que si no había solución para el conjunto sólo se acordaba retiro momentáneo. Lo concreto es que al menos doscientas decidieron permanecer en la toma.

Si bien es cierto que el desalojo lo ordena la inJusticia, no menos cierto es que el control de la fuerza pública está en manos de un ministro, es decir, del poder ejecutivo provincial. El cómo se reprime es una decisión política. La responsabilidad de no haber ofrecido nada que convenza a los cuatro barrios de la toma después de cien días de negociación es del gobierno y de su vocero Larroque, quien decide culpar a un par de dirigentes de izquierda.

Cualquiera que no repita titulares de medios y se preocupe en conocer cómo funcionan las situaciones de toma sabe que si una oferta concreta del gobierno hubiera sido lo que las familias necesitaban, por más dirigencia de izquierda que exista en un lugar, las familias aceptan porque lo que buscan es resolver su problema de vivienda; no están buscando armar el soviet de Guernica.

Hay una subestimación espantosa en ese tipo de declaraciones. Las personas no son marionetas: son sujetos de derecho. Y es una subestimación que forma parte del ideario del discurso histórico de la oligarquía, a la que el peronismo debería combatir. A pocos meses de gobierno, ya apareció el macartismo, que no parece patrimonio exclusivo de Pichetto.

Tomar la decisión de reprimir implica dejar la política de lado como herramienta de negociación y dar lugar a la violencia contra sectores desposeídos, tal como hubiera operado el gobierno de Mauricio Macri y su ministra de seguridad. El voto al Frente de Todos ¿no representaba la idea de cambiar de rumbo en todas las materias –incluida la de seguridad? ¿No se votó a este gobierno para que hiciera lo contrario a lo que se esperaba de los defensores de los derechos de los ricos, como la propiedad, en favor de los sectores desposeídos?

Además se dijo que había quienes “no estaban para resolver su situación habitacional individual”. Otro elemento verdaderamente de derecha en el discurso, porque se supone que desde el cristianismo hasta el progresismo el valor de la solidaridad, de acudir en la ayuda del prójimo, son valores definitivos y definitorios. Ese tipo de porquerías como “¿qué hace usted ahí si no es problema suyo?” son porquerías que dice la derecha. Nuevamente, hay corrimientos en los discursos, mucha confusión. Hay que ponerse de acuerdo en qué lugar del arco ideológico se ubica uno.

La ministra de Gobierno, Teresa García, se refirió a las personas reprimidas como “este remanente, resto de personas que hoy vimos a la mañana no accedieron a la firma de los acuerdos que le proponía el ministro Larroque”. ¿Quiénes no accedan a lo que propone el gobierno están de más?

Por una cuestión ética, un militante político popular, entre lo que diga una persona de la base y lo que diga un funcionario (por más que sea parte de la corriente a la que se adhiera) siempre debe ubicarse al lado de la persona de la base. Es una cuestión ética porque media una posición de poder, que la militancia debería tender a balancear, entre quien ocupa un espacio de gobierno y quien nada tiene.

Para sumar, la Iglesia Católica argentina manifestó hoy que “como cristianos nos sentimos interpelados ante toda forma de exclusión que deja a hombres y mujeres sin un techo digno”. Los esmerilados obispos –con pasaje sin escala al medio evo- dicen, como quien no quiere la cosa, de pasadita, en este momento tan cruel, que “nada justifica la intrusión y la violencia a costa de la vida y los derechos de los demás” y por lo tanto “la Iglesia no avala las tomas” porque “son ocasión de violencia y agitación social, muchas veces incentivadas (macartismo, de vuelta)”. Listo. La Iglesia no avala. Pusieron una bala más en el fusil de Berni. Repriman tranqui, chiques. Teléfono para Francisco.

¿No es violencia social que la economía en democracia te deje en la calle? ¿Qué pretenden que hagan las familias? ¿Cómo se puede ser tan hipócrita con un déficit de tres millones de viviendas? ¿Qué esperen en la calle? ¿No es aún más violento que lo digan unos señores patriarcales, panzas llenas, rodeados de riqueza mientras otros nada tienen? Más cabría que la jerarquía católica se ocupara de educar a sus empleados de cinta al cuello en una cultura democrática y de investigar y denunciar a sus bufarrones en lugar de protegerlos, de manera que pueda recuperar su autoridad moral entre el conjunto de la sociedad.

El gobernador Axel Kicillof, aquí en Bahía Blanca, sostuvo la postura de que la decisión fue de la justicia, que “el desalojo en Guernica se hizo con todos los cuidados posibles”. ¿Qué significa esto? ¿Cuidados para quién? ¿Quiere decir que no hubo muertos? ¿Qué es una represión cuidadosa? Además adujo que no tenían alternativa puesto que si no la provincia incurriría en “desacato”. ¿Este es el problema? ¿Para qué ingresan las personas a la vida política si no están dispuestas a pagar los costos de sostener las ideas políticas que dicen que promueven? ¿Cuál es el límite que define el ejercicio del buen gobierno -en este caso, cuando otro poder del estado ordena una medida que lacera otros derechos de ciudadano y de ciudadanas- como para que puede decir: no, esto no lo voy a hacer? ¿Por qué está impedido políticamente? ¿Para qué está la política sino para dirimir este tipo de cuestiones?

No alcanza este argumento de “lo ordenó la Justicia” en términos políticos para justificar una represión transmitida en cadena y que estaba siendo solicitada por sectores que hoy están muy felices en Argentina y que son quienes encarnan la verdadera figura de delincuentes.

Las repercusiones de la represión en Guernica son de gran impacto simbólico, porque quienes fueron votados con la idea de sostener un ideario contrario al neoliberal están cediendo terreno discursivo ante la violenta derecha argentina que pidió esto mismo como salida: represión.

No es casual tampoco que sea en el mismo día en el que el proyecto Artigas se retira de los terrenos que cedió Dolores Etchevehere dado que la inJustica otorgó razón a Luis Etchevehere y mandó en cana a la oveja negra.

Tenemos tres elementos, entonces: la jueza de Paraná Carolina Castagno y esta resolución en la mañana de ayer, anteriormente la represión en Guernica y las declaraciones de la iglesia. Todo va en el mismo sentido: ante un déficit de millones de casas, de una situación pandémica que afectó también a millones habitantes, hay muchas personas a las que no le quedó más alternativa que este tipo de acciones directas y hoy encontraron una señal dolorosa y clara.

Este veinte nueve de octubre, el gobierno que fue votado con una expectativa de ejercicio de conducción política que se diferenciara del discurso de la derecha argentina, encarnada en la figura de Patricia Bulrich, entregó parte de su capital simbólico ofreciendo a la derecha lo que quiere y abonó a la construcción de una sociedad cada vez más conservadora, que está mirando con buenos ojos que saquen a palazos de un pedacito de tierra a familias argentinas que se supone tienen sus derechos amparados a través de la constitución. Familias argentinas de laburantes que, a ver si no nos entendemos: ¡no pueden pagar el alquiler! Trabajan y no pueden pagar un alquiler. Este fenómeno de laburantes cuyo sueldo no alcanza es también responsabilidad política de quienes han sostenido este modelo económico.

Esta respuesta es la que espera la derecha política en Argentina. Si el progresismo, que es la única fuerza política que hasta el momento ha tenido la posibilidad de discontinuar el derrotero neoliberal con las urnas, no toma una actitud francamente abierta y clara en términos discursivos contra las intenciones de la derecha, abonará a una sociedad cada vez más conservadora que mira con buenos ojos este tipo de violencia hacia los sectores más postergados.

Debe haber una clara señal de las fuerzas que se reclaman como parte del ideario progresista. Cuando la derecha diga “defendemos la propiedad privada y no toleramos las tomas, vamos a reprimir”, las fuerzas progresistas deberían decir con toda claridad y altisonancia: “defendemos la vida de las personas, defendemos su derecho a la vivienda y bajo ningún punto de vista vamos a reprimir. Bajo ningún punto de vista vamos a reprimir”. Néstor Kirchner se jactaba de haber sostenido una política de no represión a las organizaciones sociales.

Es grave lo ocurrido durante la jornada, bajo todo punto de vista. En Bahía Blanca el fiscal Ulpiano Martínez se vio inspirado en su militancia anti popular y mandó a la federal a las tomas de Don Bosco al 2200. No había orden de nada. Pero el clima represivo activa los nervios que mueven las extremidades del cuerpo espiritual del gendarme judicial. La derecha se inspira rápidamente en su odio de clase cuando ve topadoras.

En otro momento de la vida política bipartidista, en términos teóricos, se pensaba que la alternancia se daba entre dos grandes frentes de signo opuesto. SI las fuerzas políticas mayoritarias tienen sobre el problema del déficit de vivienda tienen la misma posición filosófica, esto eso, la propiedad privada por encima del derecho a la vivienda y represión como solución ante el conflicto, entonces la calidad democrática a cedido a una sociedad de corte totalmente conservador que está disparando para abajo, a su propia población.

El problema de ese tipo de disparos es que el cuerpo social es uno solo, por lo que, disparar para abajo es lo mismo que dispararse en los pies.

Foto: La Izquierda Diario.

(Por Astor Vitali) El resultado de la consulta realizada en Chile en torno a la reforma constitucional representa una de las novedades políticas más importantes de los últimos años. Ya no hay duda: una amplísima mayoría de la población chilena rechaza el ideario neoliberal que implica la constitución impuesta por Pinochet. Por otra parte, la incapacidad del sistema político chileno de absorber el reclamo popular callejero sigue planteando interrogantes acerca de qué características tendrán los movimientos políticos anti sistema en nuestro siglo.

Un ochenta por ciento de la población chilena rechaza el cuerpo de ideas que guio a los diferentes gobiernos de facto y democráticos en ese país. La violencia neoliberal muestra una sociedad marcadamente dividida entre quienes ingresan a la posibilidad de acceder a bienes y servicios de del “primer mundo” y quienes sobreviven en la más absoluta miseria. Miseria de todo tipo, porque de la mano de la marginación económica va la marginación del acceso a la salud, a la educación y a la cultura.

Esa crudísima realidad fue impuesta a través de la violencia de la dictadura de Pinochet, que vino a interrumpir, por otra parte y nada menos, un proceso político de liberación a través del armado democrático que llevó a Salvador Allende al gobierno. Las clases acomodadas de Chile –las de cualquier lugar- manifestaron una vez más que no es cierto que se banquen la democracia y que interrumpen la legitimidad de gobierno porque les es insoportable algún grado de distribución e incluso los discursos políticos que suenen igualitarios. En ese proceso, impusieron un modelo salvaje que comenzó a implosionar marcadamente el año pasado a través de las manifestaciones populares. Un proceso que no fue sin costo: ahí aún presos políticos, faltan ojos y sobran abusos sexuales.

Si uno lee, ve o escucha las declaraciones de la dirigencia política en los medios de comunicación chilenos y los contratas con el mensaje que puede recogerse en la calle, va notar que aún existe una disociación entre el sistema de representación política y la crítica profunda que expresa el pueblo. La participación en la consulta de si cambiar la constitución y a través de qué metodología hacerlo (ganó la de la participación popular sin que sean los mismos de siempre quienes definan) se explica por la profundidad del plateo de cambio.

La población chilena no está cuestionando elementos de forma de la vida en ese país: está cuestionando los basamentos filosóficos e ideológicos acerca de cómo vivir en ese lugar del mundo. Nada menos. Rechaza centralmente el hecho concreto de que haya dos tipos de ciudadanías definidas: la ciudadanía plena que es habilitada por la tarjeta de crédito y la ciudadanía restringida de quienes no poseen recursos económicos. Ese espejo en el que quieren verse los poderosos de este país y de América latina.  

El gobierno de Piñera hace gambetas para ir dilatando el malestar popular y sostener, dentro de un ámbito de reformas que no modifiquen lo sustancias, la gobernabilidad chilena. El progresismo y las izquierdas están en jaque porque la representatividad de los planteos profundos encuentran serias limitaciones de desempeño dentro de los marcos de la “convivencia” del sistema político.

¿Cómo debe ser una fuerza política que busque integrar los cuestionamientos profundos a su plataforma? ¿Qué tipo de mediación debe articular esa representatividad política? ¿Cómo se suma la calle a la organización política con representación institucional? ¿Le interesa a la calle el tipo de representación popular vigente?

El momento histórico que vive Chile es de vital relevancia ya que representa un espejo en el que América latina, que compartió el dominó de golpes de estado e implementación de políticas neoliberales que perviven en la lógica de administración económica (que padeció el Plan Cóndor, para ser sintéticos), puede mirarse y comprender que es posible poner en jaque al sistema en cuestiones de fondo y ya no en aspectos formales, que no hacen a las transformaciones necesarias para que la población puede acceder plenamente al ejercicio de sus derechos.

La política tradicional sigue siendo el ámbito por excelencia donde se dirimen los diferentes puntos de vista de modelo social. Pero esa representación política tradicional ha excluido (precisamente a partir del Plan Cóndor) todo tipo de expresión política que plantee posturas radicales. En Chile, de hecho, fue la calle la que se mantuvo en consignas de cambios profundos, mientras el sistema político de ese país se limitó a administrar la pobreza de las mayorías al mismo tiempo que generó las condiciones para que “los inversores” gozaran de los escenarios propicios para garantizar sus ganancias para sí mismos, sin interés en la suerte social del país.

¿Cómo se articula la política partidaria con un reclamo que no quiere ceder “ni un tantico así” a las agachadas hiper conocidas de quienes, en el marco de la representación dentro del sistema político chileno, no terminan de construir un paradigma lo suficientemente sólido para oponer al modelo excluyente de las trasnacionales?

El paso dado adelante en Chile es muy significativo para revisar la subjetividad revolucionaria de las propuestas políticas; no reformistas. ¿Hay que aceptar las reglas de juego del bipartidismo (neoliberales y progresismos) que administran una estructura social con pobreza sine qua non o es posible construir acuerdos para cambiar los cimientos de la vida política contemporánea?

Una pregunta que no podrán resolver las dirigencias sin la participación activa de sus pueblos.

(Por Astor Vitali) Ayer el portal Infobae publicó un adelanto de Hermano el libro de Santiago O´Donnel basado en 17 horas de conversación con Mariano Macri “sobre la trama de poder, política, negocios y familias detrás de su hermano Mauricio”. Se trata de la introducción al libro:   

“Me llamo Mariano Macri y soy hermano de Mauricio. Quiero hacer una inmersión cronológica en las desavenencias que se fueron sumando hasta dar como resultado la confrontación entre nosotros; los porqués, las circunstancias, los detalles. Mucho de lo que digo es mera opinión mía, pero mucho también surge de datos fríos que abren una veta de posibles teorías y conclusiones.

Doy mi punto de vista consciente de que existe información que escapa a mi conocimiento y que podría incriminar a mi padre. Sin embargo, sé que mis revelaciones mostrarán a un personaje político, Mauricio, que está en las antípodas del viejo, un gran emprendedor. Destaco su autenticidad versus ese afán de poder de Mauricio, afán de poder que es su costado destructivo.

Creo que lo que mi hermano me hizo a mí a nivel familiar lo terminaron padeciendo todos los argentinos. Pero además su estrategia comprometió la reputación o el nombre de mi padre, a quien yo acompañé tantos años y de quien tengo una impresión bien distinta. Subjetiva sin duda, y ligada a mi percepción y a mi codificación emocional, pero es la imagen de una persona auténtica y constructiva, que siempre buscó crecer y generar trabajo y desarrollo. Mi meta es que se pueda esclarecer su carácter y su esencia. No digo que no haya tenido su lado oscuro; yo no lo vi, pero las investigaciones existen y las acepto de buen grado. Para mí fue alguien que hizo el bien, que fue positivo, y que vivió mucho y tuvo que tomar decisiones difíciles en soledad.

Yuval Harari cuenta en sus magníficos libros –Sapiens. De animales a dioses, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI– que hoy la sociedad consume por igual tanto el marketing político como las creencias religiosas cuando ambas no son más que construcciones con las que el ser humano intenta darle un sentido a su vida. Harari también nos pone frente a una realidad: muy poca gente cambia de parecer.

Muchos podrán creer en toda esa fantasía del marketing político que se ha construido alrededor de Mauricio, pero hay otra realidad escondida detrás y me parece sano poder contarla. Es como decir: “Muchachos, no coman vidrio”. No se enamoren de sus ganas de que las cosas cambien al punto de que esas ganas los terminen traicionando. No crean en ídolos inventados, porque al final del cuento esos ídolos los van a hacer defender lo indefendible.

Mi opinión podrá entretener y despertar curiosidad, pero también sé que es probable que no cambie la forma de pensar de nadie. Como dice Harari, lo que a cada uno le importa no es la verdad, sino lo que le da sentido a su vida. Aunque así sea, y por eso mismo, quiero contar lo que fue mi viejo y el daño que hizo mi hermano. Y ese es el porqué de este libro.

Mauricio tuvo la Estrella del Norte, que fue el ejemplo de mi viejo. Un tipo que, por haber tenido que navegar en aguas turbias, debió forzar las reglas y –pongámoslo en términos crudos– pudo haberse corrompido. Pero nunca lo vi flaquear en una miseria humana, en un acto de egoísmo, de omnipotencia o de arrogancia. Mi hermano es todo lo contrario. ¿Qué le dejó al país? Vendió humo sobre lo que debería ser y no actuó en consecuencia. Nunca un acto de altruismo ni de solidaridad.

Volver atrás como lo estoy haciendo ahora después de trece años luchando por hacer mi camino lejos de Mauricio me hace sentir más firme en un momento delicado. Pero duele. Sé que podrá tener consecuencias sociales para mí y económicas para el grupo y hasta puede provocar que la justicia quiera citarme para dar testimonio. Es una apuesta a todo o nada, para terminar de resolver una situación de sometimiento, extorsión, maltrato y aislamiento.

Que la gente lea y se pronuncie. A favor o en contra”.

Se destaca la idea de la ilusión del márquetin y su anverso real, oculto. Esto nos hace reflexionar en torno de cuáles son las figuras que elegimos como referencias a seguir como sociedad. En este contexto histórico en el que las ideas del emprendedurismo y del empresario exitoso predominan, aparecen figuras que están contextualizadas a través del prisma de determinados medios de comunicación.

Se levantan referencias cuyas fortunas jamás son puestas en duda. El periodismo en general no pregunta a un “empresario exitoso”: ¿cómo hizo usted su fortuna, señor? ¿Cómo, de la nada, construyó una serie de empresas, compró medios de comunicación?

¿Cuál es nuestro modelo? En la ciudad: ¿nuestro modelo es Gustavo Elías como referencia de “empresario exitoso” –con medios para operar, incluidos- o nuestra referencia podría ser la psicoanalista que entrevistamos hace un rato, una profesional egresada de la universidad pública que cumple un rol social para adultos mayores en pos de un beneficio social? ¿Mi referencia debería ser “el empresario del año” (destacado por grupos de intereses) que está explotando recursos económicos en un contexto actual para su beneficio personal o podría ser un referente de una cooperativa o un club barrial trabajando a diario para reconstruir tejidos sociales? Si soy un joven buscando rumbo ¿mi referencia van a a ser los diez jóvenes destacados por la Cámara Junior Internacional o algún referente social que no tiene acceso a privilegios y sin embargo se destaca por sus valores solidarios expresados en su trabajo social o une artista?

¿Cuáles son nuestras referencias? Y sobre todo ¿cómo se construyen esas referencias? Esas referencias en general no tienen ningún tipo de cuestionamiento porque acumularon el suficiente poder como para acumular devolución de favores, miedo, influencias en ámbitos políticos, legislativos y judiciales, y negocios que no podrían justificarse.

Lo que sí se construye es el mito de cómo se obtuvieron esas fortunas. Mauricio Macri –heredero- que manda a todo el mundo a trabajar porque “en este país nadie trabaja” será expuesto en este libro de O´Donnell en una de las facetas aparentemente desconocidas para la sociedad. ¿Realmente eran desconocidas para la sociedad? ¿Había que ser investigador privado en 2015 para percibir el prontuario de Mauricio Macri, para saber qué significa apellidarse de ese modo en este país? ¿O no es una cuestión de desconocimiento o conocimiento sino de ratificación de posturas preconcebidas en torno a esas figuras?

Los negocios ilegales, las investigaciones, estuvieron publicadas. Pero hay un deseo de un parte de esta sociedad en que ese modelo es el correcto. Sobre los otros modelos (estudiantes, referentes sociales) siempre hay sospechas y acusaciones: “no tragaban”, “son punteros”, etc. En cambio, sobre estos modelos empresariales hay loas y ningún cuestionamiento.

¿Hay una sola fortuna del país (y de este ciudad) que pueda abrir sus números totalmente y sostener que fue obtenida en base a las reglas de libre competencia, las leyes, sin las influencias y el concurso de los gobiernos, de sectores políticos, de privilegios, de presiones, de aprietes? De esto no se habla en términos públicos porque en general los medios de comunicación precisamente responden a esos intereses.

Conviene observar, tal vez, un documento histórico musical: La Traviata. Cuando Verdi decide tomar el libreto de La Dama de las Camelias (Dumas) y poner en el rol de heroína a una mujer del siglo XIX menospreciada por las clases altas y sostener una dura crítica al Giorgio Germont, patriarca aristócrata: uno de esos tipos que son de visitar prostíbulos vip los sábados a la noche e ir a la iglesia el domingo a la mañana, dando clases de moral occidental y cuestionando a quienes “no llegan” por no hacer lo necesario. Cuando hablamos de prostíbulo lo utilizamos también como imagen de negocios sobre los que se rasgan las vestiduras y luego y dicen perseguir. El modelo del empresario exitoso es un modelo que no se construye sino a costa del perjuicio de muchos otros derroteros sociales. Creemos que es conveniente pensar acerca de cuál es nuestro modelo. ¿Cómo queremos ser? ¿Cómo ese personaje de La Traviata o queremos que nuestras referencias se parezcan más a un modelo que no requiera del castigo y de la opresión a quienes ya no consideran pares para seguir ascendiendo en sus carrera que a veces se disfraza de política peor que en general redunda siempre en beneficio propio?

(Por Astor Vitali) Se cumplieron setenta y cinco años del último movimiento histórico que determinó dos grandes sectores de la política y de la cultura argentinas: el peronismo y el antiperonismo. ¿Qué se puede analizar fuera de la lógica estúpida de la grieta?

El mayor problema que tienen los antiperonistas en su relación con lo que consideran que es el peronismo es su famélico marco conceptual: el antiperonismo tiende a definir al peronismo poniendo motes o sentencias tales como “populismo”, “fascismo”, “ladrones”, “corruptos”, “vagos”, “negros”, etc. Y estamos claros en que cuando desde el antiperonismo  dicen “fascismos” no se están refiriendo al concepto fascismo en sentido amplio –como describió Bobbio-: esos que hablan de “fascismo” gozaron del modelo de Martínez de Hoz y aplaudieron a Videla.

Cuando intentan una descripción un poco menos monosilábica, sólo se basan en un aspecto de las culturas peronistas. Sí, así: en plural. Para definir el peronismo no se puede tomar un pedazo y buscar hacer de él la totalidad. No funciona. No funciona para pensar, no funciona para actuar, no funciona para hacer política.

Pongamos un ejemplo. “No hubo otro movimiento que haya reconocido más derechos de los trabajadores y de las mujeres”. Correcto. “Perón –aliado de Franco y otros fascismos- vino a detener el avance del comunismo”. También es correcto. Como reflota ahora el ortodoxo Moreno: “ni yanquis ni marxistas”, sigue definiendo el marco conceptual justicialista. Buscar un posicionamiento contra el peronismo basado en un aspecto aislado del mismo es vincularse con un cuerpo sin alguna de sus partes.

Otras preguntas recurrentes que le sirven al antiperonista para profundizar su etiqueta.  ¿El peronismo es revolucionario? El peronismo tiene de revolucionario históricamente una potencia territorial, una cultura  de supervivencia y lucha (según los momentos) que vive en dirigentes populares, trabajadores y trabajadoras, artistas, y allí hay un núcleo dirigente capaz de conducir. El contexto histórico y la geopolítica son determinantes para el peronismo. El primer peronismo articuló detrás de si a buena parte de la dirigencia sindical que venía conduciendo (de origen de izquierda) y la articuló en un solo bloque supeditado a las necesidades de la política: la CGT. Esto es un modelo contrario al de la democracia obrera, claramente. ¿Pero cómo oponer a esas visiones conceptuales –democracia obrera- el hecho concreto de las trasformaciones que se generaban entonces a través de la política en el medio del despelote? ¿Las revoluciones socialistas no supeditaban también las organizaciones sociales a las políticas?

El peronismo no es revolucionario en sentido marxista porque el peronismo es otra cosa distinta del marxismo. Fidel y el Che no son Perón y Evita. No cabe buscar una visión socialista en una doctrina surgida en un momento de histórico donde la producción y la riqueza iban de la mano y en el que la idea de un capitalismo con pleno empleo no resolvería el problema marxista de la “explotación del hombre por el hombre” pero sí resolvería el drama de la pobreza, la educación, la salud. Los sesenta son un momento que requirió de los Cocke. Pero el contexto de nacimiento de la doctrina se fija en otro contexto histórico.

El peronismo nace como movimiento de masas, por lo cual, plagado de disputas internas. Esas disputas internas tienen que ver con todos los sectores que lo integran en un marco teórico dentro del mundo capitalista con “justica social”.

En este momento de la conversación es preciso hacer una diferenciación: una cosa es el antiperonismo y otra el no peronismo. ¿Por qué irrita tanto el peronismo al antiperosnismo? En la actualidad, ninguno de los mascarones de proa del discurso antiperonista es un motivo válido: no es la República, no es la democracia y no es el “respeto a las instituciones”. Ninguno de los sectores que militan el antiperonismo carece de prontuario basado en el ejercicio del poder directo en base a sus capacidades económicas en detrimento de la calidad democrática.

Lo que irrita al antiperonismo militante podría sintetizarse en dos grandes aspectos: que el estado les toque algo de sus privilegios de clase (aunque algunas veces sea en porciones nimias) y que las personas sin recursos gocen de derechos humanos). En ese sentido, en las marchas pueden escucharse cosas como “los pobres usan celular y se tiñen el pelo”. Para el gorilaje hay cosas en la vida que no son para la chusma. Por eso nos venden por ejemplo “música para pobres” y tienen a Mozart secuestrado, hasta que aparece una orquesta escuela.

El no peronismo, en cambio, tiene otras características que podrían sintetizarse en dos grandes aspectos, también: se viene de otra cultura política -por familia o por opción-, es decir, no hay una identificación con el movimiento o lisa y llanamente no se acuerda con la visión del mundo que propone el peronismo, pero no desde el punto de vista oligárquico sino desde la óptica de que las transformaciones sociales que requiere un país con justicia social no son de orden capitalista.

En ese sentido, el peronismo y el no peronismo tienen en común visiones contrarias al antiperonismo, cuya característica central está basada en el desdén de toda partícula que provenga del ámbito popular. ¿Cuántas veces frente a los ataques del gorilaje virulento el no peronismo tiende a buscar posturas de defensa de ciertas medidas tomadas por el peronismo ante la violencia explícitamente antipopular de los postulados antiperonistas?

Como decíamos la comienzo, setenta y cinco años de peronismo y antiperonismo en el que el no peronismo tuve vaivenes de todo tipo. Desde merodear a Braden hasta aliarse en la transversalidad. También construir opciones partidarias propias. Asimismo, el peronismo fue pasando desde el Plan Quinquenal, por la reforma estructural del menemismo en sentido liberal o la Triple A.

Asumir la Historia en sus términos complejos es lo único que puede ayudar a buscar posiciones en la actualidad concreta. Porque la actualidad tiene muchos desafíos para todo los sectores. El antiperonismo está desplegando un discurso violento y sus dirigentes deben resolver si quieren seguir camino a sus antecesores del 55, es decir, a aquellos capaces de masacrar a su propio pueblo o serán capaces de hacer política. Si optan por lo segundo, necesitarán formar cuadros puesto que su dirigencia actual es conceptualmente paupérrima. El peronismo tiene que resolver en su disputa interna a cuál de sus momentos se quiere parecer y si el movimiento obrero será columna vertebrar o furgón de cola de un proyecto de “políticos profesionales” que “administran la crisis”. En otras palabras, si el peronismo de base definirá rumbo o acatará modelo de gestión (que viene con pobreza estructural en el paquete). El no peronismo, tiene la necesidad de articular una visión no testimonial de la política que tiene puntos de contactos con las necesidades urgentes de las clases populares identificadas con el peronismo  pero que difiere respecto del hecho central de la conciliación de clases que plantea el justicialismo.

Recién van veinte años de este siglo con una población estructuralmente diferente a la de 1943. La pobreza estructural creó un sujeto fuera de sistema que representa una gran parte de la población. El capitalismo ha demostrado que no tiene rostro humano. El gorilismo amenaza con su cara más despiadada.

¿Cuáles son las discusiones pertinentes para este momento del siglo en este contexto geopolítico? Una pregunta que no mide puntos de reiting: no mide. Sin embargo, son las preguntas que se hacen quienes toman las decisiones, lejos del pueblo.

Para empezar: un movimiento popular -a esta altura del siglo veintiuno- debería contener la participación del pueblo. Una obviedad, sí. Sin embargo, una obviedad claramente soslayada si se observa el bajísimo nivel de participación política.  

(Por Astor Vitali) Si la política es la herramienta para transformar la realidad, entonces las “celebraciones” del 12 de octubre olvidan polemizar sobre un tema de candente vigencia: el carácter plurinacional de la Argentina. No sé puede pensar –en términos políticos- que enunciando como Día del Respeto a la Diversidad Cultural lo que antes se llamaba “el día de la raza” (definición que persiste para Wikipedia) la cosa está más o menos resuelta en términos de memoria porque el problema de las naciones que habitan este territorio existe y es centralmente un problema de vigencia política en tanto esas naciones actualmente son actores políticos virtualmente marginados por la política “democrática” actual.

Aún hoy es posible escuchar en radios públicas y privadas versiones de la historia traficadas a modo de comentarios supuestamente inocentes tales como: “todos bajamos de los barcos”. Mucho peor es observar cómo hay quienes suscriben a una política internacional progresista y se envalentonan elogiando el proceso político boliviano liderado por Evo Morales pero se refieren a “la nación argentina” obviando con ello que tal cosa no existe más que como deseo e imposición ideológica de las vanguardias liberales del siglo XIX.

La nación no es un país llamado Argentina. La Nación es el ideario de los Mitre. Es el proyecto político que se impuso a sangre y fuego a través de diversas “campañas” que podríamos llamar planes de operaciones cívico-militares con el objetivo de exterminar a las poblaciones previamente existentes al llamado Estado-nación argentino y saquear tierras para repartir entre aventureros emprendedores, esclavistas y una caterva de alcahuetes del proyecto occidental y cristiano que imprimió los actuales marcos limítrofes. Se trata de los tatarabuelos asesinos y torturadores de quienes hoy se benefician del actual modelo económico basado en proveer a la corona contemporánea: las corporaciones que fijan la división internacional del trabajo.

No es casual que el gobierno que representó más cabalmente los intereses de ruralistas, ricos y oligarcas del siglo XXI –el de Mauricio Macri- haya elegido como enemigo principal, hasta ubicarlo en la categoría de terrorista, a los pueblos originarios. La ministra Patricia Bulrich, gentil exponente de la política profesional de La Nación, se dedicó a perseguir utilizando las fuerzas armadas a los pueblos originarios, a desaparecer y asesinar por la espalda a este enemigo del Estado-nación liberal.

¿Podemos pensar –desde una perspectiva progresista o de izquierda política- a la Argentina en términos de una sola nación? ¿Debemos manejar el mismo ideario, los mismos términos –lo que es decir, la misma ideología- que detentó el liberalismo violento argentino? ¿Qué grado de representación y participación política tienen los pueblos originarios en el país Argentina? Hablamos siempre de lo concreto y no de lo formal. Porque para lo formal está toda la cháchara que escuchamos los Días del Respeto a la Diversidad Cultural.

No puede existir respeto a la diversidad cultural si ésta no está concretamente expresada en la vida cotidiana, es decir, en la política.

Un punto de partida que bien vale la pena poner en consideración es que el carácter de enemigo de estado argentino con el que se da tratamiento político a los pueblos originarios tiene su sustento en el hecho fundacional de estado liberal: la sacrosantidad de la propiedad privada no comulga con la visión de economía política de los pueblos pre existentes. Vaya problema éste. Porque el Estado-nación argentino nació como proyecto político liberal del desarrollo capitalista (vale decir, del enriquecimiento de unas minorías en base al modelo económico que impusieron mediante la violencia).

Desde la responsabilidad simbólica que implica estar frente a un micrófono o en un medio de comunicación: ¿vale referirse a este país como La Nación Argentina? ¿Cómo convive el respeto a la diversidad con la sistemática invisibilización de la existencia de otras naciones perseguidas, expropiadas y criminalizadas? Es muy complejo intentar asumir una identidad progresista desde la reivindicación del proyecto de La Nación.

En términos concretos, referir a La Nación es acudir a la norma simbólica dictada por los privilegiados de Argentina que, por otra parte, nada tienen en común con los trabajadores y las trabajadores, con los y las estudiantes, con ese tercio de la Argentina que sufre sistemáticamente la pobreza estructural. ¿Por qué seguir utilizando un término que no nos es propio?

Argentina es un país que contienen a muchas naciones y, sin embargo, se autodenomina Estado-nacional. En ese sentido, con discusiones propias, con las críticas pertinentes, con un proceso vernáculo que garantice plena participación, Argentina no puede considerarse respetuosa de la diversidad cultural hasta que no discuta seriamente el carácter de estado plurinacional y con ello dar todas las discusiones y temas que se desprenden.

¿Cuánto de este debate estuvo expresado este 12 de octubre en el ámbito público? Como en todo, para la política no alcanza con declamar la idea de justicia sino que los postulados deben constituirse en realidad concreta.

Para decirlo con mayor claridad: el proyecto económico actual del estado argentino y su proyección extractivita se opone en todos sus términos con el respeto a la visión originaria. ¿Estamos? Si no se comprende eso la actitud progresista se limita al consumo de productos de indumentaria de cultura originaria y citas bien pensantes de Galeano o acaso a canturrear algún verso zapatista. Es decir, se limita a pura pose que legitima el proyecto de La Nación.

Decimos esto en este idioma de los invasores de aquella corona que expulsamos del virreinato y que, sin embargo, aún subsiste en la lógica concreta de La Nación Argentina. Ojalá podamos ser algo más que el ideario de los Mitre.

Imagen: Nuestras Voces

A la izquierda de Jorge Rafael Videla, se observa Bartolomé Luis MItre, tataranieto del fundador de La Nación, Bártolomé Mitre.

(Astor Vitali) El tema de las tierras en Bahía Blanca es un asunto circular. Aparece la oportunidad de obtener un pedazo de tierra por parte de un grupo de familias que tienen la necesidad básica insatisfecha. Tímidamente, de manera muy educada, ponen el cuerpo sobre terrenos que generalmente son de carácter fiscal. Aparece la policía. Reprime. Aparece la solidaridad de las organizaciones populares. Contienen y brindan herramientas. Memoria histórica de las luchas populares. Aparecen los oportunistas económicos y políticos que buscan algún objetivo partiendo de oscuros intereses. Aparece algún abogado que no se olvidó de la idea de Justicia ni de la del concepto de derechos humanos. Aparecen dos o tres artículos moralistas que se alarman de que habría gente que busca “hacer negocios” (sic) a través de la toma y pone algún ejemplo aislado para descalificar a las miles de familias que no tienen más opción. Le dan argumentos a los últimos que aparecen: aparecen gobernantes que extorsionan con quitar lo que llaman “beneficios sociales” que no son otra cosa que derechos básicos como un aporte universal magro para quienes han caído en las redes del desempleo estructural (responsabilidad de esos gobernantes y sus socios del sector privado que –entre otros- se dedican a la timba inmobiliaria). Lo que no aparece nunca es un plan político concreto que busque afrontar el déficit estructural de vivienda que sufre la ciudadanía bahiense (y decimos “ciudadanía bahiense” porque es menester recordar que hablamos de ciudadanos y de ciudadanas desprovistos de la posibilidad del ejercicio de su derecho a la vivienda).

Pero el círculo encierra la realidad de que Bahía Blanca es una ciudad con veinte mil nuevas personas bajo la línea de pobreza, gran concentración de la riqueza, especulación inmobiliaria y políticas de vivienda a medidas de lobby de turno. Lo que conjuga una sentencia de decenas de miles de familias a vivir en condiciones de hacinamiento.

Con el cinismo que les caracteriza, desde el oficialismo local sostienen que “no hay personas en situación de calle” según los sondeos que realizan desde la invisible oficina de políticas sociales. De esta forma, construyen la idea de que las tomas no se producen por necesidad ya que no “no se ve gente en la calle”. Esa lectura contiene un carácter cínico extremo porque los funcionarios son plenamente conscientes de que miles de personas se encuentran hacinadas en viviendas sobrepasadas, en pésimas condiciones y que, frente a las malas políticas de vivienda, esas personas tienen dos posibilidades: seguir viviendo quince personas en una vivienda funcional apenas para cuatro o buscar la manera de obtener un terreno para construir.

De más está decir que la fiebre de la epidemia inmobiliaria ha generado una fantasía de precios en dólares que hace totalmente inaccesible para una persona en la ciudad -salvo que se encuentre en un sector privilegiado-, la adquisición de una vivienda por vía habitual del mercado. Un departamentito de una habitación tiene –para la chifladura del mercado inmobiliario- un valor de entre ochenta y ciento cuarenta mil dólares. ¿Cómo hace un tercio de esta ciudad cuyos ingresos mensuales apenas llegan a percibir (y gastan en cuestiones de supervivencia) lo relativo a un billete de cien dólares para pensar en obtener una vivienda? El mercado inmobiliario es excluyente.

Entonces, a partir de una práctica cultural histórica sobre la que se han desarrollado muchos barrios bahienses, los ciudadanos y las ciudadanas se organizan, buscan un macizo fiscal y dicen: “necesitamos acceder a una vivienda. Queremos pagar por ella un precio que podamos pagar”. Allí empieza el círculo con el que comentábamos este comentario.

El hostigamiento público que el gobierno impone, las operaciones de inteligencia, el amedrentamiento policial, el oportunismo de algún puntero de que trabaja para los gobiernos, la necesidad de seguir laburando para sobrevivir hacen que, en algunas oportunidades, las tomas no cumplan con su objetivo. Hasta que comienza nuevamente el círculo porque la situación de pobreza estructural no se soluciona y la población crece.

Desde esta óptica, es imposible que no haya tomas en la ciudad. ¿Cómo no va haber personas buscando dónde construir su vivienda si hay miles de familias sin vivienda? ¿Qué tipo de locura nos lleva a pensar que la cosa pueda ser de otra forma en tanto la situación general no se modifique? ¿Qué tipo de enajenación hace que las personas que tienen resuelta su situación de vivienda soslayen algo tan básico y condenen –con ese temor del que nace el fascismo, segundos antes de verse reflejado como par en la pobreza- a quienes no tienen la oportunidad de resolverla?

Las tomas, además de pacíficas, no se entiende muy bien por qué representan una amenaza para los cruzados de la propiedad privada porque en el centro del planteo está siempre la idea de: “queremos pagar por nuestras tierras”. ¿De qué se asustan? Ni siquiera se trata de un reclamo en sentido socialista –perfectamente válido- que promueva la distribución de tierras ociosas por el mero hecho de estar ociosas y de que hay personas que deben acceder a su derecho a la vivienda. Ni siquiera es un planteo de esas características. ¿De qué se asustan? El perro pequeño burgués se muerde la cola pero, mientras tanto, se va cagando en lo que le rodea.

La dirigencia política que se autoproclame progresista no puede tener una posición ambivalente en este asunto. Ante la toma de tierras nada impediría –sobre todo cuando se trata de tierras fiscales- que la dirigencia progresista se pare con claridad en la vereda del reclamo. Deberían explicar a la comunidad de qué se trata el tema, para deshacer la costra argumentativa que dejan los medios de principal llegada, confundiendo y vilipendiando a los más humildes y las más humildes. Nada impide que se instalen, por ejemplo, en el lugar para proteger a esos ciudadanos y a esas ciudadanas de los abusos policiales, para garantizar el derecho a la salud. Nada impide rechazar de plano la horrible extorsión de quitarle los subsidios universales si no se retiran del reclamo.

Si donde hay una necesidad hay un derecho, donde haya una toma debería haber un piso de acuerdo político de las fuerzas progresistas para representar cabalmente ese reclamo de manera concreta. El poder ejecutivo se ejerce pero eso no invalida la acción política directa de las distintas fuerzas “vivas” de la ciudad.

No hay salida de este esquema, de este círculo, insistiendo en las mismas fórmulas. Hace falta un plan concreto de urbanización que tenga en cuenta los criterios arquitectónicos que pueden proponer profesionales existentes en esta ciudad que tiene universidades, el desarrollo de cooperativas de construcción, el articulado con la vida cultual, agroecológica y todo lo que conlleva la construcción de hábitat Discutir un plan orgánico para afrontar la totalidad del déficit de vivienda en un plazo razonable es la única salida. Cualquier otra cháchara sostiene un círculo que aprieta el cuello de quienes no tienen más herramientas que sus pies sobre la tierra.

(Por Astor Vitali) Desde ayer que las redes sociales están repletas de imágenes de Mafalda y otras creaciones del artista Quino. Evocaciones de todo tipo a sus enseñanzas y cuánto nos acompañaron sus creaciones durante las diferentes etapas de la vida y cuánto nos ayudaron a comprender el mundo. Al mismo tiempo, el mundo gira en una lógica inversa a la que aprobaría Mafalda y muchas de sus preguntas filosas siguen interpelando el ejercicio del poder como norma en lugar de la práctica de la solidaridad como filosofía de vida (como acción y no como pregón). ¿Cómo eludir el pensamiento crítico a la hora de evocar a un pensador crítico?

Las miradas ácidas de Quino iban en contrasentido de lo políticamente correcto. Sus preguntas son del orden del señalamiento de las contradicciones y develan las caretas sociales que nos solemos imponer. El artista murió ayer pero su obra es de carácter vital y continúa su efecto corrosivo sobre las hipocresías de orden global y también sobre las de carácter cotidiano, doméstico.

Cuando uno mira a una cantidad de dirigentes políticos -que están en la vuelta hace rato- hacer gala de su admiración por el artista y piensa cuál es el lugar que ocupan las políticas culturales en la agenda partidaria y de gobiernos percibe que la contradicción está a la vista. ¿Cuánto se ha invertido en educación y en cultura como para sostener con lo hecho los dichos de que nos importa tanto el legado de este artista?

Cuando uno mira hacia dónde viró el mercado editorial –vamos a poner argentino para tomar algo asequible- observa que la publicación de contenidos críticos, creativos y populares (como los de Quino) ha sido reemplazada por la edición de contenidos funcionales, estereotipados y masivos. Seguramente las editoriales se harán unos buenos mangos a partir de este suceso con la re edición de sus obras y harán publicidad y homenajes.

Así como el artista era reacio a algunas de las creaciones audiovisuales que se conexionaron a partir de sus personajes, conviene desconfiar de cualquier intento de mercado de masificar a través de la simplificación una obra que requiere espacio, contemplación y predisposición a la reflexión. Una tira que a nuestro artista le llevó ocho horas diarias (por cada tira) durante ocho años (Mafalda) contiene una cantidad y calidad de trabajo inscripto en ideas humanistas y artísticas que apuntan a prácticas que no pueden englobarse en los lineamientos editoriales actuales.

Un buen homenaje a una obra crítica es la reivindicación de su legado crítico en la acción concreta, no en la declamación simbólica para el compendio de unas colecciones.

Quino sostuvo durante su última década de vida que había dejado de dibujar porque sentía que se repetía y que ya estaba bien de decirle al mundo que está funcionando mal. Que cuando el comenzó a publicar había un mundo en auge político, ideas de liberación, movimientos de mujeres, las discusiones sobre la paz y sobre la construcción de sociedades justas. En la actualidad sus obras permanecen vigentes porque su tema, lamentablemente, es de actualísimo orden: el ejercicio del poder.

Mafalda, situada en las calles de San Telmo de la mano de un dibujante mendocino, tiene carácter universal porque habla de conductas sociales que se repiten, variando algunos elementos –como él mismo señaló, por ejemplo, que antes los gobernantes ocultaban sus cosas y ahora las hacen de manera abierta-.

Quino representa también la idea del trabajador de la cultura. Le costaba dibujar durante sus primeros años pero tuvo el contexto familiar adecuado y el aliento para desarrollar su anhelo de dedicarse al arte. Entonces, pensando en un joven mendocino en la mitad del siglo XX con todo eso por vivir, no puedo eludir la pregunta: ¿cuántos niños y niñas de Argentina tienen hoy el entorno favorable para desarrollar sus anhelos y ser apuntalados? Si tanto apreciamos a Quino ¿cuántas condiciones generamos para que más niños y niñas sigan sus pasos? ¿Cómo es posible reivindicar el sentido de su obra y aceptar la progresiva decadencia de la educación argentina por falta de inversión y de visión política? ¿Cómo se puede celebrar a Mafalda y no inmutarse por el analfabetismo funcional? ¿Qué tiene que ver ese mundo de ideas con la violencia social existente, la trata, en narcotráfico y la pobreza estructural de la que son víctima millones de niños y niñas en el país de Mafalda?

Tal vez sería más simpático hacer el editorial de hoy refiriéndonos a las virtudes de su obra y enternecernos con algunas de sus tiras y contar anécdotas al respecto. Sin embargo, me resulta ineludible despedir a un artista crítico y comprometido si no es a través de la crítica y del propio compromiso que debería surgirnos desde la interpelación que emana a través del contacto con su obra.

Hoy tuiteó el periodista Reynaldo Sietecase: “Hace años le hice una entrevista pública a Quino en la Biblio Argentina de Rosario y le pregunté si se imaginaba a Mafalda de grande y me dijo: ´Imposible, sería una detenida desaparecida´.”

Gracias, maestro. A usted se lo despide y a sus obras se las sigue consultando porque perviven y persisten en interpelarnos. De todo lo dicho, se me da por pensar que hacen falta menos Susanitas y más Libertades.

(Por Astor Vitali) La actividad económica se ve afectada en contexto de pandemia. Hecho que resulta evidente. Entonces, una situación especial requiere medidas especiales. Sin embargo, desde el oficialismo local la única medida que proponen es la apertura de la actividad comercial de manera indiscriminada como si no hubiera una situación particular. Es la locura de actuar con normalidad en una situación completamente anormal. Sin perjuicio de esto, es claro que el reclamo por la caída de la actividad económica debe ser atendida. Pero ¿la reapertura como si nada es la única posibilidad?

Al día siguiente del decreto que pone a Bahía Blanca nuevamente en fase 3, Juntos por el Cambio emitió un comunicado en el que cuestiona la medida por arbitraria y estipula que hay que tener en cuenta a los sectores comercial y empresario. Asume de manera temeraria, además, la postura de que no sería la apertura de la actividad económica la causante del exponencial aumento de contagios.

Desde el punto de vista científico, semejante afirmación carece de todo sustento dado que sí está comprobado que a mayor circulación mayor contagio; que las personas en situación social tienden a relajarse y por ende exponerse y exponer a otros al contagio del virus; y que a medida que el gobierno municipal decidió entregar “permisos precarios” los casos en la ciudad fueron en aumento hasta poner al sistema sanitario en situación límite, tal como lo han expuesto las asociaciones de profesional.

Es decir, “volver a la normalidad” implica necesariamente mayor cantidad de contagios (y por ende de muertes) y el colapso del sistema sanitario. En otras palabras, ninguna postura razonable aconseja actuar como si no pasara nada y abrir a la actividad “normal” si no que todos los consensos sanitarios están puestos en la idea de que hasta que no haya vacuna las únicas medidas posibles son distanciamiento, aseo de manos y uso de tapa boca y nariz. Se expresó con toda claridad la necesidad de disminuir los índices de movilidad.

Ahora bien, el hecho de que sea desaconsejable la reapertura de las actividades significa que esas actividades no podrán solventarse y con ello, no sólo aumenta el endeudamiento, sino que se pone en riesgo la continuidad de muchos comercios y PyMES. Este aspecto requiere de políticas activas para asistir a esas actividades.

De más está decir, por otra parte, que reapertura económica no es en este contexto sinónimo reactivación. Apenas podría significar disminución de la caída.

A nivel país, se establecieron algunas medidas como por ejemplo pagar la mitad de los salarios desde el estado a más o menos la mitad de los trabajadores y las trabajadoras. Para el sector informal se articularon los IFES –espaciadas e insuficientes-. A nivel local ¿qué medidas se establecieron para asistir a aquellas actividades impedidas de llevarse adelante por razones sanitarias? ¿Cuáles?

La única idea que se le cae a Juntos por el Cambio es “volver a la actividad”. Esto implica, además de la inconciencia de las consecuencias sanitarias ya expresadas en estas líneas y por profesionales de la salud, una actitud totalmente ausente por parte del estado. El mensaje es: “abran su comercio, rebúsquensela como puedan y expóngase a la enfermedad. Eso sí, cumpliendo todos los protocolos (sic)”.

Lo que hace la conducción amarilla es tomar el consejo sanitario para la acción política: se lava las manos.

No es cierto que no podrían buscarse alternativas para asistir a los distintos sectores. No es para nada cierto. El precisamente el estado aquel que tiene la capacidad para obtener los recursos necesarios para garantizar dignidad de vida a toda la población. No puede ser “abrí tu negocio, no más” concebida como una política económica en contexto de pandemia.

Deberían instrumentarse los mecanismos para que cada sector pueda cuidar su salud, la salud de sus trabajadores y de sus trabajadoras y no sucumbir en este contexto de difícil tránsito.

Bahía Blanca tiene un presupuesto de más de nueve mil millones de pesos de los cuales se ha destinado un número ínfimo en materia de emergencia sanitaria. ¿Por qué no reorientear recursos para asistir a los sectores que reclaman por la caída de la actividad?

Podrían decírsenos dos cosas en contra. La primera es que hubo menor recaudación por lo que el presupuesto votado no cuenta en sí con los recursos previamente estipulados. La segunda, que no alcanza para todos los sectores.

En ambos casos y en una situación de emergencia sólo cabe responder lo siguiente: si hubiera voluntad política, el gobierno tiene las herramientas para obtener recursos a través de gravámenes especiales o excepcionales que se aplican, por sentido común, a esta situación especial.

Hubo sectores que nunca pararon. El puerto no para y la economía de las firmas trasnacionales emplazadas en el polo petroquímico tampoco. ¿Por qué nadie está discutiendo una tasa especial para poder afrontar la situación y asistir a los sectores afectados de la economía local?

A esto hay que sumar el siguiente elemento: la crisis sanitaria la estamos pagando todos los sectores menos quienes han continuado con su proceso de obtención de riqueza. ¿Cuánto dinero estás aportando vos, por ejemplo, a una asociación civil, a una organización social, a un comedor, a los cada vez más frecuentes vendedores que tocan el timbre a toda hora, a través de tus impuestos a los que te cuesta más pagar, a través de alguna actividad laboral secundaria que tuviste que dejar de hacer para disminuir la movilidad y preservar tu fuente central, a través de dejar de hacer la changa para no enfermar, a través de tu endeudamiento personal, a través de millones de formas de subsidiar la política sanitaria que todo ciudadano o ciudadana de a pie está llevando a cabo? ¿Cuánto dinero estamos aportando?

En cambio ¿el único sector que no pierde económicamente es al mismo tiempo el único sector al que no se le pide que ponga algo para tamaña emergencia humanitaria? Esta situación representa un absurdo total y representa también qué tan dañado está nuestro sistema de ideas y de valores que en lugar de pensar en primer lugar en haber instrumentado algún mecanismo de esta naturaleza nos estamos peleando entre quienes contamos monedas (en moneda nacional) para ver quién sufre un poco más o un poco menos el impacto económico, al mismo tiempo que exponemos nuestra salud tontamente.

No es cierto el planteo que lleva adelante el oficialismo basado en que la única posibilidad es otorgar “permisos precarios” para “abrir la economía”. Se pueden instrumentar mecanismos (como ya lo hicieron muchos municipios sin que en ninguno se haya por ello establecido un estado soviético, es sólo sentido común) que permitan que el estado municipal se nutra de recursos para abonar a que no se derrumbe la actividad al mejor estilo darwinista.

No se discute nada de esto porque el gobierno central no está emplazado en Alsina 65 sino en otras mesas de negociosos poco interesadas en la orientación pública de la práctica política.

(Por Astor Vitali) Por estos días pudo escucharse la sorpresa de comunicadores en medios locales frente a un cambio de actitud por parte de la población. Se esperaba que para el día de la primavera, y los siguientes, las calles bahienses estuvieran detonadas de circulación. ¿Qué ocurrió? Se preguntan. Si bien toda explicación sociológica es compleja y multicausal, hay un elemento clave que devela la responsabilidad política del gobierno municipal en los desajustes anteriores: hubo un mansaje claro del estado, a pesar de quienes gobiernan en la ciudad.

Las semanas anteriores, el gobierno salía a debilitar públicamente los desesperados mensajes de los y las profesionales de la salud. La principal tarea de comunicación de Juntos por el Cambio fue la de relativizar cada uno de los comunicados de todas las asociaciones gremiales y científicas que decían con claridad: el sistema colapsa si no paramos la circulación. En cambio, los funcionarios oficialistas insistían en la apertura de actividades y en decir que todo estaba controlado.

Algunas de esas actividades, por su parte, estaban previstas para para fase 5 y Bahía Blanca nunca salió de fase 4. Lo cual denota en sí mismo el grado de irresponsabilidad que se observa en el otorgamiento de “permisos precarios” a troche y moche.

Debido a la presión de los directores de los hospitales públicos y privados, recién el día viernes 18 Héctor Gay se sienta a leer un comunicado que le escribieron para cortar con el mensaje relativizante. Literalmente rodeado por profesionales de la salud, el jefe comunal debió reconocer que se estaba al límite.

Esto ocurrió en las vísperas de que se decretara el retroceso a fase 3. Es decir, se llegó al extremo de apertura y fueron las instancias nacionales y provinciales las que debieron decretar el paso atrás en la fase para evitar que la situación desborde.

El domingo 20, sobre la tarde noche, comenzó a circular la versión de que se tomaría la decisión de decretar el retorno a fase 3 por los riesgos concretamente existentes -antes relativizados- y finalmente el lunes a la mañana el equipo local de gobierno anunció el retroceso de fase.

Ese día, el 21, el día de la primavera, la circulación fue mucho menor a la esperada y los días siguientes también. ¿Qué cambió? A todas luces lo que cambió fue que la población recibió un mensaje concreto de sus autoridades reconociendo que la situación es grave y a partir de allí actúo de manera más responsable. Las semanas anteriores había recibido el mensaje laxo de que todo estaba controlado y hasta la relativización de lo que las organizaciones de profesionales de la salud sostenían.

Es decir, es claro que hay un segmento de la sociedad que se considera afectada en sus libertades individuales, que no respeta el derecho a la salud de otros y que insistirá en comportarse de menara maniática. También es cierto que hay otra parte de la sociedad que actúa siempre o casi siempre de manera responsable. Ahora, hay un enorme segmento que se me mueve influido según el mensaje oficial y este mensaje oficial es pura y llana responsabilidad de las autoridades locales. Cuando se dijo claramente: “miren, hay peligro” la población respondió con los cuidados pertinentes. Cuando se dijo hay virus pero está controlado, la población salió como si nada, abonando a los mecanismos de “a mí no me va a pasar”.

En otras palabras, se encuentra en el cambio de actitud social un fuerte elemento modificatorio de las conductas en cuál es el mensaje oficial que se transmite. En las semanas previas al 18, en que el intendente debió reconocer la situación debido a la presión de las autoridades sanitarias, el mensaje del gobierno fue irresponsable y abonó a los altísimos índices de movilidad.

Haber apuntado a la responsabilidad individual y marcar la responsabilidad en cada habitante es no hacerse cargo de una agenda de gobierno municipal que no tiene entre sus prioridades los cuidados sanitarios sino la recepción de los lobbys empresarios.

La responsabilidad central de los mensajes de cuidados no está en cada individuo: está en el mensaje oficial, en la expresión de lo público.

A los pocos días del paso atrás en la fase, el bloque de concejales oficialistas salió a cuestionar el regreso a fase 3 y su mensaje tiende a dar rienda suelta a la interpretación y a que cada quién haga lo que quiera, como si la fase 3 no tuviera claras demarcaciones de lo que está permitido y de lo que no. Nuevamente, el mensaje oficialista tiende a abrir y favorecer los índices de movilidad. Como se sabe: mayor movilidad, mayor contagio. Y ya se sabe que un porcentaje de contagiados, muere.

La responsabilidad de que haya personas que se sientan libres de realizar actividades no permitidas está en que hay un sector político que representa esas aspiraciones y que en lugar de llamar al cumplimiento de las medidas sanitarias encarna la representación de un discurso que no está dispuesto a ver de qué maneras su actividad no decaiga por impacto pandémico sino que busca apertura a como dé lugar.

A mensajes claros, la sociedad responde con claridad. El gobierno municipal volvió a partir de ese comunicado a enrarecer el mensaje, a partir del comunicado en voz del boque de Juntos por el Cambio. La responsabilidad política del aumento de circulación y de contagios es del oficialismo, que impulsa a los cruzados del “a mí nada me toca”.

Mensajes claros: la responsabilidad individual se manifiesta de manera más solidaria si las autoridades que encabezan la sociedad comunican que debe actuarse de esa forma. Si el mensaje es “hagan lo que quieran” se fomenta esa respuesta individualista. Se paga con vidas y con el desgaste del trabajo de los equipos sanitarios.

(Por Astor Vitali) Por estos días se escucha en conversaciones personales o mediatizadas más o menos el siguiente esquema de diálogo:

– ¿Cómo estás?

-Y… viste. Con esto de la pandemia ando medio mal.

-¿Qué te pasa? ¿Qué sentís?

-Me siento mal, estoy angustiado porque no puedo ver a mis amigos. Tuve que dejar de hacer actividades que venía realizando. Extraño ir a jugar al fútbol o juntarme a hacer un asadito.

En las entrevistas que brindó a distintos medios Alejandro Dolina estas últimas semanas, el artista se ocupó de dejar sentada una posición al respecto: “Prevalecen las angustias individuales por sobre la angustias colectiva. Hay una pregunta que le hacen siempre a todos los ñatos que se entrevistan por ahí en medios de una y otra orientación. Es esta: ¿cómo va llevando la pandemia? ¿Qué es lo que más lo angustia de la pandemia? Entonces, todos contestan: lo que más me angustia es que no puedo encontrarme con mis amigos o que no puedo jugar al golf o que no puedo ir en bicicleta. Son situaciones individuales, algunas de ellas molestas. Pero la verdad que una respuesta honesta a esa pregunta –¿qué es lo que más le angustia a usted de la pandemia?-sería: que se muera gente y que se enferme gente. Y en tercer lugar, que haya gente que no pueda trabajar o que no sepa cómo subsistir. Esos son los problemas. Ahora, si el tipo quiere ir a Monte Hermoso para ver cómo anda el lotecito… son angustias de segundo orden, me permito señalar. Y sin embargo, las respuestas son todas por ese lado: a mí, a mí. Tengo un poco de depresión porque estoy encerrado. ¿Eso es lo que te molesta de la pandemia, que tenés un poco de depresión porque estás encerrado? ¿Eso es lo que te molesta a vos? Pero… ¡es una pandemia! ¡Hay gente que se muere! ¿No te angustia para nada lo que esté pasando en general?”.

Creemos que este es el centro de la cuestión. La respuesta social a la pandemia está centrada en la reacción individual. Más, está centrada en la idea de la libertad individual. Pero es una libertad como sinónimo de capricho. No puedo hacer lo que yo quiero. Y eso tiene que ver con la ideología de un sector social que está acostumbrado a hacer lo que quiere cuando quiere.

Las libertades, en un mundo material, están estrechamente vinculadas a la capacidad económica para ejercerlas. Hay personas que sienten que se atenta contra su libertad de ir a Monte Hermoso o a Miami. Para ellos, “todo el mundo es libre de viajar”. Sin embargo, ¿todo el mundo es libre de viajar? Una mayoría de la población no es libre de elegir porque en un esquema de desigualdad estructural jamás tendrá los recursos para concretar esas decisiones. La libertad es así asequible sólo para un sector social como la antigua democracia era para los ciudadanos libres pero legitimaba la esclavitud, cuya población no gozaba de ningún derecho.

Yo no soy libre de hacer lo que quiera por la sencilla razón de que no podría concretar materialmente ningún anhelo por fuera de lo que mi economía personal me permita.

En medio de una situación de guerra, uno se angustia por las personas que van a morir, por lo que costará reconstruir la vida y la economía, por una serie de circunstancias que afectan a un conjunto social. Uno en una guerra no pone en primer plano que no podrá comprar la latita de atún que se importaba del país con el que se litigia bélicamente y ahora no se importa por cuestiones geopolíticas.

Podríamos imaginar la siguiente conversación:

-¿Cómo se siente con la guerra?

-Y… aquí estamos.

-¿Qué le afecta?

-Bueno, es que desde que empezó la guerra no he podido comprar el atún que venía de aquel país.  

Esta posición sería censurada porque en un conflicto bélico se acentúan los sentimientos nacionalistas y todo el mundo debería mostrar su congoja por “los héroes” que dan la vida por su patria.

Ahora, hoy, una pandemia azota el mundo y se ha pedido a la comunidad compresión de que más allá de todo la enfermedad es muy contagiosa y, si bien la tasa de mortalidad es de una cifra, ese porcentaje representa un alto número de personas a las que no podrá dar atención el sistema de salud, es decir, quienes no podrán acceder al derecho a la salud y no serán libres de elegir pelear por su vida. Es tan simple como eso y como la consigna menor movilidad, menor contagio. Se ha pedido comprensión.

Frente a una pandemia, es decir, un hecho que afecta a la humanidad, una parte de esa humanidad no se ve interpelada por un suceso de estas características y no tiene mayor ocurrencia que destacar lo que le pasa a él mismo, y justifica todo tipo de acción que pone en peligro a otros y a otras por su condición de clase, porque no es de riesgo (pero arriesga a otros), por su historia personal o simplemente porque a él no le van a decir lo que tiene que hacer.

Impresiona la disociación cuando se contrasta con datos como la cantidad de muertos por coronavirus en Estados Unidos –sociedad campeona de las esas libertades de cartón-, país en el que la cantidad de muertes por esta enfermedad supera la de sus víctimas en la I Guerra Mundial y duplica la de Vietnam.

El hecho de que ante una pandemia, nuevamente, un hecho que afecta a la humanidad, pese a los esfuerzos de los y las profesionales de la salud, motive respuestas individuales, representa la verificación concreta de lo que hace ya tiempo se llama victoria cultural capitalista o del individualismo: un pensamiento primitivo, chiquito, de corto aliento, simplista, holgazán, contrariado ante lo complejo y ante la complejización del pensamiento (porque si tiene que sostener sus posturas verá que se derrumban ante cualquier planteo lógico o, de otra forma, debe reconocer la brutalidad de su ideología). Es la constatación de la derrota de los pensamientos socialistas, humanitarios, democráticos, durante este período de la Historia.

Cabe destacar que esa derrota no elimina la solidaridad, la entrega, la inteligencia, la ciencia. En la actualidad hay millones de personas que trabajan en un sentido responsable, solidario, etc. Parte de la necesidad de ese pensamiento individualista está en no mostrar todo aquello –la solidaridad, la ciencia, la inteligencia- porque representa un “mal ejemplo” mostrar a quienes viven su vida entendiendo que se vive en sociedad y que es inviable para cualquier pueblo que busque un modelo vivible no desarrollar personas con capacidad de empatizar socialmente, de contactar con el otro, porque la guerra de la salida individual sólo conduce a la violencia interna. Nos muestran, en cambio, la militancia de la estupidez organizada que por puro capricho sale a joder la vida al resto, y sobre todo, a los que pierden la vida, su salud o su trabajo.

Hace falta una respuesta colectiva. Hace falta si se busca una sociedad vivible. Y hace falta hacerlo con medidas concretas que apunten a la transformación ideológica y cultural de raíz: el progresismo debe aceptar que no es con más capitalismo, que instaurando la idea de consumo extendido y la búsqueda de movilidad social ascendente se obtiene sólo mejoramiento de condiciones económicas pero con una conciencia pequeño burguesa –individualista de lo poco y reaccionaria por temor de perder su nuevo pequeño estatus pagado en cuotas-, una competencia que termina anteojeras sociales y más rencor y más movilidad social y más miedo.

Hace falta una respuesta colectiva. Lo ha demostrado la reacción social ante la pandemia. Pero es la cultura. Es la cultura. Es la ideología. Mejorar la economía para combatir la pobreza, sí. El hambre es un crimen. Pero construyendo pueblo consciente de su carácter colectivo en lugar de gente que busca mejorar su situación. “Yo quiero estar bien yo” es el camino al abismo, garantizado.

¿Me permiten contarles qué me angustia? Me angustian las muertes, las saludes afectadas, las personas pobres que son más pobres y los y las profesionales de la salud denunciando su soledad. Pero más me angustia la posibilidad de que esta respuesta social basada en mirarse el ombligo, incapaz de involucrarse en la humanidad como concepto y como realidad, sea el último escaño antes de nuestra extinción. Me angustia pensar que no podremos revertir este mundo de islas dependientes.

Es una angustia que funciona como motor para buscar cada día, todos los días, alguna manera de interpelarme y de interpelar.   

Imgaen de portada: Oswaldo Guayasamin

(Por Astor Vitali) El viernes fue 18 de setiembre. Falta Julio López. Falta Jorge Julio López. Catorce años sin Jorge Julio López. Estuve todo ese día pensando qué decir respecto de este tema que, ciertamente, genera un profundo dolor a todo habitante sensible de este país. No es lo mismo vivir sin López. No da lo mismo.

Yo estaba en la radio el día en que se dio a conocer la noticia. Tenía veinte años. Era otro el estudio, otro momento político, otro el mundo y otro yo mismo. Jorge Julio López sigue siendo el mismo. Es el tipo cuyo testimonio fue clave para la condena a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad al represor Miguel Etchecolatz.

Un albañil que supo construir bases sólidas de la memoria colectiva. Pero no de la memoria formal de actos oficiales y postales para llevar. De aquella memoria que nos recuerdo que estamos padeciendo los efectos de vida (diaria, palpable) del modelo económico impuesto en dictadura.

Decía que estaba en la radio y, ciertamente, no creo haber disimulado el impacto que me generó que, en plena democracia, haya ocurrido un hecho de esa magnitud. Me sorprendía también cómo el mismo estado que había abierto las puertas a los reclamos de las organizaciones de derechos humanos, llevando adelante los Juicios por la Verdad, resultaba tan poco tajante en su determinación respecto de, primero, el cuidado del testigo, y segundo, la investigación sobre lo ocurrido.

Pero lo que más me impactó hasta el momento es lo concreto: Jorge Julio López, un albañil, desaparecido y torturado, sobreviviente del terror, hombre de paz que buscó la justicia y no la venganza personal, que aún creía en que la sociedad podía tener otro camino distinto a este de la cruel indiferencia, luego de dar testimonio para la Justicia, es secuestrado y desaparecido nuevamente y no pasa nada.

Es una de los desaparecidos más presentes de todos y de todas. Jorge Julio Lópes se encontró presente en la valentía de todos los y las testigos que ofrecieron sus declaraciones en los juicios por la verdad que siguieron. Jorge Julio López está presente en cada aula y en cada cuaderno en que millones de alumnos y alumnas y docentes indagan sobre la verdad histórica. Está presente en las calles, en canciones, en charlas. Jorge Julio López es pura presencia y es reivindicación del testimonio.

Las huestes de la violencia suelen y pueden suponer que su victoria se deriva de la atrocidad de su segunda desaparición, que ganaron porque se lo chuparon. Pero, contrariamente a ese razonamiento -que sólo puede comprenderse dentro de la mentalidad de los violentos-, ese hecho horrendo de la historia democrática no hace más que reivindicar la honradez intelectual y la coherencia de un albañil que tiene más dignidad y más humanidad que los terroristas de estado, asesinos, violadores, chorros, delincuentes voraces que hablaron y actuaron en nombre de la familia y de la cruz.

Hace catorce años que López se me aparece, varias veces por año. Pero él no aparece y la investigación… como siempre, en estos casos, cuando hay algo que hace que no se profundice, queda ahí.

Uno tiene la sensación de que Jorge Julio López está perpetuado en la memoria y en cada sonrisa de las personas que quieren el buenvivir y la humanidad como norma. Sin embargo, tal como recuerdo haber señalado por aquel entonces en otro estudio de esta misma radio, la pregunta que surge es, estando López tan aquí, tan presente, tan parte de esta vida nuestra ¿el desaparecido es él o es la propia sociedad?

Hasta hoy no se sabe que pasó. El Nunca más se extendió en las conciencias. El 2×1 de Macri no pudo ser posible. Nadie –salvo la marginalidad- avala en Argentina un golpe de estado y cada vez más son los sectores que pugnan por una democracia de mayor participación. López no fue derrotado. López es inolvidable. Puede que, en cambio, el ejercicio de la memoria dependa de nosotres.

(Por Astor Vitali) Esto dice el Tarta. O esto le hace decir David Viñas a su personaje en la novela  Tartabul o los últimos argentinos del siglo XX. ¿De qué color sería la tapa de una autobiografía argentina? Sospecho que una parte de la población pujaría por imprimirlas en tinte verde. Verde dólar, no verde pampa.

¿Cómo es que, en un país donde la mayoría carece precisamente de capacidad de ahorro, el principal tema de los medios de comunicación social pasa a ser el conjunto de medidas de control de cambio de quienes supuestamente compraban para ahorro personal?

Si, entre ayer y hoy, por caso, un coreano miró los canales de televisión argentinos se vería sorprendido por la capacidad de ahorro argentina. Pensaría: “este tema debe estar en la centralidad del debate público porque todos o la mayoría de los habitantes de ese país tendrán capacidad de ahorro y la medida les perjudica porque, además de seguir sin poder comprar más de 200 dólares mensuales, ahora se les restringe a que compre una persona por cuenta o porque se descuenta de esos 200 gastos de tarjeta en moneda extranjera”.

Más, nuestro observador agregaría: “¡pero qué país tan próspero éste que deben restringir la capacidad de ahorro porque sobra dinero para ahorrar y buscan que se gaste en el mercado interno!”.   

Uno que vive en este país y conoce la economía de quienes trabajamos, uno que comprende perfectamente de qué habla cuando se refiere a la capacidad adquisitiva del salario –por puro no llegar a fin de mes-, siente que los medios de la capital están emplazados en un país de otros que no son como uno. Hacen prensa para sus financistas; no hacen comunicación para la ciudadanía.

Ni yo ni millones de personas en este país estamos pensando en este momento en otra cosa más que en cómo no profundizar el peligro de la precarización constante y de cómo no seguir perdiendo frente a la inflación; si es que no perdiendo empleo. Ni yo ni millones de personas tenemos nada que ver con los que especulan con recursos que están totalmente por fuera del sistema argentino y que no aportan al mejoramiento de su economía sino más bien al terrorismo síquico que azotó al peso argentino durante períodos muy claros de la Historia; en los que ganaron esos, no nosotros que no ahorramos porque no tenemos dinero para hacerlo.

Y téngase en cuenta que hablo de ahorro en su sentido concreto. Nadie debería tomar en serio que por tomarse un helado o comprar un libro es que uno no puede ahorrar (porque uno no se esfuerza). Uno no puede porque el costo de vida no está hecho para millones que trabajamos.

Entonces ¿de qué país están hablando esos medios? Volví a Viñas, o a uno de sus personajes de esa novela, que dice: “Aunque no termina de encontrarle razones a lo que estaba haciendo. Los de enfrente me daban argumentos. Para todo necesité de los de enfrente. Aprendí: la espada del enemigo es nuestro pecho”.

Y entonces a uno le da un poco de bronca  y un poco de pena. Un poco de bronca porque estamos aquí, con nuestro pecho que tiene la forma de la espada de ese enemigo voraz y especulador. Nuestra autobiografía de país la escribe ese sector minoritario y eso termina hablando por todos y por todas. Pena, porque uno mismo termina hablando de esto en lugar de hablar de cómo hacemos para levantarnos desde otra lógica, otra óptica, otra realidad económica solidaria, productiva y sin esas estructuras corporativas que nada tienen que ver con el crecimiento de la economía entendido como algo para el desarrollo de la sociedad en su conjunto.

Es cansador que nuestra autobiografía la defina la espada que nos da forma al pecho.  

Si “una autobiografía es lo contrario del suicidio” entonces tratemos de que no la escriban los que quieren el libro de tapa verde. Sería una paradoja irremediable verse impreso en un relato para morir de angustia. Sería nuestra autobiografía, finalmente, un suicidio. Prefiero cambiar de tema y buscar, con ustedes, la forma de nuestras armas que le forjen el pecho a la especulación y a la carroña.

(Por Astor Vitali) Más allá de las discusiones de corto plazo y de las alteraciones de ánimo que atravesamos sin excepción por causa lógica del devenir pandémico, en los comportamientos sociales y en las acciones de las autoridades podemos encontrar claves para comprender esa imagen que nos arroja el espejo del análisis de los comportamientos basados en la preponderancia del uso de máscaras que esconden el verdadero rostro oculto, inconfesable. Aquel rostro que no aceptamos auto percibir.

Desde el comienzo de las medidas de cuidado sanitario, algunas de las primeras reacciones sociales se basaron en acciones simbólicas de reconocimiento a quienes llevaron (y llevan) adelante actividades esenciales. Los aplausos en los balcones a las nueve. Así apareció la máscara emocionada de la humanidad. Como contrapartida, el rostro rojizo de los aplaudidores fue descubierto desnudo y con su verdadera forma cuando comenzaron a pintar cruces en las puertas de las casas o departamentos de los profesionales, en los domicilios de los aplaudidos. La máscara emocionada seca sus lágrimas en el rostro infernal de sus portadores.

Los gobiernos, en general, todos los gobiernos y de todos los colores, pasan sus horas hablando del reconocimiento al trabajo de los y las profesionales de la salud. Hacen spots publicitarios hablando de cuánto orgullo social nos generan. Todos los estratos de la dirigencia política se muestran en un estado de genuina conmoción por ese gran ese gran esfuerzo que hace el sector. Sin embargo, toda esa profusa emoción que nos generan les imprescindibles no se traduce en mover un poquito la distribución salarial para que efectivamente esos profesionales puedan percibir concretamente que se les reconoce en lugar de verse obligados a endeudarse mientras pelean contra el coronavirus y contra los rostros que se reúnen a tomarse unas birritas para hablar –con mucha preocupación, claro está-, en fiestas y reuniones, de lo importante que es el sacrificio que hacen desde el sistema de salud sus laburantes.

Un trabajador de la salud o una trabajadora de la salud de planta, para no ir más lejos, del hospital municipal, uno de esos por los que nos gastamos las manos aplaudiendo porque nos salvan la vida, recibe como valoración social un sueldo de treinta y seis mil pesos… en una ciudad cuya canasta está en al menos 47.212 pesos. ¿De qué valoración social hablamos? La espalda la palmea la máscara y el sueldo lo paga el rostro descubierto, a cara de perro.

En los medios de comunicación, podemos ver, leer y escuchar cómo las máscaras de decenas de comunicadores de medios con gran alcance realizan dos o tres notas por mes del tipo historia de vida. Las máscaras conmovidas muestran su emoción y cierran las entrevistas refiriéndose a esos y a esas profesionales como los “héroes” o las “heroínas” de esta sociedad. Segundos mediante, los rostros de esos comunicadores retornan a su campaña por “abrir” la economía. Los rostros antes boquiabiertos por las dignas tareas de sus héroes ahora muestran sus dientes filosos poniendo más fichas a la rocola de disco único y pista rallada que abona a la sicosis general y envía un único mensaje: “hay que salir volver a la normalidad, abrir la economía”. Volver a la normalidad, claro, en una circunstancia anormal, pandémica, implica que más personas se enfermen y que nuestros héroes deban trabajar sin descanso, mal pagos y poniendo en riesgo a sus familias.

La máscara y el rostro pueden ser claro, considerados elementos intrínsecos de las contradicciones humanas que tiene cualquiera. Hasta podríamos decir que es esperable. Sin embargo, cuando la máscara de virtud no refleja el deseo, la pulsión por hacer en el sentido declamado sino la mera fachada hipócrita y la pulsión real, es decir, nuestras acciones concretas son las que expresa ese rostro que escondemos atrás de la máscara, la escena ya no representa el teatro de las contradicciones esperables sino la constitución de la hipocracia como sistema de vida. El poder de la fachada, el gobierno de la máscara, decretando lo visible para que en rigor, perviva el rostro oculto de lo indeseable.

No resulta de mayor interés aportar al discurso pesimista. En todo caso el pesimismo aburre –por lo menos después de Artl- porque es la contracara de la prepotencia del trabajo: es la irreverencia de abulia. Uno más bien milita el optimismo. Pero el optimismo basado en el reconocimiento de las cosas. El optimismo de la máscara es igual a relamerse por un postre vencido. Hace falta ver el rostro, hacer un preciso escrutinio de todas sus verrugas y sus marcas, conocer las porosidades y las pústulas que lo definen con escandalosa precisión, de manera de buscar una fórmula para la sonrisa que lo espabile de su mueca de cinismo.

Para ser optimista y buscar un camino de retorno hacia la humanidad, la búsqueda de un sendero que nos lleve a la democracia (democracia como sinónimo de justicia y también justicia económica) es preciso denunciar a viva voz esta situación espantosa de la hipocracia. Una hipocracia que no se nos revela o que preferimos no mostrarnos porque tal vez percibamos que no nos gustará ver el rostro que quedó bajo la máscara que nos hicimos.

Queda dicho. Decir una cosa y hacer otra es más bien reflejo más que humano de las contradicciones que nos superan. Pero hacer una cosa y decir otra es más bien pura hipocresía. Es como pintar con palabras un jardín sobre la realidad de lodo.

Sin embargo, vale el esfuerzo cambiar la frialdad del plástico que nos cubre y, por fin y humanamente, acariciarnos la piel, tocarnos la cara. Porque, al fin, está allí, por más cubierta que se le imponga.

*Imagen de portada: Oswaldo Guayasamín

(Por Astor Vitali) En primer término, uno no puede dejar de observar el problema sanitario implicado en las movilizaciones de miles de efectivos policiales por todo el país, en la vía pública. Lo pongo en primer término porque de esto no se ha hablado tanto. Hay muchos sectores sociales que viven en situación de pobreza, miseria y precarización laboral que han decido anteponer el cuidado de la población y, habiendo utilizado la calle como método de protesta durante toda su historia, eligieron anteponer el cuidado de la vida humana y no movilizar momentáneamente, utilizando otras vías de protesta y expresión en lo que va de la pandemia. No es aceptable que quienes se supone que tienen que cuidarnos salgan por miles. Mayor circulación, mayor contagio. Sólo por este motivo lo ocurrido debería generar sanciones hacia funcionario públicos de un estado que ha desplegado medidas asilamiento y distanciamiento social.

Una vez visto este aspecto, señalaremos otra serie de consideraciones que son de alta gravedad institucional. Si tomáramos como una situación de reclamo salarial, lo ocurrido es tan peligroso como agraviante. Peligroso porque a ningún gremio en democracia se le pasaría por la cabeza iniciar una negociación laboral a través del uso de las armas y rodeando la residencia de Olivos. A ninguno. ¿Por qué ellos sí? Agraviante porque los trabajadores y las trabajadoras esenciales de otros rubros que la están pasando igual o peor que la policía, están ocupando su tiempo en sus tareas importantísimas. ¿Cómo puede sentirse un trabajador o una trabajadora de la salud viendo que se otorga aumento a punta de pistola mientras no hay reconocimiento concreto, tangible, económico para su sector que está bancando la parada? No hablamos de gestos simbólicos: mayor salario.

Hasta el momento la organización gremial de las policías no está reconocida. Este, en todo caso y en otro momento -sin ser apuntados por las armas-, es un debate que puede resultar interesante. Quienes se manifiestan a favor hablan de la capacidad de organizar mejor las negociaciones. Quienes se manifiestan en contra, señalan el hecho de que no se trata de trabajadores cuya función social permite cierta autonomía de negociación sino que se trata de fuerzas de coerción social que deben estar subordinadas a la autoridad democrática.

Como sea, en la actualidad no pueden organizarse gremialmente. Por lo tanto, rodear municipios, gobernaciones y el lugar donde reside la máxima investidura institucional de la democracia (Olivos) no puede leerse como un reclamo salarial (mucho menos en pandemia) sino como un acto de rebeldía y provocaciones: “nosotros estamos acá, tenemos las armas y somos capaces de usarlas en lo que queramos al margen de en lo que se nos mande”.

Este mensaje es mucha gravedad institucional. El presidente, Alberto Fernández, señaló que nunca estuvo en juego la institucionalidad durante el transcurso del levantamiento. Y es en parte una interpretación correcta. Pero es preciso señalar que no estuvo en juego no porque las fuerzas de seguridad se hayan atenido a lo que se les ordenara sino porque – con la excepción de sectores antidemocráticos que tienen lugar dentro del macrismo, como Patricia Bulrich- no había plafón social ni político para generar dicho riesgo. A la mayor parte de la población le resultó antipática la amenza de las fuerzas policiales. Y la mayor parte de la política, de corte democrática, repudió aquello. Sin embargo, sí sabemos que son capaces de sublevarse. Sólo les falta que la derecha continúe generando un pensamiento protofascista para generar aceptación social. Esta circunstancia sí es verdaderamente preocupante.

Por lo demás, la bonaerense recibió un premio salarial. Y, si bien se dijo que “no era la forma del reclamo”, las autoridades democráticas no tomaron medidas disciplinarias que puedan darnos, como ciudadanía, el resguardo de tener la certeza de quién está subordinado a quién: si las fuerzas policiales a las autoridades democráticas o las autoridades de origen democrático a la extorsión policial armada.

Si un relator tuviera que armar sus dos minutos de reporte podría decir: “las fuerzas policiales amenazaron a punta de pistola los principales edificios públicos y obtuvieron una mejora salarial. La negociación fue exitosa”. Aunque suene antipático para quienes hablan de la “cintura política” en lo resuelto, lo concreto es que la negoción fue exitosa para las fuerzas policiales y no se observan, hasta el momento, más allá de declaraciones rimbombantes, medidas que muestren que efectivamente la democracia no va a tolerar que se le arranquen respuestas a las demandas de funcionarios públicos amenazando con armas, cuyo atributo es el monopolio de la fuerza para el cuidado de la ciudadanía, de ninguna manera para apretar gobernantes.

A todo esto, el levantamiento ocurre en medio de una situación pandémica y del ejercicio de violencia institucional sistemático que ya cuenta por decenas las víctimas del accionar policial. En nuestra región, tiene curso la investigación por la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Castro. Esa fuerza policial rodeó el municipio de Bahía Blanca y obtuvo mejoras. Sin embargo, no se observan mejoras en la prestación de servicio público de la policía. Más bien, abocan su tiempo a las tramas de encubrimiento.

Difícil sentirse “seguro” cuando las fuerzas que poseen armas dejan en claro que son capaces de actuar por sobre la voluntad de la representación democrática. Hacer como que no pasó o que “ya está” es la política del avestruz. Hay que poner fin a la autonomía policial y a la mafia del delito organizado antes de que no haya juego para hacerlo.

(Por Astor Vitali) No sé cómo hablarte. Sé, porque comparto tu suerte, que la angustia te arrebata estas horas y que la reacción es lo que más te queda a mano. Sin embargo, eres ser pensante y puedes hacer algo con ello. La razón no es un simple instrumento para discriminar entre los botones del control remoto. Podemos hacer algo con ella en este tiempo y en este espacio. ¿Por qué no intentarlo?

Te escucho y te leo con bronca. Todo te altera. Nada te interpela. Todo te sofoca. Nada lees para pensar, sólo para afianzar. Nada te toca en serio. ¿Nada te emociona? ¿Nada te lleva a ese llanto que brota antes de pedir perdón, ahí cuando uno es capaz de asumir que se equivocó y que está arrepentido? Y eso que yo no creo en el perdón. Pero la angustia que trae la conciencia de hacer mal a otro lo lleva a uno irremediablemente a ese: “perdóname”. Por conmoción, por conciencia.

¿Es el capricho es el emblema de la época? ¿Qué tengo que pensar si sólo hago y digo porque sí, porque lo digo yo, porque tengo razón? Aunque, si soy honesto conmigo y lo pienso en soledad, conmigo como jurado, no sé de qué hablo. Porque no estudié para verificar lo que digo. Seguramente leí algo para decir: claro, esto es lo que yo digo, ahí está. Pero no me puedo mentir a mí mismo diciéndome que estudié en serio, que podría dar todo por mis sentencias.

¿Por qué repito cosas que no entiendo? ¿Por qué me siento bien si somos muchos, más, los que repetimos sin entender, violentados, furiosos, ante un público furioso, violentado? Con la certeza de la Historia, de las grandes ofensas para la humanidad que han proferido a esa historia otras muchas personas de todos los tiempos, decimos que la estupidez puede enarbolarse en una gran bandera portada por miles, por millones de fanáticos que han gritado emblemas horribles.

¿Me permitís que te lo diga mal y pronto? Me estoy refiriendo a hablar al pedo, como quien dice. Hablar porque “el aire es gratis”. Pero resulta que el aire es tan gratuito que es el transporte que eligen todos, pero también los virus.

 Es más de lo mismo y, como quedó dicho, buscar resultados distintos a través de la misma fórmula carece de sentido. Al menos de sentido favorable.

Querido ser pensante: ¿por qué citas a la ciencia para decir lo contrario que la ciencia se esfuerza en confirmar?

Se escucha decir que las farmacéuticas son un verdadero peligro. ¿Quién dice que no? La producción de medicamentos debería estar en manos de lo público -nunca del interés privado- para evitar todo tipo de especulación. Estamos de acuerdo. ¿Por qué entonces, en lugar de luchar contra las vacunas, luchamos contra las patentes y la propiedad privada de los medios de producción de drogas, así estamos a salvo y sabemos con certeza qué nos inoculan cuando nos vacunan?

Escucho que te preocupa la propiedad privada. Entonces ¿por qué no luchamos para que millones tengan derecho a su propiedad privada y entonces soñamos con que toda familia, todo individuo pueda tener su casa propia, y así entonces podremos decir que se defiende la propiedad privada y todo el mundo accede a ella? Porque, con todo cariño y humildad, hasta el momento, el capitalismo es el sistema que menos ha garantizado el derecho a la propiedad (salvo para minorías cada vez más minoritarias). Yo preferiría la propiedad comunitaria, pero si no estamos de acuerdo y ustedes son más: ¿te animás a garantizar la propiedad privada para toda la población? Con esto lograríamos que nadie duerma sin techo.

Escucho también que te preocupa la libertad. Confieso que a mí la libertad es un concepto que siempre me ha sometido a intensas reflexiones. Pienso, y no te enojes, es sólo un pensar, que si el sistema de salud está a punto de colapsar (y no es que yo lo opine sino que están sencillamente las camas concretas ocupándose concretamente casi a su límite) que si la semana siguiente o la próxima tu salud se ve afectada por cualquier motivo, habrá miles de personas que no podrán elegir libremente acceder a un tratamiento médico porque no podrán elegir tratarse, porque no habrá camas hospitalarias ni profesionales de salud disponibles para esas personas. ¿Qué dramáticamente comprometida se verá su libertad de elegir no morir, no? Sería una falta de libertad terminal, fatal. Serán víctimas de un autoritarismo sin retorno.

Por último, también te he escuchado decir que hay otras pandemias peores que la del coronavirus y que te preocupa mucho –y por eso seguramente lo utilizas como ejemplo- que más de tres millones de niños y de niñas menores de cinco años mueren de hambre en el mundo anualmente. Te preocupa mucho el hambre como pandemia. Entonces yo quiero preguntarte ¿será que esta situación interrumpió todas las acciones que estabas desplegando para combatir el hambre en el mundo? Porque, como yo te creo, supongo que antes de la pandemia por covid la centralidad de tus actividades estaban concentradas en combatir el hambre y la concentración de la riqueza y el modelo alimentario que pone a cotizar en bolsa a los alimentos. ¿Qué estabas haciendo para combatir el hambre, que es, efectivamente, una pandemia totalmente inducida por un grupo de personas concretas, identificables, mortales y mortíferas?

Yo pienso que tal vez, si me permites, podremos combatir todo esto que tanto nos molesta al mismo tiempo que adoptamos las medidas sanitarias que permitan a la población la libertad de acceder a su tratamiento médico. Creo que podemos ponernos de acuerdo en la maleficencia de las farmacéuticas y adoptar una gran campaña para eliminar las patentes y que la propia población pueda controlar la salud, con directores de farmacéuticas públicas que no busquen más fin que el desarrollo científico. ¡Sí! ¡Podemos hacer eso! Creo que podemos concentrarnos en eliminar el hambre en el mundo. Sólo hace falta devolver la soberanía a cada país para que elija qué tipo de economía desarrollar. ¡Eso! ¡Que cada país ejerza su liberad! ¡Qué viva la libertad de los pueblos para cosechar lo que quiera, para producir lo que necesite!

Sería realmente bello un mundo libre.

Sin más, querido ser humano, me despido con mucho cariño. A veces, es cierto, me da cierta bronca que sólo te preocupen la salud y el bienestar cuando te toca de cerca, cuando le pasa a alguno de “los tuyos”. Porque resulta, querido ser humano, que los 9 mil millones somos igual que tú, seres humanos.

Me encantaría que defendamos la libertad, juntos. Pero me encantaría que todos podamos ser libres, no sólo los que pueden. Porque entonces, querido ser humano, no debería dirigir mi carta al ser humano, sino a una bestia infame, incapaz de ser humana.

(Por Astor Vitali) Alguna vez, Antonio Carrizo deliraba (soñaba) con que, a partir de la creación de la radio y de la implementación de su uso masivo, ya no habría ninguna persona que padeciera de analfabetismo funcional. Creía que la radio democratizaba saberes. Que a partir de ella, la humanidad no pararía un instante de utilizar este medio para transmitir lo mejor de sí y, entonces, desde cualquier lugar del mundo, ya no habría nadie sin conocer los últimos avances de la ciencia, la voz de los autores y de las autoras, los últimos libros publicados, las músicas más maravillosas creadas desde cualquier rincón del planeta, los millones de tonos de la diversidad cultural mundial, el teatro, las discusiones políticas que elevaran a toda la población a un profundo esfuerzo por la comprensión filosófica del sentido del mundo y hacia dónde ir. La radio daría sentido a millones.  

Yo, que como oyente desperté a la radio un poco con Carrizo, un poco con la generación que renovó en los 80 y otro poco con la comunicación comunitaria, creo que ese rol es el que debe cumplir la radio, porque está en la responsabilidad de quienes estamos frente a un micrófono no arrojar basura en las casas de nuestra audiencia, en los talleres mecánicos, en los trabajos, en las noches de futuros profesionales que estudian para hacer mejor lo que otros han dejado.

Lamentablemente, el sueño de Carrizo se ve postergado. No es que “la radio” haya tomado otro camino. Es que en un mundo donde la propiedad privada es el mayor valor -incluso sobre la vida- la radio está en manos de empresarios de mierda (digámoslo sin vueltas) que hacen mierda a la audiencia arrojando toneladas de bosta en cada orejita. Lamentablemente, el oído no puede elegir y el sentido de la escucha es el único que no puede interrumpirse voluntariamente. Estamos sometidos a que nos salpique la mierda en cualquier lugar donde haya programas de mierda.

Quiero decir, no es un problema de “la radio”. La radio padece las decisiones que su sociedad ha tomado para llevar adelante su vida.

El anhelo de Carrizo es maravillo y es posible. Sí, sí. Es maravillo y es posible. Puedo decirlo hoy porque me encuentro bien parado. Porque no estoy en uno de esos días en los que la mierda me afecta y me hace dudar acerca de estas verdades nuestras que tenemos quienes hacemos esta radio. ¿Cómo? ¿Qué, qué? ¿Qué es anacrónico pensar así? ¿Qué el mundo ya viró para otro lado? ¿Qué la radio es entretenimiento y nadie quiere amargarse?

Vamos por parte. Todo es anacrónico. En cada tiempo hay ideas que ganan e ideas que pierden. Sólo eso. La hegemonía “más frágil que el Cristal”, como dice el tango canción. Nada garantiza que las ideas que hoy dominan mañana sean repelidas.

El mundo no “viró” para otro lado, como por arte de magia. Ahí está la trampa de esos empresarios que me salpican de mierda. Nada “vira” por mérito espontáneo. ¡No! Son ustedes con el ejercicio de su poderío económico, sus influencias políticas, su extensión de contratos, sus coimas, sus aprietes, sus “me quedo con todo y qué” los que han hecho virar, en función de sus intereses económicos.

Es la lógica perversa de invertir lo menos para ganar lo más. Vamos a aplicarla a la radio. Una audiencia exigente, informada, culta, inquieta, requiere de medios de comunicación que informen, que difundan cultura, que provoquen inquietud.

¿Por qué la lógica perversa del capital destruye el sueño de Carrizo?

Vamos por parte. Los servicios informativos no son neutros ya que las informaciones afectan intereses de distinto tipo. Al ser los medios privados, prima el interés del sector privado y esto actúa en detrimento de lo público, es decir, de la comunidad. Así es como, por ejemplo, en una ciudad como Bahía Blanca, las empresas que más dinero se llevan y más daño hacen (ambiental, sanitario, económico) son las que más pauta publicitaria imponen. ¿Quién va a informar como si no tuviera compromiso? Por este sencillo motivo, no informan. Desinforman.

La difusión de la cultura también está mediada por los intereses de las industrias culturales potentes. Es decir, los medios privados desdeñan todo tipo de hecho cultural genuino realizado por la comunidad. Son parte de una cadena de valor que prioriza los intereses de la industria concentrada del entretenimiento. En la ciudad, todos los días pasan muchísimas cosas a nivel cultural que no existen para la historia oficial, para el relato de esos medios privados. (Afortunadamente la comunidad no estúpida y desarrolla sus propios medios comunitarios).

Para desarrollar una audiencia inquieta hacen falta profesionales de la comunicación con cierta preparación. El modelo Carrizo, por ejemplo, era un modelo que no habla de una élite no popular que por “culta” deja afuera al pueblo. No, no, no. ¡Cayese la boca empresario odioso! El modelo Carrizo habla de un pibe del interior, un pibe pobre de pueblo que, en lugar de buscar hacer guita dejando heridos en el medio, quiso construir su capital cultural como principal misión de existencia y entonces acumuló sus riquezas en libros, historias, conciertos, discos, teatros, entrevistas, en fin, en el conocimiento universal. Por ello, para un medio privado la lógica de contratar comunicadores y comunicadoras picantes capaz de transmitir la chispa de la inquietud humana supone un gasto sin sentido.

Para esos medios, una audiencia bruta es una audiencia que les demanda menor inversión. Entonces simplemente contratan dos o tres estrellados, cinco paquetes de panelistas para todo el día y para repartir entre sus estrellados, y ya está a otra cosa. No invierto en investigación, en conciertos en vivo, en miles de cosas con las que soñamos quienes creemos junto a Carrizo que la radio es una herramienta fenomenal para pasarle el lampazo a la estupidez que nos está chorreando por debajo de todas las puertas, cuando la suda uno mismo.

No, no. No es anacronismo: es una postura válida y respetamela empresario. Como diría David Viñas: “yo a usted no termino de respetarlo”. Porque lo tuyo es pura gula y con tu angurria me hacés el mundo cada vez más pior, me complicás la vida. Porque yo quiero hablar de algo y el quiosquero me sale con que la yegua, o con que la culpa es de los pobres (como si ejercieran algún tipo de poder público) o con una cantidad de cosas que a veces me esfuerzo por olvidar porque no quiero sentir que mi pueblo tiene la cabeza tan nula que no pueda ver matices, colores y sobre todo esta capacidad para crear y para hacer el bien que tenemos tan a la mano. Vos también la tenés empresario, vos también. Pero yo sé que ya estás jugado y que ya no te podés achicar el estómago de tu billetera. Ya no necesitás la plata: necesitás sostener tu posición. Lo que pasa es que me estás jodiendo la vida porque yo intento hablar con los niños y con las niñas de Mozart, con esas melodías tan juguetonas, o de Raúl Carnota con un adolescente que me cuenta que está enamorado y yo lo que quiero compartir la canción “El tímido”; pero resulta que les niñes me hablan de cosas en inglés que desconozco, de juguetes hechos para matarse y de mierdas sexistas horribles como que hay cosas “de nena” y “de nene” (¡pero qué sistemático que es el patriarcado en cagar la cabeza y qué prolijo!) y el adolescente me dice algo de “gasolina”, mientras de fondo escucho un motor haciendo ruido (luego me entero de que se trataba de un “ritmo”, lo que a mí me pareció una secuencia programada por una máquina para ganar mucha plata muy barato con muchos pibes y muchas pibas repitiendo frases estúpidas con secuencias rítmicas creadas por ningún músico). Entonces, sí, me estás cagando la vida porque a mí no me interesa charlar de ninguno de los temas de conversación de los que vos querés que hablemos, empresario. Vos tenés otros temas porque tenés alquilado el palco en el Colón. Porque para mí la grieta no tiene que ver con ningún presidente sino con que hay gente como vos (rica) y gente como yo (pobre). Porque me importan tres carajos con quién se la dan cuatro estrellados que salen por la tele, si no sé quién se peleó con no sé quién (cuyos méritos para tener estado público sencillamente desconozco, habiendo científicos, artistas y laburantes sociales tan destacados para salir todo el tiempo a través de los medios).

Por todo eso es que también hago esta radio que hago en este medio en el que participo. Sobre todo porque se puede hacer otras cosa y en este sencillo acto de hacer otra cosa se cae tu mentira artera de que vos hacés “lo que la gente quiere”. Vos hacés lo que vos querés, para ganar guita. Aquí, en un medio de estas características, “la gente” hacemos lo que queremos. Y nada tiene que ver con la mierda que nos salpica de tus letrinas masivas, no populares.

¿Hoy estoy vueltero, no? Todo esta cháchara es para anunciar que a partir de este diez de septiembre, FM De la Calle va a estrenar una serie de contenidos, soñando junto a Carrizo en ser un poco más ricos de espíritu y de cabeza, de sentires y de pensares, a cargo de un conjunto de comunicadores populares geniales que difundirán sus investigaciones y sus creaciones a través de esa vía y luego estará disponible en Spotify.  

Son Podcast, sí. O sea, pedacitos de radio en la red, que se escapan del aire. Un valioso aporte de brillantes mentes que se suman a este medio de la comunidad para compartir saberes y sentires que nos pueden hacer mejores. No es poca cosa. Por eso me extendí, porque es algo importante.

(Por Astor Vitali) El 11 de agosto, el intendente, Héctor Gay, habilitó por decreto actividades culturales tales como arte callejero, streaming cultural y clases en salas de danza y baile. El día 19 se agregaron bibliotecas (para entrega y retiro) y musicoterapia. Las habilitaciones se llevan a cabo a través del otorgamiento municipal de “permisos precarios”. ¿Con qué protocolos?

La comunicación oficial señala que serán “estrictamente observadas las normativas presidenciales, provinciales y municipales”. Sin embargo, el protocolo para la realización de streaming cultural aprobado por la provincia de Buenos Aires está previsto para fase 5. En el boletín oficial emitido el lunes por la gobernación se ratifica que la ciudad permanece en fase 4. El municipio está desfasado.

Se supone, según la difusión de prensa oficial de la intendencia, que deberán cumplirse los “protocolos de actuación en materia sanitaria producto de la pandemia del denominado Covid-19, recomendando a los responsables de las actividades cuyo funcionamiento precario se autorizó a través del presente que, en caso de no cumplirse lo establecido, se procederá al retiro de la autorización para funcionar”.

Invitamos a ustedes a que ingresen y busquen los “protocolos” que pone a disposición el municipio en http://www.bahia.gob.ar/coronavirus/protocolos/.

Al día de la fecha, se observan en el sitio a modo de “protocolos” algunos documentos tipiados en archivos sin caracterización oficial. No subieron en cambio el protocolo aprobado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires (el vigente realmente). En el documento titulado “Normativa y protocolo único para actividades artísticas y culturales sin público” RESO 2020 260 GDEBA MJGM con fecha del 10 de junio de 2020 y vigente al momento actual: “el gobierno de la provincia aprueba la apertura de actividades artísticas y culturales. Será para los municipios que estén en fase 5 y serán sin público”.

¿Por qué se otorgan a nivel municipal permisos precarios durante la fase 4 sobre actividades que la provincia determinó para fase 5? Si la autoridad sanitaria a nivel provincial considera riesgoso habilitar esas actividades durante la fase que atravesamos ¿qué criterio sanitario utilizaron el intendente, la directora del Instituto Cultural Morena Rosselló y el secretario de Salud, Pablo Acrogliano?

Para mayor aclaración, el documento de la gobernación adjunta el comunicado oficial en el que Augusto Costa, ministro de Producción, Ciencia y e Innovación Tecnológica del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, manifestó que “esta primera apertura a las actividades culturales sin público y en municipios en fase 5, es el primer paso, prudente y gradual, hacia el retorno de algunas actividades culturales, y surge del diálogo entre el Ministerio con el sector cultural provincial. Aspiramos así a devolver actividad a un amplio espectro de actividades culturales en aquellos municipios que puedan cumplir con los requerimientos”.

En su afán por combatir a los trabajadores y trabajadoras de la cultura, la “topadora” Rosselló comenzó a desplegar una batería de medidas –del tipo chasquibúm- para llenar el Facebook, el Twitter y el Instagram de chispazos poco estruendosos. Luego de una presentación ante la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, realizada por organizaciones gremiales de la cultura, los espacios culturales independientes y el Comité de Emergencia Cultural -integrado por concejales de todos los mandatos democráticos configurados desde el año 1983-, en el que se denuncia vulneración de derechos laborales y culturales, desde el Instituto Cultural modificaron algunas conductas.

Por un lado, comenzaron a tomar actas de las reuniones. No se asombre; no lo hacían. La institucional es el hecho artístico más destacado de la gestión cultural actual. Y es probable que no lo hicieran porque de las reuniones nunca se llevó nadie una resolución concreta a los problemas planteados. Uno de los requerimientos de la presentación ante la Defensoría era, precisamente, que mostraran las actas de las reuniones que decían haber mantenido con todos los sectores. Por otra parte, en línea con la denuncia de vulneración de derechos laborales, el instituto pasó de no haber pagado un peso por el trabajo de los y las artistas que realizaron su labor en el Ciclo “Cultura en Casa” (sí, el estado fomentando el trabajo sin retribución económica) a pagar una suma de tres mil pesos en lo que variaron en llamar “Cultura online”.

Pero sobre todo, tal vez por haber considerado que era necesario revertir la mala prensa que la sola difusión del “Operativo demolición” que encabeza Rosselló sobre el andamiaje cultural democrático y su cuerpo legal, se lanzó una ofensiva mediática basada en la idea de “volver a la actividad”. Para esto, solicitó a distintos sectores que acercaran “protocolos” para comenzar a funcionar. Sin embargo, como se observa claramente en el protocolo único aprobado por provincia, lo que publican en la página oficial municipal no garantiza la seguridad de los y las habitantes de la ciudad, por la precariedad de los permisos entregados.

En términos generales, volver a la actividad artística con normalidad implicaría la existencia de un mundo normalizado. En términos particulares, cada actividad tiene infinitos matices. Como queda dicho, al menos hasta el mes de abril del año próximo no hay garantía de vacuna disponible. En ese lapso de tiempo, en lugar de mandar a trabajar en condiciones donde no se garantiza acceso a ART, insumos, asistencia sanitaria, transporte, elementos técnicos, el gobierno debería destinar los recursos presupuestados –que no han sido mayormente ejecutados- para llevar adelante un plan de contingencia coordinado con el conjunto de las organizaciones existentes.

Para peor, en las declaraciones juradas que constan en los “protocolos” municipales se deja claro que “el que suscribe deslinda de responsabilidad a los docentes y al establecimiento, en caso de contagio del COVID-19, asumiendo los riesgos que implica tomar la clase”.

El reclamo de “que vuelva la actividad económica” es un reclamo patronal. Los trabajadores y las trabajadoras de cualquier sector reclaman no ser expuestos de manera innecesaria y el cuidado de sus derechos por parte del estado a partir de políticas activas. Los sectores informales y precarizados –que representan unas cuarenta y nueve mil personas en la ciudad- no reclaman por volver al trabajo: se ven forzados a realizar tareas para morfar. Es bien distinto. Y los ciudadanos olvidados de su ciudadanía, sin techo, indigentes, niñes sin orientación, hacen lo que pueden. No reclaman reapertura: sobreviven.  

No es saludable confundir los reclamos patronales con los intereses de quienes trabajamos. Son bien distinto. Quienes trabajamos reclamamos nuestro derecho a la salud, sin exponernos por mera carrera lucrativa. En el ámbito cultural, habilitar actividades fuera de fase implica que el gobierno se desliga de la ejecución de recursos para la protección del sector. Podrían haber hecho a través de un plan de contingencia que verdaderamente proteja la salud de los trabajadores y de las trabajadoras de la cultura, no exponiéndoles innecesariamente, no desligándose de su responsabilidad política, no tirando la pelota con un mensaje peligroso: “dale, metele, abrí no más y vamos viendo”.

Es muy probable que el dueño de un restaurant quiera “abrir”. Es muy improbable que el conjunto de trabajadores y de trabajadoras transite su jornada gustoso de estar expuesto, cuando pueden elaborarse alternativas. En el ámbito de la cultura ocurre lo mismo. Las patronales quieren apertura. Quienes trabajan quieren trabajar, pero no de cualquier precio, mucho menos pagándolo con la salud.

El gobierno no invirtió un peso de lo que tenía presupuestado en materia cultural en ninguna de las propuestas y alternativas que acercaron los trabajadores y las trabajadoras. Por el contrario, lo que hizo fue habilitar “protocolos” que nada tienen que ver con lo aprobado por la autoridad sanitaria provincial, mandando a la gente a laburar sin ninguna garantía. El protocolo vigente supone la habilitación de la actividad cultural para la fase cinco, mientras la ciudad está en la fase cuatro. Lo hizo en el mes de agosto, período de tiempo en el que, según el propio secretario de salud municipal, creció el número de contagios con mayor rapidez y elevando el promedio de contagios diarios. Y lo hizo de una manera tan precaria como los permisos que otorga.

(Por Astor Vitali) Cien años de radio. En muchos aniversarios redondos, cuando se hace referencia a la radio, se habla del pasado de la radio. Se la evoca por lo que fue. Sin embargo, cien años en el aire, la vigencia de este medio y la vitalidad que manifiesta por todos los rincones del país, nos sugiere que sería más atinado hablar de la radio en tiempo presente.

Muchos de los contenidos informativos que leemos a diario en portales web tienen como fuente de origen entrevistas y producciones elaboradas en la radio. Muchas de las ideas, investigaciones y creaciones que luego se ven en canales de televisión tienen su origen en el seguimiento informativo diario que se elabora en la radio. Es decir, desde el punto de vista del volumen de información que se maneja, un alto porcentaje del mismo es elaborado a través de la radio. La radio está viva y sigue siendo la que actualiza las noticias.

En tanto práctica cultural, si bien es cierto que la pantalla gana casi todo, no es menos cierto que en las ciudades de grandes dimensiones la radio sigue encendida en miles de lugares de trabajo y en todo tipo de transporte. En las poblaciones rurales, la radio sigue cumpliendo un rol fundamental.

También es la radio el medio en el que se educan cívicamente miles de jóvenes a lo largo y a lo ancho del país, a través de radios promovidas por profes con conciencia o centros de estudiantes con anhelo.

También es la radio uno de los medios más accesibles para que puedan expresarse las organizaciones de la comunidad, a través de radios populares, alternativas y comunitarias que toman en su forma el contenido de lo que expresan. Para el sector privado, se trata de radios truchas. Para nuestro ámbito, las radios denominadas “truchas” son más legítimas por el hecho de quiénes las hacemos –la propia comunidad- que las radios privadas que se dedican al contrabando de influencias.

La actualidad de la radio en nuestra ciudad registra algunos cambios y otras continuidades. El sistema de gestión privado más importante ya no responde al esquema que representaba la familia Massot. Como es lógico, pertenece a quienes son las caras visibles del actual esquema de poder. Aquí, lamentablemente, no se puede hablar de la radio como un medio de comunicación social sino como un instrumento de poder. Es así que, primero a través de La Brújula, a partir de 2016 la radio de La Nueva provincia, LU2, está en manos del vicepresidente de la Unión Industrial de Bahía Blanca, Gustavo Elías. Por lo demás, hay tres o cuatro empresarios que tienen varias radios repetidoras de las principales -en volumen económico- de Buenos Aires. En un país que nunca culminó su proceso de federalización. Otras pequeñas y medianas intentan sostener o sobrevivir como pueden. Pocas buscan sostener una radio para conformar un esquema de carácter local en su estructura, sin necesidad de depender de las presiones de los sectores con capacidad de lobby.

En cuanto al ámbito de lo público, como en todo, son los propios trabajadores y trabajadoras las que dan vida a la radio y la han sostenido bajo direcciones impugnables de todo punto de vista. Algunas direcciones que han vaciado, maltratado y suprimido el carácter creativo de los profesionales y de las profesionales de la comunicación que allí se desenvuelvan. La Radio Pública de Bahía Blanca nunca logra una gestión capaz de dotar de un equipo de profesionales no precarizados que consigan una programación capaz de representar la importancia cultural y el volumen que tiene la región. Hace falta desplegar un verdadero modelo federal con presupuesto adecuado. ¿Por qué? Porque el estado no termina de garantizar el derecho a la información de la comunidad teniendo en cuenta los recursos que sí despliega el sector privado para el desarrollo de sus intereses. Por eso hace falta que las radios públicas de cada lugar tengan un presupuesto acorde a sus necesidades.

El desarrollo de las radios universitarias ha sido un salto cualitativo importante por la autonomía que representa la práctica de su trabajo. Sin embargo, también cabe la necesidad de dotar de una planta y recursos publicitarios de sus producciones que pongan en valor el trabajo realizado. En este caso también, lo que se sostiene y lo que se hace tiene que ver con la iniciativa de los y las laburantes.  

En términos comunitarios, FM De la Calle acaba de cumplir 31 años en los que ha dado una serie de batallas ligadas al concepto de comunicación como derecho humano. Han pasado y pasan por aquí una infinidad de colectivos. Esta radio es la herramienta con la que la población cuenta en términos de comunicación sin mediación de intereses privados. Ha dado una batalla en materia de capacitación y de disputa de sentido de nuevos comunicadores y de nuevas comunicadoras, para que no nazcan a la vida profesional con la penosa idea de que hacer radio es decir al aire lo que el patrón quiere que uno diga. Que la libertad se ejerce.

Ninguna radio es independiente. Nuestra radio depende de su audiencia, centralmente. Las suscripciones de la audiencia constituyen una de las principales fuentes de financiación de nuestro medio. Luego algunos aportes publicitarios de organizaciones gremiales, ocasionalmente recursos de carácter público y aportes de particulares. Sumado a esto iniciativas extra comunicacionales como los dichosos locros de FM De la Calle. “Cambiar el aire depende de vos”, dice nuestro lema, y en este breve comentario queremos agradecer a todas las personas que han reflexionado sobre lo importante que puede ser para este proyecto ese aporte individual, que refleja una conciencia política.

Ojalá podamos construir más comunicación popular. Más FM De la Calle. Más radio. Más radio. Más radio.

Radio que luego se expresa en delacalle.org y en un conjunto de columnistas verdaderamente brillantes -cada quien en sus materias-, sean las ciencias sociales, las artísticas, la ficción, el derecho, el conocimiento popular, el conocimiento científico. Los aportes de interpretación de la realidad que hacen los y las columnistas de De la Calle tienen una importancia superlativa para quien busque informarse y formarse como ser humano que vive en sociedad. En esta sociedad. Aquí se dicen cosas necesarias. Aquí manifestamos nuestra admiración y respeto por ese trabajo.

Ojalá vos también te sumes a estas ganas de hace radio. Ojalá este cumpleaños nos sirve para reflexionar sobre la importancia de que la comunicación –en este caso refiriéndonos a la radiofonía- esté en manos de nuestro pueblo y no de quienes buscan su enriquecimiento personal en una ciudad donde hay un grado de pobreza estructural insoportable y un modelo económico que excluye a mayorías en pos de la concentración industrial trasnacional.

Hacer radio para escuchar la música que se hace en la ciudad, para difundir el trabajo de los y las artistas que aquí viven. Enorme y brillante trabajo valorado en todo el mundo y subvalorado por las autoridades municipales. Para conocer la música del mundo que no saca la Sony y que repite en cadena el conjunto de medios privados. La libertad se ejercita y para ejercerla hacen falta escuchar algo más que chatarra musical industrial que nos tiran por la cabeza en cadena desde el sector privado. La vida no suena a esa porquería enlatada. La vida suena de millones de formas creativas que desconocemos porque es censurada en esos medios.

La radio como expresión creativa que permite a cualquiera el juego y la invención. La radio como deseo y como concreción del deseo. La radio como la posibilidad hacer con otros y con otras y de demostrar que sin patrón podemos acordar, madurar y hacer, en un plano horizontal y honesto. Que se puede discutir sin llegar considerar que la otra persona es una enemiga y que las ideas aportan y complementan (entre pares).

La radio como hecho indiscutible de los últimos cien años. Y la radio comunitaria como hecho testigo de que, si lo decidiéramos, podríamos vivir de una manera humana, lejos de la competencia violenta a la que nos introduce el concepto rastrero del sálvese quien pueda y la supervivencia.

Me permito señalar un hecho auto referencial en este comentario editorial. Pero es un hecho auto referencial que creo que puede encontrar reflejo en muchas personas. Tiene que ver con la discusión ideológica de fondo que se está dando por estos días. Por una discusión de modelo civilizatorio. En ocasiones, queridos colegas, tías o amigotes, le dicen a uno: “seguí así que seguramente vas a llegar. Muy bueno lo hacen”. Es como dice nuestro columnista José Elías Mequierenexpropiar. Como si hacer comunicación en un medio fuera el paso previo a buscar un espacio de mayor poder en otro medio más grande hasta llegar… ¿llegar a qué? ¿Llegar a dónde? ¿A un medio donde me vea obligado a autocensurarme porque un anunciante tiene un interés y no pueda decirle a mi comunidad lo que ocurre? ¿Llegar a un medio en el que tenga que decir que en Bahía Blanca los índices de cáncer se deben a que “la gente fuma mucho” en lugar de dar micrófono a diario a las voces que señalan que el modelo industrial petroquímico nos está jodiendo la salud y la economía? ¿Llegar a un lugar en el que tengo que sonreírle al mafioso de turno y meterme las repreguntas en la cajita feliz? ¿A dónde hay que llegar?

El tamaño de nuestro medio tiene el tamaño que hemos logado construir como sociedad en el marco de un proyecto popular que se anime a jugarse el rumbo en un sentido diferente al que venimos. Nuestro tamaño puede crecer si logramos crecer en materia de pensamiento crítico, de mayor fortaleza de las organizaciones populares, más fuerza por abajo. Eso es materia de lucha política y nadie sabe qué será en materia política para lo que queda de siglo. Nadie sabe.

El tamaño representa lo que hemos construido hasta el momento. El rumbo de nuestro medio, tanto en términos editoriales como en las decisiones de cómo queremos organizarnos –en nuestro caso, de manera cooperativa-, es un rumbo que se elige por reflexión y por conciencia. No estamos buscando otro lugar. Nuestra casa la hicimos con nuestras manos y con nuestros planos. Estamos donde queremos estar. Estamos donde debemos estar. Hacemos la radio que tenemos que hacer para llegar al lugar social en el cual queremos vivir. Es del deber ser y es el ser. Estamos donde tenemos que estar impulsados en la búsqueda por anhelo social. Y además, por todo lo que dijimos, estamos donde queremos estar.